December 27th, 2011 Migoya


Las Nuevas Hazañas Bélicas es otro sueño de proyecto que hemos conseguido sacar adelante un grupo de locos maravillosos:
Empezando por Joan Navarro, el director de Ediciones Glénat, y gracias también a la increíble aportación de varias estrellas de la historieta: Bernardo Muñoz, Perro, Beroy, Joan Fuster, Diego Olmos, Joan Marín, Daniel Acuña y Gallardo. Sin ellos, estos dos álbumes serían sólo otro sueño personal frustrado.

En una época en que la mayoría de autores españoles tienen que trabajar para Estados Unidos o Francia si quieren vivir de su talento, lanzar un proyecto de género tan ambicioso como Nuevas Hazañas Bélicas es casi un milagro.
Gracias a todos estos artistazos por haberlo hecho posible.

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October 5th, 2011 Migoya

Por el imperio (Diábolo Ediciones) podría considerarse la respuesta latina al estoicismo anglosajón de Frank Miller en su 300.
Esta obra épica en tres álbumes de Merwan y Vivès es una alegoría perfecta de la dualidad establecida entre la firmeza de la determinación humana frente a la intrusión irremediable de la vida: se podría considerar una plasmación artística modélica de la dicotomía entre lo apolíneo y lo dionisíaco, tal como la postula en nuestros días Camille Paglia y ha sido contraposición fundamental para una larga lista de filósofos clásicos.
El Capitán Glorim Cortis y unos cuantos soldados a su mando reciben la orden de expandir y salvaguardar para su Imperio las tierras halladas en el confín del mundo conocido y anexionado: sin embargo, lo que se promete como una expedición de jugosas recompensas, tanto en forma de saqueo y violaciones como de concesión de títulos y propiedad de haciendas, termina transformado en un periplo sin sentido ni fin: a la “gloriosa” e irrevocable voluntad humana se le enfrentan imprevistas incertidumbres que despojan de todo brillo y sentido su epopeya vital. De esta forma, el ciego y abnegado sentido del deber que es único motor de los soldados de 300 (expresado en ese mantra de cosificación colectiva, “We march”, que Merwan y Vivès también se apropian como himno de batalla al inicio de Por el imperio, traducido como “Avanzamos”), termina convertido en un hueco cascarón de desorientación y sinsentido conforme lo dionisíaco (lo femenino, lo pantanoso, lo viscoso, lo imprevisible) corroe y vacía de objetivos la ciega obstinación y el inflexible ardor de los soldados: su clarividencia imperialista. Al final, los que avanzan no saben ni por qué lo hacen ni adónde les lleva su tesón…
Así aniquilan estos dos autores franceses la fiebre y sed de aventura y glorificación de los héroes millerianos: la vida siempre gana la partida y extermina la más sólida (e irracional) tenacidad, socavando incluso la misma razón de ser de un peplum. De esta forma se da la vuelta a una constante de la imaginería anglosajona que ha alimentado su cultura popular (literatura, cine y cómic) durante muchas décadas: el valor incuestionable moralmente del valor.
La claridad narrativa de Merwan y Vivès resulta portentosa (impresionante toda la escena de la explotación sexual del “semental” Virgil o el enfrentamiento a flechazos de los soldados contra las amazonas); y el dibujo, de volubles formas, de lo más apropiado para lo heterodoxo de su propuesta “heroica”, convenientemente difuminada por el gozoso color de Sandra Desmazières. Para el lector amante de la aventura viril, Por el imperio es una lectura obligada: sentirá un tratamiento moderno y refrescante de las convenciones épicas y las motivaciones de la intrepidez, cuestionadas y hasta puestas en jaque; pero sin que se vea anulada en ningún momento la capacidad dramatica de emocionar y disparar a niveles estratosféricos nuestra testosterona.
Después de leer Por el imperio, una plácida calma se apodera de los sentidos: la misma calma que sigue al más violento de los orgasmos.


