Ahora presenta su última y rutilante propuesta historietística, La isla sin sonrisa, un cómic que precisamente despierta sonrisas en el lector y alguna que otra ocasión las hiela, por no decir que las destierra con escenas conmovedoras. Pero finalmente consigue un trayecto donde las emociones dejarán un regusto intenso en quienquiera que se asome a sus páginas.
La isla sin sonrisa ha aparecido una semana antes en Francia, concretamente dentro del sello Drugstore, perteneciente a la casa madre de Glénat. La editorial ha anunciado a bombo y platillo esta novedad desde su web con un tráiler de la obra, “hecho entre mi hermano y yo, con música y todo”, incide el autor. Ahora, La isla sin sonrisa aparece al alcance del público español. Una espectacular isla a la que los lectores querrán volver una vez la huellen por primera vez.
Con Enrique Fernández hemos mantenido una distendida charla sobre su obra.
UN SENTIMIENTO POSITIVO
Bueno, Enrique...
(Risas) No me lleves a EGB otra vez con ese tono...
A ver... ¿Por dónde empezamos? Lo que más me ha sorprendido de entrada a la hora de leer el álbum, es que el protagonista es mucho más torturado, incluso mucho más vulgar desde un punto de vista de la realidad cotidiana... a lo que estamos acostumbrados en este tipo de estética. ¿Cómo te planteaste un personaje así, tan normal? ¿No pensaste conferirle algún rasgo excepcional?
Hay cosas que no me suelen gustar mucho: me molesta que alguien tenga una cualidad innata, de superhéroe o así. Aparte, la historia tampoco tiene nada que ver con poderes ni nada de esto. Simplemente, el tipo en realidad es un cobarde. No es capaz de ayudar a los sentimientos de otras personas, o ayudarse a sí mismo en los sentimientos propios. El tío intenta escaparse de todos sus problemas y se encuentra con ellos de frente, de una forma que no se esperaba.
Un cobarde y un amargado también, ¿no?
Amargado y que quiere amargar a todo el mundo para que todo el mundo le deje tranquilo. La típica persona que le dices qué tal está. “Mal”. Y joder, ya te arrastra a ti a estar mal para ver qué le pasa y todo eso.
Me recuerda a mí mismo.
(Risas) Joder, macho. Necesitas una niña que te llegue al corazón. (El autor hace aquí referencia al propio argumento del álbum.)
La idea de la esperanza se ha tratado muchas veces en obras de este registro, pero quizá sin tanta franqueza. Me gusta que abordes el tema sin casi metáfora: cómo el entorno intenta devolverle al protagonista un espíritu de felicidad que él ha perdido hace tiempo. ¿Por qué te interesó esa idea, por qué te inquietaba ese tema?
La historia no salió directamente sobre la felicidad y todo esto, sino que era una historia que tenía pensada de hace mucho tiempo para una especie de libro infantil que al final no desarrollé. En esta idea, ya existía el personaje de la niña co-protagonista, en el mismo puerto ballenero. Ella se quedaba siempre sola, por así decirlo, y tenía que crearse su propio mundo y su propia fantasía para pasárselo bien.
Esperando.
Esperando siempre a su padre pescador. Y su padre siempre volvía al puerto de donde estuviera, y le traía un catalejo. Y cada vez se lo traía más grande para que ella pudiera ver a su padre en la distancia. A la vez, ella sentía que cada vez necesitaba una cosa más grande para poder verle, se sentía cada vez más distanciada y todo eso. Al final, tenía el universo de la isla, tenía la niña, pero para hablar de la felicidad necesitaba un elemento que fuera contrario a todo eso. Enfrentar los dos extremos, la tristeza y la alegría. Yo lo que quería era explicar ese universo que se había creado la niña para su propia felicidad, pero claro, eso igual hubiera sido muy pesado. Necesitaba algo que le diera el contraste.
Mediante un personaje que carece de felicidad.
Que carece de felicidad, que no la quiere, que la rechaza y que se encuentra con toda esa energía enfrente, que no puede vencer a todo eso. Como también me gustan mucho los cuentos infantiles de toda la vida, que cuando descubres los originales encuentras cosas que son superviolentas, me hubiera gustado meter más en ese sentido. Hay personajes ahí que están por eso.
