ESTAFADOR DE ESTAFADORES

September 19th, 2011 Migoya

“Hasta los auténticos Miró parecen falsificaciones”. Elmyr de Hory

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En realidad, no me esperaba nada de ¡Fraude! y debo confesar que me he divertido de lo lindo con esta ¿falsa? biografía sobre el pintor falsificador Elmyr de Hory, escrita en 1969 por otro falsificador (en este caso literario, Clifford Irving, famoso por haberse inventado una autobiografía de Howard Hugues) y actualizado por el propio autor con un capítulo extra para la reedición.

El aristócrata venido a menos y consumado homosexual Elmyr de Hory se hizo famoso gracias al documental Fraude (F for Fake/Vérités et mesonges) que le dedicó Orson Welles en 1973, y que no he visto. En su biografía, Irving nos explica muchas cosas de este fabuloso plagiador de cuadros cuyas falsificaciones pergeñadas desde Ibiza alimentaron en la segunda mitad del siglo XX varias prestigiosas galerías de todo el mundo con presuntos Matisse, Cézanne, Degas, Renoir… La leyenda dice que hasta Picasso confundió una copia perpetrada por de Hory como un dibujo legítimo suyo.

El libro de su historia  no sólo pinta un buen retrato sobre este vividor con un talento único para ser todos los artistas menos él mismo, sino que pone en jaque la estupidez del valor económico otorgado a la pintura moderna. ¿Cómo no falsificar obras por cuya posesión se pagan cifras astronómicas? ¿Cómo no TENER EL DEBER de estafar a unos falsos expertos en cuya opinión recae la especulación multimillonaria en que se ha convertido el mundo del arte y a los que engañó por completo durante tantos años? “Arte”, por cierto, a cuyo podio medios como el cómic o la caricatura no han accedido salvo mediante apropiaciones bastardas y casi ilícitas: disfrazados de cuadros.

Me ha gustado especialmente el excelente bosquejo de la relación entre el histérico falsificador y sus marchantes/chulos, los jovencitos Fernand Legros y Réal Lessard, dos modelos diferentes de “maricas malas” que ordeñaron las ubres del pobre Elmyr hasta dejarlo abandonado a su suerte con la Ley.

¡Fraude! funciona tanto a nivel filosófico/conceptual sobre qué es aquello que en el fondo llamamos arte, como análisis muy particular -y con efectos prácticos- de la evolución pictórica del siglo XX y, también, simplemente como delicioso pasatiempo para asombrarse ante lo que se puede conseguir con el talento, nada simple, de copiar.

Lean Fraude. No les defraudará.

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BENDITOS BASTARDOS (II): “NIDO DE AVISPAS” o DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A ROCK HUDSON

May 20th, 2011 Migoya

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Soy una persona tremendamente maliciosa, así que mientras veía Nido de avispas (Hornest’ Nest, 1970, de Phil Karlson y Franco Cirino) no podía dejar de elucubrar qué razones habría valorado su protagonista, Rock Hudson, para querer hacer esta película en la que se pasa gran parte de su metraje comandando, reprendiendo y consolando a un puñado de efebos revoltosos. Sí, lo mío es pura malicia.

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Qué pinta de machote.

Últimamente empiezo a sentirme fascinado por la figura de Rock Hudson, especialmente en lo que hace referencia a su penúltima etapa fílmica, la setentera. Me encanta que un actor gay haya proyectado sobre la pantalla una figura tan viril y masculina. Su bondadosa presencia me inspira ternura y su altiva planta mi más rendida admiración. Precisamente en esta película está en la mejor etapa de su madurez (tenía 45 años), con una mirada durísima y descreída, y además fue el filme en el que estrenó ese estupendo bigote que popularizaría un año después en la serie de TV McMillan y esposa, que mi generación recordará perfectamente.

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Nido de avispas (vean aquí su violento tráiler) cuenta con un arranque argumental poderoso y original: durante la II Guerra Mundial, los alemanes imponen correctivos a sus poco disciplinados aliados italianos. Así, por puro capricho, un oficial nazi ordena fusilar a todos los hombres y mujeres de un pueblito. Los niños, refugiados desde el parapeto de unos arbustos, contemplan a salvo cómo los soldados teutones acaban con sus padres.

