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27/07/2006

Black Jack: El regreso de un clásico

Allá por 1998, Ediciones Glénat, todavía una recién llegada al campo del manga, lanzaba el primer tomo de una colección titulada Black Jack. Entre la oferta de manga del momento -que ya era importante, si bien aún estaba lejos de la formidable expansión que experimentaría a partir del cambio de milenio- Black Jack parecía, a primera vista, una novedad como tantas otras.

Pero la verdad era otra: se trataba del primer manga editado en España de Osamu Tezuka, el llamado “dios del manga”, y del que los otakus hispanos de la época acaso sabrían de su nombre y de su importancia primordial en el panorama de la historieta y la animación japonesas, pero que dudosamente habrían tenido ocasión de leer alguno de sus mangas, a no ser en alguna edición francesa o americana que, por aquel entonces, tampoco hacía mucho que habían surgido en sus respectivos mercados. Si bien dicha edición sólo llegó a alcanzar 12 tomos, apenas una fracción del total del manga completo, lo que importa es que inició una tendencia que ha propiciado hasta nuestros días el descubrimiento de las restantes obras del Maestro, tanto a cargo de Glénat como de otros sellos.


EL DOCTOR TEZUKA, SUPONGO...

Todos los que conocemos mínimamente la figura de Tezuka sabemos que, paralelamente a sus primeros años como mangaka, estudió la carrera de médico pediatra, llegando a obtener el doctorado, si bien nunca llegó a ejercer como tal debido a que el deslumbrante éxito logrado por su labor historietística le movió a consagrarse por completo a esta última. Tal decisión no pudo ser más acertada, por cuanto no pudo con ello hacer mayor beneficio a la narrativa dibujada de su país y, por extensión, mundial. Pero en su interior, el “Tezuka médico” nunca llegó a quedar ensombrecido del todo por el “Tezuka historietista”: buena prueba de ello son los conocimientos científicos que solía introducir en sus manga de tema fantástico, incorporando de este modo un matiz didáctico al primordial objetivo lúdico de los mismos.

El año en que Black Jack vio la luz, 1973, había sido un año fatídico para nuestro artista: el estudio de animación que había fundado en 1962 con tanta ilusión, Mushi, acababa de quebrar. Sólo su labor en los manga le permitió salir de la crisis moral en que se hallaba sumido, demostrando que, pese a contar por aquel entonces con casi 30 años como profesional, todavía era un autor capaz de dar lo mejor de sí mismo... y así fue, en efecto.

Black Jack hizo su primera aparición en noviembre de aquel año en las páginas del entonces recién creado semanario Shônen Champion , editado por Akita Shoten; a pesar de que su autor la previó inicialmente como una miniserie de pocos episodios, el entusiasmo con que acogieron los lectores al personaje hizo que se mantuviese en Shônen Champion ininterrumpidamente hasta 1978. Pero las hazañas médicas del talentoso cirujano no acabaron allí, ya que reaparecería a lo largo de los años siguientes en capítulos esporádicos hasta 1983, abarcando en total cerca de 240 episodios repartidos a lo largo de más de 4.000 páginas, lo que le convierte en el manga de mayor longevidad que jamás realizó Tezuka, seguido tan sólo a cierta distancia de Fénix, que llegó a durar poco más de 3.000; si bien la saga del ave inmortal fue elaborada por su creador a lo largo de más de tres décadas, entre mediados de los 50 y finales de los 80, mientras que todas las páginas de Black Jack fueron dibujadas en apenas una década.

No cuesta mucho adivinar lo que hace a Black Jack una obra tan especial, aparte de su sorprendente extensión; a través del protagonista de este manga, Tezuka quiso exhibir el médico que hubiera deseado ser de no haber sido dibujante: un habílisimo cirujano que actúa fuera de los círculos legales porque no está de acuerdo con el papeleo y las jerarquías que imperan en estos últimos, y que aunque cobra cifras astronómicas por curar a sus pacientes más acaudalados, en cambio suele ayudar a los pacientes pobres gratuitamente. Lo cual aprovecha el autor para hacer un alegato sobre el valor de la propia vida, y el modo en que la atención médica para preservarla raramente es prestada en igualdad de condiciones para todos los seres humanos.