A mí esta obra me gusta precisamente porque el tratamiento no viene dado por la presencia de la violencia, que al final se ve más a menudo en tantos otros cómics, sino por la madurez con que están enfocados los personajes. No es habitual, esa realidad la sueles ver un poco rebajada para un supuesto público más juvenil. En este sentido, las psicologías son absolutamente realistas.
Si estuviera dedicado a un público infantil, entonces sí que me gustaría darle ese tono. Pero como en teoría es para todos los públicos, no quiero hacer aburrida una historia, dándolo todo demasiado mascado, lo bueno y lo malo en dos sitios demasiado contrapuestos, blanco y negro.
Pero, ¿de dónde surge tu inquietud personal por esa temática?
Hay una cosa de toda la vida: eso de decir “yo voy a ser dibujante”, para cómic, para animación, para lo que sea. Dices: “Esto, ¿para qué coño sirve? ¿Esto en verdad sirve para algo, lo que estoy haciendo?”.
¿Te contesto? (Risas)
Si va a ser una respuesta positiva sí. Si no, ¡no me hundas!
Cada uno tiene que responderse a sí mismo, imagino, ¿no?
Eso espero, sí. (Risas)
Pero, ¿realmente surge de ahí tu obsesión con la felicidad? ¿Por el tema de la vocación, de la inversión de energía creativa, todo eso?
No, pero sí del hecho de decir... A veces pienso: “Joder, ahora mismo se hunde todo, se va todo a la mierda, y dicen: necesitamos un fontanero para arreglar, necesitamos un electricista para tal... Pero ahora llega el dibujante... ¿y este tío qué va a hacer?”. Pero siempre se necesita una parte de ocio, ¿no? Siempre habrá necesidad de hacer algo que te alimente también el espíritu en ese sentido, las emociones, escaparse. Mientras estuve trabajando en los libros de El mago de Oz... (Se interrumpe al verme reírme) Se descojona.
No, sólo me hace gracia que el tema es como que sale de tu propio autocuestionamiento.
Más o menos, sí sí. De decir: si voy a hacer esto, por lo menos una de las obras que voy a hacer, que tenga sentido en ese camino. Vamos a dar un poco de optimismo o algo de justificación por ese lado. Claro, también es lo que te iba a decir, influye que mientras estaba haciendo El mago de Oz recibí una carta de un hospital de Francia, de una persona que estaba chunga y que, a raíz de mi cómic, el tío me daba las gracias porque se había podido evadir aunque fuera un día de todo ese rollo que tenía. Y eso me dio la pasión de poder hacer algo, que tú no eres consciente mientras lo estás haciendo, que a alguien le puede servir para escaparse. Y elaboré un poco más el tema para que fuera más optimista, para hacer una obra con elementos de fantasía, espirituales, etc., pero encauzados a que el que lo fuera a leer tuviera un sentimiento positivo, se pudiera apartar un poco de los problemas.

LA SOMBRA DE ALBERT SÁNCHEZ PIÑOL
El comienzo me recuerda mucho a La piel fría/La pell freda, la novela de Albert Sánchez Piñol. No sé si la has leído...
Sí. (Risas) Sí, sí, sí, sí. Me encantó, me encantó. Es un libro que leí en una noche, y disfrutándolo.
Qué bien que he acertado. Pensaba que igual me ibas a decir que no, que no tenía nada que ver. Entonces, sí tiene que ver algo con tu arranque, ¿no? Realmente, el punto de partida que La piel fría propone es fantástico...
Llegar a una isla siempre es algo que te da pie a cualquier cosa. Este fin de semana he estado en París para la promoción de este libro, y es curioso, había dos libros más que también empezaban con un tío llegando en barco a una isla. Joder, éste es el mes de la isla. Pero es una imagen tan potente... Mi diferencia es que yo no le he puesto faro a la isla. Quería diferenciarla visualmente.
Y que el personaje femenino, al contrario que en esa novela, es una niña. (Risas) Pero, referencias lícitas aparte, ¿te gustó La piel fría?