Al mismo tiempo, una compañía de paracaidistas estadounidenses se lanza sobre la zona, pero son barridos por las balas enemigas: todos menos uno, su Capitán, que se la da contra un árbol y consigue finalmente pasar desapercibido, aunque herido e inconsciente, entre los matojos. Se trata, claro, del bueno de Rock.

Los niños descubren al Capitán y pretenden reanimarlo, pero no logran hacerle recuperar el sentido. Así que, ni cortos ni perezosos, raptan a una enfermera italiana (la yugoslava e insoportablemente guapa Sylva Koscyna, después de que Sophia Loren decidiera, sabiamente para su carrera, no incorporarse al rodaje) pero, al negarse ésta a asistir a Rock, la amenazan con hacerle lo mismo que han hecho a sus padres, acorralándola todos los muchachos con mirada lúbrica e inmovilizándola contra el suelo, en clara alusión a una violación segura.

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Sylva a punto de participar contra su voluntad en una gang bang con menores.

Por suerte, Rock despierta y evita una desgracia. Tras ser curado por la enfermera y bla bla bla, el Capitán recuperado decide impartir cursos de armamento a los niños y adiestrarles militarmente para volar una presa protegida por los nazis, la misma misión que su alto mando le había encomendado. Ahí nos encarrilamos ya en la peli de misión por cumplir típica de la época: los chavales intentarán llevar a cabo su objetivo, y por el camino se cargarán a metrallazos a un montón de soldados alemanes.

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Igualito que Jesucristo, pero con otras intenciones…

Como ven, el tratamiento de Nido de avispas es total y descaradamente escapista -al contrario que otro filme de similar temática pero mucho más realista, en verdad un repaso torturado de los alemanes a su propio proceder bélico, como era una de mis películas predilectas de la infancia, la cruel y poética El puente-, pura miel al fin para el fan del género bélico más descabellado.

Sin embargo, ya en su momento, esta coproducción italoestadounidense (¡con música de Ennio Morricone!) causó malestar en el público, antes que por el trasfondo sexual (claramente presente, tanto desde la relación homoerótica que el espectador establece de forma inevitable entre el descamisado Hudson y sus chiquillos tutelados como desde la violenta tensión que vive con la protagonista femenina), a causa del trauma de violencia vivido por los personajes infantes. Ya entonces (1970, quizá una de las épocas más libres del cine mainstream) incomodaba, sobre todo en Estados Unidos, ver a unos mocosos disparando con saña y sadismo contra otras personas, aunque fueran en este caso hombres en uniforme (y alemanes, para más inri). La peli fue un fracaso, al parecer.

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“Los lobos atacan en manada”: cartel italiano.

Vista hoy, Nido de avispas es un disfrute absoluto, no sólo porque resulta muy entretenida y está bien dirigida, sino por varias cuestiones adicionales: el desconcertante detalle de que Hudson se pase media película en una ajustada camiseta de tirantes verde camuflaje, abrazando a sus pequeñuelos, organizándolos en escaramuzas y ayudándolos a cruzar semidesnudos un embalse a nado; la inusitada violencia de trato que Hudson dedica a su supuesto interés amoroso en el filme, la despistada (pero adorable) Koscyna; la crueldad de la situación planteada, que convierte este título en una rara gema para los ojos de un espectador de nuestros días…

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Rock también lo intenta con Sylva, pero no acaba de cuajar…

Además, brilla en la dirección artística una despreocupación absoluta por la fidelidad histórica del período reflejado, por lo que resulta una gozada poder ver a Hudson, Koscyna y los críos con una extensión de cabellos y unos peinados totalmente setenteros y medio silvestres: ¡el look desharrapado y jipioso de los personajes es una pasada!

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Así pues, os recomiendo encarecidamente esta película si queréis pasar un rato estupendo con un filme que supone otro antecedente directo de Malditos bastardos… ¡pero con un planteamiento bastante más original!



WHATEVER HAPPENS TO MÓNICA NARANJO? (LADY GAGA FEA…)

February 16th, 2011 Migoya

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Recuerdo que en 2001, durante mi primera estancia en casa de Peter Bagge, sabedor de nuestra común pasión por Spice GirlsBritney SpearsThe Beatles y otras divas del pop prefabricado, le llevé como obsequio un cedé de Mónica Naranjo. Peter escuchó unos minutos de Sobreviviré y, al preguntarle qué le parecía, sonrió diplomático y la despachó en una frase: “She sounds Arabic”. En otra ocasión le regalé un cedé de la banda británico-abbaísta Steps. Ése le gustó más.

