YA A LA VENTA: “PLAGIO - El secuestro de Melina”

April 17th, 2012 Migoya

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Hoy se pone a la venta la nueva novela gráfica que hemos realizado el dibujante Joan Marín y yo, probablemente nuestra obra de cómic más ambiciosa: PLAGIO, basada en el secuestro de tres días que sufrió mi mujer Melina.

“Plagio” es un término que en el Perú significa también “secuestro”. La obra consta de 250 páginas y está editada por Norma Editorial.

Aquí podéis ver la entrevista que nos han hecho a Melina y a mí en El programa de Ana Rosa de Tele 5 sobre el suceso que narra PLAGIO.

acá, un excelente reportaje de tres páginas para el dominical del periódico peruano La República.



UN CÓMIC DE TERROR EN LOS KIOSCOS

March 28th, 2012 Migoya

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Ya está a la venta Rec-Historias Inéditas, el nuevo cómic en el que estoy involucrado como guionista y coordinador.

Gracias a la generosidad y entusiasmo de Jaume Balagueró y Paco Plaza (un entusiasmo equiparable al de cualquier autor de cómic con ganas de hacer las cosas porque sí, por el placer de hacerlas), hemos logrado reunir un equipo fabuloso de autores y de ilustradores que han confeccionado un tebeo del que estoy/estamos muy contentos y que se estrena al mismo tiempo que la película REC3: Génesis de Plaza.

Estoy particularmente orgulloso del repóker de artistas que llevan el peso gráfico de las historias incluidas: Andrea JenFeliciano G. ZecchinÁlvaro RuilovaSalvador Sanz Joan Marín. Los cinco han dado el do de pecho de su admirable talento a la hora de plasmar visualmente los cinco guiones inéditos. El ilustrador Colucci, asimismo, se ha volcado con la portada y la contraportada, regalándonos además una ilustración original para el volumen.

Mi agradecimiento también a todos los dibujantes  que han colaborado aportando una galería estremecedora de ilustraciones: Gabriel Luque, Carlos Gambarte, Rubén Rojas, Pablo Marcos, Diego Olmos, Sagar, Studio Kôsen, Miguel Ángel Martín, Jordi Pastor, Carla Berrocal, Pier Brito, Rafael Fonteriz, Angel, Pedro Espinosa, Natacha Bustos, Rubén Sáez y Luis NTC.

REC-Historias Inéditas se edita en formato de lujo (tapa dura) y formato popular (edición rústica), a un precio que me parece excepcional: 12′95 y 9′95 euros, respectivamente. La edición popular ha sido distribuida a kioscos, lo cual nos hace a todos especial ilusión: la historieta debería estar siempre presente en ese escaparate de prensa, además de en las estanterías de librerías y centros comerciales. Ojalá constituya otro ejemplo de una tendencia creciente.

Y nada, ya sólo desear que quienes leáis REC-Historias Inéditas lo paséis de muerte.

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Paco Plaza da ejemplo a la nación y posa orgulloso a pie de kiosco con su flamante ejemplar de REC-Historias inéditas.



“EL UNIVERSO ZOMBI DE HERNÁN MIGOYA”

November 14th, 2011 Migoya

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El pasado sábado, El Periódico de Catalunya dedicó la portada de su suplemento Primera Fila a la novela Una, grande y zombi, transformando gráficamente a varios políticos españoles para ilustrar el reportaje y la entrevista del interior. Aquí podéis leer y mirar todo el resultado.

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Foto de Josep Garcia.



ATORRESRIZANDO AL PERSONAL

October 24th, 2011 Migoya

Por fin he podido acostarme un par de noches seguidas a degustar dos tebeos de terror realizados por un dúo andaluz que ya ha dado el salto a Estados Unidos, atención, sin tener que endosarse los calzones de ningún superhéroe. Aunque ambos tebeos son ediciones españolas de Dibbuks en formato álbum, se trata de sendas recopilaciones de miniseries de cuatro comic-books realizadas específicamente para el mercado estadounidense.

