NADIE NOS COLECCIONARÁ CUANDO HAYAMOS MUERTO: LAS DIFERENCIAS BÁSICAS ENTRE LA MENTALIDAD ANGLOSAJONA Y LA ESPAÑOLA FRENTE A LA FICCIÓN

April 26th, 2011 Migoya

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Este texto nace del análisis y subsiguiente debate generado por mi entrada anterior, así como del cansancio que percibo en muchos autores nacionales que han sufrido una indiferencia mediática apabullante pese a la calidad de su obra, simplemente porque no se ha publicado en una cole de superhéroes USA o en un lujoso álbum francés. Mi intención no es comparar la calidad de la producción ficcional anglosajona frente a la española, planteamiento absurdo en sí mismo (saldríamos baldados, aunque no tanto como los cínicos imaginan), sino la diferencia de ACTITUD RECEPTIVA frente a ambas, especialmente por parte del consumidor español perteneciente a la élite que conforma NUESTRA industria cultural (ya sea como creador -escritores, cineastas, historietistas- o como divulgador -periodistas, blogueros-), que es el público que mejor conozco, porque pertenezco a él, aportando impresiones desde mi experiencia como autor y también como editor y promotor de cómics ante la prensa desde hace dos décadas.

Obviamente, la industria anglosajona “del entretenimiento” (como le llaman ellos, he ahí la primera diferencia con nuestra industria “cultural”) cuenta con varias ventajas históricas, por méritos propios, respecto de la española. Para mí, las principales son tres:

1) Un respeto total y absoluto hacia la FANTASÍA como generadora de ficción, autosustentada y legítima en sí misma (como lo es también, para ellos, el ENTRETENIMIENTO, concepto que tradicionalmente nosotros hemos denostado y considerado pueril por sí solo, si no va acompañado de una coartada justificativa y legitimadora más “profunda”: llámesele mensaje, compromiso humano o ideología, que para mí es lo mismo). La cultura española, hasta hace bien poco, siempre ha despreciado intelectualmente la fantasía -incluso la de culturas ajenas-, necesitando de otros argumentos mucho más prosaicos y reduccionistas -especialmente los canalizados mediante el realismo, el retrato de costumbres, la denuncia social y la lucha de clases en su modalidad más simplona y demagógica, es decir, de herencia católica incluso en sus derivaciones ateas- para “justificar” o legitimar el uso de la fantasía. Lo cual demuestra nuestra pobreza espiritual como pueblo y sociedad.

(Cierto, los Oscars nunca van a parar a comedias absurdas ni a películas de acción: pero ellos al menos respetan por igual todos los tipos de cine y facilitan su producción y consumo sin prejuicios).

2) Una asunción anglosajona total de la épica como género vehicular de sus anhelos y valores morales, frente al descreimiento absoluto hacia el género épico por parte de los españoles. Somos pueblo de pícaros, de materialistas y de corruptos, básicamente, y nos burlamos de cualquier intento de construcción épica, además de considerarla siempre sospechosa de substrato fascista. Asimismo, la denuncia de una injusticia consensuada suele ser considerada en nuestra cultura como una delación, una traición a la masa. Nuestro género predilecto (y el que mejor nos sale todavía) es la tragicomedia, que tampoco valoramos en lo debido: la aceptación de la realidad es nuestra “virtud” más preciada. Nos cuesta muchísimo creernos a nosotros mismos cuando nos ponemos en pose heroica (literal y figuradamente) en pos de un sueño. Supongo que, debido a esa mentalidad, a España le costó tanto históricamente ganar un Mundial.

(Por otro lado, por más que lo intentemos, resulta casi imposible desligar épica de la noción de imperialismo; y la defensa de la propia cultura, lamentablemente, del nacionalismo.)

3) Una apuesta sincera del imperio estadounidense y aledaños por la construcción de una industria fuerte, basada en la PROFESIONALIDAD y la DISCIPLINA. La palabra “industria”, hasta hace poco, generaba urticaria, indignación y oposiciones de esencia anticapitalista -y holgazana- en nuestro espíritu, básicamente tendente a un colectivismo bárbaro incapaz de respetar el individualismo del talento (véase la resistencia nacional que hubo hace dos décadas a la pluralidad informativa con el anuncio de las televisiones privadas). Por eso también me interesan los fenómenos populares autóctonos, especialmente los televisivos: el triunfo de estos productos locales va a generar (ya está generando) industria, y una industria especializada además en el género fantástico y épico. A base de practicarlos, cada vez nos saldrán mejor y nos los creeremos más. La TV, insisto, en este sentido está jugando un papel de profesionalización de talentos que el cine no ha podido jugar aún, por ausencia precisamente de profesionalidad industrial (¡y de éxitos!). Y, sin embargo, no veo una lectura teórica de esos fenómenos: no se acompaña la realidad creativa con un apoyo analítico que nos permita reflexionar qué terreno estamos avanzando. La mayoría seguimos con los ojos puestos en lo que pasa en Estados Unidos, cuyos productos son mucho más fácilmente vendibles en nuestro país que el nuestro. Seguimos, a nivel teórico, en tiempos de los escritores de novela de a duro que tenían que firmar con pseudónimo anglosajón para obtener CREDIBILIDAD, cuando el público ya no nos reclama eso. Pero parece que los especialistas culturales sí.

Ahí, pues, radica el principal problema de actitud perceptiva que yo critico: que hasta hace poco no nos creíamos nada que surgiera de nuestra imaginación. Ni libros de aventuras, hasta Pérez Reverte y, antes, Vázquez Figueroa, mucho más ignorado por la prensa especializada; ni cine de terror, hasta Amenábar, Balagueró y Bayona; ni series de acción, hasta Águila Roja; ni cómics de género, hasta… bueno, los que hacemos cómics de género aún estamos -imagino- en la lista de espera. Pero nos queda muy poco para obtener el mismo reconocimiento sin tener que echar mano a valores prestados de la literatura (el travestismo de la “novela gráfica” que, de nuevo, nos confirió la GRAVEDAD requerida para salir en el suplemento cultural de los diarios y algún día nos proporcionará hasta un Príncipe de Asturias).

Aún muchas veces cometemos el error de confundir PREJUICIOS con CALIDADES: aún recuerdo cómo hace treinta años nos reíamos los castellanoparlantes del primer episodio de Dallas doblado al catalán… hasta muchos catalanoparlantes se burlaban. Para todos nosotros, el doblaje al catalán era mucho peor que el doblaje al castellano, aunque los actores de doblaje fuesen básicamente los mismos… ¡sólo por la sencilla razón de que no estábamos acostumbrados a escucharlo! Así somos las civilizaciones primitivas y esencialmente conservadoras: nos reímos y mofamos de lo que no conocemos (como la tribuna de monos cuando Taylor toma la palabra en El planeta de los simios… por poner un ejemplo “fantástico” en todos los sentidos) y no le damos la menor oportunidad, porque nos da miedo la innovación.

Pero el asunto de fondo es más aterrador aún: no se trata de escribir que un producto como Águila Roja sea bueno… Se trata de analizarlo con un mínimo criterio objetivo y en su contexto adecuado, sabiendo de dónde procede, cuál es su tradición (foránea y propia) y lo que aporta a ésta, sin despacharlo como una basura más típica de nuestro basurero eterno al que no dejamos fructificar por nuestro autodesprecio automático.

Un ejemplo de nuestros prejuicios aplicado al universo maliciosamente bautizado como freak: casi todos babeamos durante nuestra adolescencia con cómics de superhéroes (señores en trajes de fantasía con poderes fantásticos, más elemental imposible) y seguimos haciéndolo, la mayoría, a través del cine. ¿Qué hubiera sido del pobre Stan Lee si hubiese nacido español? ¡Pues no se hubieran reído de él en este país! Hubiera muerto olvidado e incomprendido, tildado de demente megalomaníaco y fascista, apenas homenajeado por cuatro “friquis” en un festival de cómic a las puertas de su muerte. Sería un José Antonio de la Loma más (que pasó curiosamente por todas esas fases de reacción pública y gremial), otro elemento represaliado: si nuestro Lee españolizado hubiera querido trasladar Marvel al cine, se hubiera ido a la mierda en los años 80, cuando Pilar Miró impuso que sólo se apoyaran desde las instituciones las películas basadas en clásicos literarios (mentalidad más garrula y literal, imposible): ¡pobre Lee, en España se hubiera ido a tomar por culo con sus personajillos disfrazados! Menos mal que le dio por nacer en un país mentalmente evolucionado…

Bueno, también hubiera tenido otra opción: con un poco de suerte se hubiera ganado el nombre y prestigio que se merece… trabajando para el extranjero.

Por suerte, gracias a que el público general es cada vez más receptivo a la fantasía -paradójicamente, merced a la amplia difusión de la fantasía anglosajona, que nos ha “acostumbrado”- y al cultivo de géneros con denominación de origen (que a fin y al cabo, lejos de lecturas nacionalistas o imperialistas, es lo que proporciona verosimilitud, arraigo y sabor a cada obra: su localismo), esta situación está cambiando a un ritmo demencial. Pero CASI NUNCA gracias a nuestra élite cultural, que sigue riéndose de la “caspa y espada” española mientras pierde el culo por descargarse el último episodio de Juego de Tronos y efectuar un análisis crítico en su blog. Que está bien: reitero que sólo señalo la infinita diferencia de rasero y mera ATENCIÓN analítica que provocan un fenómeno frente al otro.

Quizás en breve muchos productores de cine español se atreverán a apostar por el éxito real en taquilla (sin miedo a ser tildados de “cerdos capitalistas”) con ideas propias, no copiadas cinco años después del top ten estadounidense de la revista Variety… y quizá los que escribimos con la fantasía como motor principal de nuestras ficciones y metáforas podamos sentir un día no muy lejano que no somos un ghetto ni una excepción anticomercial, porque una parte de la élite divulgadora (prensa, crítica) solamente parece apoyar aquello que les hace aparecer comprometidos socialmente y les otorga una pátina de gravedad: confundimos por ejemplo, como hacen las culturas provincianas, la seriedad de los temas tratados con la seriedad de la obra.

¿Cuándo tendremos la oportunidad ya no de crear nuestro propio pulp -eso sí nos lo permiten-, sino de obtener además la atención mediática y el juicio crítico que exigen varias décadas de creación ficcional acumuladas? No digo la atención y el juicio que merecemos cada uno de los innumerables autores de género que trabajamos en diferentes medios, porque ese merecimiento nunca resultaría suficiente para cada autor (problemas del ego): pero sí al menos la misma atención y juicio que merece cualquier artesano mediocre por el mero hecho de ser estadounidense (en cómic, cine o literatura). ¿Cuándo asistiremos a un análisis público más o menos garantizado de nuestras obras, sin prejuicios ni condescendencias, pero tampoco sin obligarnos a anglosajonizar nuestros nombres como hicieron casi todos nuestros predecesores del siglo XX?

¿Cuándo podremos tener una generación consciente de nuestra tradición ficcional? ¿Cuándo no tendremos que desenterrar del olvido nombres como Manuel Fernández y GonzálezJosé Mallorquí y tantos otros? ¿Cuándo tendrán un reconocimiento institucional por ser, sencillamente y sin más coartadas sensibleras, maestros del entretenimiento?

¿Cuándo tendremos unos periodistas y unos críticos -con las notables excepciones de los francotiradores de siempre, ojo: Jordi Costa y varios otros excelentes profesionales y amateurs que no buscan el prestigio ni el pedestal de la opinión “grave”… y que llevan ahí muchos años predicando en el desierto, desde Manuel Darias a Entrecomics en el caso de la historieta- y, en fin, unos difusores y una difusión sistematizada, a la altura del trabajo de tantos artistas que cae en balde hasta que no son rescatados por la industria imperialista?

PD. Tomando prestada una magnífica definición del escritor Sergi Puertas, fenómenos actuales multimediáticos como los de Jaume Collet-Serra, Albert Sánchez Piñol o el propio Arturo Pérez Reverte (al que se refería concretamente Puertas), son auténticos punkies dentro del polvoriento panorama mainstream español y fabulosas excepciones, por su propio esfuerzo, de una tradición de géneros propia abiertamente ignorada por la cultura oficial durante muchas, demasiadas décadas.



MARIO POR BETO: ELLOS SON EL PERÚ (DE LOS GRANDES ESCRITORES)

February 4th, 2011 Migoya

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Ya está disponible en Youtube el interesante documental que, con motivo de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2010, uno de los mejores escritores peruanos de no ficción, Beto Ortiz, dedica al que está considerado el mejor de ficción: Mario Vargas Llosa.

 

Beto Ortiz es una bestia del periodismo en prensa escrita y TV: con este documental se resarce de la vergonzante campaña de acoso y derribo que sufriera el año pasado por parte de medios como la revista Caretas, la cual recurrió a la más zafia explotación tremendista de la tradicional homofobia de la sociedad limeña para intentar hundir la carrera y casi la vida (en todas las redacciones hay un hombre gris dispuesto a firmarlo todo) de un excelente profesional que tiene en la controversia uno de sus mayores atractivos -en irónico paralelismo a la campaña de acoso y derribo que Vargas Llosa sufriera por parte de los fujimoristas/apristas durante su campaña política por la presidencia peruana, veinte años atrás-.

 

Mario Vargas Llosa: el Inconquistable destaca especialmente por meter la cámara en los espacios que vieron desarrollarse al escritor, así como por testimonios deliciosos como el de la vieja sobreviviente del burdel que inspiró La casa verde (una novela que adoro), y por el exquisito tratamiento que reciben momentos privados delicados, como la relación sentimental del Nobel con su tía Julia. A subrayar también la fabulosa edición a manos del mago del montaje Ricardo Sánchez.

 

Me sobran unos innecesarios bríos patrioteriles, muy comunes por otro lado a la faceta festiva y expansiva del país natal de Vargas Llosa, y un final populista que parece inspirado en el bochornoso colofón del publirreportaje sobre el Subcomandante Marcos que dirigiera el propagandista Fernando León de Aranoa.

 

Así como lo mejor que podía pasarle a Vargas Llosa fue perder las elecciones a la presidencia del Perú; lo mejor que le ha pasado al Perú es restaurar su cariño por sus grandes escritores y periodistas ex-defenestrados.

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ESTRENO DE “HITLER IN LOVE”

November 16th, 2010 Migoya

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Ya tienes disponible HITLER IN LOVE en versión cortometraje…

Hitler in Love se estrena hoy en la sección oficial del Festival de Cortometrajes CORTADA 2010.

Este corto lo ha dirigido y animado Bouman, con una dedicación digna de encomio, sobre un guión mío.

De momento, la mejor descripción que he leído de Hitler in Love no se encuentra en su dossier de prensa, sino aquí.

Pero los que no puedan estar en el festival de Vitoria, ya pueden acceder a ver Hitler in Love a través de su propia web, siempre que pasen invictos el delicioso videojuego que Bouman ha creado. Una absoluta cucada.

Que disfrutéis Hitler in Love en todas sus vertientes.

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…¡y en versión videojuego!



AND THE SERRUCHO GOES TO…

August 2nd, 2010 Migoya

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Durante la reciente presentación de la edición peruana de Quítame tus sucias manos de encima, recibí un premio por parte del Club Nazca de la Historieta, el Premio Serrucho, denominado así porque así se llama el primer personaje de cómic peruano que estrenó bocadillos de texto. Los dibujantes Enrique Alcatena y Jorge Lucas (de Argentina y Uruguay, respectivamente) también han recibido este premio en plena Feria Internacional del Libro de Lima. Al parecer, soy el primer guionista al que se lo conceden.

A mí los premios de cómic, grandes y modestos, me hacen echar la lágrimita como a un viejo nazi. No puedo evitar sentirme avasallado por muchísimas emociones, y el contexto literario del evento multiplicó esos inesperados sentimientos. Gracias al Club Nazca.

En la foto, agradeciendo el galardón, y a mi vera el representante del Club Nazca, Iván Castillejo.



LA VIDA POR DETRÁS

June 3rd, 2009 Migoya

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Concha Velasco y un servidor, con nuestras mejores galas.

El único momento que me ausenté del Salón del Cómic fue la tarde del sábado. Me fui a ver la obra de teatro La vida por delante, protagonizada por Concha Velasco.

La obra no me gustó, pero no viene al caso la razón ni el teatro necesita otro listillo de salón (aunque no entiendo por qué una novela que, mejor o peor, está repleta de frases magistrales, queda reducida en su adaptación a un listado de topicazos sociales al gusto de un donante de maratón televisiva y exabruptos idóneos para carcajadas de gallina vieja); simplemente me hizo gracia rememorar, merced al programa de mano o como se llame el folleto que apilan a la entrada, el singular sino de su autor, Romain Gary, quien con esta obra ganó el Premio Goncourt de 1975. Ya lo había ganado en 1956 pero se volvió a presentar con el pseudónimo de Émile Ajar: en un sitio leí que porque un autor no podía recibir dos veces el mismo premio; en otro sitio, que Gary quería vengarse de los críticos que le despreciaban. Me quedo con la versión que más me conviene.

Saco a colación a Gary porque, además de que su novela se ajusta a lo que un adolescente o yo denominaríamos como “muy chula” -y de que el tipo fue un bon vivant pero se acabó suicidando (como todo bon vivant que se precie), detalle que ya hace que me apropie de su figura como integrante de mi particular altar de personalidades arrumacadas-, al día siguiente de ver la representación de la tremenda Velasco, de vuelta al Salón, mantuve una conversación con el editor Paco Camarasa, conversación muy convergente -por azar- con el anecdotario Gary y que me hizo pensar.

Hablábamos de la incomprensión casi unánime (siempre lamentándonos, los autores…) con que había sido acogido en España Julito el cantante cojito, y de que este cómic iba a seguir siendo serializado en la revista de la editorial estadounidense Fantagraphics, Mome. De pronto, a la hora de coquetear con la idea de un nuevo álbum de cómic o novela gráfica para Edicions de Ponent, Paco me sugirió sin empacho algo que me sorprendió, porque yo ya lo había reflexionado más de una vez: “Lo próximo que editemos tuyo tienes que firmarlo con pseudónimo”. No llegó a explicitar el motivo, pero ambos sabíamos a qué se refería: me odia demasiada gente del sector y la prensa y, debido a mi actitud en público desenfadada, descreída de todo, necesitada de nada y admito que arrogante, hay cierta resistencia a tratarme sin menosprecio. Que uno se ría de sí mismo es considerado como si no se tomara en serio su trabajo o se riera del de los demás.

Ahí queda eso. Naturalmente, yo no he ganado el Goncourt con mi nombre real; pero he ganado el Premio al Mejor Guión en ese mismo Salón de Barcelona; años más tarde, extendida mi infamia entre los medios, ya en 2005, tuve la oportunidad de ganar también el Premio Camilo José Cela de cuentos para toda Hispanoamérica, y quedé solamente Accésit. Meses después, me encontré esta “alegre” nota del Presidente del Jurado, Rafael Conte, dentro de la introducción al volumen recopilatorio oficial del ganador y los finalistas: “Hernán Migoya (…), buen escritor aunque quizá demasiado provocador para el gusto del jurado”. El propio jurado que me concedía un accésit me estiraba de las orejas. ¿A cuento de qué?

La realidad es que ni mi cuento a concurso era provocador ni yo me presentaba al Premio con mi nombre por delante, sabedor de que podía suscitar reacciones tan ariscas como ésa. Lo que me sorprendió fue llamar acto seguido a la organización y enterarme (¡casi medio año después del fallo!) que, aunque presentara mi relato con pseudónimo, el Jurado desvelaba la identidad de los seis finalistas antes de su decisión definitiva. ¿Qué utilidad tienen entonces los pseudónimos? ¿Qué conclusión debo extraer de la impresión que haría en ese Jurado el conocimiento previo de MI identidad -comprobada la opinión que su Presidente expresó a continuación sobre mí en la propia compilación de finalistas-, justo antes de que decidieran quién de aquellos seis escritores se llevaba el pato al agua? Si no por la gloria, me hubiera gustado ganar por los 15.000 euros. Me llevé 500 y una reprimenda.

La misma arrogancia ficticia de que hago gala en público se transforma en timidez enfermiza en privado y no fui capaz de objetar mi indignación y airear la trampa. Me retiré con la cola entre las piernas, con mi accésit de la vergüenza, concedido por un Jurado presidido por alguien que repudia mi fama, justa o no, y mi personaje. Quizá ello no influyó en la resolución de sus coordinados. Dentro de mí, mi propia voz implacable susurraba: “Pero a ver, Migoyín, ¿qué tiene que ver el arte con la ética?”. Nada, claro.

Así que a tragar.

Por eso entiendo a qué se refería Paco Camarasa el otro día en el Salón. Debería probar a sacar algo con pseudónimo, sí, para ver si los medios -y los Jurados que respetan el anonimato de los escritores a concurso- me juzgan sin prejuicios. O si por lo menos me tengo que tragar estas mis palabras.

Aunque, desde que soy editor, la gente es mucho más amable conmigo.

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Concha y yo sabemos lo dura que es la profesión.

(Mis fotos son de David Campos.)



PRIMICIA COMICSARIO: ¡PURITA CAMPOS GANA DOS AÑOS EL PREMIO A TODA UNA VIDA DE EXPOCÓMIC!

December 1st, 2008 Migoya

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Pues sí, me he quedado boquiabierto al descubrirlo.

Purita Campos, la encantadora creadora de Esther y su mundo, recibió en 2005 el Premio Oso a Toda Una Vida Por el Cómic, otorgado por la Asociación de Amigos del Cómic, el equipo directivo de Expocómic (el Salón Internacional del Cómic de Madrid).

El pasado sábado 29, en la ceremonia de entrega de premios de Expocómic 2008, se lo volvieron a conceder. Purita se acordó más tarde de que ya le habían dado exactamente el mismo galardón tres años antes.

Juraría que eso no lo ha conseguido ningún artista del mundo mundial en ninguna disciplina.

(La imagen captura el momento en que Purita Campos recoge su Segundo Premio Expocómic a toda una vida… Foto de Javier Mesón)



HOMENAJE A PLA

October 22nd, 2008 Migoya

“Jo no sóc ni famós, ni popular, ni escriptor ni res”.