No nos engañemos: por más que abandonemos/anatemicemos el pueblo y nos barcelonicemos/madrilicemos, nos comportemos como los esnobs más elitistas, aseguremos en Facebook que nos relajamos con The Eels y sólo nos desplacemos a París (¡a París nada menos!) para ver en concierto a Tom Waits, para la mayoría de estadounidenses y demás integrantes del imperio económico y por tanto cultural mundial (británicos, franceses y alemanes, especialmente) no somos más que el morito bueno y privilegiado que está esperando ansioso, calzando babeadas babuchas, en el solar de una aldea africana a que aterrice el héroe yanqui para poner en orden el país, a lo peli de Roland Emmerich.

Hace poco vi una entrevista en la tele mexicana a Mónica Naranjo donde la veneraban absolutamente. Para una buena parte de Latinoamérica, toda muestra cultural española es recibida con el marchamo de superioridad con que los españoles recibimos lo estadounidense. La Naranjo lleva más de una década siendo una diva absoluta, pero para mucha gente -de España-, aún es una lunática charnega con delirios de grandeza.

De pronto, llega de los USA una tipa llamada Lady Gaga, una mujer simpática y anodina que no hace más que apropiarse las reglas de Marilyn Manson, pero en vez de aplicarlas a una audiencia de mariquitas reprimidos, las aplica a mariquitas declarados, y su éxito explota en todo el mundo, desbordando también nuestro país, cómo no: de allá para acá siempre funciona. Canta peor, compone peor y es más fea que Mónica Naranjo…

En cómic también podemos aplicar la misma regla: hay cientos de dibujantes impresionantes que publican en España sistemáticamente ignorados por público y prensa. De golpe, publican en Francia o USA y, aunque sea con trabajos mediocres, se llevan no solamente una mayor atención, sino mucha más consideración profesional. Dios mío, cuánto complejo cultural acarreamos…

¿Por qué casi siempre todo en la vida es una cuestión de geografía?

PD. En realidad, esta entrada es toda ella un retorcido razonamiento para declarar que, efectivamente, me gusta más Mónica que Lady.

PD2. En Cataluña tenemos monstruos maravillosos: a Dalí, a Agustí Villaronga, a Serrat, a Adrià Puntí, a Mónica Naranjo…. ¡Me tenéis a mí! ¿Qué más queréis?

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Lady Gaga topándose inesperadamente con un fan heterosexual (ya, ya sé que no…)



¿EL HOMBRE MÁS BELLO DEL MUNDO?

September 3rd, 2009 Migoya

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Siempre termino escribiendo de Morten Harket.

Mi trío homoerótico dilecto: Si Benoît Magimel (otro día hablo de él) podría ser un ceñudo héroe ateniense y Cristiano Ronaldo un escultural semidiós de la antigua Roma, Morten parece encarnar una auténtica divinidad nórdica nacida de Thor y de una loba esteparia. Y si sus rasgos son casi sobrenaturales, incluso repulsivos en su perfección, su voz resulta irreversiblemente celestial.

Si tuviera que salvar un solo CD de la década pasada para oír el resto de mi vida, escogería sin dudarlo su Wild Seed de 1995. Su voz en Brodsky Tune, canción que he adorado más de una década, es una experiencia sonora única y sobrecogedora.

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Harket se ha mantenido activo, en solitario y con su grupo a-ha. La banda noruega revivió está década y ha grabado trabajos mejores y más sólidos que los que lanzó en los 80. Para mi gusto, Lifelines (2002) es su mejor CD, y la canción que le da título su mejor sencillo hasta la fecha, un sensorial recorrido que provoca una elevación espiritual con parangón a la de un viaje astral. Buena música para abandonar este mundo.

Sus trabajos individuales muestran una faceta mística que se agradece por no impostada: el año pasado grabó otro CD, del que destaca un bonito tema que él no escribió, Movies, y que también protagoniza este bonito anuncio.

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No es Jerónimo el Apache: es Morten con 20 años. ¡Qué feo!