El malagueño El Torres se encarga de los guiones y el granadino Gabriel Hernández de los dibujos.

Esa vocación de ser leídos primero por un público gringo explica pues que El Torres use la hojarasca de modas culturales de hoy como fértil abono de sus aportaciones creativas. El resultado es, en ambos títulos, bastante más que una demostración de buen oficio.

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El velo juega sus cartas sobre convenciones tanto temáticas como autorales. “El Mal” suele ser en las historias de terror una metáfora de todos nuestros miedos y culpas íntimas: la doble metáfora se ejerce cuando esa fuerza maligna, ese “Mal” abstracto pero localizado, toma además una forma corpórea, concretando su amenaza, que podemos ver, tocar y combatir (y que nos puede aterrorizar aún más). El maestro en esa “personificación” del mal de nuestros días es, obviamente, Stephen King, aunque siempre suela cagarla cuando intenta resolver la “disolución” del Mal, tanto en su encarnación concreta como en su metáfora.

En El Velo, El Torres adopta temas propios de King (la “personificación” del mal) hasta llevar su referencia hasta puntos literales (la acción se desarrolla ¡en Maine!). En la forma, se acoge a los cómics de la DC de raigambre británica.

Pues El Torres sabe también que el cómic es un medio débil para transmitir terror, a no ser que seas Maruo y asustes sólo con dar un trazo. Habitualmente, los cómics de terror no provocan terror, sino tan sólo “reminiscencias” de terror, mucho más evanescentes que el que puede provocar un libro o una película. Los dibujos -por lo habitual- suavizan el impacto del miedo, igual que difuminan la agresividad del porno. Queda ese hilo tenue de atmósfera y recreación, que no es poco cuando se sabe manejar…

Así que el malagueño sigue el ejemplo de Alan Moore en La cosa del pantano o Jamie Delano (mi prosista favorito en el género) en Hellblazer, se inventa una Joanna Constantine (con el nombre de Chris Luna) y añade esa voz narradora en tercera persona que contribuye a hacer volar la imaginación más allá de unos dibujos tangibles, que induce, que sugestiona con razonamientos terroríficos: especialmente acertada la disquisición de la protagonista sobre lo que hace el 90% del cerebro humano que no percibimos.

El cómic funciona a todos los niveles (incluso en sus toques formalmente bastardos: la yanquinización de modos también pasa por elegir momentos “musicables”, ese tipo de sustos más propios del cine que de la historieta que uno imagina acompañados de un golpe orquestal), apoyado también en un Gabriel Hernández que aquí parece fruto de un feliz encuentro propiciado en un What if: “¿Y si Tha hubiera sido entintado alguna vez por Klaus Janson?”. El resultado gráfico es gozoso, con un diseño de personajes absolutamente empático y una textura atmosférica siempre presente y efectiva.

Y resulta muy interesante comprobar cómo El Torres se mueve a gusto con clichés de una cultura ajena, aunque sea una tan omnipresente como la estadounidense.

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Sin embargo, su siguiente esfuerzo común, El bosque de los suicidas, me ha convencido más.

Para empezar, el dúo se anima a meterse esta vez en el lugar común del “horror oriental”, pero sin renunciar a la perspectiva occidental (lógicamente más europea que estadounidense, por mucho que el fin de la obra sea su comercialización primera en los USA). Da gusto ver a dos autores españoles adentrándose en la cultura nipona sin caer en los tópicos gráficos del manga, es decir, dibujando a los orientales como realmente los vemos y no con esa racista idealización americanizada con la que ellos quieren verse a sí mismos.

Esta vez, además, El Torres no se apoya en un discurso verbal paralelo, sino que prescinde de la primera persona explícita y se limita a narrar en tercera mediante los diálogos y el empaque visual de Hernández. Sus personajes están bien definidos y tienen personalidad propia; y los momentos de angustia se presentan bien dosificados, además de ser muy contundentes: véase el paralelismo entre el éxtasis de una amante y el estertor de una ahorcada con que nos sirve la primera muerte de la historia.