Sí, sí, me encantó. Además, me encanta cuando alguien me pone esas dudas también de decir: en ese momento, ¿tú qué harías? Disfruto pensando que seguro que lo que va a hacer ese personaje no es lo que yo voy a hacer, y al final a lo mejor acabas admitiendo que sí, que vas a ser el más bestia y el más burro del universo, porque no te ve nadie.
Aquí tú también lo haces.
Más suave, más suave.
Pero también colocas al lector en el dilema, como me ha pasado a mí, de identificarte a tu pesar con un personaje del que no sé si me interesa demasiado saber cómo va a reaccionar, porque puede decir muchas cosas de uno mismo.
También es divertido, cuando estás escribiendo, ponerte en la piel de otras personas y a lo mejor es más sencillo escribir sobre otras personalidades que sobre la tuya. Tú te conoces, a lo mejor tampoco quieres contar cómo eres ni nada. Otro personaje que es así tan machacado, qué fácil es escribir sobre él, llevarlo de un lado para otro, ponerle elementos para que reaccione, etc.
Sí hay una atmósfera tenebrista en toda la historia.
También era para contrastar a la niña visualmente. Sí que es verdad que cuando empecé, pensaba hacer el pueblo mucho más colorido y alegre, pero al final me fui a lo oscuro para darle más fuerza a la niña. Y esa atmósfera vino mucho, y es verdad, de La piel fría. Esa atmósfera del principio es así. Todo tan enemigo, tan hostil, tan aislado.
UN ESTILO ANIMADO
El mundo de la animación, cuéntame...
El maravilloso mundo de la animación. (Risas)
Tu estilo es muy de animación.
Sí, sí. Es lo que he mamado. Es lo que me gusta. Es muy dinámico, es muy fresco. Me gusta cómo funciona.
Incluso a nivel de planificación hay momentos que pareces estar delante de una pantalla de cine.
Es que está ahí. Mi forma de narrar es de cine. No entiendo poner cinco viñetas iguales y sólo cambiar un pequeño matiz. Funciona de puta madre, pero a lo mejor lo estoy pensando yo como si viera eso en el cine, y no me atrae.
No sueles recurrir al movimiento matizado, es cierto. Cada viñeta intenta contener la mayor cantidad de movimiento posible, casi puedes ver dónde empieza y dónde acaba cada movimiento.
Es que es una cosa buenísima de la animación. En cine normal tú tienes que estar pendiente de si este actor va a entrar por aquí, este actor por allá y tal. En animación tienes que crear todo de cero. Para esto, Pixar por ejemplo son geniales. Te hacen unas estructuras de toda la narración en donde tiene que funcionar cada plano por sí mismo y explicarte todo, tu vista tiene que funcionar fácilmente en ese momento narrativo. A mí me encanta eso. En el cómic, tienes la ventaja además de que te puedes recrear más tiempo en la viñeta. Es muy atractivo para mí trabajar así.
Hasta la altura de la cámara en tus viñetas me parece que refleja ese punto de vista de animador.
Ah, ¿sí?
Como consumidor, ¿sigues mamando muchas películas de animación, sigue siendo un hobby tuyo? ¿Lees cómics?
La verdad es que cómics leo muy pocos. Eso sí que me echan la bronca todos los amigos, que me dicen: “Joder, es que no te compras nada, no lees nada de cómic”, y es verdad, ¿eh?
No eres el único autor al que le pasa eso, no me parece mal.
Ni me preocupa que me pase eso. Yo reconozco que soy muy visual y que a lo mejor me inspira más ver una escultura o una fotografía que una película o un cómic. La animación, hostias, tuve la suerte de estar metido ahí cuando empezaban a salir las películas brutales de Mulan, El Príncipe de Egipto, todo esto, que fue decir: hostia, ya hemos llegado al límite del 2D. Ahora venía hablando con unos amigos y precisamente comentábamos lo de La princesa y la rana, esta nueva de Disney, que es bastante... es volver al pasado. Luego lo miras y me vas a dar la razón seguro.
Yo soy un profano en animación, me pasa como a ti con los cómics. Sin embargo, sí soy muy fan de El Príncipe de Egipto. ¿Por qué no se hace más animación en ese sentido, más psicologista?
