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UN AUTOR TOTAL, ANÁLISIS DE LA OBRA DE ÀNGEL PUIGMIQUEL

En el año 1941, cuando el mítico semanario Chicos había disminuido su tamaño para hacer posible la aparición de una revista para niñas, que se había de llamar Mis Chicas, comenzaron a publicarse en ésta algunas historietas humorísticas con la firma de Àngel Puigmiquel . Pronto el estilo rudimentario de este autor, entonces muy joven, evolucionaría a pasos agigantados hasta convertirlo en uno de los grandes innovadores del cómic español, si bien su cortísima carrera, unos diez años, lo ha mantenido prácticamente desconocido para los jóvenes aficionados. En esos diez años Puigmiquel se convirtió en un auténtico autor de historietas que dibujaba los guiones que él mismo componía, haciendo gala de una magistral puesta en escena, una forma narrativa extraordinaria y una fuerza expresiva pocas veces igualada. El grafismo tosco de sus primeros dibujos evolucionó también rápidamente para convertirse en una maravilla de simplismo expresivo comparable al de los grandes maestros del humorismo mundial, y cuando llegó a la cúspide de su carrera, el historietista Àngel Puigmiquel desapareció.


Puigmiquel se inició en el terreno del cómic de humor con las clásicas historietas de una página que daban vida a un gag autoconclusivo, pero ya en 1942 se pasó al género aventurero, sin cambiar por ello su estructura iconográfica. Surgió así un tipo de historieta de aventuras tratado con dibujo humorístico, siguiendo las huellas marcadas en el período prebélico por Cabrero Arnal , Arturo Moreno y después por Valentín Castanys , pero dándole ahora un aire menos infantil, pues no se trataba ya de presentar aventuras “cómicas” largas sino historietas “serias” resueltas mediante ese dibujo cómico que distorsiona convencionalmente la imagen de la realidad para conseguir una mayor libertad expresiva, solución profusamente utilizada por la escuela franco-belga cuyos grandes maestros se iniciaban entonces en el campo del dibujo o habían comenzado de forma aún muy primitiva sus primeras producciones.

Puigmiquel seguiría cultivando simultáneamente ambos géneros historietísticos, el cómico y el aventurero, incorporándose definitivamente a la plantilla de colaboradores de Chicos y Mis Chicas en cuyas páginas desarrolló casi toda su labor, que se prolongó en la ilustración de cuentos y reportajes para los Almanaques de estas dos revistas y para El Gran Chicos donde introdujo una forma de expresión gráfica intermedia entre el cómic y el reportaje periodístico, aplicada en este caso al mundo de los deportes.


ETAPAS DE LA OBRA DE ÀNGEL PUIGMIQUEL

Cuatro etapas muy diferenciadas pueden descubrirse en la evolución de las historietas de Puigmiquel . La primera, con un puro valor arqueológico, constituye los rudimentarios inicios del autor y abarca hasta el año 1943, comprendiendo las historietas cortas de Mis Chicas , la primera aventura de Pepe Carter y Coco publicada en Chicos a partir de su núm. 218 y otras dos historias continuadas, Aventuras de Barquillito e Historieta de Monina la Hormiguita Chiquitina , que aparecieron en 1942 y 1943 en el nuevo Mis Chicas, de mayor tamaño que el anterior.

La segunda etapa, de desarrollo, comprende las aventuras policíacas La Sombra de Gulliver , Tony Martín en Puños Contra Plomo , El Tesoro del Comanche y Detectives Embrujados , así como una serie de historietas humorísticas de Pepe Carter y Coco, Bambolia y Púa y el principio de la serie En el País de los Chiflados , y finaliza en 1945.
Una tercera y definitiva etapa, de culminación, se extiende hasta 1948 con las aventuras ¡S.O.S.! en el Museo Diabólico , Los Crímenes del Gramófono y El Ladrón de Pesadillas , así como varias historietas breves de los personajes antes citados además de las de D. Fiscornio y los reportajes de Flanagan el Pulpo.