El desarrollo de El bosque de los suicidas es modélico, así como su resolución: pese a la limitación del formato (cuatro números de unas 22 páginas cada uno), El Torres y Gabriel Hernández se salen con la suya a la hora de dejar un sabor terriblemente dulce en el lector.

Aquí hay algo más que oficio: hay dos autores con ganas de jugar en el terreno anglosajón y hacerse su lugar por méritos propios.

De momento, han conseguido algo inédito en el panorama historietístico español y merece la pena subrayarlo.

Brindo por su talento.



SITGES 2011: IT WAS A VERY GOOD YEAR… FOR SPANISH FILMS

October 19th, 2011 Migoya

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Aunque este mes he pagado en taquilla por ver -lo nunca visto- ¡tres! películas españolas (No habrá paz para los malvados, La piel que habito y la mayor estafa del año, El Capitán Trueno, imposible de comentar sin entrar en consideraciones sobre la fina línea que separa en España lo que es arte y lo que es delito), he aprovechado mi acreditación en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges para ver exclusivamente Spanish movies, debido al pudor que me causa mi desconocimiento del panorama patrio actual. El resultado ha sido muy satisfactorio:

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Eva de Kike Maíllo:  Algo apabullado por llegar tarde a la sesión matinal de esta película inaugural, tuve que conformarme con entrar a mediodía a la proyección que se anunciaba como su “Versión Doblada”. Yo ya estaba resignado a oír las voces de todos los actores recompuestas a otro idioma, así que cuál no sería mi sorpresa al comprobar que la tal “versión doblada” es en realidad la original: todo el reparto, incluido Daniel Brühl o Lluís Homar, hablaba en castellano con sonido directo… *Un productor de la película acaba de explicarme que en realidad se hicieron dobles tomas en catalán para la versión etiquetada como original. ¡Vuelven las dobles versiones!*.

Confusiones auditivas aparte, debo confesar que la película me gustó mucho. No parece una superproducción (lo que otros, más informados de presupuestos y expectativas, consideran un defecto), pero para alguien como yo, que a priori no sabía nada de Eva, fue una agradable sorpresa. La historia resulta sobadita y es previsible al cien por cien, y sin embargo está rodada con mucho gusto visual, de manera serenamente atípica y con un decidido hincapié en la atmósfera del drama desarrollado. Otros críticos reprochan que le falta “alma”, pero a mí me pareció lo contrario: horadando terrenos trillados, esta peli sencilla destaca por la calidez en su tratamiento de personajes y sentimientos, con derivaciones lolíticas muy de agradecer. Bien por Brühl, aunque le sobran mofletes; muy bien por la niña Claudia Vega; y un notable para Homar, cuya compostura y humanidad como robot son dignas de un Alec Guinness catalán.

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Mientras duermes de Jaume Balagueró: el nuevo filme de Balagueró es un excelente ejercicio de caligrafía cuya fórmula (temple direccional + guión de mecanismo sólido) se echaba de menos en el último cine español. La temática también es manida (se han hecho mil películas con la misma trama), pero la minuciosidad del método de su antihéroe, el localismo de sus andanzas y su retorcido punto de vista, que su director nos obliga a asumir (es difícil no estar con Luis Tosar cuando huye de su víctima arrastrándose, mareado de cloroformo), le otorgan el morbo suficiente para disfrutar su visionado. Eso sí, en un tiempo de redes sociales, me sobran tantas cartas y chantajes con películas porno… Mientras duermes deja más que establecida la habilidad de Balagueró como narrador visual con fundamento.

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Verbo de Eduardo Chapero-Jackson: fue la película más denostada durante su pase en Sitges, y es fácil entender por qué. El carácter español, incrédulo y materialista, es difícil que no se tome a chacota un filme “inspiracional” para adolescentes con un mensaje edificante y absolutamente diáfano que entra en terrenos abiertamente ridículos o ridiculizables (que no es lo mismo) para un espectador adulto ibérico, al menos para el que abunda en festivales de cine. Seguramente por ello mismo, me pareció una película muy valiente y, con todos sus peros (esa confusión premeditada entre belleza y horterada; ese tonito edulcorante a lo Paulo Coelho para niños mimados), me admiró la capacidad de empaque de que la dota su director y, sí, la belleza de varias de sus secuencias (excelente el segmento de planos de personas torturadas, capturados a través del espejo de los cuartos de baño). También debo reconocer que me quedé embelesado con la protagonista: tanto bonito primer plano de Alba García me mantuvo engatusado, y no pude evitar pensar en lo mucho que se parece a la actriz de mis cortos noventeros, Jenni Alarcón.

