June 9th, 2009 Migoya

El señor López Aguilar es un político muy majo y muy aficionado a los cómics. Hace poco escribió un prólogo para el manga Eagle.
Personalmente, creo que es NUESTRO Obama: es canario -con lo cual tiene un poco de africano-, se le ve con mucho más aplomo y natural seductor que a ZP y… ¡sabe dibujar!
Yo le voy a votar seguro en las próximas elecciones (a éstas ya llegué tarde…).
No solamente es caricaturista, sino que tiene sentido del humor. Vean la pregunta de mi admirada revista Pronto:
“¿De dónde saca tiempo para dibujar?
-En el Congreso de los Diputados y en los Consejos de Ministros me las arreglaba para hacerlo sin que nadie me llamase la atención, pero en el Parlamento Canario alguno me lo ha reprochado. Hay vida más allá de la política, aunque algunos no lo crean”.
Con dos cojones. Yo me lo creo, López Aguilar, y ya tienes mi voto. Pa’ lo que sea. Y si ese “alguno” te vuelve a reprochar, avisa, que le envío al albanés de José Luis Moreno cuando vuelva a escaparse de comisaría.
Con este espíritu tan isleño, estoy convencido de que serás el próximo presidente del Gobierno. ¡Cómo vamos a disfrutar los autores de cómic! ¡Por fin subvenciones del Estado!
¡Por fin nos podremos ir de putas nosotros también con el dinero de la gente!
López Aguilar me cae bien DE VERDAD. Yo creo que además folla súper genial y que eso lo notan las mujeres y le van a votar todas en masa cuando se presente a Presidente del Gobierno. Yo también le votaré.
Desde Felipe González no había salido alguien así. ¡Ni siquiera González sabía dibujar!
Además, López Aguilar tiene un aire a la familia Pulido, que también es canaria: la de Javier Pulido y Rayco Pulido, que son dos maestros dibujando. ¿Serán parientes?
Espero que haya elecciones ¡pronto!
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June 6th, 2009 Migoya

Al fin, un político muestra su cara más humana, con naturalidad y sin tabúes. Estas fotos de Silvio Berlusconi tienen dos años, y ahora han salido más a la luz, provocando un hilarante artículo de José Saramago, artículo que por sus cotas de indignación moral y su tonillo santurrón parece escrito por el mismísimo General Franco o un Papa.
Postdata en diferido: Lo de “deshumanizar” lo atacado suele ser tic, como bien se sabe, de psychokillers y personas autoritarias. Sorprende la actitud de Saramago, pues si algo -¿algún eximente?- tienen los vicios de Berlusconi es que son absolutamente “humanos”. En cambio, la pétrea, anquilosada ostentación de virtud conminatoria de que hace gala el articulista -esa apelación esclerótica a los “valores de libertad” de Verdi y Garibaldi, la “lagrimita kitsch“ que tan rigurosamente definió Kundera- semeja la falsa exhibición de un galápago que amontona dinero y sudores bajo su concha.

¡Clinton, payaso, aprende!
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June 5th, 2009 Migoya

Durante mi visita a la exposición del Salón del Cómic de Barcelona dedicada a la figura de Barack Obama en la historieta, me sorprendió la interpretación “negrata” que Ibáñez le ha dado al Presidente de los EEUU. Labios kuntakinteanos, nariz chatona, tono de piel más oscuro… y en general esa visión tradicional y anticuada con que se representaba a cualquier negro hace unas décadas, y que choca con los rasgos más bien sobrios del propio Obama. Para Ibáñez, obviamente por tic de su edad y su imaginario cultural algo oxidado -y no por mala intención-, Obama es un mulatón prototípico del siglo XX.
Eso sí, los amigos latinos que me acompañaban se asombraron de que no fuera un retrato peyorativo.
A saber qué habrán pensado los visitantes estadounidenses, con lo sensibles que están.
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May 27th, 2009 Migoya

