March 22nd, 2011 Migoya


John Kramer, la versión menos enrollada de Eduard Punset.
Aprovechando el remanso de paz en que se encuentra el mundo y la ausencia de noticias, y gracias a este gran amigo y su entusiasmo hacia la franquicia, entre sábado y domingo me metí entre pecho y espalda (nunca mejor dicho) las siete películas de Saw.
Había visto la primera en el momento de su estreno en el mercado de Cannes (imagino que en 2004) y no le había prestado excesiva atención, simplemente me pareció entretenida y apropiadamente tramposa, sin más. Juzgué sin verlas que el resto de secuelas probablemente aportaría un regodeo gore de la premisa instaurada: no podía estar más equivocado.

Cary Elwes como príncipe prometido… y ya casado en Saw.
Saw es en conjunto la más extraña saga de ¡intriga! que he visto en tiempos, pues está concebida como una pseudoserie de TV o antiguo serial de cine -con continua referencias de cada nueva entrega a las anteriores- casi absolutamente interdependiente: no imagino cómo debe ser acudir cada año a una sala para ver una película de macabros enigmas debiendo tener en la cabeza, constantemente, los sucesos acaecidos en las ya vistas los años previos. O ver una sola sin ser consciente del contexto global, arropado además por semianónimos actores en nómina. Una auténtica locura: la perspectiva total del puzzle resulta por supuesto también tramposa e imposible; pero divertidísima y mucho más exhaustiva en la explotación de la premisa propuesta que la mayoría de “one-shots” gore.
Pese al poso televisivo de varios de los filmes (del II al IV especialmente), Saw es un juguete muy entretenido que sin duda ejercerá -y sin duda ejerce ya- una gran influencia de cara al alistamiento inconsciente de muchísimos futuros narradores de ficción en las fascinantes filas del suspense y el terror.

Betsy y Tobin, lo mejor con cara y ojos de “Saw”.
Tres detalles interesantes:
1) Comprobar que, efectivamente, la mejor de las entregas es la VI, precisamente la que fue censurada en España: sus muertes son las más originales y creativas.
2) Confirmar que John Kramer es un personaje tan atractivo que continúa ejerciendo su magnetismo aun muchas secuelas después de que uno sepa que está muerto… especialmente gracias a la interpretación serena y empática de Tobin Bell, quien consigue con su buen talante convertirse en un psicópata simpático, amigo del espectador… y casi en su cómplice.

Betsy Russell cuando era una mezcla adorable de Ally Sheedy y Lauren Tewes.
3) La primera película que vi solo en el cine fue Terminator, hace ya más de 25 años. Pues bien, acompañándola había una peli muy mala titulada Angel 2, sobre una estudiante de día-prostituta de noche que debe contribuir al esclarecimiento de unos crímenes participando como cebo (o algo así…). Sólo recuerdo la película porque me pasé todo su metraje esperando con el corazón en la garganta que su sensual protagonista se desnudara. No lo hizo. Aunque luego pude adorarla desnuda en otra película, pasó muchísimo tiempo sin que volviera a saber nada de aquella preciosa actriz. Pues bien, imaginad mi alegría y mis babas de avejentado adolescente al redescubrir a Betsy Russell, esta vez como coprotagonista de toda la segunda mitad de la saga Saw: comprobarla tan interesante y atractiva a sus cuarenta y muchos años ha sido uno de los regalos extracinematográficos más bonitos que he experimentando este año frente a una pantalla.
Hay que reconocer que Kramer tuvo muy buen gusto eligiendo esposa.

Betsy Russell haciendo gore mi corazón.
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February 14th, 2011 Migoya
“Yo no nací el día que repartieron el miedo”. El Cabo en El Cartel de los Sapos 2

Aproximadamente 2.000 minutos de ficción (¡casi un día y medio!) es lo que dura la segunda temporada de El cartel de los sapos 2, con diferencia mi serie favorita actual, que ya se puede ver completa, pero accidentadamente -cada capítulo dura lo que le viene en gana y a menudo se repiten 5 minutos de secuencias ya emitidas- en la propia web de su productora.