Finalmente, en una última etapa de superación gráfica, abandona la historieta aventurera y, partiendo de la adaptación de un cuento de hadas, se circunscribe a las páginas cómicas con nuevos personajes como Petalito, Búfalo y El Torero Manzanilla.


LA EVOLUCIÓN ESTILÍSTICA

La evolución artística de Puigmiquel fue, como se ha dicho, muy rápida y notoria, pasando de un grafismo incipiente a una perfección técnica y artística pocas veces igualada, con un sabio manejo de los recursos de la imagen y una insuperable utilización del lenguaje historietístico.

La primera aventura larga, El Collar de Hipopótamos , aunque publicada en la revista Chicos, aún fue realizada en el formato correspondiente a una página del primer Mis Chicas , de menor tamaño, lo que indudablemente limitaba la amplitud del espacio expresivo, pero de cualquier forma puso en juego un grafismo original, aunque todavía primitivo, siendo difícil detectar influencias extrañas, salvo acaso la del primer Mickey Mouse en el dibujo de las extremidades inferiores. Este primitivismo hace que El Collar de Hipopótamos no pueda valorarse sino como una primera experiencia.

El semanario Mis Chicas ofreció en 1942 y 1943 y dentro de esta primera etapa, dos historias largas, Aventuras de Barquillito e Historieta de Monina la Hormiguita Chiquitina , de contenido ingenuo e infantil, que poco añaden al estilo gráfico de la anterior si bien la práctica adquirida por Puigmiquel se hace ya notar en una forma narrativa aún poco desarrollada.

En el año 1943 Chicos publicó una serie de cinco historietas humorísticas con Pepe Carter y Coco como protagonistas, que presentan ya una evolución gráfica notable con respecto a las obras anteriores, marcando el inicio de una segunda etapa de desarrollo estilístico. Se caracteriza ésta por una mayor soltura y fluidez en los relatos, que adquieren ya gran consistencia y firmeza con un desarrollo bien tramado y resuelto donde se perfila la identidad de cada uno de los personajes. La diferencia con la etapa anterior es abismal. Página a página se va notando ahora el avance y consolidación del estilo que preconiza a uno de los grandes maestros de la historieta.

La Sombra de Gulliver contiene ya destellos narrativos memorables como las peleas a puñetazos o la escena del crecimiento de Coco tras tomar el antídoto de la droga del Dr. Gulliver. En El Tesoro del Comanche empiezan a utilizar el dibujo de las siluetas como recurso narrativo ambiental. En Detectives Embrujados se inicia el empleo de claroscuros y se utiliza un trazo fino para el dibujo de personas, alternando las viñetas de fondos detallados con otras sin fondo de ninguna clase que destaca las figuras de los personajes, lo que produce como resultado una casi perfecta puesta en página.

Debe mencionarse en esta segunda etapa el único intento de Puigmiquel de pasarse al campo del dibujo realista con la historieta Tony Martín en Puños Contra Plomo , publicada también en el semanario Chicos , intento fallido pues es indudable que el dibujo de Puigmiquel , acostumbrado a la distorsión caricaturesca, no se adaptaba a esta nueva forma gráfica en un momento en que aún no habían sedimentado sus propias características. La influencia manifiesta de Alex Raymond y de Will Gould no hace sino minimizar este meritorio intento, inteligentemente abandonado por su autor.

La aventura ¡S.O.S.! en el Museo Diabólico representa el paso más importante en la carrera historietística del autor. El dibujo se hace mucho más suelto y presenta ya el esquematismo expresivo que lo caracterizará en el futuro. Desde las primeras viñetas capta perfectamente un clima de misterio cercano al terror, que entremezcla con gags cómicos, gracias a un insuperable montaje gráfico a base de claroscuros y difíciles perspectivas. La variedad en el enmarcaje de viñetas y la alternancia de los fondos culmina en la duodécima plancha ( Chicos núm . 370) sorprendentemente avanzada para su época: se narra en ella un viaje a la India en una gran viñeta que recuerda las de los modernos comic-books americanos, en la que se insertan otras siete distribuidas en distintas posiciones según el tiempo o el espacio en que se desarrollan. A partir de aquí y hasta el final de esta aventura la colocación de las viñetas dentro de cada página constituye un auténtico ejercicio de estilo que contribuye a la expresividad de la imagen y a la belleza del conjunto en un alarde de narración gráfica.