No deja de ser gracioso que una película de espíritu emprendedor tan a la “americana”, que apuesta por el cumplimiento de los sueños humanos (y no por el conformarte con una mierda de vida, como suele resultar típico de nuestra cultura católica), sea tildada en nuestro país de propuesta arriesgada y difícil… Quizá esta peli no sea para mí, pero me alegro de que se haya hecho. Ahora, los quinceañeros tienen la palabra.

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Extraterrestre de Nacho Vigalondo: el segundo largometraje del cántabro es una comedia madrileña con ovnis de fondo que se mueve entre juegos acrobáticos de guión al servicio de una historia de amor que no termina siendo la que uno se espera. Sorprende más que nunca la capacidad de Nacho para hacer cine de la nada, enhebrando una sucesión de secuencias redondas a partir de hilachos que los demás cinéfilos damos por sentado, en nuestro hartazgo de convenciones ficcionales. Si este filme tiene éxito, va a verse obligado a una nueva fuga temática con su tercer largometraje, porque muchos productores le van a querer encasillar: bueno, volatinero y barato.

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El callejón de Antonio Trashorras: este filme es “sólo” un estupendo ejercicio de cinefagia no apto para todos los gustos. Trashorras debuta en el largometraje con una historieta que contiene todo lo que le gusta a él: chica guapa y lista de frente, giallo de fondo y vampiros de soslayo. A mí, que soy fan del género (o de los géneros), lo que más me gustó fueron los primeros minutos: la presentación del personaje de Ana de Armas, su entorno laboral y sus cuitas personales. Todo ese segmento me pareció maravillosamente dirigido (la cámara siguiendo el puño que golpea el muslo ¡en plano entero! o ese escenario hotelero de ensueño pesadillesco) y con miles de posibilidades juguetonas. Luego, Trashorras se decanta por la peli de fan para fans del terror, lo cual tampoco está nada mal. Yo disfruté mucho sabiendo que el malo es Diego Cadavid, el prota de mi idolatrada serie El cartel de los sapos 2, y que la mala (buenísima) es Leonor Varela, la mejor elección que cualquier víctima vampírica podría hacer a la hora de dejarse chupar la sangre…  Personalmente, sólo me faltaron tetas y culo: los de la Varela. ¡El flashback lo pedía a aullidos! Una peli muy controlada y que abre las puertas a un Trashorras realizador que debería abordar su siguiente proyecto con toda la ambición de que sea capaz. Talento tiene ¡a borbotones!

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Diamond Flash de Carlos Vermut: se podrá acusar al debut cinematográfico de este autor de cómics de muchas cosas, pero ciertamente no de tomarse a la ligera su opera prima. Personalmente, no me gusta ni el cartel ni el tráiler de la película: y sin embargo el filme me parece una obra extraordinaria de principio a fin, incluso en todo aquello que puede llegar a causar irritación en un espectador no avisado (como lo era yo, a fin de cuentas). Cierto: la película dura ciento treinta minutos y son básicamente personas hablando. Cierto: uno puede cerrar los ojos en algunas escenas y seguir perfectamente el hilo de la narración. Falso: Diamond Flash es una película cualquiera. No, no lo es. Para empezar, no parece una primera película: da la impresión de que su director se haya dejado el alma en ella y cuente para ello con un bagaje cinematográfico mucho mayor. En primer lugar, el ingenioso juego argumental ha sido pergeñado con una laboriosidad, delicadeza e inteligencia que no son habituales: pocos directores avezados son capaces de abrazar la tragedia y el drama con tal desparpajo y sutileza (sólo Lars von Trier se atrevía a cruzar esos espinosos parajes y salir indemne) o de confiar tanto en la capacidad perceptiva de su público: y el intrincado mimbre funciona; en segundo lugar, la dirección de actores es sencillamente EPATANTE: jamás había visto un ramillete de caras poco conocidas en un largo autoproducido dar tanto ante la cámara y de manera tan genuina. Olvídense de cualquier atisbo de “espíritu” semi-profesional o re-amateur: Diamond Flash contiene cine de muchos quilates. Antes he dicho que muchas de las secuencias consisten en personas sentadas hablando: sí, pero también hay algunas secuencias visuales y mudas que causan un gozo indecible; y, lo más raro de todo: cuando el periplo finaliza, uno tiene ganas de más. Y es más: de repetir el periplo y descubrir los bordados más inextricables. No veo el momento de volver a verla. En Cannes matarían por ella.