Eso es lo que nos gustaría a todos también. Que fuera más abierta. Lo malo que tiene la animación es que, con lo que cuesta hacerla, tienes que arriesgar lo mínimo y acceder al público más amplio que se pueda. El Príncipe de Egipto, seguro que mucha gente llevó a los niños al cine y los niños salieron: “Por favor, sácame de aquí”.
Yo disfruté como un enano.
Claro. Es que fue brutal. Fue un impacto, sobre todo a nivel de acting de los personajes, la primera vez que ves a un personaje en 2D reflexionar.
Eso es lo que me encanta a mí, exacto. Por eso soy más fan del anime que de la animación estadounidense. Tratan más a los personajes como adultos y se permiten perder el tiempo en detalles de dirección que en las pelis USA no lo hacen jamás, cada segundo tiene que contar...
Todo machacado, sí. (Risas) Yo creo que tarde o temprano todo se va mezclando ya. Yo creo que cada vez se ven más influencias de unos y otros mezcladas. Sí que es verdad que el anime te deja más espacio para anticipar tú.
El anime es más cinematográfico también. De repente, aunque sea por cuestiones de economizar, te fijan un dibujo y te hacen un recorrido por él...
Han abusado también de eso, ¿eh? (Risas) Yo me acuerdo de ver Evangelion y decir: “Hostia, vale ya de la maceta”. Dios mío, una maceta y ocho personas hablando...
Pero eso también te puede dar ideas a nivel narrativo.
Joder, ya, claro, de todo se saca, pero... (Risas)
Usan más recursos cinematográficos, no se basan sólo en poner la pantalla y preocuparse del ritmo.
Pero también es lo que te decía: estás haciendo una película y, desde el primer momento que la vas a parir, estás pensando qué publico la tiene que ir a ver. Allí tienen los huevos pelados de hacer estas películas, saben lo que va a funcionar y lo que no, y van a lo que funciona.
¿No vas a volver nunca a la animación?
Me gustaría volver, pero claro, lo que hay de proyectos es jodidísimo ahora mismo. No hay nada que te atraiga, que digas “voy a poder dar de mí”. A mí, cuando voy a trabajar en algo, me gusta dar al máximo para hacer algo diferente o que por lo menos me lo parezca a mí. Hostia, y es que ahora mismo no hay nada que me tire.
Es mucha inversión de esfuerzo y tiempo, ¿no?
Y de tiempo. Hombre, claro, si te vas a Estados Unidos a Pixar o lo que sea, si te admiten, que ésa es otra, eso sí sería la hostia. Pero... ahora mismo tampoco estoy en ese momento. Hace diez años sí que me moría de ganas de irme a Estados Unidos, a la Disney, Dreamworks, todas éstas. Pero ahora mismo me da mucha pereza desplazarme y volver a meterme en ese rollo de producción que tienen todos. Además, es muy esquemático.
DE LA FELICIDAD Y LA ILUSIÓN
Me parece alucinante la cantidad de trabajo que hay en este álbum. ¿Es impensable que puedas algún día levantar un proyecto así exclusivamente para una editorial española?
Es que no depende de la editorial, depende del mercado. Incluso trabajando para Francia, yo dependo de que este álbum funcione para poder vivir y hacer el siguiente a pleno rendimiento, como en éste.
Hay una frase que repites dos veces en el álbum: “La felicidad no puede existir siempre”. ¿Tú qué opinas? Respóndeme. (Risas)
Has tenido suerte. Ha llegado el gurú de la felicidad y te va a decir que...
¿Qué piensa el autor?
Los dos personajes que dicen la frase lo hacen porque les conviene, no porque sea cierto.
¿Tú crees realmente que puede existir siempre? Eso es mucho decir. Quizá te refieres más a una actitud.
Es que está infravalorada también, la felicidad. Es lo que hablábamos antes. Te encuentras a un tipo por la calle, le dices: “¿Qué tal te va?”. “De puta madre”. Ya no quieres hablar con él. Ya dices, “este tío le va todo de puta madre, me va a rayar ahora, todo le va bien...”.
Da rabia, ¿no?