Digna continuadora de esta magnífica aventura es Los Crímenes del Gramófono que, además de la más extensa, es sin duda la más lograda de la serie de Pepe Carter y Coco que con ella finaliza.

Se abandona ahora la espectacularidad del montaje para mayor realce del trazo esquemático y simplista y de la modernísima planificación y perspectiva.

Menudean los espacios oscuros hasta el punto de haberse dibujado una viñeta con trazo blanco sobre fondo negro, y se mantiene más que nunca el suspense al final de cada entrega. Tanto por el guión como por el grafismo, se trata de la más importante historieta larga de Puigmiquel , con una estructura y una forma narrativa muy superior a la de todo el cómic español de la época.


EL PLACER DE LA AVENTURA. PEPE CARTER Y COCO

Las colaboraciones de Puigmiquel comenzaron, como se ha dicho, en 1941 en el pequeño semanario Mis Chicas con historietas de una página, la mayor parte de ellas sin protagonista fijo, aunque creó la serie del personaje Don Justo, albergado después en las páginas de Chiquitito y con una intervención aislada en el núm. 249 de Chicos . De entre estas historietas cómicas destaca una que con el título de Pepe Holmes y Coco presenta a dos niños detectives, blanco uno, negro el otro, que van a convertirse con el tiempo en los más populares personajes creados por Puigmiquel , protagonistas de casi todas sus historietas largas, con un simple cambio de nombre del primero de ellos que pasará a llamarse Pepe Carter en lugar de Pepe Holmes en una pugna entre los apellidos de los dos detectives más conocidos de la época, resuelta a favor de la popularidad que estaban obteniendo las novelas de Nick Carter que entonces publicaba la Editorial Molino.

Como puede inferirse de ello, las aventuras de Pepe Carter y Coco pertenecen al más puro género detectivesco que trata de descubrir por inducción la identidad del autor de un delito, pero aquí la simple intriga policíaca se mezcla a menudo con elementos de misterio e incluso de terror que mantienen el suspense de la trama a través de toda la aventura. Pepe Carter es un detective según todos los tópicos novelescos, que usa gorra de cuadros a lo Sherlock Holmes –más tarde simplificada e incluso suprimida-, fuma la clásica cachimba y va siempre acompañado por su ayudante negro Coco. Ambos, detective y ayudante, llevan pantalón corto, pero ello no debe considerarse indicio de una identidad de niños detectives sino de detectives niños cuya mentalidad, forma de actuación y modo de comportarse corresponden a personas adultas respecto a las cuales se utilizan las licencias gráficas a que tan favorablemente se presta la iconografía humorística antes aludida. La evolución gráfica de Pepe Carter y Coco tiene un arranque paralelo a la de Cuto con la diferencia de que en el caso de éste conducirá finalmente a una imagen realista de la que los primeros se apartarán en todo momento.

El debut aventurero de Pepe Carter y Coco, El Collar de Hipopótamos , esboza ya la personalidad del primero, que en posteriores historietas quedará perfectamente definido como un pequeño detective inteligente, decidido, activo, ingenioso, serio. Coco, en cambio, queda muchas veces reducido a un simple comparsa de actitud pasiva, pero poco a poco, y sobre todo en La Sombra de Gulliver va perfilando su propio carácter de ayudante irresponsable, mero ejecutor de las órdenes de su amigo, ignorante, ingenuo, perezoso e incluso un poco tonto. La conjunción de ambas personalidades opuestas pero complementarias será el fundamento de la comicidad de la serie a la vez que el perfecto instrumento para resolver los enigmas investigados por la pareja.