ESTE JUEVES, “BORRA” EN TU AGENDA

September 26th, 2011 Migoya

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Este jueves, 29 de septiembre, tendremos el placer de presentar en público la magnífica novela gráfica Borra, de Luis D. Será a las 19.30 horas en la muy céntrica Librería Pictogràfics de Barcelona.

Me acompañará, claro está, el autor de la obra, junto a su editor (mi querido Josep Maria Berenguer) y seguro que muchos amigos más del mundo del cómic.

Será una buena ocasión de reencontrarme con los compañeros de Ediciones La Cúpula y pasar un rato agradable en la mejor compañía.

Os esperamos allá.



MÁS CTHULHU QUE NINGUNO

September 23rd, 2011 Migoya

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Qué bonita sorpresa me he llevado al saber de la existencia de esta revista (y que sólo mi inexcusable ignorancia de lo que se cuece en las librerías me ha impedido conocer hasta ahora).

Cthulhu (Diábolo Ediciones) es una publicación de “comics y relatos de ficción oscura”, como anuncia en la propia cabecera. No os esperéis, desde luego, una revista de vanguardia o de nuevas tendencias: ésta supone la no por recurrente menos arriesgada aventura propiciada por fans a muerte del horror y el terror en sus manifestaciones más clásicas. En esencia es una revista de historietas, pero paga tributo especialmente a los referentes literarios, lo cual le proporciona una base intencional muy de agradecer. Es al cómic lo que ha sido a los cuentos por ejemplo, en tiempos recientes, la estupenda Historias asombrosas de ScifiWorld.

La cantidad de nuevos talentos que bullen en Cthulhu es asombrosa: para eso sirve una revista, señores, para foguear autores emergentes y proporcionarles un ritmo de publicación, para generar PROFESIÓN. En este caso, abundan las historias cortas de anécdota más o menos original con alguna que otra gema sorprendente.

Una manera de diferenciar el autor semiamateur del completamente profesional estriba en medir si su aportación artística es o no dependiente en exceso del homenaje a los maestros del género. Para entendernos: el homenaje bien entendido debería ser siempre un elemento más de la historia desarrollada, inserto en un mundo donde el autor impone sus propias claves… no la FINALIDAD de la historia. En Cthulhu se dan todos los casos, como es lógico en una revista que bebe de un vivero de nuevos nombres en efervescencia.

De los dos suculentos números que he tenido el placer de leer (el 7 y el 8), destacaría la excelente portada de J.A. Serrano que reproduzco arriba; la serie Martin Koudelka (un ejemplo modélico de ese equilibrio entre homenaje y universo propio que he mencionado) de Elchinodepelocrespo y Karles Sellés; una buena adaptación a viñetas (sobre todo, a lenguaje tebeístico) de un cuento clásico de Algernon Blackwood por Manuel Mota; los dibujos de Toni Fejzula, Luis MíguezJulio Azamor, Sirelion, Santipérez, Lobel, Carlos Lamani, Javi Santonja, Alberto Cimadevilla… Estoy juzgando en base a dos únicas entregas, así que por favor sean benévolos con mi criterio: destaco lo que me gusta, simplemente. Quede claro también que no conocía previamente a ni uno solo de estos artistas, ni de oídas ni mucho menos de leídas, y ya ni digo en persona: rien de rien. Lo cual me asombra aún más, pues indica que la salud del cómic español de género no sólo se prevé excelente, sino que garantiza un futuro más brillante que nuestro editorialmente pobre presente.