Si de la primera temporada comentaba hace casi dos años su violenta crudeza y lo fielmente que reflejaba el reinado del narcotráfico en la Colombia de estas dos últimas décadas, con El Cartel 2 me reafirmo en tres importantes rasgos que convierten su visionado en una gozada:
1) La falsedad absoluta del rótulo con que da inicio cada capítulo: “Ésta es una obra de ficción. Los personajes y situaciones que en ella se presentan son igualmente ficticios”. Se trata, en realidad, de un ardid para no soliviantar, imagino, el dedo gatillero de los personajes reales (los que queden vivos) y también para evitar demandas.
2) Un guión que consigue enganchar en todo momento, hilvanando con habilidad y astucia el devenir de un porrón de personajes repartidos entre Nueva York, Miami, México y Colombia.
3) La ausencia total de lección moral, que tanto la aleja de cualquier aproximación anglosajona al subgénero de mafias. Olvídense de las parrafadas reconfortantes de las series estadounidenses: aquí no hay tiempo para llegar a conclusiones espirituales, los muertos se amontonan demasiado rápido para dar un respiro… y hasta las menores son conminadas por la DEA a acostarse con narcos con tal de echarles el guante.

Esta segunda temporada presenta varias novedades con respecto a la primera:
1) El narrador-protagonista no es Fresita, el narco redimido encarnado por el guapo Manolo Cardona (éste se encontraba en España grabando capítulos de la versión “decaf” de Sin tetas no hay paraíso), así que le sustituye en esas labores Pepe Cadena (Diego Cadavid), un “traqueto” abiertamente antipático y rufián en la primera entrega, que aquí se gana rápido la simpatía del espectador.
2) Sin la figura de un “galán” protagonista, la serie se recrudece en su descripción del entramado delincuencial y se concentra en las peripecias “profesionales” de sus antihéroes, con apenas espacio para el melodrama tan del gusto latinoamericano. Además, esta vez también se nos permite echar una morbosa ojeada al “panorama” narco de México.
3) ¡Por fin aparece un policía colombiano honrado!
Dado que en la primera temporada, casi todos sus personajes la palmaron, la cuota de personajes nuevos en esta segunda es sustancial, casi interminable. Vayamos con los principales y con mis preferidos:

Pepe Cadena, el malcarado hermanito del Clan Cadena, es ahora el narrador-vínculo de todos los hechos mostrados: sus escenas introductorias “transcurren” durante su encierro en una cárcel estadounidense y son un dechado de creatividad (hasta aparece en plano haciendo “el dos” -o sea, cagando- mientras sostiene una toalla para ocultar sus “partes”). El actor que le encarna, Diego Caravid, maniobra astutamente para que ahora su personaje caiga bien, añadiendo payasada, improvisación y descaro, y compensa con mucho talento interpretativo su falta de glamour (podría ser el tercer hermano de Estopa). Muy meritoria su evolución consciente.

Milton Jiménez “El Cabo” es sin duda el alma de esta serie: y ello es mérito exclusivo de Robinson Díaz, el actor que le da vida. Su caracterización resulta espeluznante en cada una de sus escenas y un paradigma de cómo el villano, por más abyecta e inhumana que sea su conducta, puede terminar monopolizando las querencias del público: nadie desea que El Cabo muera, porque inconscientemente uno sabe que, muerto él, la serie agonizaría.

Personalmente, además, me perturba enormemente el parecido de Robinson con mi propio padre. Mismos ojos y mismas ojeras, oigan. (Mi abuelo era un Migoya bastardo, así que igual procedemos todos de la rama Díaz.)

Aquí está clavado a mi papá cuando me obligaba a obedecerle…

El que yo creyera narco sexagenario (en realidad afirma, en una secuencia, tener ¡43 años!), rival a muerte de El Cabito, el bulldogiano Don Mario es quizás el personaje más desamparado de esta temporada. Santiago Moure no tiene gran oportunidad de lucirse en esta ocasión, ya que el guión abusa de su registro malhumorado. Pese a todo, también le llega su momento de redimirse y mostrar su lado, ejem, humano…

La cara amable de El Cartel 2: fácilmente, el cariño del espectador se focalizará por completo hacia Antenas, el as de la informática que desea salirse de sus implicaciones con los narcos, poniendo en peligro la vida de su ex esposa y su hijo en el proceso, además de la suya propia. Asombrosa la interpretación de John Álex Toro: su humana vulnerabilidad y el tierno humor que transmite sin los aspavientos típicos del código telenovelero son notables. Por cierto, el actor parece salido de una comedia española, en una encarnación más del españolito poquita cosa: en su caso, físicamente es una mezcla de José Mota y David Civera.

Caliche es un diablo sin escrúpulos: jefe de Antenas, al que hará la vida imposible, y uno de los nuevos narcos que se incorporan a esta asombrosa crónica del crimen. Fabulosamente interpretado por Charlie Echavarría, también resultará un personaje cercano al espectador español, debido al parecido físico del actor con Karra Elejalde… y a que habla idéntico a Andrés Pajares. Comparen con el actor español.

Aunque lleva un horrible peinado que la hace parecer la hermana “retarded” de Jennifer Garner, el personaje de Larissa, la esposa embarazada de Caliche que interpreta Paula Barreto, confiere un poco de clase al universo de energúmenos en el que se nos sumerge de corrido y, con su “savoir faire”, hasta nos convence de que está realmente preñada…

Un madero honrado, para variar: el Mayor Madero es un policía obsesionado con meter tras las rejas a los narcotraficantes que corrompen su país y cuenta con un brillante historial de detenciones; de ahí que le apoden “Cazanarcos”. Alejandro Martínez le insufla una voluntad de hierro y, vestido con poncho y sombrero de ala ancha en medio de la selva americana, parece una actualización de Franco Nero dando matute.

La cara bonita que obsesiona a El Cabo es Vicky Puerta, una “wannabe” modelo que se pasa media serie aceptando sin problemas regalitos interesados de su padrino y la otra media intentando desentenderse de él al saber que puede matar a toda su familia. Básicamente, representa la zorra típica que siempre pulula en torno a estos criminales y a cualquier hombre de negocios con poder. Carolina Guerra cumple.

El personaje principal de la “delegación anglosajona” de la serie es el cándido agente de la DEA, Sam Matthews, interpretado por el actor John Gertz. En general, los personajes estadounidenses de El Cartel de los sapos son mucho más unidimensionales y bobalicones que los autóctonos: se diría que están en otro registro dramático. Frente a la dureza de los narcos colombianos, los personajes de la DEA parecen sacados de una serie USA de acción amable de los años 70. Matthews es tan buenazo e inofensivo en todas sus intervenciones que casi acaba erigiéndose en un involuntario icono gay de la serie: ¡todos queremos adoptar a este pedazo de pan!

Mi actriz favorita de esta temporada: con una belleza sencilla pero de mirada subyugante, Diana Hoyos consigue estar siempre en papel sin tener que recurrir a grandes estridencias ni subrayados. Su Zuly Carmona, la novia arrepentida de un narco, termina trayendo por el camino de la amargura al angelical Sam Matthews, y es fácil comprender por qué. Me pone a mí mucho su serena mirada cervatilla.

Un secundario de oro es Ramiro Sandoval en la piel de Oliver Cardona, el enajenado narco emparejado con Zuly, a la que propina unas palizas de muy señor mío. Sandoval consigue dotar a su personaje de una magnética repugnancia, de corte similar al Hannibal Lecter de Anthony Hopkins.

Anthony Guzmán es Peter McAllister, otro agente de la DEA que parece salido de la década de los 70: en su caso, su planta de hombretón impasible lo aproxima a un Fabio Testi en sus añorados “poliziescos”, aunque algo más metrosexual. Como le ocurre a Sam, a veces su unidimensionalidad mueve a la risa, pero uno le termina tomando afecto.

Una de las “femme fatales” más imantadas del cine español de los 90 se recicla inteligentemente en la industria latinoamericana: Paulina Gálvez (acreditada por error como Paulina Galvis durante gran parte de la serie…) repite como Katherine, agente de la DEA y compañera inseparable de Sam Matthews. En esta ocasión cuenta con mayor protagonismo, al intentar que su compañero no se involucre románticamente con la informante Zuly… sino con ella.

DEA guys just want to have fun…

Tommy Vásquez es el Capitán Racines, ex policía que ahora se subordina a las órdenes de Don Mario. Su misión: servirle como hombre destacado con sus socios del cartel mexicano. Vásquez es el aporte masculino físicamente más contundente: un maromo de mirada resoluta y convincente planta, el único macho Alfa del plantel.

La cantante Patricia Manterola (sí, queridos, la de, uf, Que el ritmo no pare…) da vida a Andrea Negrete, la “doña” de los narcos mexicanos. Responde al tópico de mujer machota y promiscua… y no parará hasta llevarse a la cama al pobre Racines. La Manterola no es plato de mi gusto, pero hay que reconocer que como cuerpo es un buen anzuelo para justificar la masacre que sus ardores provocan.

El marido de la Negrete es El Puma, un narco colombiano adoptado por los mexicanos que, al haber olvidado sus raíces, enerva en grado sumo a sus compatriotas. Víctor Mallarino sabe ser elegante, inconveniente y chistoso cuando conviene. Y, dios mío, cómo se parece a mi amigo el escritor peruano Rafo León.

Junto a Antenas, Rocky es el segundo buenazo de la serie en el lado de los malosos. Juan Sebastián Aragón, además de porque también parece miembro del clan Migoya, me hace muy cercano a su personaje, merced a la calidez y bonachonería rural que le confiere. A quienes vean la serie entera les costará olvidar su sino.

Johana es un estereotipo de chica humilde colombiana que se mete a trabajar en el empaquetado de la “merca” por necesidades económicas. Sus conflictos sexuales con los patrones, un trío de cocaleros acosadores que parecen Ketama en vivo, constituyen algunos de los momentos más interesantes de la primera mitad de esta temporada; en cambio, su amorío con el narco Rocky ya cae en cierto cliché de novela rosa, aunque -o por eso mismo- la actriz Angélica Blandón aparezca mucho más guapa (¿cambio de maquillador, nena?).

Luis Eduardo Arango es Jhon (no es una errata), un cobrador de los narcos incapaz de romper un plato. Este entrañable personaje es, junto a Antenas, el que proporciona los mayores momentos de comicidad y ternura, pese al inquietante físico de su intérprete, quien por segundos parece Michael Jackson si nunca se hubiera despojado el maquillaje de Thriller. Un 10, en todo caso, a su labor profesional.

El actor Esteban Franco es Piloto, uno de los dos grandes capos mexicanos de la droga, con quien El Cabo intenta hacer negocios, pero que siempre anda disperso de putero coqueado. Franco logra inyectar al personaje un perenne aire repulsivo que, junto a su carácter imprevisible y caprichoso, contribuye a ponernos de los nervios.

El Cabito y Piloto, cuando “camellaban” juntos…

Primo es el nuevo cómplice en las andanzas de El Cabo y su mano derecha. De talante chulesco y echao p’alante, nos sirve sobre todo para saber qué le pasa a Cabito por esa conflictiva cabeza, dado que suele utilizarle de confesor. El actor Luis Fernando Montoya está impecable en su poco agradecido cometido.

Amparo Cadena, la malgeniada hermana de Pepe, sale poco esta temporada, pero cada vez que sale se agradece: ella es la “choni” de la serie, capaz de hacerse pasar por paralítica con tal de evitar “cana” (prisión)… una choni con pasta que allá donde va desgrana perlas verbales dignas de Belén Esteban.

Con bastantes kilos más, Andrés Parra reincide en su papel como el verborraico narco arrepentido Anestesia, que da cobijo a Pepe Cadena durante su libertad condicional en Miami. Sea por esa obesidad que desdibuja expresiones o porque esta vez no le han designado un rol determinante en la serie, Anestesia no está tan gracioso como en la primera temporada… aunque hacia el final se nos gana de nuevo.

