YA A LA VENTA: “PLAGIO - El secuestro de Melina”

April 17th, 2012 Migoya

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Hoy se pone a la venta la nueva novela gráfica que hemos realizado el dibujante Joan Marín y yo, probablemente nuestra obra de cómic más ambiciosa: PLAGIO, basada en el secuestro de tres días que sufrió mi mujer Melina.

“Plagio” es un término que en el Perú significa también “secuestro”. La obra consta de 250 páginas y está editada por Norma Editorial.

Aquí podéis ver la entrevista que nos han hecho a Melina y a mí en El programa de Ana Rosa de Tele 5 sobre el suceso que narra PLAGIO.

acá, un excelente reportaje de tres páginas para el dominical del periódico peruano La República.



ENTREVISTA A VIGALONDO

October 17th, 2011 Migoya

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Gracias a todos los que habéis difundido por Facebook y Twitter mi entrevista a Nacho Vigalondo publicada en Elmundo.es este pasado sábado.

Reconforta recoger enviadas por los lectores descripciones como “la entrevista definitiva”, “entrevistaza”, “entrevistón de tomo y lomo”, “grande la entrevista”, “imprescindible”, “increíble”…

Así da gusto, la verdad.

Conocer desde hace más de una década a Nacho ayudó a enfocar desde el principio las cuestiones tratadas, aunque el tiempo de que dispusimos para la entrevista fue escaso. Tampoco conté con demasiado margen para volcarla y editarla (ese “Sal gruesa” que se nos coló a ambos en la filmografía de Fernando Trueba, en vez de su Sal gorda, es torpe testigo: si bien, paradójicamente, nadie parece haberse dado cuenta). Pero Nacho y yo tenemos una sintonía que nos permitió entablar un diálogo relajado y cómplice, donde él habló sin trabas de lo que más sabe: de cine. Y escucharle hablar de cine es un lujo para mí y para cualquiera.

Lo que tampoco es usual es que un medio generalista publique una entrevista íntegra aunque se extienda el doble de lo habitual en los formatos digitales. Bien por ello. También agradezco a Raquel Calvo las excelentes fotografías que engalanan el texto y que también ilustran esta entrada.

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LA ETERNAUTA

October 10th, 2011 Migoya

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El Festival de Cine Fantástico de Sitges 2011 estrenó en sus primeros días La mujer del Eternauta, un documental testimonial sobre Elsa Sánchez y su remembranza del episodio de la tremebunda, terrorífica matanza de su esposo, el reputado guionista de cómics H. G. Oesterheld, y sus cuatro hijas (Estela, Beatriz, Diana y Marina), a manos de los militares durante la represión argentina de los años 70.

El documental de Adán Aliaga arroja una mirada intimista sobre la vida actual de Elsa, comparando sus posteriores años de soledad, lucha y desolación emocional con ese personaje desorientado y errático ante el apocalipsis de su mundo que fue El Eternauta, la creación más conocida de Oesterheld y probablemente la historieta argentina más popular del siglo XX.

El documental se salpimenta con reflexiones de parientes, amigos y personalidades cercanas al universo de Oesterheld, como el gurú del cómic argentino Juan Sasturain. También podemos ver al gran Francisco Solano López (creador gráfico de El Eternauta) dibujando en su taller, aunque no realiza ninguna declaración: probablemente sean sus últimas imágenes en cine antes de su fallecimiento hace dos meses.

Como ya indica en su blog mi perspicaz colega Absence, el tono contemplativo predomina en el metraje. Ello aporta, en mi opinión, una cosa buena y una cosa mala. La buena es que el tipo de contemplación escogida por el realizador nos permite captar el vivir cotidiano de la superviviente del horror: vemos a Elsa conversar con su empleada, regañar a su nieto, jugar con su bisnieto y permanecer callada con la mirada perdida, buscando el qué. Es como si la rutina de la vida diaria fuera un complemento y desenlace absurdo que no se puede rechazar ni siquiera tras un acontecimiento terrible que hubiera debido paralizar el mundo: el suyo y el nuestro… El documental logra proyectar un retrato honesto y equilibrado de Elsa Sánchez y su periplo existencial tras la brutal desaparición y muerte de su familia.

Lo que sí echo a faltar es una crónica personalizada de lo que ocurrió. Pocas veces se aborda directamente en el documental la tragedia sufrida (aunque, obviamente, sobrevuele cada plano tomado, cada palabra pronunciada) y no queda clara la cronología o simple ordenación de lo que realmente sucedió: todo son retazos. Accedemos a dibujos y recuerdos de las cuatro hijas, pero en ningún momento vemos claramente cómo son sus rostros ni se nos cuenta cómo eran ellas, para precisamente erigir un recuerdo de las personas, no de las víctimas, que fueron. Quizá no hacía falta, quizá ahondar en esa concisión factual sería hacer una concesión al melodrama: a cambio, tenemos una cierta frialdad y abstracción en la vaga exhumación narrativa del pasado. Para los interesados en saber qué pasó con la familia Oesterheld y sobrecogerse con imágenes de los años felices de sus miembros, este artículo es muy aclaratorio.