De l’art i de l’artista – Dietari (1982-1991), de Jaume Pla

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Mi catalán es estropajoso, mal encajado, casi montillano (casi). El único idioma bastardo que mi lengua agradece es el inglés, de preferible un deje tejano, ahuecamiento palatal mediante. El francés me produce rechazo en la boca y ya he resuelto confiscarlo a mis lecturas: el catalán no puedo, pero disfruto más leyéndolo que ejecutándolo.Saturado de lecturas familiares, hace poco me dio por desempolvar uno de esos libros que regalaban en las Cajas de Ahorros (ya no sé si). Jamás se me había ocurrido hojear ninguno, pero algo me atrajo a éste: Premio Sant Joan de Literatura Catalana (como Maria de la Pau Janer, creo; en este Jurado de 1995, Gimferrer, Perucho y otros apellidos catalanes que ignoro por ignorancia), se trata de un Dietario a cargo de un pintor y grabador llamado Jaume Pla, fallecido el mismo año. Suele pasar.No tenía idea de quién era este señor, pero el estilo casual y riguroso de sus páginas me sedujo desde etcétera. He devorado el libro, paladeándolo. ¡Es el primer dietario que leo entero en toda mi vida! No sé qué me ha hecho identificarme con este hombre: categórico y discreto, se autodefine fracasado sin excesivos motivos para tal convicción (“Pero la sensación de fracaso es real, no es una manía. El fracaso es real”) y su amargura se redobla cierta, lógicamente, por los quebrantamientos de la salud (“Esto del humor me parece que no es mucho más que fisiología”). La mala vista le desdibuja sus últimos años. Hay algo de morbo en compartir su desgracia y algo de alivio catártico al poder refundir los sufrimientos propios en los suyos.Pero también es catalanista acérrimo, y le entiendo. Es razonador ecuánime, y le entiendo. Es talante sereno, y le entiendo. En nada de ello se asemeja mucho a mí, pero le entiendo y le admiro. Incluso me define con sorna, en una fascinante elucubración sobre lo que él da en llamar “energumenismo”.Su mala leche y su sinceridad en plasmarla sí creo compartirlas: “Ahora se aplaude en los entierros. ¿Qué se aplaude? (…) Aplaudir un muerto me parece una prueba más de que el mundo, en este momento, es una especie de mierda monumental”. Desnudarse en la página tampoco le causa ningún trauma: “Aquel barrio, pegado al Museo Rigault, está lleno de argelinos. No me son simpáticos. Debo de tener un fondo racista”. Y esa tristeza gruñona que empaña su perspectiva de la vida tanto como la ceguera empaña sus ojos me melancoliza cual mujer acompañada. Pongamos por caso cuando Pla habla con su nieto de su pasado y, más que desahogo de batallitas, siente frustración y rabia: “He pasado a ser el abuelo que estuvo en la guerra y en un campo de concentración. He pasado a ser un recuerdo”.Algunos de sus escritos aquí son hermosísimos, así como muchas de sus reflexiones sobre el arte (odia la vanguardia y reconviene a Picasso, detalles que le hacen mucho más interesante) y el color (para él, Holanda es un paisaje vestido con abrigo verde y España un desnudo integral, con su piel -la polvorienta piel de la tierra- al aire: “En España el paisaje siempre enseña el culo”). Su sentido del humor, omnipresente, no trivializa: ahonda y, en ocasiones, descorazona. Su catalán es rico y exacto, pero esponja sin complejos y se ríe de las expresiones de moda (“També li va fer gran efecte –ara em caldria dir impacte-…”).Pla publicó en esos años de confidencias escritas un libro de semblanzas titulado Famosos i oblidats, que localicé en una biblio(teca). Pero su obra más certera es este Dietari, donde no se preocupa por demostrar su calidad literaria: en la portada, uno de sus cuadros. Parece bueno, pero no entiendo de pintura.Un buen escritor.



EL CÓMIC COMERCIAL ESPAÑOL NO ES COMERCIAL… EN ESPAÑA

September 18th, 2008 Migoya

Me ha dado miedo escribir este artículo.

Pero juraría que no soy el único autor que piensa así.



…Y LUEGO LA BUENA

September 8th, 2008 Migoya

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Ayer tenía un mensaje en el contestador: “Soy Santi. Nuestro amigo ha resucitado”.