Más guapa y natural que su hermana Patricia, Michelle Manterola es Lilian, una agente mexicana de la DEA que debe hacerse pasar por “prepago” (carne tierna para narcotraficantes) y así poder cazar a El Golfo, el traqueto más poderoso de México. Lástima que la emisión (imagino que en grabación y montaje sí existe la secuencia) nos escatime su encuentro con el narco, chapuza narrativa que la productora Caracol TV debería solventar en su exhibición “on line”.

Bravucón, hortera, putero y muy desagradable, El Golfo es el máximo rival del Piloto por el control de la merca en México. Tío en la ficción del personaje interpretado por Patricia Manterola, disfruta torturando cualquier cosa que respire. El actor Guillermo Quintanilla no defrauda.

Sin duda, el personaje más grimoso de las dos temporadas, aun con la ironía añadida de que en cada una fuera interpretado por un actor diferente, debido a la transformación quirúrgica que el narco real sufrió para pasar (en vano) inadvertido. En esta ocasión, al desalmado Pirulito le da vida Camilo Sáenz y, a juzgar por el careto real del actor, está claro que no lo ha hecho nada mal.

Uno de los magníficos villanos secundarios que enriquecen esta temporada: Ramón Medina Orellana es XL, un capataz y sicario mexicano que hiela la sangre con una sola mirada. El actor es capaz de conferir a su personaje una fría perfidia digna de resalto, aparentando una edad mucho mayor de la que atesora realmente. Merecía más tiempo en pantalla.

Viña Machado es indiscutiblemente la hembra más espectacular del elenco de esta temporada: su personaje Joyce resulta absolutamente anecdótico, pero ofrece el pretexto perfecto para incluir este desnudo suyo, cortesía de la revista colombiana SoHo.

El pobre Buñuelo, que tan amoral quedara en El Cartel 1 matando a su amante adolescente, no tiene mucho chance de lucirse en El Cartel 2, ya que se pasa la mayor parte de esta secuela metido dentro de una prisión en Cuba. Pese a todo, Juan Carlos Arango sigue dando el do de pecho como sólido actor de carácter. Y sigue pareciendo uno de Los Chichos.

Mónica Franco es Lucía, la juiciosa y fiel esposa de Buñuelo, que hará lo que sea para sacar a su marido de las cárceles cubanas: hasta pagarle las bacanales a un ídolo del fútbol argentino, célebre castrista, para que use su amistad con Fidel con vistas a liberar a Buñuelo (obviamente, el futbolista representado es Diego Armando Maradona, que por su salud mental esperemos no tenga mucho en común con el payaso de su alter ego en la serie).

La actriz putón (no ella, su personaje María Luisa) que encarna Margarita Muñoz es otro ejemplo más de vedette que vende sus favores al, literalmente, mejor postor, dividiendo sus atenciones entre el narco Caliche y un político no menos violento, según quien tenga más ingresos en ese momento.

Ulises González es Manteco, el voluminoso guardaespaldas de El Cabo. Pese a su belicoso cometido y su poca presencia (es un decir) en pantalla, interpreta uno de los personajes que pronto se ganan su espacio en el corazoncito del espectador, y su desenlace será uno de los golpes más atroces que éste experimente.
Y aún faltan individuos de lo más interesantes: el sanguinario rey de la sierra mecánica Caremotor, el voluptuoso y espeluznante Paredón, el vil agente de la DEA (alguno malo debía haber) Aquiles Verdugo, el reptiliano capataz de don Mario apodado Ovejo, el maléfico abogado Doménico (o Demónico, como le menta Anestesia) -entre otras prácticas inmorales del leguleyo, obliga a practicar sexo con él a la esposa de su cliente- o el propio insoportable hijo de El Cabo, Milton Jiménez Jr.…
Pero ya es hora de que los descubráis vosotros mismos (además, no encuentro fotos que hagan honor a sus demoledoras personalidades).
Así que dadle una oportunidad a la mejor ficción colombiana, aunque mucho ojo… no se os ocurra “sapear” lo que vais a ver, si no queréis terminar alojados en varias bolsas de basura.

