En el pasado Salon de Angoulême, el Premio al Mejor Álbum fue para NonNonBa de Shigeru Mizuki.

Hasta aquí el hecho; el motivo por el que lo resaltemos en estas líneas se debe a que se trata del primer manga premiado en este decano de los salones de cómic europeos (pese a que el Saló de Barcelona, dentro de sus propios premios, ya hace años que posee uno destinado al mejor manga, elegido por votación popular). Y no se trata de un manga hecho por un autor cualquiera: Shigeru Mizuki (Sakaiminato, prefectura de Tottori, 1922) es uno de los más veteranos autores de manga todavía en activo en Japón, con más de 50 años de carrera a sus espaldas. Gran conocedor de los espíritus, duendes y otros seres ocultos del folklore japonés, su más célebre creación, el niño-monstruo Gegege no Kitarô, aparecido como secundario de uno de sus manga en 1959 pero con serie propia a partir de 1965, refleja a la perfección la erudición de Mizuki en estas materias; pese a lo cual -o más bien «a causa de lo cual», dado el marcado carácter localista de sus manga- se trata de un autor casi desconocido en Europa... hasta ahora.
No vamos a hablar más extensamente de Kitarô o de su creador (sobre ambos podéis hallar más información en El gran libro de los manga, publicado por ésta, nuestra/vuestra editorial), pero sí de la obra que ahora nos ocupa, NonNonBa (más exactamente en el original NonNonBa to Ore, o sea «NonNonBa y yo»), que precisamente entronca con los temas de los que Mizuki es un experto, ya que se trata de una obra en buena parte autobiográfica: ambientada en el Japón de los años 30, su protagonista es el propio autor durante sus años de preadolescencia, y el personaje que da título al manga es una gentil anciana que él conoció en aquella época y que habitaba en su mismo pueblo. Viuda de un monje budista, a NonNonBa le encantaba contar cuentos a los niños, entre ellos el joven Shigeru -o Shige-chan, como es llamado aquí-, y muy especialmente cuentos de fantasmas y otros seres de la mitología nipona, lo cual influiría años después a nuestro futuro mangaka a la hora de plasmar esos seres de fantasía en sus viñetas. NonNonBa constituye, pues, un merecido homenaje a esa entrañable figura que tanto contribuyó a la vocación de cuentista -aunque, en su caso, un cuentista gráfico- de Mizuki, símbolo de un Japón ya prácticamente extinto. Un símbolo del que podríamos hallar también su equivalente en Occidente: algunos de nosotros también hemos conocido a alguna abuelita «cuentacuentos», e igualmente es de lamentar que se trate de una especie ya casi desaparecida.
La edición de Cornelius, por su parte, resulta impecable, ofreciendo 420 páginas con una impresión y un papel de primera calidad por 29 € (lo cual no resulta relativamente caro, especialmente teniendo en cuenta el nivel de vida de los franceses). Todo ello hace de NonNonBa una de esas obras plenamente recomendables para los amantes de la buena historieta de cualquier nacionalidad, y un instrumento para hacer ver a los detractores del manga (¿pero es que todavía queda gente así?) los niveles de trascendencia y madurez que la narrativa dibujada nipona es capaz de alcanzar.
En los últimos tiempos, el nombre de Mizuki ha vuelto a estar de actualidad no sólo por el premio que acabamos de citar, sino también por el revival que está conociendo su personaje Kitarô: además de que volverá a protagonizar en breve una nueva serie de anime -¡la quinta ya!-, 2007 presenciará asimismo el estreno en Japón de un largometraje en imagen real basado en sus aventuras. Todo ello coincide con el estreno en Francia de su manga -convirtiéndose así en el primer país europeo que lo edita-, también a cargo de Cornelius, con el título de Kitaro le repoussant.
Esperamos que este reconocimiento de Mizuki en el país vecino se extienda a este lado de los Pirineos y contribuya a su obra pueda también disfutarse dentro de no mucho tiempo en castellano, pasando así a engrosar la lista de maestros del manga populares entre nosotros.
Alfons Moliné