Hay un elemento muy valiente en el documental y es la no ocultación de los pespuntes de la personalidad de Elsa Sánchez: ella declara continuamente que no quiere ser la protagonista (más que “la mujer del” Eternauta, a mí me parece LA Eternauta: ella es la que vaga por esos mundos inertes sin asidero emocional), pero para bien o para mal (seguramente para su mal) la obra se centra en ella, y el espectador no puede evitar asistir a su perspectiva de madre, de continuo: de madre cercenada en su misión y conducción de afectos naturales. De madre abandonada a su suerte sin poder ejercer su rol escogido, con sólo un nieto en el que asentar su razón de seguir siendo.

Dentro del marco de ese retrato, me parece apasionante el pleito emocional que la viuda aún mantiene con su esposo muerto: la imposibilidad de perdonarle que no se comportara como un padre responsable y alejara a sus cuatro hijas de exponerse así, abrazando el activismo militante y la clandestinidad en años tan peligrosos y situaciones tan peliagudas, sigue aflorando a su corazón y su mirada. Su talante de madre (todas las madres son conservadoras de corazón, pues de eso trata su misión vital: de conservar) no entendió ni entenderá cómo el soñador romántico que era Oesterheld permitió que ganara en su voluntad de artista la lucha por la utopía frente a la elusión del riesgo mortal que podía conllevar la involucración política de sus hijas.

Ésa es la parte de La mujer del Eternauta (ese área donde irremisiblemente choca el punto de vista de la madre y el punto de vista del idealista) que realmente me conmueve y me deja destrozado.

Esperemos que en breve alguna televisión emita este documental para toda España.

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Estela, Marina, Diana y Beatriz.



ARTÍCULO SOBRE SEQUEIROS EN EL MUNDO.ES

September 2nd, 2011 Migoya

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Con unos días de retraso, enlazo aquí este artículo sobre mi amigo Santiago Sequeiros, que ha causado bastante conmoción (para bien, espero).

Coño, y ya puestos, aprovecho para lincar su maravilloso y desasistido blog, con algunos de sus deslumbrantes trabajos.



DE INDIGENTE A GERENTE EN LA ESPAÑA DE LA CRISIS

July 13th, 2011 Migoya

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“Me hubiera sido imposible pagar el traspaso del negocio si los españoles no estuvieran tan asustados con su crisis (por culpa de los periódicos) y vendieran sus propiedades tan baratas. La economía es psicología y por eso todos los bares y verdulerías españoles se los han quedado chinos y paquistaníes. Para ellos, trabajar tanto es normal”.

Son palabras de mi amigo Francisco Estrada en el reportaje con el que comienzo mi colaboración en la revista peruana Bash. El reportaje completo lo podéis leer aquí.

En él, este periodista relata su particular aventura barcelonesa de cinco años: cómo trabajó sin papeles como peón de obras o jornalero en vendimias, hasta caer en la indigencia, alimentándose en comedores sociales… para finalmente legalizar su situación y terminar como flamante propietario de un bar de copas en el Paralelo.

Desde luego, su experiencia es todo un ejemplo para muchos de nosotros…

(Foto de Raquel Calvo)



MI MILAGRO PERUANO

May 6th, 2011 Migoya

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La gente que me conoce bien sabe que suelo pecar de ingenuidad y transparencia, ‘defectos’ raros en cualquier oficio con proyección pública. Incluso cuando quiero ser pícaro, se me ve venir de lejos. Y mi picardía suele ir encaminada en beneficio de la obra, jamás del autor. Siempre que he tenido algo de poder en las manos, he presentado mi dimisión irrevocable.

Nunca me han gustado los mareos demagógicos en torno a nimiedades sobredimensionadas ni ir de patriotero por la vida, porque los temas importantes de verdad no suelen recibir grandes titulares y porque los que más se llenan la boca glosando las virtudes de sus patrias suelen ser también los que más se llenan los bolsillos explotando a las gentes que viven en ellas. Especialmente cuando consideran que una crítica a su persona es, sistemáticamente, una crítica a “su” nación. Como dirían los colombianos: “¡No, qué pereza!”.

Desde 2005, visito anualmente el Perú al menos durante un par de meses; he atravesado parte de su selva por tierra (’privilegios’ del pánico a volar) y también he visitado su hipnótica sierra. No me he cansado nunca de repetir, en público y en privado, que el Perú me fascina, con sus privilegios y sus riesgos para todo visitante, con sus virtudes y sus defectos. Nunca me han recibido ni tratado con tanta generosa hospitalidad como allá y yo jamás he sido tan feliz en ningún otro país. Ni en el mío propio.