Por desgracia -o por fortuna-, el legado de Morten y los suyos (Magne, el hermano rubio y sensible de David Hasselhoff; y Pal, gran, grandísimo compositor pop) sólo ha influido en grupos de tercera categoría como Coldplay, esos especialistas en V.V. (”Virilidad Vegetariana”) cuya música y actitud en las fotos promocionales les equipara en personalidad y carisma a Maná y otros embaucadores de sentimentaloide postín.

Ahora, a-ha sacan nueva obra: Foot of the Mountain. A la tercera escucha, me ha parecido innecesariamente revivalista, recuperando un sonido ochentero que algunas canciones no necesitaban. Empero, la que más me gusta y cierra el álbum, exhala un toque Alphaville bien chulo: Start the Simulator.

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A su lado, todos somos ratas.



A GAY MUERTO, GAY… ¿PUESTO?

June 25th, 2009 Migoya

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El caso de Luis Margol es parecido al mío: a él no le aguanta la derecha de Madrid, igual que a mí no me soporta la izquierda de Barcelona.

Margol y yo nos hemos hecho muy amigos este año. Es de las pocas personas que conozco que siente interés real por la política, y me pone un poco al día, me dice qué ministro tenemos en qué, y eso.

Él se siente muy identificado con la tendencia libertaria estadounidense, aquí prácticamente desconocida y siempre incomprendida. Con esas ideas simpatizan o simpatizaron muchos ídolos míos: Ayn Rand, John Milius, Frank Miller… o Peter Bagge.

El problema del libertarismo es que resulta tan utópico como el comunismo: parte de la peregrina idea de que la masa somos un ente inteligente y que cada persona es, antes que víctima, responsable de sus actos. Por eso los libertarios siempre serán una minoría y un poco la guasa de los partidos populistas, los mayoritarios.

Ahora, cómo no, a Margol le acaban de echar de Libertad Digital, como a mí me largaron de Radio Barcelona, de Localia, de…

Pero acaba de abrir su blog independiente, en el cual dice cosas tan divertidas como ésta sobre su orientación sexual.



LA LIBERTAD OFENDE

May 5th, 2009 Migoya

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“‘¿Cómo -nos preguntan con frecuencia- habéis permanecido juntos durante cuarenta y cinco años?’. La respuesta es:  ‘Nada de sexo’. Esto no satisface a nadie, naturalmente, pero, como diría Henry James, ‘ahí está’”. Gore Vidal, Una memoria (Anaya & Mario Muchnik, 1996)

Hace unos meses, leí en una entrevista del Vanity Fair al escritor Gore Vidal esta opinión suya sobre el Presidente Obama: “Los esclavos tienen dificultades para hacer poesía. A menos que haya un compás, claro”. Me pareció interesante que alguien soltara con tal desparpajo una declaración tan visceralmente reaccionaria -y abiertamente racista- y, como hoy las opiniones reaccionarias suelen ser sinónimo de sinceridad, ipso facto corrí a una biblioteca en busca de su primera autobiografía. No salí decepcionado: sinceridad hay una cuanta.

Gore Vidal es un tipo apasionante. Ególatra y venenoso, pero apasionante y sin pelos en la lengua. Me fascina cómo un individuo de la vieja guardia y sin vanguardismos que lo escuden se explaya sobre su vida sexual, hablando de los miles de desconocidos con los que se acostó (¡pagando o prefiriendo pagar!) cuando era joven y bello, ahondando en detalles con una explicitud que subiría los colores al autor más beat o al más punkie. Vidal no se define como homosexual, sino como homoerótico, y de hecho atribuye a tal cualidad el no haber perecido bajo la ola de Sida de los 80: él no la metía, sino que se limitaba a una suerte de fricción lateral con sus amantes, al parecer altamente satisfactoria.

Su comportamiento desenfadado y libre de culpa lo justifica -muy juiciosamente a mi juicio- por el hecho de pertenecer a la clase alta: solamente la clase media, según él, se cuestiona la moral del propio albedrío. Él proviene de una élite donde todo el mundo está acostumbrado a hacer lo que le viene en gana y sin remordimientos: él tampoco los tuvo ni se preocupó en ocultar sus apetitos, convirtiéndose sin comerlo ni beberlo -o precisamente comiéndolo y bebiéndolo- en uno de los primeros adalides del outing gay.