Otros personajes habituales en estas aventuras son Jump, el perro policía, con escasos papeles reducidos casi exclusivamente a lo meramente decorativo; el inspector Smuts, policía rudo, irascible, de gran corazón y pequeño cerebro, que recuerda un poco al comisario Dolan de The Spirit ; Polly, nieta del sheriff de Pipas-City y sobrina del profesor Brook, aficionada al detectivismo y colaboradora de Pepe Carter en varias aventuras, que mereció algunas historietas cortas en los Almanaques de Mis Chicas ; Benjamín y Libélula, hermanos menores de Pepe Carter y Coco, respectivamente, que intervienen únicamente pero de manera memorable en la última aventura Los Crímenes del Gramófono . Y del lado de los villanos, el Dr. Gulliver, personaje de La Sombra de Gulliver , SOS en el Museo Diabólico y alguna historieta corta; y el mago Pimentoff, presente en Detectives Embrujados y Los Crímenes del Gramófono , ambos con las narices colgantes típicas de Puigmiquel y ambos rodeados de una corte de secuaces hindúes.

Es destacable en este punto que los guiones de Puigmiquel no siguen la distinción maniquea al uso entre buenos y malos. Así, el mago Pimentoff resultará en su segunda aventura moralmente indiferente, como un elemento más, colocado en la historia para mantener la intriga de la trama. Del mismo modo, los gángsteres que aparecen en una u otra historia resultan buenos o malos según su actuación en un momento dado pero no son esencialmente malos por definición. Esto representa sin duda un notable avance sobre la generalidad de tebeos de la época.

La línea argumental de estas aventuras resulta siempre ingeniosa e interesante y el autor mezcla el puro problema policiaco con otros elementos distanciadores de la trama que contribuyen a mantener el suspense. En El Collar de Hipopótamos , titulada así porque se trata de un collar confeccionado con cabezas de hipopótamo reducidas por los jíbaros, que se pretende rescatar para canjearlo por un fabuloso tesoro, se hace necesaria una expedición a las selvas del Amazonas, con todos los factores exóticos que ello comporta, en busca de los hombres verdes guardianes del aludido tesoro que codician las tribus rivales. En La Sombra de Gulliver se introducen elementos de ciencia ficción mediante la fórmula ideada por el Dr. Gulliver para reducir el tamaño de personas y objetos y convertir el mundo en un inmenso país de Liliput dominado por la sombra del famoso héroe de Jonathan Swift . En El Tesoro del Comanche se reúne toda la temática tópica del Oeste americano con sus ranchos, cabalgadas, sheriffs y bandidos. En Detectives Embrujados es la magia y el hipnotismo, que el mago Pimentoff practica de manera muy similar a la de Mandrake, la que constituye el factor alienante. En ¡S.O.S.! en el Museo Diabólico nuevamente se halla presente, como en La Sombra de Gulliver , el exotismo hindú realzado por el clima de misterio que campea en toda la historia. Misterio aún más patente en Los Crímenes del Gramófono , última aventura de Pepe Carter y Coco, donde interviene además la temática circense.

No es posible descubrir en estas historias, como en el resto de la obra de Puigmiquel , connotación ideológica alguna. Se trata, como se ha dicho, de argumentos detectivescos con adornos aventureros en el más tópico sentido de cada género. Por ello si la novela policíaca clásica se desenvuelve normalmente en el ambiente de las clases elevadas, no debe extrañar que los millonarios y los nobles ingleses sean casi siempre quienes reclamen los servicios de Pepe Carter y Coco y quienes tengan misterios por resolver, misterios que raramente suelen afectar a las gentes sencillas. El mismo origen debe atribuirse al hecho de que Pepe Carter, el jefe, la inteligencia, sea blanco mientras Coco, el ayudante, la mente elemental, es negro. No puede hablarse de racismo consciente sino de un simple resabio del cómic y la novela popular americana con una intencionalidad evidentemente contraria a la del efecto producido. El elemento hindú, tantas veces repetido en estas historias, tampoco ha de verse en sentido distinto del ya mencionado como puro factor exótico que incrementa el interés de la trama distanciándola más de la realidad. Sin embargo esto se enfrenta con poca naturalidad, con un cierto temor que hace sentir a la raza hindú muy lejana de los protagonistas, no integrada en la civilización occidental, sustituyendo quizá en este caso a la raza amarilla que hubo de soportar en el cómic mundial de la época los más ingratos papeles.

