Javier Cosnava es el impulsor del álbum Un buen hombre (Ediciones Glénat), obra concebida y escrita por él, y dibujada por un notable elenco de jóvenes autores españoles: Daniel Acuña, Toni Carbos, Carlos, Bernardo Muñoz, Javier Fernández, Zapico, Javier N. B., Fernando Baldó, Rubén (del Rincón) y Sofía Espinosa. Dicha obra, vertebrada en capítulos autoconclusivos pero integrados en un mosaico dramático conjunto, describe la “Ciudad Jardín” que las autoridades nazis organizaron enfrente del Campo de Concentración de Mauthausen durante la II Guerra Mundial, una residencia de lujo mantenida sobre el sudor y la sangre de los propios prisioneros del Campo.
Cosnava es una persona con mucho bagaje vivencial y muchos proyectos interesantes que proponer. Su experiencia es originariamente literaria, y éste parece sólo el primer álbum de toda una batería de títulos que desea poner en marcha. Es de celebrar que aparezca un nuevo guionista con ciertas miras ambiciosas en un panorama historietístico donde el libretista casi siempre sigue supeditado tras la sombra y la singladura del responsable gráfico.
La siguiente entrevista fue realizada por medio internetero y contestada por Cosnava con una honestidad brutal, más la rapidez y eficacia que le caracterizan.

Creo que sueles tener muy claro cuándo un tema es comercial o no, y escogerlo a veces en base a ese criterio. ¿El Holocausto y la represión nazi continúan siendo comerciales?
En realidad, no es que uno deba escoger el tema de su trabajo en base a la comercialidad, sino acaso todo lo contrario: uno debe escoger de qué quiere hablar y luego darle un barniz comercial.
En primer lugar, yo quería dar una voz de alerta sobre cómo los medios de comunicación nos vuelven crédulos, de lo fácil que es ver la paja en ojo ajeno y obviar un carro de heno en el propio, de que la estupidez nos hace ciudadanos. La Alemania nazi era un buen lugar para escenificar mi relato: no en vano Goebbels inventó la propaganda tal y como hoy la concebimos.
Más allá de eso, ¿por qué escogiste este tema? ¿De dónde proviene tu fijación con la Alemania hitleriana?
No es una fijación, es una oportunidad. Los primeros proyectos que las editoriales me aceptaron versaban sobre el tema y quería seguir incidiendo en las víctimas del genocidio y casi agradecer la ayuda que me ha prestado Amical de Mauthausen, completando mi trilogía sobre los españoles en el campo de exterminio austríaco. Una trilogía inversa, pues la parte que concebí en último lugar, Un buen hombre, ve la luz la primera de todas. Las otras dos, el año próximo.
La Ciudad Jardín en contraste con el campo de concentración parece un concepto alucinante sacado de alguna novela de ciencia-ficción de los años 50. ¿Cuánto de realidad y cuánto de imaginación hay en Un buen hombre respecto de esa "Ciudad"?
Es todo verdad.
Muchísimos prisioneros murieron durante la construcción del Siedlung o Ciudad Jardín, donde vivían los más altos oficiales de las SS y la Gestapo del campo de Mauthausen. Las viviendas no fueron destruidas y aún existe la urbanización, llamada hoy Richard Bernaschek Siedlung en honor al líder comunista austríaco de la lucha antifascista. Vendidas las casas a particulares tras la guerra, hoy perviven con otras de nueva construcción y forman parte de una calle más del nuevo Siedlung llamada Bernaschekstrasse. Asimismo, aún mantienen el techado y parte de las paredes maestras originales, de tal forma que, al menos vistas desde el exterior, las viviendas donde se solazaban los oficiales SS mientras miles de seres humanos morían a escasos dos kilómetros, parecen erguirse todavía a los ojos horrorizados del espectador.
Una mierda que no las tiraran abajo.