Claro. Es que siempre estamos igual. A la que te cuentan algo alegre, parece que, coño, ¿por qué no me ha tocado a mí? Pero nadie va buscando un pequeño detalle que le dé un poco de alegría. Siempre es: “Ya me llegará a mí, mi momento de felicidad”. No, vete a buscarlo, coño. Vete con cualquier cosa de éstas, de autoayuda. (Risas) Haz algo para que te dé un poco de... Yo creo en la felicidad, ¿eh? A lo mejor porque he tenido mucha suerte en muchas cosas de la vida, pero me gusta cualquier pequeño detalle dentro de un día de mierda, eso ya me alegra. Tengo el umbral muy bajo.
Interesante, porque luego metes un subrazonamiento sobre esa temática, que es en torno a la esperanza. Para tener esperanza, que puede ser una fuente de felicidad, siempre hay que tener deseos, ¿no? Sin embargo, por lo que tú dices, la felicidad es independiente de la esperanza.
El tema de la esperanza está más metido en lo que pasa concretamente dentro de la isla. De este mundillo, este medio en el que tenemos que confiar que todo funcione bien. Es un recurso que tienen en la isla. Hemos sido felices durante una temporada, nos han machacado, hemos dejado de ser felices y ahora sólo nos queda la esperanza de que cada vez que estamos en este medio, todo vuelva a la normalidad.
Es un álbum que yo veo para un público adulto.
Está pensado para todos los públicos. De hecho, lo compran los adultos, ¿eh? No veo a un niño pidiendo que te vayan a hablar de la felicidad. Es un mensaje que quizá te puede llegar más a partir de la adolescencia.
Pero a ese nivel, ¿crees que hace falta advertir de eso al lector potencial?
No sé verlo a través del mercado.
¿No tienes miedo de que algunos consumidores piensen que es un cómic para sus hijos?
No tengo problema por eso. Si van a comprarlo para sus hijos, tarde o temprano lo van a poder leer.
Vamos, que te da igual. (Risas)
Es que a mí el rollo mercado me agobia, porque es que un día te dicen una cosa, otro día te dicen otra. El otro día me escribió una mujer de cuarenta años que me había dicho que el álbum la había hecho pensar toda la noche. Nunca se sabe qué público te va a comprender y no puedo pensar en ningún público cuando estoy haciendo una obra. Prefiero hacer una cosa que me pueda gustar a mí y que crea que va a aportar algo.
VIÑETAS CAPACES DE HACER LLORAR
Hay momentos del álbum, y lo he contrastado con otros lectores de la obra, que conmueven, que invitan a la lágrima directamente. Lo cual digo como elogio.
No pensé que fuera a llegar a tanto. Bien, bien, maravilloso. Dicen que trabajar con música ayuda. Es divertido también. Estás pensando una historia o lo que sea, y te dicen que te pongas una música que te dé el rollo de esa atmósfera. Y a lo mejor estás dibujando con la música puesta y piensas: “Hostia, de puta madre, esto va a quedar brutal”. Y luego lo lees sin música y... ¡ha perdido toda la fuerza! Le quitas la música y se va todo abajo. Es una mierda. (Risas) Te funciona a ti para motivarte y trabajar. ¡Pero para leer lo que has hecho no funciona!
¿Cuál es el secreto de poder emocionar en un medio de extensión tan limitada como suele ser el álbum de cómic, en un medio que siempre dicen que no es el más adecuado para generar terror ni llanto?
Una vez Félix Sabaté me preguntó si me había leído Paracuellos -y no me lo he leído todavía, eso también manda huevos-, que era el único cómic que le había hecho llorar. Cuando me dijo eso me quedé alucinado. “Hostia, ¿de verdad hay algún cómic que te haga llorar o sentirte así?”. Reírte sí que es fácil. Tampoco me esperaba que mi relato fuera tan emotivo. Pero sí me gusta pensar cómo conseguirlo. Ya hay una forma técnica de trabajar las emociones, que eso sí me gusta del sistema de animación en Estados Unidos, lo dicen mucho en Pixar también: Al espectador, por cada lágrima, dale una sonrisa. Técnicamente es un concepto a tener en cuenta que mola mucho para trabajar. Luego te saldrá o no te saldrá.
A ti te ha salido.
Bueno, me dejas flipando que me digas esto también.