Ohikkoshi es un manga sobre jóvenes que hacen cosas de jóvenes por las calles de Tokio. Una sorpresa del autor de La Espada del Inmortal.
No todos los autores de manga –o de cómic en general- son capaces de cambiar con facilidad de ambiente o decorado en sus diversas creaciones y aún así, mantener el estilo y el espíritu que le son propios en todas ellas. Entre los autores que han alcanzado tal mérito se encuentra Hiroaki Samura, ya conocido por nuestros lectores gracias a La espada del Inmortal (Mugen no Jûnin), y del cual la obra que ahora presentamos, Ohikkoshi (literalmente, “Moviéndose”), viene precisamente a corroborar lo que acabamos de comentar.
En efecto, mientras que La espada del Inmortal nos presenta a un aguerrido samurai sediento de sangre y venganza, con Ohikkoshi el autor nos brinda una relajante combinación de romance, comedia y costumbrismo, ambientada en el Japón contemporáneo.
Publicada originalmente en 2000-1 por la editorial Kôdansha en cinco entregas, dentro de los números extra trimestrales de su revista Comic Afternoon, para luego ser recogida en un tomo complementado con otras historias más cortas del mismo autor, Ohikkoshi se centra en las vivencias estudiantiles del joven Tono y sus compañeros de la Escuela de Arte Tama –la misma donde se graduó el propio Samura, con lo que podríamos asegurar que éste es un manga en parte autobiográfico-, de veinte y pocos años cada uno, interesados primordialmente en las cosas propias de su edad: el rock, las motos, las juergas… y especialmente, hacer el amor… unas costumbres, como puede apreciarse, no muy alejadas de la juventud occidental.
Ohhikoshi surge en un momento en que Samura ya es un profesional consolidado y con siete años realizando, prácticamente en exclusiva, las hazañas de La espada del Inmortal; con el manga que ahora analizamos quiso tomarse un respiro y cambiar de registro con una historia mucho menos violenta y de ritmo más pausado… y aún así, logró mantener su estilo y personalidad propios, lo que le incluye en el elenco de autores versátiles que mencionábamos al principio. Y ello pese a firmar la presente obra con el seudónimo de Takei Teashi (contracción de la expresión en inglés take it easy).
Si uno recuerda el estilo “esbozado” de La espada del Inmortal, se preguntará si el autor habrá sabido adaptar dicho estilo a ese espíritu y esa acción más “relajados” que hay en Ohikkoshi. La respuesta es: sí, y a la perfección. Tanto el trazo abocetado como los sugerentes efectos de luz y sombra o los elaborados sombreados y tramados íntegramente hechos a mano con los que Samura plasmaba las sangrientas batallas de Manji -el protagonista de La espada del Inmortal-, se adaptan sin problemas al tomo pausado e intimista de las peripecias de los universitarios de Ohikkoshi; estos últimos, al igual que los protagonistas de La espada del inmortal, rebosan energía y vitalidad. De hecho, es de notar que Samura ha declarado públicamente que no desea que ninguno de sus mangas sean adaptados al anime, dado que es difícil que el medio animado logre reproducir fielmente ese trazo que le es personal e intransferible.
Ahora el lector de habla castellana tiene ocasión de descubrir este “otro Samura” a través de la edición de Glénat (y por cierto, también se han hecho ediciones de esta obra en Estados Unidos, Alemania e Italia, país este último en que Ohikkoshi ha sido bautizado con el curioso título de West Tokyo Love Story).
Es posible que en el futuro Samura nos depare más muestras de su “otra cara”; de hecho, recientemente ha aparecido, de nuevo en las páginas de Afternoon, un nuevo manga suyo con toques de shôjo, Birigit no Bansan (“La cena de Brigitte”), ambientado en Alemania, que acaso un día tengamos ocasión de ver traducido al castellano.
Mientras tanto, sumerjámonos en el íntimo pero sobrecogedor microcosmos de Ohikkoshi, guiados por el trazo intimista de su creador, con la certeza de que llegaremos a sentirnos identificados con los protagonistas y con las situaciones que viven. Y ése es, justamente, el logro de los buenos narradores gráficos como Samura.