Todo el mundo habla mucho del nazismo como el gran Ogro de la Humanidad. ¿No crees que el nazismo nunca se ha ido de nuestro mundo, que todavía existen y existirán muchos Hitleres menos carismáticos y, por tanto, menos simbólicos o demonizados?
Cuando Nietzsche dijo que Dios ha muerto se lo olvidó decir... “y Mefistófeles también”. A eso se debe mi elección de usar el paralelismo alegórico con el Fausto de Goethe. El demonio, con sus cuernos y sus brasas fatuas, ya no da miedo a nadie, ni siquiera a los niños. Pero el patizambo austríaco del bigote y la esvástica, ese cabrón da un miedo que te cagas. A todos nos lo da; sin excepción.
Y sobre el resto de cabrones que pululan o pulularon por el mundo y nunca serán demonizados, ese es otro de los peligros de la propaganda que nos destilan los medios. El Chávez venezolano es tan malo como cualquier otro gobernante de Sudamérica, pero los medios no paran de demonizarlo por intereses económicos. Ése es el último de los demonios: el capital. Si Marx y su materialismo histórico estuviesen tan muertos como Nietzsche, Hitler, Dios y el Diablo, otro gallo nos cantaría.
¿De dónde sacaste la idea de que la parte gráfica fuera de autoría colectiva?
La autoría colectiva era necesaria. Cada personaje debía tener su espacio, su voz y su dibujante. Era una obra que no podía ser de otra manera.
¿Conocías previamente a todos los dibujantes que han participado?
A todos menos a Dani Acuña, al que fui a reclutar personalmente a Murcia, ya que admiro su forma de hacer portadas casi “vivas”; y Bernardo Muñoz, que me fue presentado por el incombustible Rubén y acabó siendo uno de los pilares de la obra. Carbos es mi partenaire de siempre y de Rubén casi puedo decir lo mismo; Barreno era amigo a causa de la bendita casualidad de llamarnos ambos Javier Navarro de nombre y primer apellido (Cosnava es pseudónimo); coincidí dos años con Zapico en el Festival de Cómic de Gijón y me quedé prendado de su estilo minimalista; a Carlos y Javi Fernández los conocía de noches de fiesta en Barcelona o de comidas con largas sobremesas en Arco de Triunfo, respectivamente; a Baldó, por último, lo conocí en una entrega de premios y me pareció un profesional como la copa de un pino. Sofía Espinosa es mi mujer, o sea que fue reclutada en leva forzosa, ja ja ja.

Más que historias cortas, todas las partes son capítulos de una misma historia, aunque cada uno con su pequeña moral final. ¿Qué sensación o sentimiento buscas despertar en el lector con una crónica tan cruda de este episodio tan humano de nuestra historia?
No es una historia cruda: es la realidad. Lo real no tiene matices. Cuando uno aborda el tema del nazismo se ve obligado de hecho, y como digo en el epílogo, a “limitar la brutalidad de muchos actos en aras de la verosimilitud narrativa”.
Hay una escena en la que muere un español y en realidad murieron 40 hombres de diversas nacionalidades. Ahora está de moda dotar a los nazis en las obras de ficción de humanidad para hacerlos creíbles. Eso es una tremenda gilipollez. Lo que sucedió es que la propaganda los volvió asesinos, la propaganda les dijo que los enemigos de la patria no eran humanos y ellos perdieron su humanidad por el camino. El que salga un dibujo con un SS acariciando a su perrito o meciendo a un gatito con sus manos sudorosas por estrangular a un preso, no va a dotar al personaje de humanidad, sino que el lector va a creer o que el nazi era un demente o lo es el guionista.
Los nazis eran “buenos hombres”, escrupulosos ciudadanos que seguían las consignas de sus gobernantes a pies juntillas. Perdieron la guerra y se convirtieron en demonios. Pero ya lo eran antes, sin saberlo. Podemos relativizar hasta cierto punto, incluso acepto que alguien pueda sentir una simpatía visceral hacia el nazismo, pero no acepto que los nazis puedan humanizarse: no eran humanos porque los humanos no podemos ser así, por muchos que acaso lo seamos. Es una cuestión de principios.
En el fondo, la mitología nazi y sus atrocidades proyectan un atractivo muy morboso para el público, de ahí probablemente su actualidad y vigencia como símbolo universal. ¿Crees que si en vez de judíos el Holocausto hubiera sido de seis millones de africanos recordaríamos con tanto sentido de culpabilidad las masacres nazis? ¿No ha habido también un mucho de propaganda que, en el fondo, ha contribuido a convertir en símbolo casi sobrehumano la figura de Hitler, en Anticristo? ¿O es la propia imaginería nazi la que ha contribuido a ello?
No cabe duda que si fueran africanos los seis millones de muertos, nadie se acordaría: como nadie se acuerda de españoles, homosexuales, gitanos o de los alemanes asociales, retrasados mentales u objetores de conciencia... todos ellos muertos por el nazismo. Si te relees la primera parte de Un buen hombre, la que trata del gueto de Varsovia y los judíos, verás al final cómo los nazis hacen publicidad de sus actos con un cartel mientras que en el resto de la obra sus crímenes pasan más desapercibidos o por lo menos no se hace publicidad. Es un guiño a la campaña de marketing que se ha construido sobre los seis millones de muertos. Además, la publicidad forma parte de la propaganda, que es el verdadero demonio que quiero criticar en la obra. Me gusta dejar guiños sutiles en mis obras y que cada uno extraiga sus conclusiones.

¿Cuándo crees que se repetirá una masacre como la del nazismo? ¿Tienes alguna duda de que se vaya a repetir?
Mañana mismo. Los Jemeres Rojos trataron de emular a Hitler hace apenas 30 años. Pronto habrá más clones del nazismo. La sociedad globalizada y el exceso de información no reglada hace a la gente cada vez más informada (e intoxicada) por multitud de sandeces no contrastadas y, por extensión, inclinados a creer cualquier cosa que les digan desde los medios. Cuando un dictador con acceso a la televisión quiera dominarnos, lo hará con la misma facilidad que lo hizo Hitler.
No hemos aprendido nada de nada.
Personalmente, eres afiliado al Partido Popular. Desde un punto de vista conservador, ¿cómo se valora la controvertida figura de alguien que, como Hitler, era socialista patriótico y creía encarnar todos los valores del pueblo que le había elegido democráticamente?
Hitler se ve igual seas del partido que seas y, además, el Partido Popular, a mi juicio, no es un partido conservador sino de centro.
Hay gente de todo tipo, como habrá gente más a la izquierda de la cúpula dirigente en el PSOE, pero yo no me veo a mí mismo conservador, como tampoco quiero que la gente crea que si no eres “progre” no puedes preocuparte de los temas sociales.
Los liberales de centro somos personas normales y corrientes. Soy consciente de que en Cataluña es difícil de entender, pero en Asturias, donde me he afincado definitivamente, un hombre como yo no es un bicho raro y ser del Partido Popular es de lo más común. Soy consciente de que los españoles que penaron en los campos nazis eran en su mayor parte comunistas, anarquistas... aunque también había gente sin afiliación que llegó allí por estar en medio del “fregao” cuando empezó la guerra. Me interesan y mucho aquellos hombres de izquierdas que sufrieron y murieron bajo la sombra de la esvástica: porque podían creer lo que quisieran y estar adscritos al partido, corriente política u organización que mejor les pareciese. Yo no los juzgo como espero que ellos no me juzgarían a mí por creer en lo que creo, legítima y democráticamente. Porque esos hombres, por mucho que el tiempo separe a la ideología, eran lo mismo que yo: eran españoles. Cuando la gente de derechas podamos reivindicar la biografía de los de izquierdas y los de izquierdas puedan hacerlo con los de derechas, estonces seremos esa nación de prestigio que queremos ser...

Cuéntame algo sobre tu faceta como escritor, cómo diste el paso a guionista de cómic y cómo entrelazas ambos oficios a la hora de escribir un guión.
No creo que haya dado ningún paso. Sigo siendo un creador de mundos: a veces los creo pensando en letras, líneas y párrafos; otras, los creo para un dibujante. La clave de todo fue Toni Carbos, que me abrió los ojos al mundo del cómic. Lo conocí cuando vivía en Sant Boi hace muchos años y tuve la suerte de toparme con uno de los mejores dibujantes jóvenes del mundo. Vi su trabajo y, sin saber nada de cómic, le dije que cuando necesitase un guionista, me encantaría trabajar con él. Pasaron cinco años y comenzamos a presentarnos a premios de cómic: tras ganar 20 de 27 presentados, decidimos que igual no éramos tan malos y habría que pasar al plano profesional.
¿Cuáles son tus proyectos inmediatos? ¿Te gustaría ser un autor muy prolífico? ¿Crees que es factible conquistar el mundo... con obras de ficción?
Soy prolífico. En un año normal puedo hacer una novela y unos 6 u 8 guiones; eso, sin perder calidad. A partir de ahí, mis textos decaen.
Estoy trabajando ahora en al menos 8 proyectos. Al límite de mis capacidades. Sería largo explicarlos todos. La prioridad es entregar y publicar mi trilogía sobre el campo de Mauthausen y dejar a los nazis en paz un rato, ja ja ja.
Me gustaría continuar mi carrera como escritor y, de hecho, en estas fechas está saliendo mi primera novela en Dibbuks. Luego, terminaré el resto de proyectos y me sentaré a reflexionar sobre lo que quiero hacer con mi vida, pues ser tan prolífico no te deja pensar más allá del cúmulo infinito de cosas pendientes que tienes en la mesa. En el 2010 sólo trabajaré en un proyecto nuevo aparte de los ya presentados, firmados o apalabrados, una especie de autobiografía de charnego hospitalense emigrado, en cómic, que llevará por título Ser un autor de cómic es una puta mierda.
Al cabo, ya lo he dicho, descansaré y veré a dónde debo dirigirme.