Tezuka continuaría plasmando el tema médico en otros manga como El árbol que da sombra (Hidenari no Ki , 1981), con el que quiso rendir homenaje a sus antepasados médicos que vivieron durante el siglo XIX. Pero Black Jack permanece como su más recordada contribución al género, y como acaso el mejor cómic de tema médico a nivel internacional.


DE LA CLÍNICA A LA PANTALLA

Curiosamente, el propio Tezuka no llegó a dedicar en vida un anime íntegramente a Black Jack, aunque sí lo hizo aparecer como personaje secundario en los especiales televisivos Bandar Book (1978) y Marine Express (1979) y en el largometraje protagonizado por el Fénix Hi no Tori: Ai no Cosmozone ( Fénix: La zona cósmica del amor , 1980), realizados por Tezuka Productions, la compañía encargada de elaborar los animes basados en sus personajes, sucediendo a Mushi.

En 1993, cinco años después de fallecer el Maestro, Tezuka Productions lanzó una serie de 10 OVAs protagonizados por Black Jack, dirigidos por “el otro Osamu”: Osamu Dezaki, un nombre veterano de la animación japonesa, que fue en los años 60 uno de los pilares de Mushi, para luego pasar a Tokyo Movie Shinsha y otros estudios. A continuación, Dezaki firmaría un largometraje en 1996.

Habría que esperar hasta 2003 para ver reaparecer a Black Jack en forma animada con la miniserie pars T.V. en 4 episodios Los 4 milagros de la vida , seguida a finales del año siguiente de una serie semanal titulada simplemente Black Jack , dirigida por el propio hijo de Tezuka, Makoto, que tras alcanzar los 61 episodios en abril de 2006 ha cambiado de título, Black Jack 21 , abarcando nuevos arcos argumentales en torno a los familiares del protagonista.

Makoto Tezuka ha realizado asimismo un nuevo largo, Futari no Kuroi Ishi (“Los dos médicos oscuros”), cuyo estreno en Japón a finales de 2005 se ha visto complementado con un simpático corto del que Pinoko, la graciosa compañera de Black Jack, es la protagonista absoluta.

En imagen real, Black Jack inspiró un largometraje dirigido por Nobuhiko Obayahi en 1977 -siendo pues, cronológicamente, su primera aparición en la pantalla-, más otros tres largos para televisión en 2000-1, dirigidos por Yukihiko Tsutsumi.

Algunos de los OVAs y el largometraje de 1997 fueron lanzados en España hace tiempo en vídeo por Manga Films; recientemente, el mismo sello ha reeditado el largo en DVD, mientras que Jonu Media ha vuelto a proponer los OVAs en dicho formato.

Todos estos revivals de Black Jack han propiciado su regreso a las viñetas, pese a que no es costumbre en Japón que cuando un autor de manga deje de dibujar un personaje, éste sea retomado por otras manos. Sin embargo, Black Jack ha reaparecido recientemente en las páginas de Shônen Champion a través de sendas series de episodios a cargo de varios autores: Black Jack Alive y Black Jack M. La primera propone aventuras inéditas de nuestro cirujano, mientras que Black Jack M consiste en remakes de episodios añejos de Tezuka. Ambas series han sido recopiladas conjuntamente en un volumen antológico de 634 páginas.

Siempre en Shônen Champion , en 2005 apareció una nueva reencarnación, Black Jack: Kuroi Ishi (“El médico oscuro”), obra de Kenji Yamamato, si bien ha cesado a los pocos meses, siendo recopilada en tres tomos.

Pero las muestras más sinceras de homenaje a la creación de Tezuka las podemos hallar en otros manga de tema médico que se han reconocido fieles deudores de la misma: una de ellas es Say hello to Black Jack, de Syuho Sato, cuyo título huelga mayores comentarios, y la otra es Ray, cuya heroína titular salva la vista gracias a la labor del propio Black Jack (aquí identificado discretamente como BJ), a causa de lo cual ella decide también hacerse médico. Si aún no los conocéis, podéis hallar ambos manga en castellano publicados por Glénat.

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