Desde hace años, he cantado donde he podido -también en este mismo blog: es muy fácil de hallar- las virtudes de sus mejores escritores de hoy, algunos ignorados o no tan apreciados como se merecen en su propia tierra (Enrique Prochazka, Jaime Bedoya, Rafo León, Enrique Planas, Oswaldo Reynoso o, sí, Beto Ortiz), incluso he procurado que más de uno sea publicado en España y los editores siempre me han respondido: “Su estilo es demasiado complicado para el lector español”. Para que luego digan que Europa es sofisticada…

Sí he publicado un autor de cómic peruano en España y he difundido también su historieta autóctona allá donde he podido, viniera o no a cuento.

No soy un pituco/pijo español, provengo más bien de clase media-baja y soy hijo de emigrantes que se conocieron en la Argentina, por lo que el poso latinoamericano (especialmente su música) siempre estuvo muy presente en mi educación: de ahí que Beto Ortiz se sorprendiera tanto durante la filmación de El milagro peruano cuando empecé a recitar, en pleno desfile militar del Día de la Patria Peruana y ante la cámara, la letra de La flor de la canela. Herencia cultural de los gustos de mis papás que en la infancia devino gusto propio.

Quizá por todo eso me he identificado tanto con el espíritu peruano: a mi manera, me siento un mestizo en mi propia tierra.

Como agradecimiento al Perú por la infinita seducción que ejerce sobre mí y por todo el cariño recibido por los peruanos durante el último lustro, he escrito este artículo para la revista Sigueleyendo.com, donde explico de dónde vengo y en qué punto de mi “milagro peruano” estoy.

Gracias a todos por vuestro apoyo y afecto.

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“EL MILAGRO PERUANO”, UNA BOMBA DE EFECTO RETARDADO

May 4th, 2011 Migoya

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Confieso que me ha divertido mucho compartir portada ayer con Bin Laden (yo más pequeñito, claro, junto a Keiko Fujimori, Ollanta Humala y Karen Dejo… con la muerte de Bin Laden no compite nadie) en el portal para toda América de El Mundo.es.

El contundente artículo de Luis Alemany sobre El milagro peruano ha logrado lo que no había logrado la emisión de mi falso documental en la televisión del Perú: que los medios peruanos reaccionaran a las en gran medida inéditas e insólitas declaraciones de su plana mayor de celebridades políticas, culturales y vedetteras. La noticia de El Mundo.es está siendo ampliamente difundida por la prensa del Perú: Terra Perú, la emisora decana RPP, el portal lamula.pe y, especialmente, el principal blog político peruano, El Útero de Marita, entre otros, se hicieron eco al instante del enlace de El Mundo.es.

Sin embargo, la sorpresa ha sido comprobar que el dato más ampliamente propagado por los medios peruanos no se refiere tanto al contenido concreto del programa, como a mi revelación en paralelo de que el congresista fujimorista Carlos Raffo me aseguró durante nuestro encuentro para la entrevista de El milagro peruano, fuera de cámara, que lo primero que su partido Fuerza 2011 haría al llegar al poder sería liberar al ex dictador Alberto Fujimori. Dicha revelación ha tenido multiplicado reverbero en portales como Perú.com o incluso en el diario sensacionalista (y uno de mis placeres culpables como lector) Trome. Hoy, el diario La República dedica una página entera al asunto, destacando la torpeza de Raffo, pero también realizando ¡POR FIN! un comentario pormenorizado del contenido de El milagro peruano, contenido que lleva ocho meses disponible para su visionado público en Youtube.

Asimismo, Raffo ya se ha defendido (?) de la intensa cobertura que los medios peruanos han dado a mis palabras, mediante una declaración casi en código cifrado a través de su twitter, como recoge también La República o el portal Sitiope.com: “Si ese farsante reconoce q llegó al Peru a mentirle a todo el mundo. Que te garantiza q ahora esta diciendo la verdad?”.

No es Carlos Raffo, precisamente, el hombre con mayor credibilidad de la vida pública peruana, ni siquiera de la vida política peruana… mientras que a mí me podrán acusar, como mucho -insisto-, de ser un bufón tocapelotas, pero nunca he abrigado el menor interés por arrimarme al poder. En cualquier caso, en el propio comentario de Raffo está la respuesta: precisamente porque desde que se emitió El milagro peruano en Agosto de 2010 por el programa Enemigos Íntimos de Canal 5, revelándose desde esa noche toda la farsa en torno al falso documental (esa noche, la bronca que Keiko debió de echarle a Raffo seguramente rozó lo monumental), es por lo que digo la verdad. A mí se me puede detestar por muchas cosas (de hecho, casi todos mis problemas proceden de decir verdades incómodas: ésa es la función del artista satírico), pero mi credibilidad, curiosamente, siempre está intacta… porque, entre otras razones, no tengo intereses creados en la política, ni en España ni el Perú.