“Ratón y queso, amigos son…”.
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December 18th, 2009 Migoya
Debo reconocer que la primera vez que vi este cartel -parte de una campaña promocional del Ayuntamiento de Barcelona para promover la imagen pública de sus mercaderes-, me quedé desconcertado por la cálida familiaridad que esta fotografía despertaba en mi inconsciente. ¡Se parecía tanto a Olimpita!

Efectivamente, si nos fijamos bien, la piel nívea y el exceso de encía superior revelan una mayor catalanidad sanguínea que la de nuestra pescadera charnega. Pero a excepción de ese detalle y el color del pelo (probablemente oscurecido por la propia cualidad lumínica de la fotografía), tanto la forma de la cara como el propio peinado, como el contraste entre la pureza de la piel y los mofletes encarnados, como el jersey rojo coinciden felizmente con los de nuestra antiheroína.
Hay también otro detalle inquietante en la foto. Si uno se acerca lo suficiente, puede descubrir que la Olimpita de la campaña institucional tampoco se encuentra sola en la pescadería. A su izquierda, de espaldas, trabaja un pescadero que podría ser perfectamente su Carmelo, el excesivamente temperamental marido. Pero, si nos acercamos más…

Como si se tratara del esposo emperrado en no morirse de Las diabólicas de Clouzot o de un fantasma de peli nipón, si uno se fija bien, podrá apreciar que detrás de esta Olimpita también hay otro hombre.

Detalle inquietante, muy blow up, el que revela el cartel. ¿Tendrá esta Olimpita su propio secreto sexual?

¿Será un ayudante temporal que provee a esta Olimpita de algo más que ayuda laboral? ¿Nos encontramos ante un amante oriental? ¿O simplemente un hijo tonto?

La verdad es que, pensándolo bien, da bastante miedo.

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June 9th, 2009 Migoya

El señor López Aguilar es un político muy majo y muy aficionado a los cómics. Hace poco escribió un prólogo para el manga Eagle.
Personalmente, creo que es NUESTRO Obama: es canario -con lo cual tiene un poco de africano-, se le ve con mucho más aplomo y natural seductor que a ZP y… ¡sabe dibujar!
Yo le voy a votar seguro en las próximas elecciones (a éstas ya llegué tarde…).
No solamente es caricaturista, sino que tiene sentido del humor. Vean la pregunta de mi admirada revista Pronto:
“¿De dónde saca tiempo para dibujar?
-En el Congreso de los Diputados y en los Consejos de Ministros me las arreglaba para hacerlo sin que nadie me llamase la atención, pero en el Parlamento Canario alguno me lo ha reprochado. Hay vida más allá de la política, aunque algunos no lo crean”.
Con dos cojones. Yo me lo creo, López Aguilar, y ya tienes mi voto. Pa’ lo que sea. Y si ese “alguno” te vuelve a reprochar, avisa, que le envío al albanés de José Luis Moreno cuando vuelva a escaparse de comisaría.
Con este espíritu tan isleño, estoy convencido de que serás el próximo presidente del Gobierno. ¡Cómo vamos a disfrutar los autores de cómic! ¡Por fin subvenciones del Estado!
¡Por fin nos podremos ir de putas nosotros también con el dinero de la gente!
López Aguilar me cae bien DE VERDAD. Yo creo que además folla súper genial y que eso lo notan las mujeres y le van a votar todas en masa cuando se presente a Presidente del Gobierno. Yo también le votaré.
Desde Felipe González no había salido alguien así. ¡Ni siquiera González sabía dibujar!
Además, López Aguilar tiene un aire a la familia Pulido, que también es canaria: la de Javier Pulido y Rayco Pulido, que son dos maestros dibujando. ¿Serán parientes?
Espero que haya elecciones ¡pronto!
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