Atención a estos dos nombres: Elchinodepelocrespo y Álex Ogalla. Son dos guionistas y estoy seguro de que con el tiempo serán dos guionistas importantes. Su capacidad para sorprender y emocionar en pocas páginas me ha subyugado. Me he apuntado sus nombres para seguirles el rastro a partir de ahora.

Sólo queda desear que esta revista nos dé por “cthulhu” durante muchos años. Su contenido lo merece.



LA FAMILIA QUE PARECE UNIDA, PERECE UNIDA…

September 14th, 2011 Migoya

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“-Cógete a mi cintura, el camino es malo y algún bache podría hacerte caer.” Viaje al horror, de Ralph Barby

Reeditada hace tres años por Ediciones Olimpic y disponible también para su descarga como e-book, Viaje al horror es una novela sencilla y efectiva. No cuesta entender que Ralph Barby la escogiera para su relanzamiento en esta época, treinta años después de su edición original, pues dentro de sus convenciones de género, aloja una bomba de relojería contra el estamento familiar.

En sus páginas hay horror cotidiano y horror sobrenatural: sus mejores páginas nos remiten al polar setentero (comienza como una novela de Jean-Patrick Manchette o una peli de Lino Ventura) y sólo más tarde asume los modos de la Hammer. El horror cotidiano tiene simplemente que ver con la vida cotidiana, y ahí radica el acierto de la novela: a veces nuestra familia es la mayor fuente de terror. Su destripamiento de los lazos sanguíneos haría feliz a un Houllebecq. Esas resonancias con los afectos y miedos familiares es lo que da carta de validez absoluta a la metáfora pesadillesca que se nos propone.

La parafernalia satánica y cristoferliana de Viaje al horror viste bien para los fans ortodoxos del género (como el pseudónimo de Ralph Barby vestía bien para nuestro Rafael Barberán), pero leída hoy, yo prefiero el elemento puramente macabro de la obra: un gato degollado, un accidente en la carretera, una muerte infantil… son percances que se pueden integrar perfectamente en nuestras existencias, que pueden presentarse sin llamar a lo largo de cualquier vida. Ahí es donde Barby nos toca de veras la fibra del miedo: ahí es donde Barby inquieta… porque no parece dispuesto a pararse ante nada, sin extralimitarse de lo plausible.

Psicológicamente, me resulta muy convincente cuando se detiene en los miembros de la familia protagonista: el afán de juegos del niño, lo taciturno del padre, el deseo reprimido de la mamá, el desentendimiento de la hija, la transparencia impulsiva del hermano mayor… podemos caer en clichés genéricos, pero su creador no les permitirá abrazar ningún rol heroico (el lector agradecerá y maldecirá ese detalle)…

Su destino, como el nuestro, será mucho más cruel.

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“BORRA” DE LUISD: LA TEXTURA DEL OLVIDO

September 8th, 2011 Migoya

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Esta novela gráfica del ¿novel? LuisD, primorosamente editada por Ediciones La Cúpula, salió a la venta hace varios días, pero tenía mis reticencias a la hora de leerla: el motivo es que no soporto el cómic nostálgico.

Sin embargo, la nostalgia es en esta propuesta tan sólo un medio, un mirador más bien para apreciar mejor el desastre existencial. Su autor es demasiado inteligente para afiliarse al ombliguismo de tantos otros autores de historieta, a ese “qué feliz fui” del niño urbano mimado que de repente se sabe adulto y quiere aferrarse para siempre a los códigos irresponsables de la adolescencia: el anhelo de casi todo artista, en cierto modo. Quizá por eso la mayoría de artistas son unos padres de mierda.