Es más: en el artículo de ayer de El Mundo.es no se incluía finalmente mi explicación real al por qué la confesión de Raffo resultó ser, para mí, el “momento más aterrador del proyecto”. Esa expresión tenía su justificación, pero el artículo no ofreció la segunda parte de mi declaración: yo comentaba que si ése constituía un momento aterrador, se había debido a que, de regreso en coche a los estudios de Canal 5, tras la entrevista con Raffo, el cámara que me acompañaba me confesó que TENÍA GRABADA EN AUDIO la declaración de aquél. Ante mi estupefacción, el cámara me explicó, con picardía típicamente criolla, que era práctica común en los cámaras de los programas de variedades grabar todo en cuanto se hacía contacto con un famoso o se entraba en su hábitat, aunque fuera accionando únicamente el audio, para que el famoso en cuestión no se apercibiera… y que no solían respetarse los “off the record”. Y sí, en ese momento, sentí que si hacíamos público ese audio, ya no era solamente una cuestión de obtener declaraciones divertidas y chocantes a través de un montaje televisivo: ya era una cuestión de traición a la confianza de alguien que te abre las puertas de su casa. El cámara se comportó noblemente y borró a mi insistencia el audio obtenido.

Casi un año después, hice esa declaración a El Mundo.es porque me parecía una parte divertida del anecdotario sobre El milagro peruano y, de hecho, la revelé antes motivado por explicar el momento de pánico que viví con el cámara en el coche de vuelta a Canal 5 -anécdota que luego El Mundo.es no publicó-, que por el valor que hoy día le juzgaba a las declaraciones en sí de Raffo, a quien nadie conoce en España y que creo ya convive alejadísimo de su partido… y además, cuando ya he leído esas mismas opiniones hasta la saciedad en diarios y reportajes peruanos por parte de numerosos periodistas y comentaristas políticos. En cualquier caso, no tenía previsto en absoluto que un detalle así, añadido al final del reportaje de El Mundo.es, encendiera tal chispa en los medios peruanos.

Por lo demás, me alegro mucho de que El milagro peruano tenga una segunda vida y haya contribuido a que los ciudadanos peruanos conozcan mejor a sus futuros mandatarios o, al menos, a que hagan uso legítimo de su reconocido sentido del humor sobre sus propios tabúes y obsesiones. Me apena la cantidad de material grabado que ha quedado inédito, no solamente el protagonizado por Keiko Fujimori y Ollanta Humala (probablemente más de una hora de entrevistas a cada uno), sino por Mauricio Mulder, Luciana León, Edwin Donayre, etc… Si el corsé del formato televisivo nos lo hubiera permitido (y en esto estábamos de acuerdo todo el equipo de El milagro peruano comandado por Beto Ortiz y Martín Sunyon) y las grabaciones hubieran sido de nuestra propiedad, podríamos haber realizado un documental verdaderamente legítimo y fabuloso.

¡Ni modo!



DON CÉSAR

April 29th, 2011 Migoya

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Para ser tan mitómano, he tenido mucha suerte en la vida.

Nunca logré conocer a mi primer ídolo literario, Charles Williams, porque en 1975 se pegó un tiro. Pero sí conocí a su hija y de ahí surgió un libro.

Con José Mallorquí me pasó tres cuartos de lo mismo: él se disparó en 1972 (lo de elegir ídolos suicidas os juro que no es premeditado), cuando yo contaba un año de edad, y aún faltaban once para que descubriera y devorara sus novelas de El Coyote, reeditadas por Forum en 1983. Coleccioné las 192 novelas y leí aproximadamente (o quizá exactamente) la mitad: 96. Cometí el error de encuadernarlas y en el proceso perdí las maravillosas portadas del ilustrador catalán Salvador Fabà. Me resarcí una década después, cuando averigüé que Fabà era sabadellense (y yo barberense, población vecina), por lo que me no me costó gestionar una entrevista con él para el Diari de Sabadell. Ya entonces me sorprendí de que a las puertas de su casa no aguardase una cola de fans enloquecidos como yo.

Ahora, hace unas semanas, tuve el placer de entrevistar al hijo de José, César Mallorquípara la revista QUÉ LEER.

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César, bautizado así por el alter ego civil (el Clark Kent, para entendernos) de El Coyote, Don César de Echagüe, es un escritor de incontestable éxito en ese mundo paralelo que conforma la literatura juvenil, y además es un buen escritor, por su propia ley.

Acaba de publicar Leonís, una novela fantástica de contenido adulto (o sea, para todos los públicos), y en torno a ella organizamos la entrevista, que dio para conversar de temas tan alejados como el paganismo, la ciencia-ficción, el incesto y los friquis. César, que posee una cabeza muy bien amueblada y todo el aire de un sabio ilustrado, tuvo la generosidad de abrirme las puertas de su casa y de sus sentimientos, al hablar sin ambages ni estigmas de la alargada sombra de su padre.

El número de QUÉ LEER que incluye la entrevista acaba de salir a la venta y estará disponible todo el mes de mayo. Como aperitivo, éstas son algunas de las lúcidas y jugosas declaraciones de César:

-”Mi recomendación para los que quieran escribir novela juvenil es que no escriban novela juvenil. (…) El único tabú en la literatura juvenil es el sexo”.

-”Yo presenté esa novela (Leonís) al Premio Minotauro. Ni quedó entre las finalistas. Más tarde, hablando con el director editorial, me dijo escandalizado que no se había contemplado premiarla porque iba de incesto”.

-”A los católicos les falta sentido del espectáculo: lo tuvieron en su momento, cuando iban al circo romano y se los comían los leones”.

-”Muchos lectores de ciencia-ficción tienen discapacidades físicas. Para alguien que no puede andar o anda con incomodidad, viajar a las estrellas es la hostia. (…) Si tú vives toda la vida en el universo de Star Trek o de Tolkien, es que te falla algo. (…) Los mundos ficticios son para visitarlos, no para habitarlos de por vida”.

-”Mi padre es el gran triunfador de la novela popular, el autor español que fue más traducido después de Cervantes: pero hoy por hoy no existe para la cultura oficial, porque la novela popular es sospechosa en este país, todavía”.

-”El rasgo (de mi padre) en común con Julio Verne, con Emilio Salgari, con Karl May, es el afán de escapar, de huir. Mi padre era un pobre hombre en la Barcelona de posguerra en plena dictadura: escribir es una forma muy barata de viajar”.

-Respecto a los suicidios de su padre y de su hermano Eduardo: “En mi familia tenemos una manía de matarnos de la hostia”.

Quiero agradecer a César su paciencia y la tarde tan amena y enriquecedora que pasé en su compañía.

PD: La portada de este QUÉ LEER viene además protagonizada por otro crack de la cultura popular: Francisco Ibáñez y sus Mortadelo y Filemón, en una fenomenal entrevista realizada por Antonio G. Iturbe.

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César Mallorquí.



LA SÁTIRA COMO MEDIO Y COMO MÉTODO: CUANDO EL ESPEJO DEFORMANTE NO DEFORMA Y SÍ RETRATA

April 28th, 2011 Migoya

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Parece que Peter Bagge empieza a superar en España el síndrome del éxito (y estigma) de Odio con sus dos últimas novedades editoriales en nuestro país: la novela gráfica Other Lives y la recopilación de reportajes gráficos Todo el mundo es imbécil menos yo y otras agudas observaciones. Me informan en Ediciones La Cúpula que las ventas de ambos títulos están funcionando muy bien, especialmente (y sorprendentemente) el último, que no es por fondo ni forma su obra más comercial a priori.

Bagge es para mí el autor satírico fundamental en los Estados Unidos de la era post-Crumb. Su obra se revela eminentemente visceral en oposición al otro genio del cómic independiente USA de su generación, Daniel Clowes, adalid de lo “cerebral”: tanto como Frank Miller respecto de Alan Moore, si nos trasladamos a la narrativa no humorística. A mí me gustan los cuatro, pero mi corazoncito está, obviamente, con los de sangre caliente.

Other Lives podría definirse como una obra canónicamente creada dentro de los parámetros que se asocian hoy día al concepto de la “novela gráfica”: una historia, más allá de su pátina cómica, de fondo costumbrista, menos fabulada que su inmediatamente anterior Apocalipsis Friqui (que no deja de ser una odisea post-apocalíptica, un Cormac McCarthy pasado por el desconcertante tamiz del humor negro), con varios individuos “cotidianos” pululando por un mundo virtual como nexo. La visión de Bagge sobre los universos escapistas de Internet que sustituyen la realidad no me interesa tanto como la habitual, pero siempre punzante, desnudez de que hacen gala sus personajes: su radicalidad satírica haría pensar que dichos personajes son extremos, pero creo que, analizados uno a uno (tanto ellos como nosotros), no lo resultan tanto. Simplemente, Bagge no se calla nada: vuelca la psique humana con una ausencia admirable de idealización y censura. Ésa sigue siendo para mí su mayor virtud, ese compromiso insobornable por reflejarnos tal como somos, con todas nuestras mezquindades y alguna que otra virtud.

Aquí, la sátira parece un ejercicio aplicadísimo de hiperrealismo.

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En cuando a Todo el mundo es imbécil menos yo…, se trata de una obra a la que guardo especial cariño, porque revela al Bagge más difícil y polémico (sobre todo para la mentalidad española), pero también más cáustico, agudo y brillante.

El libro es una compilación de sus artículos historietísticos publicados en la revista libertaria Reason. El libertarismo es algo así como todo lo contrario del comunismo: apela al mínimo intervencionismo posible del Estado y a la exacerbación del individualismo. Es por tanto, una opción política que sería muy antipopular en nuestro país, tan alérgico a la meritocracia. En el fondo, se trata de una utopia tan irrealizable como el comunismo: si éste es quimérico porque en una igualdad forzosa siempre hay un listo que se aprovecha, el libertarismo también lo es porque no se puede exigir que todo el mundo sea listo: de hecho, su gran fracaso (como fracasó el comunismo) se hace patente al constatar que la mayoría somos tontos. De ahí que las demás opciones políticas la consideren una ideología ingenua: ¿tratar a nuestro electorado como si fuera inteligente y tuviera sentido común? ¡JA!