Estos días, contrastando mis gustos con los de la gente “normal” (hacía más de diez años que no pasaba un día entero rodeado de personas), empiezo a ser consciente de que casi toda la vida he defendido una posición espuria: la de que miraba el arte sin prejuicios ideológicos.
Ahora estoy casi convencido de que resulta prácticamente imposible. Imposible mirar sin el bagaje de una ideología consciente e inconsciente, y menos sin la involuntaria y siempre latente ideología temperamental (que tantas veces no corresponde con la confesa); imposible también generar una obra exenta de ideología.
De adolescente, mi pasión por el filme Conan el Bárbaro venía camuflada de inclinación inofensiva hacia la acción, la extenuación masoquista, la violencia de ficción y un mal solapado homoerotismo. “Qué facha” era lo más inocuo que se podía escuchar al respecto de esa obra entre la intelligentsia cinéfila patria.
Ahora me doy cuenta de que si la obra cumbre de John Milius me gusta es por forma y por contenido. Y si comulgué emocionalmente con la tesis del filme fue también por ideología.
Me fascina la idea del individuo como último recurso legítimo a enfrentarse contra la manipulación colectiva y el autoritarismo, se denomine éste Santa Inquisición, Franquismo, Fascismo, Socialismo o Democracia. De ahí, supongo, mi admiración hacia la civilización estadounidense.
Y me fascina la posibilidad de apelar al derecho -el único que exijo, creo- a juzgar a las personas individualmente, no agrupadas en conceptos cosificadores como obreros, ricos, fachas, nazis, pueblo…
Uno intenta arduamente no advertirlo, pero con los años no puede dejar de percibir que el individualismo es un concepto odiado en España. Aquí adoran el bien -o la medianía- común por encima de la excepcionalidad individual. Yo no.
Pero a mí no me gusta la gente.
La gran paradoja es que ese gregarismo de apisonadora es defendido por presentadores, actores, escritores, artistas y famosetes en general, precisamente las personas más individualistas, materialistas y egoístas de la sociedad.
Leo No comment, por ejemplo, y me quedo absorto en la absoluta maravilla de su dibujo y su narración. Es una obra excepcional, individualmente excepcional. Ideológicamente, no podría estar más alejada de mis intereses o simpatías. Creo que tira de estereotipos en los que no creo y que no comparto: el racista siempre es blanco; el dinero siempre ensucia; etc. La nota de prensa dice que el autor no emite nunca juicios de valor, pero es falso. Aunque carezca de texto, todo absolutamente en este cómic es un juicio de valor. No puedo compartir el afán apocalíptico de su autor, porque pertenezco a una sociedad democrática capitalista que me ha educado y dado acceso a una diversidad contrapuesta de fuentes de ocio y cultivo intelectual, me ha permitido no pasar jamás hambre, ha tolerado mis opiniones sin meterme en la cárcel ni ejecutarme (aunque me haya calificado de indeseable y represaliado por otros medios) y, si nada lo impide, va a instaurar el récord de esperanza de vida en los 100 años (¿hacía falta?) para sus ciudadanos. Por muy antisocial que yo sea, no soy tan mosaico ni desagradecido para decidir darle la espalda a la familia que me ha acogido en aras de una supuesta familia ideal que me hará libre y que, por mis experiencias, no hace más que desear lo que yo tengo por puro privilegio del azar.
Ello, a mis ojos, no le resta a priori ningún valor a la obra.
Me pasa también con títulos que aprecio, como Dinero de Miguel Brieva (distorsionar a los personajes, deshumanizándolos hasta transformarlos en maniquís idiotas, obsesionados por lo material -un recurso habitual en el humor “comprometido”-aleja emocionalmente al tiempo que halaga al lector, que jamás se siente parte de “eso”, de esos consumidores simples y ridículos) o con el Corazones rollizos de Krassinsky (una manipulación inteligente de la discriminación social hacia los gordos, donde lo que me irrita es que los primeros en prejuzgar a los demás son sus personajes supuestamente discriminados; eso sí, la factura resulta exquisita).
Mi propio juicio hacia estas obras pueden responder a una natural aversión hacia la manipulación elemental (toda obra es manipulativa por definición, pero precisamente parte del talento artístico reside en que los hilos no se noten); sin duda está rebozado de contaminación ideológica y prejuicios que, al menos, intento periódicamente identificar y sobreexponer para minimizar su influjo.
Y, pese a mis peros, No Comment me sigue pareciendo un cómic alucinante, apetitoso para segundas y terceras citas, para leer y releer sus historias mudas sin decaimiento del placer.
Así que quizá sí se pueda trascender la ideología.
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May 26th, 2009 Migoya
Esta mañana me he encontrado una estampa divertida en una calle de Barcelona y no he podido evitar inmortalizarla con el móvil.
Un cartel electoral con uno de los individuos que se presentan a las elecciones del Parlamento Europeo ha sido ligeramente retocado por algún avispado publicista.
En la imagen pueden ver el anuncio, aprovechando el ancho “frontón” del candidato panoli de marras.
¡Ramon, vámonos de juerga con las Chicas Maragall!

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May 25th, 2009 Migoya

Bouman acaba de lanzar el tráiler de nuestro corto de animación, Hitler In Love.
Aquí podéis encontrarlo. Y ésta es la versión con intertítulos en inglés.