En Borra, LuisD utiliza la nostalgia, insisto, como parador desde el que otear la hecatombe que resulta a largo plazo la vida. Quizá lo hace por exceso de lucidez. El caso es que su mirada incide especialmente en el esqueleto que deja el pasado. Es como si hubiera hecho un alto en su propio camino vital y nos dijera: “Rememorar es empezar a morir”.

La borra es la pelusa que no se aprovecha del tejido. Es el resto que no sirve para nada pero todo lo invade: sólo para testimoniar. Y este cómic está lleno de restos, de esqueletos al fin: no os dejéis engañar por el dibujo intimista y cuco del autor. El cabrón nos la mete doblada y uno penetra en ese túnel de los horrores confiado en la pulcritud y concisión de trazo y sólo se encuentra decadencia y la ropa perdida de tizne.

Me fascina la textura entrelazada e inextricable de Borra, el hecho de que no haya ninguna historia (sólo trayecto, cosa que agradezco, obligado a leer cada día tantas malas historias), la calidez del dibujo y, pese a todo, la dureza de fondo. La borra no es el único desecho orgánico que recorre el libro: nos topamos también con animales, con restos de animales, tanto en la memoria remanente (en los “restos” de memoria) del protagonista como en la peripecia narrada. Esa morbosa (¡pero lógica! Lo antinatural es la ocultación social de la muerte) obsesión por lo que dejamos al morir me fascina en este cómic: LuisD convierte el mundo en una especie de cementerio en continua renovación de stock.

Para terminar, habrá más de un lector que perciba en toda la obra los motivos y tonos de un escritor que por coincidencia generacional yo también venero: Stephen King. Es difícil no presentir en esa ruta iniciática de los cuatro amigos de la infancia o en la obsesión por la muerte y las “cosas muertas” (entendiéndose “cosas” en el sentido amplio, inclusivo de la palabra),  los colores y motivos de Stephen King, especialmente de mis dos obras favoritas del autor de Maine: El cuerpo y Cementerio de animales. Pues sí, es como si LuisD se hubiera impregnado de King y se hubiera quedado en exclusiva con el elemento natural.

El terror ya está en los ojos del lector.

Pero lo que más agradezco de todo es que LuisD no haya incluido en el libro ninguna referencia a canción alguna de The Smiths. ¡Eso demuestra que estamos ante una obra “nostálgica” diferente!

PD. Sé que revisitaré este cómic más veces, la singular estructura de la obra se presta a ello. Asimismo, su autor ha abierto un blog con las huellas y guiños que os pueden llevar hasta Borra. Visitadlo, merece su incursión.



“JEFES”: LA JERARQUÍA DEL HORROR

June 17th, 2011 Migoya

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La primera vez que vi Jefes (Chiefs, 1983, de Jerry London) tenía unos 13 años y vagamente recuerdo que su contenido me pareció bastante tétrico para tratarse de una miniserie de TV. Revisitada casi tres décadas después, no me extraña que guardara tal impresión: las vicisitudes de un violador sexual (uno de los primeros psicópatas de la ficción en la pequeña pantalla, que yo recuerde) y los 40 años que toma resolver el misterio de sus andanzas siguen resultando a día de hoy un planteamiento inesperadamente frío y cruel en contraste con la amabilidad de la ficción catódica de aquellos años.

Basada en una novela de Stuart Woods, el anzuelo primero de Jefes (miniserie de 200 minutos de metraje, dividida en tres episodios, reconvertidos a cuatro en su emisión/edición española) es su extraordinario reparto, realizado con mucha visión y esa preclaridad que viene después confirmada por la rutilante carrera subsiguiente de la mayoría de su elenco: junto al insustituible Charlton Heston (que como “patriarca” de la ciudad retratada, salpica la narración con su voz en primera persona, recurso que parecía inevitable cuando se trataba de él: “Hay que contar la historia de un pueblo con tono épico y enfático, ¿a quién llamamos?”. “¡A Charlton, claro!”), están Keith CarradineWayne Rogers (Mash), Stephen Collins (Cuentos del mono de oro), Billy Dee Williams (Star Wars), Danny Glover, Tess Harper, Paul Sorvino, Victoria Tennant, y hasta un jovencito John Goodman en un papel anecdótico pero lucido al protagonizar la secuencia más divertida de la por otro lado lúgubre historia… y quien yo creo que se lleva el gato al agua en brillantez interpretativa: el ya desaparecido Brad Davis.