Vidal se autodefine liberal de izquierdas, pero su declaración sobre Obama, ciertamente, no parece muy propia de un rojo; ni tan siquiera de un colorado. Yo creo que tal inopinada opinión responde más a un ego desmesurado antes que al convencimiento legítimo: el hombre está mayor (octogenario avezado), le jode no seguir en la primera fila de la actualidad, se considera parte de una clase superior (su abuelo fue senador y sus ancestros, hacendados esclavistas) y supongo que ya no tiene que rendir cuentas a nadie. Y el tipo aún sabe montar un buen espectáculo.

En cierto modo, me recuerda al escritor catalán José Luis de Vilallonga, cuyas memorias también leí con interés y simpatía hace casi una década (dos de sus cuatro volúmenes, al menos). Ambos se creen los últimos mohicanos de una clase privilegiada moribunda; ambos fueron criados con desapego y frialdad formal; ambos vivieron sucesos de adolescencia traumáticos (un recién licenciado Vidal, la muerte del amor de su vida en la II Guerra Mudial; un quinceañero Vilallonga, el verse obligado a mandar un pelotón de fusilamiento en la Guerra Civil); ambos se sienten y proclaman más de izquierdas de lo que seguramente eran; ambos piensan que, quizá, defienden los intereses de una clase baja que jamás han conocido; a ambos les encantaba la vida en rosa y se rodeaban de actores, incluso interpretaban papeles ocasionales en el cine de Hollywood… Naturalmente, Vilallonga es más patán, como corresponde a un heterosexual de sangre caliente (lo cual no quita que me caiga igual de bien). A Vidal jamás se le hubiera ocurrido titular su vida literaturizada La cruda y tierna verdad.

La suya, bautizada en el original Palimpsest: a memoir, está muy bien escrita y contiene una primera mitad extraordinaria. Luego se pierde más en el anecdotario del “famoseo”, algo irritante a veces y casi siempre caótico para el lector no anglosajón. Sin embargo, su opinión sobre la fauna intelectual que le toca vivir encaja sorprendentemente con casi todas mis impresiones previas -”de oídas”- sobre muchos de los personajes que él conoció: a quién con un poco de dignidad no le iba a repatear Truman Capote; en cambio, Tenessee Williams despierta toda la ternura; Norman Mailer parece un chulo con talento, una versión arrabalera y ansiosa de la virilidad hemingwayana, de quien también se ríe un poco, así como de Burroughs… Por cierto, de paso también explica su polvo con Jack Kerouac, a quien yo siempre me imagino, no sé por qué, con el careto de Sam Shepard.

Sólo me sorprendí sintiendo más simpatía de la prevista por su retrato de John F. Kennedy: desde luego, el hombre debía de ser un singermorning de mucho cuidado, pero cándido a su manera.

Vidal planta frases muy buenas, de distinto signo, como “Lo poco que leen la mayoría de los escritores es de una naturaleza competitiva” o “Ésa fue la primera y última experiencia que tuve de que alguien me diera por culo”.

Una vida vivida -y dicha- con libertad. Sólo eso ya merece aplauso.

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Arriba, Vidalito y un amiguito; abajo, Vidalote y un amigote.



DEL PERÚ A LO UNIVERSAL

January 27th, 2009 Migoya

http://www.youtube.com/watch?v=Rl8Q-euIdDc



CLICHADO

December 23rd, 2008 Migoya

En pocas semanas, El Cliché se ha convertido en mi web favorita del mundo. Desde el deceso de La Mesa Camilla y ¡Aquí hay tomate!, muchos son los caminos equivocados que recorrí solitario, huérfano de amparo y comprensión (excepto por el oasis que representa Teenage Thunder), y ahora por fin he hallado un lugar para mi catarsis musical y chismosa.

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Ellos saben que Britney Spears es el fenómeno más importante de la cultura pop universal desde Elvis. Saben que los que hoy propalan que Madonna le da mil vueltas a Britney, eran los mismos que hace 25 años escupían sobre Madonna, los que hace 45 vociferaban que Marilyn solamente era una rubia boba y los que hace 50 despreciaban a La Pelvis como copia mala de la música negra.

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 En El Cliché se leen cosas que ningún periodista osaría jamás expresar en público por temor a ser, ejem, excesivamente demonizado por su sociedad “demócrata”. Ellos lo saben y las dicen.

Porque son inteligentes.

