
A Catsby, un gato en paro del barrio antiguo de Seúl, le ha dejado la novia, y le ha dejado invitándole a su boda con un ricachón acaudalado. Castby no era un gato especialmente depresivo, pero no concibe vida sin Persu, y mucho menos creía (por mucho que su relación estuviera en una vertiginosa decadencia) que fuera el tipo de persona que se casa con un viejo por su dinero. Así pues, ¿como superar el bache?, pues como se superan todos los baches en esta vida; emborrachándote con tu mejor amigo.
El Gran Catsby es un cómic de cabecera. Quizás no el mío, y quizás tampoco el tuyo, pero es uno de esos cómics que se puede convertir perfectamente en el cómic de cabecera de alguien, porque ni es pretencioso ni es épico ni es grandilocuente, pero llega al corazón contando una historia simple y humana contada sin ninguna prisa ni ningún objetivo. Y no te dejes engañar por la portada del primer volumen, no es una historia melancólica ni depresiva, sino alegre y veraniega, en la que los dramas no son otra cosa que la oportunidad para que empiece algo mejor, para que el protagonista (y de paso, el lector) se dé cuenta de que el universo no cierra una puerta sin abrir antes otra, quizás a veces no tan alegre y bonita como la anterior, pero una puerta al fin y al cabo, y que cruzarla es nuestro deber como seres humanos… o seres gatunos.
Todo ello aderezado con unos pocos pero intensos personajes, profundos y completos, que te harán elegir a un favorito, una narración poco típica en un cómic (no tiene viñetas, sino ilustraciones) un dibujo caricaturesco y unos diálogos de besugo, como en la vida real.
Además, cada tomo cuesta ahora sólo 5 eurillos, que eso no es dinero ni es nada.


Los RPGs Japoneses son un género estancado. Los títulos que más venden son continuaciones o spin offs de sagas con años en la espalda, nacidas en los años 80 (como Final Fantasy, Dragon Quest o los Megami Tensei, entre otros) o en los 90 (Como los Tales of o los Suikoden). Ésto no quiere decir que no existan los RPG modernos descolgados de las franquicias monopolizadoras, y pueden incluso llegar a ser juegos muy buenos, pero por lo general están destinados a convertirse en marcas de un solo producto, o a cagarla en la continuación.