Sin embargo, como método de análisis, una óptica libertarista resulta un instrumento sumamente lúcido para analizar la realidad. Sobre todo si se hace desde una perspectiva satírica (el humor es el mayor antídoto contra la ortodoxia y el fundamentalismo), como lo hace Bagge, un mero simpatizante libertario.

Otros célebres artistas libertarios estadounidenses son la fabulosa escritora Ayn Rand (cuya maestría narrativa ha quedado excesivamente sepultada por su faceta sectaria como fundadora de la filosofía objetivista), el actor Kurt Russell o el director John Milius. Todos están un poco locos (incluso desquiciados en algunos casos) y por eso me siento muy afín a ellos.

Todo el mundo es imbécil menos yo… contiene algunos de los momentos más desternillantes de la trayectoria de Bagge, enfrentado en sus páginas a aquellos clichés que nadie en nuestra civilización occidental osa ya cuestionar, a nivel político y sociocultural, por no herir sensibilidades ni “revolver la mierda”. Viñetas como ese remedo de Beyoncé dándole gracias a Dios justo antes de interpretar una canción de negra caliente deseosa de sexo, son una auténtica bendición para quienes se atreven a cuestionárselo todo (y reírse de todo).

Como curiosidad, Bagge incluye una página sobre sus impresiones durante una visita al Salón del Cómic de Barcelona, donde el alma cándida que abriga todo estadounidense (en este caso la suya) se escandaliza ante la despreocupada exhibición masiva de porno y consumo de drogas de nuestros compatriotas dentro del propio Salón. El coprotagonista de la historieta es un editor algo vicioso, aunque Bagge me confesó que en realidad se trataba de una mezcla de dos personas reales con las que yo también he tenido el gusto de trabajar (aunque nunca nos hemos drogado juntos).

Este volumen es absolutamente recomendable para leer con calma y reír con ganas.

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Foto que tomé durante una de mis vacaciones en Seattle: asomándose por la izquierda, el gran Jim Blanchard (uno de los entintadores de “Odio”); en el centro, el redactor jefe de Fantagraphics, Eric Reynolds y su mujer Rhea; y a su derecha, Joanne y Peter Bagge.



NADIE NOS COLECCIONARÁ CUANDO HAYAMOS MUERTO: LAS DIFERENCIAS BÁSICAS ENTRE LA MENTALIDAD ANGLOSAJONA Y LA ESPAÑOLA FRENTE A LA FICCIÓN

April 26th, 2011 Migoya

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Este texto nace del análisis y subsiguiente debate generado por mi entrada anterior, así como del cansancio que percibo en muchos autores nacionales que han sufrido una indiferencia mediática apabullante pese a la calidad de su obra, simplemente porque no se ha publicado en una cole de superhéroes USA o en un lujoso álbum francés. Mi intención no es comparar la calidad de la producción ficcional anglosajona frente a la española, planteamiento absurdo en sí mismo (saldríamos baldados, aunque no tanto como los cínicos imaginan), sino la diferencia de ACTITUD RECEPTIVA frente a ambas, especialmente por parte del consumidor español perteneciente a la élite que conforma NUESTRA industria cultural (ya sea como creador -escritores, cineastas, historietistas- o como divulgador -periodistas, blogueros-), que es el público que mejor conozco, porque pertenezco a él, aportando impresiones desde mi experiencia como autor y también como editor y promotor de cómics ante la prensa desde hace dos décadas.

Obviamente, la industria anglosajona “del entretenimiento” (como le llaman ellos, he ahí la primera diferencia con nuestra industria “cultural”) cuenta con varias ventajas históricas, por méritos propios, respecto de la española. Para mí, las principales son tres:

1) Un respeto total y absoluto hacia la FANTASÍA como generadora de ficción, autosustentada y legítima en sí misma (como lo es también, para ellos, el ENTRETENIMIENTO, concepto que tradicionalmente nosotros hemos denostado y considerado pueril por sí solo, si no va acompañado de una coartada justificativa y legitimadora más “profunda”: llámesele mensaje, compromiso humano o ideología, que para mí es lo mismo). La cultura española, hasta hace bien poco, siempre ha despreciado intelectualmente la fantasía -incluso la de culturas ajenas-, necesitando de otros argumentos mucho más prosaicos y reduccionistas -especialmente los canalizados mediante el realismo, el retrato de costumbres, la denuncia social y la lucha de clases en su modalidad más simplona y demagógica, es decir, de herencia católica incluso en sus derivaciones ateas- para “justificar” o legitimar el uso de la fantasía. Lo cual demuestra nuestra pobreza espiritual como pueblo y sociedad.

(Cierto, los Oscars nunca van a parar a comedias absurdas ni a películas de acción: pero ellos al menos respetan por igual todos los tipos de cine y facilitan su producción y consumo sin prejuicios).