*ATENCIÓN: CONTIENE AGUAFIESTAS*

Lo interesante y casi diamantino de Jefes es que podría tratarse de una crónica épica sobre el desarrollo y la progresiva civilización de una pequeña ciudad sureña de los EEUU, desde los años 20 hasta los 60 del siglo XX… si no fuera porque el contrapunto de esa crónica lo protagonizan los sucesivos jefes de policía que, casi siempre por despiste o casualidad, están a punto de descubrir las malandanzas de un “psychokiller” que disfruta disfrazándose de uniforme y vejando y matando jovencitos autoestopistas. Es decir, la crónica de la ciudad es su crónica negra.

El desarrollo de la miniserie está sazonado con multitud de puntos de giro inhabituales, gracias al desapego sentimental de base que su escritor/guionista/director demuestran hacia sus personajes. De hecho, si uno no sabe nada de la obra, se da cuenta de que usa el mismo truco que Hitchcock en Psicosis: cuando uno cree que el trayecto emocional está encarrilado con un “protagonista” a través del cual vamos a presenciar el desarrollo de la investigación que desenmascare al asesino (cuya identidad el espectador conoce casi desde el principio), el devenir de los acontecimientos se lo carga y tenemos que esperar a que ese “prota” sea sustituido por otro… y otro… El truco -excelente truco, pues demuestra lo incidental que puede ser todo en torno a un crimen o a cualquier evento digno de ser conocido- es utilizado más de una vez y forma parte consustancial del concepto de Jefes.

Esos sucesivos jefes de policía serán el hilo conductor de la trama:

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El primer Jefe.

-En los años 20, Will Henry Lee será el primer encargado de poner orden en la supuestamente apacible Delano, encontrándose con que no solamente la ciudad oculta un criminal aborrecible, sino que sus habitantes esconden sus propios fantasmas no tan soterrados: violencia marital, racismo institucionalizado, abuso de la autoridad… Wayne Rogers da vida con mucha convicción a este hombre del Sur honesto y amigo de todas las razas, cuya simpatía y bondad contribuyen a que joda aún más su grotesco final.

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El segundo Jefe.

-Brad Davis encarna (y uno puede ver que pone el alma en ello) a Sonny Butts, joven desequilibrado por las palizas que su padre le propinaba de niño y con acusadas tendencias violentas él mismo, sumado a un racismo típico de la mentalidad sudista. Lo interesante de Butts es que como jefe de policía en plenos años 40 (tras la II GM), casi resulta él más vicioso, perverso y temible que los personajes que están fuera de la Ley, y por poco no gana en antipatía al por otro lado apacible psicópata, al que raramente vemos en acción. En cualquier caso, Davis protagoniza las mejores secuencias interpretativas de la miniserie, y es difícil no ver en su mirada desquiciada reminiscencias de la de este otro actor hoy en boga.

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El tercer Jefe.

Finalmente, Billy Dee Williams interpreta a Tyler Watts/Joshua Cole, el antiguo “delaniano” que tuvo que huir del pueblo cuando niño y regresa a él a principios de los años 60, como primer jefe de policía negro de la ciudad, coincidiendo con la década más activa en las luchas estadounidenses por los derechos civiles de los ciudadanos de color. Williams no representa mi ideal de tipo duro, pero su personaje es una perita en dulce y él le saca buen rendimiento.

Los cadáveres exhumados de las víctimas del psicópata de Delano, un oprobio para la “respetabilidad” de la ciudad, son en realidad los pecados de una civilización que permitió durante demasiado tiempo la represión del instinto, el abuso de género y la opresión de otra raza.

Denle una oportunidad a Jefes y disfrútenla de una sentada, 28 años después.