Porque son valientes.

Porque son maricas.

Y saben que, hoy día, nadie con dos dedos de frente se va a atrever a contradecirles (a no ser alguien más marica).

¡Yo también quiero ser marica como vosotros y poder decir lo que me salga del nabo!

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PD. Queridas clicheras, prefiero Blackout; pero sí, Circus también parte la pana.



LUCHA LIBRE MADRID

December 4th, 2008 Migoya

En esta página de Glénat Ediciones, podéis leer mi crónica sobre el espectáculo de lucha libre mexicana celebrado el pasado sábado 29 de diciembre en Madrid:

http://www.edicionesglenat.es/asp/noticia.asp?pid=426

No está bien escrita, pero tiene su deje jocoso.

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Cassandro el Exótico y El Hijo del Solitario, los héroes indiscutibles de la noche.



LOS HIJOS DE LA GLORIA

October 30th, 2008 Migoya

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No, no se trata de un drama abrupto sobre los hijos yonquis de una portera del Barrio Chino. En realidad, el título corresponde a una miniserie británica de los años 80, dirigida por un tal Michael Ferguson (un artesano de la televisión). La pillé por un euro o así en el puestecillo tan simpático que tienen (¿quiénes?) en Estación de Sants, básicamente porque me apetecía un menú con Rod Steiger de entrante y Anthony Perkins de plato principal, regados con unos culines de Joanna Lumley (otra de mis debilidades de la niñez).

Cierto que empiezo a apreciar mucho más a Anthony Perkins ahora que está muerto y sé más cosas de él: entre otras, cómo murió. Hasta sé que su viuda murió en el 11-S: probablemente fue un daño colateral toda su vida. Me gusta Perkins porque tiene un punto de pasota, más educado que el de Klaus Kinski, pero no por ello menos evidente. Me gusta su carisma, y la efigie algo maltratada que pasea por esta película televisiva funciona alimentada exclusivamente de carisma.

La trama tiene su miga y es muy interesante visionarla con nuestro espíritu post-11 S/M (no, no me refiero al Día Internacional del sadomaso). Un científico israelí (played by Rod Steiger, tan profesional siempre como poco excitante) es amenazado por un grupo de terroristas palestinos: se sabe que intentarán atentar contra su vida durante una conferencia que dará en Londres. La banda de palestinos, muy a los Dalton, es defenestrada en días previos, pero aun así, el único superviviente seguirá adelante con su objetivo, echando mano de la generosidad de un terrorista del IRA, que se anima a ayudarle (eso sí es amor interracial), y de un plan B absolutamente desquiciado: dicho plan, más propio de Benny Hill que de una organización terrorista rigurosa, consiste en llegar con el coche a toda velocidad al edificio en cuestión, arrimar el vehículo lo máximo posible, salir a toda leche y encaramarse -aupado por el irlandés- hasta la ventana que da a la sala de conferencias, liarse a tiros con la esperanza de que alguno dé en la diana del científico, y salir pitando. El plan es tan absurdo que no me extrañaría que se basara en algún caso real. Probablemente, una trama tan básica, típica de las novelas baratas de espías de los 70 (ésas que jamás hubiera creído que pudieran dar lugar a la saga Bourne: pero con los westerns pasaba muchas veces lo mismo), sería de lo más irritante para el lector (para este lector), pero enfundada en formas televisivas funciona muy bien.

Perkins deviene lo mejor de la función: se supone que es un agente especializado en misiones de alto riesgo (yo tampoco me lo explico, a no ser que sean específicamente de alto riesgo sanguíneo), por lo que el Departamento de Seguridad le encomienda hacerse cargo de la protección del señor Steiger. Flemático, alcohólico y descreído, Perkins protagoniza diálogos impagables, como cuando su superior le confía que el Ministro ha pedido en privado que no haya supervivientes entre los terroristas, para no dar pie a intercambios de prisioneros con Palestina: “¿Podría tener eso por escrito?”, apostilla un travieso Perkins, ganándose una amonestación ocular por parte de su jefe.

El final de Los hijos de la gloria es de una cínica y violenta clarividencia, sorprendente en un formato tan poco ambicioso. De hecho, su conclusión es magnífica. Da mucho más de lo que uno podría esperar de un telefilme donde sus protagonistas se llaman Jimmy y Sokarev.