El XII Salón del Manga de Barcelona pasó como una tromba por L’Hospitalet de Llobregat: aquí te lo contamos todo.
El XII Salón del Manga de Barcelona pasó como una tromba por L’Hospitalet de Llobregat: aquí te lo contamos todo.
Jueves 1 de noviembre de 2007: 9:30 de la mañana. Los operarios de la línea roja del metro de Barcelona están al límite de su capacidad de asombro. En cada parada de la formación, los vagones recogen seres extraordinarios: samuráis, ninjas, dioses de la muerte, princesas asiáticas con cara de tener poderes sobrenaturales, misteriosas chicas vestidas de negro y metal, ejércitos de niños hiperactivos con bandanas decoradas por símbolos extraños… ¿Es una invasión extraterrestre?, ¿alguien se ha dejado abierta la puerta a otra dimensión?, se preguntan los operarios de TMB; dudan entre dar parte al ejército o salir corriendo a comprarse un kimono y una katana. Y de repente, en la estación Rambla Just Oliveras de L’Hospitalert de Llobregat, todos esos seres… ¿desaparecen?
Señoras y señores de TMB, tranquilos, no pasa nada; lo que ven son otakus: ¡Comienza el salón del manga! Y comienza a tope.
El jueves la Farga amaneció abrazada por un cinturón de otakus ansiosos por entrar apenas se abrieran las puertas. En el stand del Glénat ya lo teníamos todo a punto: el equipo enérgico y dispuesto a sudar la camiseta, las colecciones en su sitio y hasta una PSP2 con Naruto: ultimate ninja esperando a los visitantes que quisieran viciarse un ratillo. Así empezó la fiesta y no paró hasta las tantas del domingo.
Lo primero es…
Un ¡Olé! bien merecido para la organización. El nuevo sistema de dividir el Salón en tres sedes: la Farga para los expositores, El Poliesportiu del Centre para el karaoke y el cosplay, y El Centre Cultural Barradas para las proyecciones, fue acierto a todas luces. Los cosplayers tuvieron un sitio grande y cómodo donde desfogar su pasión. Los espectadores de anime un sitio oscuro y bien preparado para disfrutar del cine. Y los expositores una supeficie amplia y diáfana donde multiplicarse una vez más. Si a esto le sumamos la presencia cíclica y gloriosa del MANGABUS rodando por las calles de L’Hospitalet para unir los tres puntos, la división se transforma en suma: el Salón ha crecido y mucho.
A por las novedades
Este año el shojo se lleva la corona de laureles: The Gentlemen Alliance (de Arina Tanemura, la de Full Moon), Fushigi Yûgi Genbu: el origen de la leyenda, Sakura, la caçadora de cartes (edición en catalán) y Gravitation Ex eran los mangas más solicitados por la concurrencia. ¿Las chicas han tomado el poder del mundo manga? Si no es así, están en ello. Por otro lado, Gintama apuntaba maneras de campeón entre los chavales; La ciudad al atardecer / El país de los cerezos sorprendía gratamente a los lectores más adultos; los occidentales Lolita HR y Saltando al vacío se ganaban un hueco en el parnaso oriental y no paraban de atraer a la prensa hacia sus autores (que hay que ver los dibujos que se curraban en las dedicatorias).
Un aparte se merece la revista Robot y su autor Range Murata, invitado por Glénat y Ficomic a participar del Salón. Resultó que el señor Murata, a pesar de haber estado inédito en España hasta la publicación del número uno de Robot tiene una base de seguidores por aquí más fieles que el mono de Marco. Amable y sereno, el hombre firmó todo lo que le pusieron delante: láminas, revistas, papeles en blanco, muñecas, y hasta blisters de esas mismas muñecas. Un verdadero crack que atendió además a todos los periodistas que quisieron entrevistarlo (y fueron muchos) con la mejor predisposición. ¿Qué se le puede decir? Arigato, Murata-San, vuelva cuando quiera que esta es su casa.
Fuera del stand…
También pasaba de todo. Había las más variadas conferencias, como la de Manu Robles, sobre el universo Ghibli -en el que es un experto, no dejen de visitar su blog-, la de cocina japonesa de Mihoko Ono (de Casa Àsia), o la de Francisco Royo sobre las artes tradicionales del Japón y vinculación con el zen. En el Área Niponn el Grupo Kaika, entre otras actividades igual de frikis y divertidas, enseñaba jugando a hacer la compra en japonés. Más allá, la peña se apiñaba en los talleres de juegos, manga y modelismo dispuesta a ensuciarse las manos y pasárselo pipa. Y había quien recorría plácidamente la exposición de originales de la Nouvelle Manga (cuyos máximos exponentes, Frederic Boilet y Aurélia Aurita, también circulaban, firmaban y conferenciaban en el salón) y la de Studio Kôsen, las dos chicas de Madrid que encabezan el pelotón de mangakas españoles.
Mientras tanto, la ginkama giraba y giraba alrededor del recinto.
Girando, girando llegó el final
Con los pies destrozados y las piernas a punto de partirse, el equipo Glénat seguía en marcha el domingo cuando desde megafonía la organización anunciaba que el XIII Salón del Manga de Barcelona estaba a punto de cerrar sus puertas. Los otakus más radicales se resistían a dejar morir el evento y seguían rondando los stands a la búsqueda de ese póster de regalo o de aquel tomo con rebaja de último momento. Pero todo lo bueno, para ser bueno, ha de tener un final. Así que las puertas se cerraron y a solas con nosotros mismos (y el resto de los expositores) hicimos las maletas -que en nuestro caso vienen a ser cajas repletas de mangas-, brindamos por el éxito con cerveza fría, y nos fuimos cada uno para su casita a descansar.
A un par kilómetros de la Farga, más precisamente en el barrio de Les Corts, Range Murata gritaba el segundo gol de Ronaldinho.
Ah… ¿Y adivinad qué? Siguen sin haber suficientes tomos que alcancen para saciar la sed de los seguidores de Naruto.
A continuación os presentamos una selección de imágenes de los mejores momentos de este último Salón del Manga: