EAGLE © Kaiji KAWAGUCHI/Shogakukan Inc.

En este primer número de Eagle, hemos conocido al asesor político George Tuck. Astuto y taimado, el personaje está basado en una figura real, la de Dick Tuck, asesor de los Kennedy y némesis personal de Richard Nixon. A él le debemos toda una generación de de enredos, insinuaciones, jugarretas y trampas… e incluso alguna que otra broma pesada. Nadie ha dominado tanto el arte del “spin”, esa maquiavélica técnica política que bascula entre márqueting y propaganda.

Tuck, el de verdad, nació en 1924 y en el momento de escribir esto continúa vivito y coleando, aunque retirado de la escena política. Aunque en Estados Unidos las relaciones públicas se aplican al mundo de la política prácticamente desde que la independencia del país, y la historia nos ha dejado una larga lista de jugarretas entre candidatos -de las que ya hablaremos otro día- no es hasta el siglo XX, con el auge de los medios de comunicación de masas, cuando el dominio de la opinión pública se convierte en una guerra sin cuartel en la que la información es, más que nunca, poder.

Su primera jugarreta se la jugó contra el que iba a ser su objetivo favorito: Richard Nixon. Corría el año 1950 y Dick Tuck trabajaba para la congresista demócrata Helen Gahagan Douglas, al tiempo que estudiaba en la Universidad de California Santa Barbara. Un catedrático despistado, al que le sonaba el interés de Tuck por la política, le encargó que organizara la visita del republicano Nixon al campus. Tuck “olvidó″ invitar a nadie a la conferencia que iba a dar Nixon en el Aula Magna, presentó al político con un discurso interminable y aburrido y su primera pregunta fue sobre un complicado tema de economía. 

Pero esa no iba a ser la última broma que el artífice del Watergate iba a sufrir. En 1960 se celebró el famoso debate entre Nixon y Kennedy en el que éste último ganaba la primera batalla televisiva de la historia electoral. Nixon, mal maquillado, peor vestido, y carente de toda telegenia, se derrumbaba en los sondeos. No contento con ello, al día siguiente Tuck contrató a una ancianita para que se acercara a Nixon en un mitin. La buena señora, que no levantó sospechas al llevar puesta una chapa de la campaña republicana, abrazó al político delante de las cámaras y le dijo: “¡Lo siento, hijo! Anoche te derrotó, pero la próxima vez lo pillarás.” Nixon tuvo siempre una relación de amor y odio con Tuck. Aunque en las cintas del Watergate parece estar obsesionado con él y se queja a menudo de sus tácticas, en 1972 la Casa Blanca contrató a un empleado llamado Donald Segretti para que aplicara la misma medicina a los demócratas. Sin embargo, el asunto acabó muy mal, porque Segretti fue luego investigado por calumniar a diversos demócratas. 

Se cuentan muchas anécdotas sobre las bromas de Tuck, y más de una pertenece exclusivamente a la categoría de leyenda. Su propia carrera política no fue muy exitosa. En 1964 se presentó al senado de California, y Nixon, en una muestra muy poco característica de sentido del humor le mandó un telegrama ofreciéndole su apoyo. Al ser derrotado, las palabras de Tuck fueron “El pueblo ha hablado. Panda de cabrones.”

Tuck, más allá de su proverbial talento para el humor, vive y respira política. Según el New Yorker, es capaz de decir qué ciudades han albergado las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano durante los últimos cincuenta años y de contar anécdotas de cada una de ellas. Acompañó a Bobby Kennedy en la ambulancia que lo condujo al hospital después de que le dispararan. Y a sus 84 años se queja amargamente de que su estilo ya no tiene un lugar en las sofisticadas coreografías de la política estadounidense. Qué pena.

  1. [...] El protagonista, Kenneth, tiene como principal rival en las primarias del Partido Demócrata a Albert Noah, vicepresidente de los EEUU (Prefieren que le llamen “Al”…es un personaje muy analítico, pero quizás algo rígido…las elecciones en cuestión son las del 2000…¿quién podrá ser, sielos?). De momento el personaje más interesante es un asesor afín al Partido Republicano que se suma a la campaña de Kenneth, George Tuck, el cual por lo visto está inspirado en un personaje real, Dick Tuck, asesor de los Kennedy y némesis de Nixon. [...]