Durante el final de la década de los 90 y principios de ésta, a lo largo de varios años, Santiago Sequeiros y yo nos reuníamos en mi casa para ver las películas de Mickey Rourke que se estrenaban directamente en vídeo. Parecíamos los únicos seguidores que le quedaban. Los que aguantaban con él en los tiempos duros.

Santi era idéntico de joven. Por suerte, no lo sigue siendo.

Ahora algunos periodistas dicen que Rourke se ha reinventado a sí mismo en The Westler. Chorradas. Rourke siempre ha sido genial, el Brando de nuestra generación: ahora que lo pienso, es quince años mayor que yo y sin embargo lo considero de mi generación. Crecí con él, joder.

Así a bote pronto, sólo en los 80 le contabilizo varias pelis maravillosas: La ley de la calle, Manhattan Sur, El corazón del ángel, El borracho, Réquiem por los que van a morir… Entonces, a finales de los 90… Buf, hace ya casi 20 años que se fue a la mierda.

Pero Santi y yo sabíamos que volvería por la puerta grande. Estábamos convencidos. Cuando Coppola le volvió a tender la mano en The Rainmaker hace 11 años; cuando Vincent Gallo le invitó a su Buffalo 66; hasta cuando Stallone lo llamó para Get Carter (menudos dos se juntaron)… Había demasiadas pistas sobre su regreso triunfal: ya estuvo soberbio en Spun (2002), y Sean Penn, Robert Rodríguez y Tony Scott no confiaron en él por nada. Fue lo mejor con diferencia de Sin City y Domino.

Siempre jugando con unas gafas de sol en alguna secuencia… dice que lo impone por contrato.

Ahora The Westler ha ganado en el Festival de Venecia. No me extrañaría un huevo que la peli me la sudara, que no me gustara. La comparan con Fat City de John Huston. Qué pesados. Estos cincuentones siempre lloriqueando con las historias de perdedores. Qué pesados.

Me importa un pimiento que la peli sea buena, la verdad. Me alegro por el gran Mickey, aunque se parezca a Gloria Fuertes.

Me alegro por Mickey.

Y por Santi.

Coño, voy a llamarle.



¿POR QUÉ NOS HACEN ESTO, JULITO?

January 23rd, 2008 Migoya

Para una vez que decido participar con mi voto para elegir los candidatos a los Premios del Salón del Cómic de Barcelona, me llevo un disgusto del copón: accedo por Internet a la página oficial de Ficómic, organizadora del Salón, donde supuestamente está colgado el listado con todas las novedades del 2007 y ¡no me encuentro!

O sea, no encuentro mi obra: JULITO EL CANTANTE COJITO, que debería figurar entre las novedades editadas el año pasado por Edicions de Ponent. ¿Y qué hago yo buscando JULITO, os preguntaréis? ¿Es que acaso me iba a votar a mí mismo? Pues no, pero sí iba a votar (y de hecho he votado) al co-creador de JULITO, Juaco Vizuete, porque creo que se merece el Premio al Mejor Dibujante. Y como él no pertenece a ninguna camarilla, ni tiene blog, ni está siquiera en el listado, pues me da miedo de que la gente se olvide de él y de su increíble talento.

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No entiendo la razón por la que no aparecemos en esa lista. ¿Nos habrán marginado por salir en el Tomate? Juraría que además de JULITO faltan más novedades de Ponent en la enumeración de Ficómic, me parece un listado bien corto. En Ficómic aseguran que cada editorial se encarga de mandar su propio inventario de títulos, y yo me lo creo, porque cuando trabajaba como redactor jefe de La Cúpula, me encargaba de ello cada año. ¿Se habrá traspapelado un folio entero en la transmisión de datos?

Por una vez seamos victimistas: no es justo que falten cómics en esa lista, cuando es la principal referencia que se da a la hora de consultar la totalidad de obras publicadas por la industria española y, por tanto, de posibles candidatos a los Premios. Señores editores: hagan bien su trabajo y comprueben que los demás también lo hacemos.