2) Una asunción anglosajona total de la épica como género vehicular de sus anhelos y valores morales, frente al descreimiento absoluto hacia el género épico por parte de los españoles. Somos pueblo de pícaros, de materialistas y de corruptos, básicamente, y nos burlamos de cualquier intento de construcción épica, además de considerarla siempre sospechosa de substrato fascista. Asimismo, la denuncia de una injusticia consensuada suele ser considerada en nuestra cultura como una delación, una traición a la masa. Nuestro género predilecto (y el que mejor nos sale todavía) es la tragicomedia, que tampoco valoramos en lo debido: la aceptación de la realidad es nuestra “virtud” más preciada. Nos cuesta muchísimo creernos a nosotros mismos cuando nos ponemos en pose heroica (literal y figuradamente) en pos de un sueño. Supongo que, debido a esa mentalidad, a España le costó tanto históricamente ganar un Mundial.

(Por otro lado, por más que lo intentemos, resulta casi imposible desligar épica de la noción de imperialismo; y la defensa de la propia cultura, lamentablemente, del nacionalismo.)

3) Una apuesta sincera del imperio estadounidense y aledaños por la construcción de una industria fuerte, basada en la PROFESIONALIDAD y la DISCIPLINA. La palabra “industria”, hasta hace poco, generaba urticaria, indignación y oposiciones de esencia anticapitalista -y holgazana- en nuestro espíritu, básicamente tendente a un colectivismo bárbaro incapaz de respetar el individualismo del talento (véase la resistencia nacional que hubo hace dos décadas a la pluralidad informativa con el anuncio de las televisiones privadas). Por eso también me interesan los fenómenos populares autóctonos, especialmente los televisivos: el triunfo de estos productos locales va a generar (ya está generando) industria, y una industria especializada además en el género fantástico y épico. A base de practicarlos, cada vez nos saldrán mejor y nos los creeremos más. La TV, insisto, en este sentido está jugando un papel de profesionalización de talentos que el cine no ha podido jugar aún, por ausencia precisamente de profesionalidad industrial (¡y de éxitos!). Y, sin embargo, no veo una lectura teórica de esos fenómenos: no se acompaña la realidad creativa con un apoyo analítico que nos permita reflexionar qué terreno estamos avanzando. La mayoría seguimos con los ojos puestos en lo que pasa en Estados Unidos, cuyos productos son mucho más fácilmente vendibles en nuestro país que el nuestro. Seguimos, a nivel teórico, en tiempos de los escritores de novela de a duro que tenían que firmar con pseudónimo anglosajón para obtener CREDIBILIDAD, cuando el público ya no nos reclama eso. Pero parece que los especialistas culturales sí.

Ahí, pues, radica el principal problema de actitud perceptiva que yo critico: que hasta hace poco no nos creíamos nada que surgiera de nuestra imaginación. Ni libros de aventuras, hasta Pérez Reverte y, antes, Vázquez Figueroa, mucho más ignorado por la prensa especializada; ni cine de terror, hasta Amenábar, Balagueró y Bayona; ni series de acción, hasta Águila Roja; ni cómics de género, hasta… bueno, los que hacemos cómics de género aún estamos -imagino- en la lista de espera. Pero nos queda muy poco para obtener el mismo reconocimiento sin tener que echar mano a valores prestados de la literatura (el travestismo de la “novela gráfica” que, de nuevo, nos confirió la GRAVEDAD requerida para salir en el suplemento cultural de los diarios y algún día nos proporcionará hasta un Príncipe de Asturias).

Aún muchas veces cometemos el error de confundir PREJUICIOS con CALIDADES: aún recuerdo cómo hace treinta años nos reíamos los castellanoparlantes del primer episodio de Dallas doblado al catalán… hasta muchos catalanoparlantes se burlaban. Para todos nosotros, el doblaje al catalán era mucho peor que el doblaje al castellano, aunque los actores de doblaje fuesen básicamente los mismos… ¡sólo por la sencilla razón de que no estábamos acostumbrados a escucharlo! Así somos las civilizaciones primitivas y esencialmente conservadoras: nos reímos y mofamos de lo que no conocemos (como la tribuna de monos cuando Taylor toma la palabra en El planeta de los simios… por poner un ejemplo “fantástico” en todos los sentidos) y no le damos la menor oportunidad, porque nos da miedo la innovación.

Pero el asunto de fondo es más aterrador aún: no se trata de escribir que un producto como Águila Roja sea bueno… Se trata de analizarlo con un mínimo criterio objetivo y en su contexto adecuado, sabiendo de dónde procede, cuál es su tradición (foránea y propia) y lo que aporta a ésta, sin despacharlo como una basura más típica de nuestro basurero eterno al que no dejamos fructificar por nuestro autodesprecio automático.