Independientemente de estas aventuras largas, Pepe Carter y Coco protagonizaron también catorce historietas humorísticas de una página, que se publicaron en Chicos entre los años 1943 y 1945, presentando cada una de ellas un gag cómico más o menos logrado, casi siempre fuera de la línea detectivesca. También fue Chico s quien acogió las restantes aventuras de estos personajes con excepción de Detectives embrujados que apareció en un cuaderno de la Colección Mosquito , editada por el propio Puigmiquel y por Emilio y Carlos Freixas , en 1945, siendo reeditada en 1950 en la revista Estrellita que publicaba el editor De Haro . Por cierto que a la Colección Mosquito pertenece también la primera aventura del Capitán Misterio dibujada por Emilio Freixas sobre un guión de Àngel Puigmiquel .


UNA OBRA SIN PAR: EL LADRÓN DE PESADILLAS

Tras las hazañas de Pepe Carter y Coco, Puigmiquel produjo todavía para Chicos una última aventura larga que supone, en transición hacia su ultima etapa, un intento de sublimación estilística truncado por su precipitado final. Se trata de la historieta El Ladrón de Pesadillas , publicada en 1948 con un total de 20 páginas, sin duda insuficientes para desarrollar las ideas esbozadas.

La historia comienza con una presentación, en la que el propio autor se autocaricaturiza, de algunos de los personajes que van a intervenir en la aventura. Seguidamente arranca ésta en un lóbrego clima de misterio, cuando Minolli, un reo encarcelado en la prisión de Dartmore, es raptado en el momento en que iba a ser ejecutado en la silla eléctrica. De esta magistral primera plancha se pasa al domicilio del jefe de la policía secreta Phil Pansa, donde éste se dispone a desentrañar el enigma del mencionado rapto asistido por su biógrafo Algubio que le sigue a todas partes provisto de lápiz y papel para ir anotando todo lo que le sucede a su superior. Los hijos de éste, Piper y Mino, intervienen en la historia así como sus amigos: el deportista Rulito, el intelectual e impertinente Sócrates y el forzudo Helio, juntos deciden entrar en los barrios del hampa y allí han de enfrentarse al jefe de ésta, El Wampiro, al subjefe Patum y a toda la banda de hampones.

Se presentan así hasta cuatro acciones paralelas y tres de ellas convergen finalmente cuando Phill Pansa encuentra a un misterioso y grotesco personaje apodado El Dedo que ha concentrado en su cabeza “todas sus otras facultades para poder pensar mejor”, lo que le ha dotado de un enorme cerebro y una menguada estatura; ha sido él, junto con su curioso ayudante Taruffi, una especie de enorme robot con una bombilla en la cabeza, quienes han secuestrado a Minolli con el fin de experimentar el ultimo invento de El Dedo, consistente en un raro aparato que separa el subconsciente de la personalidad consciente.

Comienza entonces una bien diferenciada segunda parte de la historia cuando policías y gángsters se limitan a contemplar los sueños del subconsciente de Minolli, en los que participa el genio de El Ladrón de Bagdad y los locos de la historieta En el País de los Chiflados , quedando en suspenso la trama de la acción primitiva que ya no concluye, pues al finalizar la proyección de imágenes del subconsciente de Minolli acaba también la historieta sin que termine de perfilarse la fisonomía de los personajes y con una enorme decepción por parte de los lectores que se preguntan qué ha sido de los amigos de Piper y Mino, perdidos en los callejones del hampa, qué ocurrirá con el consciente de Minolli y qué destino espera a El Dedo. Es indudable que la evidente dualidad de la trama de la historia tenía una finalidad que no llegó a descubrirse por su precipitado final.