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January 21st, 2009 Migoya

Benjamín Corzo es librero limeño. Su Librería Contracultura (Avenida Larco, 986, Lima) es desde hace años un oasis para el aficionado a la historieta. No solamente encuentra uno mucho fanzine peruano, también tebeos argentinos y mexicanos, e incluso alguna cosa española.
Corzo es también editor, pionero de la edición profesional de cómic peruano. Él ha publicado el primer libro (Mátame) de Álvaro Portales , uno de mis humoristas gráficos predilectos del Perú (ver archivo de su serie La calle está dura para el diario Trome), un artista con el punch popular de Pedro Vera y el pesimismo crónico de Jaime Martín.
Estos últimos meses, Corzo ha lanzado más novedades, de entre las que destaca (o destaco, porque es la primera que he comprado) Rupay: Historias gráficas de la violencia en el Perú 1980-1984, álbum de cómic dibujado por Jesús Cossio, entintado por Luis Rossell y escrito por Alfredo Villar en colaboración con sus compañeros mencionados. Hay una interesante entrevista con este último en el blog Arte Nuevo.
Este cómic es un intenso (intensísimo) repaso a la guerra más sucia que uno pueda imaginar. Es un recuento, re-contado con detalle y sentido del horror, de los masivos crímenes cometidos por el grupo terrorista Sendero Luminoso y también por las fuerzas militares y policiales peruanas durante el primer lustro de la década de los 80.
Se agradece la ausencia de intención sensacionalista ni mensaje complaciente en los guionistas y el estilo sintético, muy crumbiano y también muy muralista, en el tándem gráfico. Rupay podría ser perfectamente una historieta integrante del contenido de El Víbora, de Makoki o de cualquier revista de cómic underground europea. Ello no es óbice para que el escalofrío en el lector -sobre todo en un lector tan profano a la Historia como yo- se enseñoree de los huesos como parásito perenne.
Las masacres sistemáticas que se narran parecen anacrónicas de puro bestiales: mientras yo veía en VHS Holocausto Caníbal en la seguridad burguesa de mi hogar comunista, en un país latinoamericano se estaban cometiendo asesinatos que no desmerecerían participar de la película más gore. Las muertes indiscriminadas de niños y mujeres a manos de terrucos (terroristas) y cachacos (militares) no resultan más espantosas que la Matanza de Uchuraccay, la eliminación arbitraria de ocho periodistas bienintencionados en plena sierra andina, y que supera en crueldad, desquicie, aberración ¡e inverosimilitud! (pero ocurrió) la orgía de sangre más descabellada que Ruggero Deodato pudiera imaginar en sus fantasías alucinadas.
Este cómic te despeluza y deja muy mal cuerpo después de leído. Básicamente, porque más que créditos artísticos, abunda en créditos criminalísticos. Pero la incomodidad que esta historieta transmite es necesaria, es la mejor prueba de su eficacia dramática. Imagino que a los peruanos les debe de dejar más maltrecho el organismo.
El debate de hasta qué punto este cómic responde a toda la verdad absoluta es cuestión que sólo su país puede resolver. Pero su cometido deviene eficaz, al menos en un lector europeo: si solamente los grandes rasgos de lo que se narra son ciertos, el Perú ha sido el Infierno en la Tierra hace menos de treinta años.
Probablemente Rupay no atraerá mucho turismo al Perú, pero debería cauterizar algunas de sus heridas o, como mínimo, contribuir a la exhumación de la sangre inocente que recorre este país como las fallas que provoca sus sismos.
Por cierto, he aquí un cómic que en Europa podría interesar muchísimo.
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January 13th, 2009 Migoya

Durante un visionado grupal de esta absurda, descacharrante y divertidísima película (Venganza en las Españas; Búsqueda implacable en el Perú), cuya idea motriz se basa en un Liam Neeson desatado, matando a media Europa con el fin de rescatar a su hija (y, más importante e increíble, el virgo de su hija) del comercio de trata de blancas, me dio por comentar que la perspectiva que el guión (otro hijo ilegítimo de Luc Besson y Cia) ofrecía del tema era absolutamente inverosímil y solamente contribuía a situar en el nebuloso terreno de la leyenda urbana un terror supuestamente cotidiano y real.
Una voz en la sala replicó:
“Yo tengo la casi absoluta certeza de que la trata de blancas ES una leyenda urbana. Por una sola razón: habiendo tantas mujeres dispuestas a prostituirse voluntariamente, ¿por qué iba nadie a necesitar raptar otras mujeres para obligarlas a ejercer tal actividad? Además, ¿quién va a querer acostarse con una prostituta buscada por la policía, drogada y que no sabe hacer bien su trabajo?”.
Para alivio de la audiencia occidental, era voz femenina.

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January 7th, 2009 Migoya


Os echaré de menos.
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December 23rd, 2008 Migoya
Me lo pasé muy bien escribiendo este artículo sobre el tomo recopilatorio de la miniserie 303, escrita por Garth Ennis.
Un fiera, el tío.

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