Un ejemplo de nuestros prejuicios aplicado al universo maliciosamente bautizado como freak: casi todos babeamos durante nuestra adolescencia con cómics de superhéroes (señores en trajes de fantasía con poderes fantásticos, más elemental imposible) y seguimos haciéndolo, la mayoría, a través del cine. ¿Qué hubiera sido del pobre Stan Lee si hubiese nacido español? ¡Pues no se hubieran reído de él en este país! Hubiera muerto olvidado e incomprendido, tildado de demente megalomaníaco y fascista, apenas homenajeado por cuatro “friquis” en un festival de cómic a las puertas de su muerte. Sería un José Antonio de la Loma más (que pasó curiosamente por todas esas fases de reacción pública y gremial), otro elemento represaliado: si nuestro Lee españolizado hubiera querido trasladar Marvel al cine, se hubiera ido a la mierda en los años 80, cuando Pilar Miró impuso que sólo se apoyaran desde las instituciones las películas basadas en clásicos literarios (mentalidad más garrula y literal, imposible): ¡pobre Lee, en España se hubiera ido a tomar por culo con sus personajillos disfrazados! Menos mal que le dio por nacer en un país mentalmente evolucionado…

Bueno, también hubiera tenido otra opción: con un poco de suerte se hubiera ganado el nombre y prestigio que se merece… trabajando para el extranjero.

Por suerte, gracias a que el público general es cada vez más receptivo a la fantasía -paradójicamente, merced a la amplia difusión de la fantasía anglosajona, que nos ha “acostumbrado”- y al cultivo de géneros con denominación de origen (que a fin y al cabo, lejos de lecturas nacionalistas o imperialistas, es lo que proporciona verosimilitud, arraigo y sabor a cada obra: su localismo), esta situación está cambiando a un ritmo demencial. Pero CASI NUNCA gracias a nuestra élite cultural, que sigue riéndose de la “caspa y espada” española mientras pierde el culo por descargarse el último episodio de Juego de Tronos y efectuar un análisis crítico en su blog. Que está bien: reitero que sólo señalo la infinita diferencia de rasero y mera ATENCIÓN analítica que provocan un fenómeno frente al otro.

Quizás en breve muchos productores de cine español se atreverán a apostar por el éxito real en taquilla (sin miedo a ser tildados de “cerdos capitalistas”) con ideas propias, no copiadas cinco años después del top ten estadounidense de la revista Variety… y quizá los que escribimos con la fantasía como motor principal de nuestras ficciones y metáforas podamos sentir un día no muy lejano que no somos un ghetto ni una excepción anticomercial, porque una parte de la élite divulgadora (prensa, crítica) solamente parece apoyar aquello que les hace aparecer comprometidos socialmente y les otorga una pátina de gravedad: confundimos por ejemplo, como hacen las culturas provincianas, la seriedad de los temas tratados con la seriedad de la obra.

¿Cuándo tendremos la oportunidad ya no de crear nuestro propio pulp -eso sí nos lo permiten-, sino de obtener además la atención mediática y el juicio crítico que exigen varias décadas de creación ficcional acumuladas? No digo la atención y el juicio que merecemos cada uno de los innumerables autores de género que trabajamos en diferentes medios, porque ese merecimiento nunca resultaría suficiente para cada autor (problemas del ego): pero sí al menos la misma atención y juicio que merece cualquier artesano mediocre por el mero hecho de ser estadounidense (en cómic, cine o literatura). ¿Cuándo asistiremos a un análisis público más o menos garantizado de nuestras obras, sin prejuicios ni condescendencias, pero tampoco sin obligarnos a anglosajonizar nuestros nombres como hicieron casi todos nuestros predecesores del siglo XX?

¿Cuándo podremos tener una generación consciente de nuestra tradición ficcional? ¿Cuándo no tendremos que desenterrar del olvido nombres como Manuel Fernández y GonzálezJosé Mallorquí y tantos otros? ¿Cuándo tendrán un reconocimiento institucional por ser, sencillamente y sin más coartadas sensibleras, maestros del entretenimiento?

¿Cuándo tendremos unos periodistas y unos críticos -con las notables excepciones de los francotiradores de siempre, ojo: Jordi Costa y varios otros excelentes profesionales y amateurs que no buscan el prestigio ni el pedestal de la opinión “grave”… y que llevan ahí muchos años predicando en el desierto, desde Manuel Darias a Entrecomics en el caso de la historieta- y, en fin, unos difusores y una difusión sistematizada, a la altura del trabajo de tantos artistas que cae en balde hasta que no son rescatados por la industria imperialista?

PD. Tomando prestada una magnífica definición del escritor Sergi Puertas, fenómenos actuales multimediáticos como los de Jaume Collet-Serra, Albert Sánchez Piñol o el propio Arturo Pérez Reverte (al que se refería concretamente Puertas), son auténticos punkies dentro del polvoriento panorama mainstream español y fabulosas excepciones, por su propio esfuerzo, de una tradición de géneros propia abiertamente ignorada por la cultura oficial durante muchas, demasiadas décadas.