Por lo demás se trata de una auténtica historieta cómica en la que el humor o la ironía están presentes en todo momento. El tipo de humor utilizado en las dos partes de esta historieta es distinto: mientras en la primera se acude al humor realista y fino, en la segunda se practica un humor absurdo y sin sentido, pero en cualquier caso es mucho más abundante y esencial que en la serie de Pepe Carter y Coco. Se ridiculiza el hampa, se ironiza sobre la actuación del jefe de policía y se realza la comicidad del científico loco que en este caso y por extraño que parezca no pretende apoderarse del mundo.

En el aspecto gráfico, Puigmiquel lleva a sus últimos extremos la síntesis expresiva con una fluidez narrativa pocas veces igualada. El uso de grandes sombras para subrayar los momento álgidos de la acción le lleva a concebir una viñeta completamente negra para representar la oscuridad de una habitación en la que solo destacan en blanco los ángulos de paredes y techo. La simplicidad de la línea se conjuga con el barroquismo de los detalles consiguiéndose gráficamente superar la perfección ya obtenida en sus anteriores creaciones.


EL HUMOR DE PUIGMIQUEL EN SUS HISTORIETAS BREVES

Habiendo partido de la historieta humorística, Puigmiquel simultaneó este género con el de aventuras hasta 1948, para volver con exclusividad al humor desde esta fecha. Ya se apuntó que Pepe Carter y Coco fueron protagonistas de varias historietas cómicas, concretamente catorce, desde 1943, generalmente en los tiempos intermedios entre dos aventuras largas. Pero sin duda las series de humor más conseguidas fueron las de Bambolia y Púa , En el País de los Chiflados y Petalito , que junto con Don Justo, Don Fiscornio, Búfalo y El Torero Manzanilla constituyen la galería de personajes cómicos de Puigmiquel .

Bambolia nació en 1943 en el núm. 274 de Chicos donde fue presentado como “un duende travieso del bosque encantado”, pero ya en su quinta historieta se ve claramente que esta primera identificación ha sido arrinconada para convertir a Bambolia en un auténtico tarzánida, que se mueve en una jungla poblada de animales salvajes a menudo amigos del héroe. Pronto se unirá a Bambolia su compañero Púa, que asoma en la tercera historieta y que a partir de la séptima formará con aquél una pareja inseparable que a lo largo de toda la serie de veintiocho juega, convive y bromea con los animales de la selva y con otros extraños personajes que aparecen episódicamente como Flori-Po o Alfonso Pájaro Loco, raro volátil éste último -de nombre y fisonomía que recuerdan los del dibujante Alfons Figueras - capaz de expulsar de la jungla al mismísimo Tarzan. Los gags suelen ser ingenuos e ingeniosos y algunos de los más antiguos llevan moraleja final. El estilo gráfico evoluciona al compás de las etapas ya citadas, llegando, hacia la mitad de la serie, a una espléndida perfección adornada con elementos manieristas que producen una gran sensación de belleza. Puigmiquel encuentra aquí un pretexto para dibujar animales, lo que sin duda constituye una de sus grandes aficiones como lo demuestran sus ilustraciones de las Historias de los Animalitos del Bosque aparecidas en todos los números de El Gran Chicos.

En la serie En el País de los Chiflados , iniciada en 1944 y suspendida hasta 1947 tras la publicación de tan solo dos historietas, Puigmiquel practica un nuevo tipo de humor, distinto al de todas sus otras creaciones. La sagacidad de Pepe Carter y Coco, la ternura de Bambolia y Púa, la imperturbabilidad de Don Fiscornio, se ven aquí sustituidas por el absurdo y el nonsense . En este País de los Chiflados, inundado de letreros con frases dislocadas, habitan dos locos, Diplodocus y Caperucita, pequeño y calvo el primero, enorme y barrigón el segundo, que llenan sus páginas con descabellados disparates para mayor diversión de su autor, bajo el lema “al rico chupón” que en cada historieta pronuncia un extraño animal que pasa volando. El dibujo es acorde con el absurdo contenido de la serie, apoyándose en fondos muchas veces surrealistas que crean el clima de locura pretendido.


EL CUENTO DE HADAS EN LA OBRA DE PUIGMIQUEL

Bambolia protagonizó a principios de 1949 una historieta de nueve páginas publicada también en Chicos con el título de El Poder Estrambótico . Con una trama liviana del tipo de los cuentos infantiles con moraleja, se trata nuevamente de producir unos dibujos bellos y decorativos referidos especialmente al mundo animal. La ironía sin embargo asoma con frecuencia y particularmente en el retrato del hada Soligás, provista de una porra a modo de varita mágica, con lo que Puigmiquel inicia la desmitificación de los cuentos infantiles.

Esta desmitificación se halla tanto más patente en la historieta El Aguerrido Felipe que en 1949 se publicó en diez números del semanario Mis Chicas . Se trata de la adaptación al cómic de un cuento de los hermanos Grimm en clave de humor, una auténtica recreación de un tema antiguo, llena de ingeniosísimos gags actualizadores del mundo de los gigantes y las princesas. El dibujo alcanza aquí una síntesis que no se podía lograr en el caso de personajes creados en etapas anteriores, con lo que se consigue como resultado una obra de nivel elevadísimo, seguramente una de las mejores y menos conocidas de Puigmiquel .

Un resultado parecido se obtiene con la serie de historietas de Petalito, personaje aparecido en los años 1949-50 en la revista Cubilete y retomado después en la segunda etapa de Chicos con historias de dos páginas. Petalito es un caballero andante que provisto de armadura, lanza en ristre y montado en un triciclo, se lanza a rescatar doncellas prisioneras de terribles ogros, a desencantar a la Bella Durmiente , a torcer el destino de Caperucita Roja e incluso a descubrir nuevos continentes. Como puede verse, la preocupación desmitificadora del maravilloso mundo de las hadas se manifiesta una vez más, si bien ahora entremezclada con nuevos elementos del humor absurdo practicado por Puigmiquel con otros personajes. La belleza y calidad de estas historietas no fue ya superada por su propio autor cuyas últimas series, Búfalo y El Torero Manzanilla , están desprovistas de la gracia argumental y del barroquismo gráfico de aquélla.


FIN DE FIESTA CON PUIGMIQUEL

Al margen del puro relato historietístico practicó Puigmiquel un género gráfico intermedio entre la historieta y el reportaje, plasmado en sus páginas de cine y de deportes en las que mezclaba noticias, consejos, chistes y pequeñas historietas, siempre desde un prisma festivo. Alcanzó en este terreno cierta popularidad Flanagan el Pulpo, que presentaba la sección deportiva de El Gran Chicos . En el mismo sentido se produjo Tu Deporte en la tercera época de Aventurero y la página cinematográfica de la revista Estrellita .

La obligada conclusión de todo lo anterior obliga a centrarse en la personalidad y maestría de Àngel Puigmiquel , cuyo apartamiento del mundo del cómic debemos lamentar. Ya se ha señalado que supo elevar la historieta española a niveles pocas veces igualados en el difícil género que cultivó. Los animales, el deporte, los cuentos de hadas tuvieron en Puigmiquel un magnífico cantor. Pero sobre todo, la frescura de su obra persiste hasta el presente, en que una relectura de la misma sigue evidenciando su modernidad y su actualidad, que despiertan la nostalgia por aquellos héroes de papel desaparecidos hace ya más de cincuenta años.



SALVADOR VÁZQUEZ DE PARGA
Nota: Este artículo de análisis sobre la obra de Àngel Puigmiquel
es la nueva versión de un texto de 1979, revisado
y reescrito por el autor para esta ocasión