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September 5th, 2011 Migoya

En España sobran indignados y faltan profesionales.
Ése y no otro es el motivo de que un dibujante de la brillantez de Pau haya habido de esperar quince años para publicar una saga tan espectacular y rutilante como ésta, y que para disfrutar de su versión española haya tenido que publicarse primero en una industria cultural consolidada como la francesa. Tras casi veinte años trabajando en la profesión de los cómics, como autor y editor, creo que hasta que no hagamos procesión de humildad y aceptemos que somos una sociedad más analfabeta y menos entregada a vehicular los sueños que los imperios estadounidense y galo, difícilmente podremos quejarnos de nada que no sea nuestra propia ineptitud. Mientras sigamos en una “industria” de la que sus propios artistas no pueden vivir, no creo que tengamos derecho a nada más que a trabajar más duro y con más entusiasmo, exigiendo, eso sí, a los editores las condiciones de dignidad y derechos que el sistema en que habitamos nos ha enseñado a exigir. Lo demás es fomentar el inmovilismo, el oscurantismo, el cretinismo y la corrupción por la que somos tan célebres internacionalmente.
El primer tomo de “La saga de Atlas & Axis” es una de las experiencias infantiles más gozosas que he vivido como lector adulto de tebeos. Pau tiene en sus manos ágiles algo que le hace único: transmite felicidad con su dibujo. Su universo es colorista y su humor blanco, pero la ingenuidad premeditada que en cualquier otro artista se me haría insoportable, en el mallorquín deviene pura sensación de encantamiento: un chiste como el de “En casa del herrero sólo había cuchillos de palo, pero he encontrado esta espada de los piratas” me parece toda una declaración de principios, sobre la pureza de la mirada, sobre la predisposición al juego, sobre la esencia de la aventura… es como volver a leer por vez primera “La isla del tesoro”. Nunca he sido muy fan de los “funny animals” y jamás me han gustado los perros (supongo que porque no puedo soportar que guarden tanta fidelidad a amos tan poco dignos de ella): pero uno termina enamorado de Atlas, Axis, Mika, Raposa… y toda la variedad de personajes que enriquecen el universo cánido de la saga.
Esa ingenuidad premeditada (y sólo superficial) del álbum permite también a Pau plasmar de manera aparentemente inofensiva auténticos posicionamientos de sensibilidad desbordante sobre lacras muy humanas, como la guerra o la venganza. Pau tiene el don de dibujar violencia sin dejar de ser apto para todos los públicos (y sin que se vea obligado a prescindir de un profundo discurso anti-violencia). La condena de la violencia en Pau te desarma. Cuando digo que leer “Atlas y Axis” resulta una experiencia infantil, no me refiero a que sea un cómic (sólo) para niños: sino a que el placer que evoca bebe directamente del que sentíamos como niños al descubrir un mundo nuevo. Se me ocurren pocos ejemplos de historieta más recomendable para niños Y adultos. Regálense este tebeo: lo agradecerán ustedes y toda su familia.
Un olé a Pau por su talento y otro olé a la editorial Dibbuks por la edición y por un catálogo que cada vez me recuerda más a las dichosas (en su sentido literal) experiencias que de niño vivíamos cuando los padres nos compraban la Colección Olé.
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August 31st, 2011 Migoya
Bienvenidos de vuelta a mi blog.
He pasado todo julio y agosto escribiendo como un bendito. Son las mejores vacaciones que podría desear.

Este mes sale a la venta una nueva obra de cómic. Se trata de una adaptación que he escrito de Terra Baixa, una de las obras maestras del teatro catalán, del dramaturgo clásico Àngel Guimerà.
Para mí ha sido una oportunidad de adentrarme en uno de los textos en catalán más bonitos y vívidos que he leído nunca. Y también de formar tándem con uno de los autores de cómic más profesionales que conozco, Quim Bou. Somos amigos desde hace muchos, muchos años… nuestros caminos se cruzaron muchas veces, pero nunca había tenido el privilegio de trabajar con él como guionista en un álbum. Bueno, cualquiera que conozca a Quim sabe que es un hombre extraordinario, un amor de persona. Pero además es un dibujante excepcional y pocas veces se ha hecho tan agradable, emocionante y fácil colaborar con alguien. Es fantástico poder trasladar a Guimerà con tanto Robert Crumb y tanto Richard Corben metido en sus viñetas.
El álbum forma parte del lanzamiento de la película que Isidro Ortiz ha realizado para TV3, adaptando la pieza de Guimerà y que se estrenará este 11 de septiembre por la televisión autonómica. La película, por cierto, es muy buena.
Nosotros hemos tenido la posibilidad de beber del material original, incluyendo todas las escenas más controvertidas de la obra. Creo que el resultado os sorprenderá.
Por cierto, a Quim le acaban de nominar ¡por partida triple! como finalista de los Premios de la Crítica de este año, a Dibujo, Guión y Mejor Obra Nacional por su serie Orn.
¡Felicidades, Quim!
Así da gusto empezar la temporada…
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July 25th, 2011 Migoya
“¿Qué más da morir, si aniquilamos a nuestros enemigos?”. Inés de Requejo, la novia de El Sargento Furia

Ediciones Glénat continúa con su encomiable y económicamente poco provechosa labor de recuperación y redifusión de clásicos del tebeo español, labor jaleada por los pocos pero entregados aficionados que apoyan y divulgan cuanto pueden títulos demasiado olvidados: en esta ocasión, le toca el turno a El Sargento Furia, una historieta situada en el marco de la Guerra de la Independencia Española contra la invasión napoleónica de 1808 a 1814.
El primer cuaderno, ¡Emboscada!, se distribuyó gratuitamente en 1962 -el mismo año que Manuel Gago publicaba su serie El Guerrillero Audaz, también ambientada en ese conflicto bélico- junto a la joya de la corona tebeística de Ediciones Bruguera, El Capitán Trueno, y la nueva colección alcanzaría un total de 36 números semanales, vendiéndose cada ejemplar a 1’50 pesetas y terminando su andadura de forma considerablemente abrupta en enero de 1963.
El guionista de El Sargento Furia fue un habitual de Bruguera: el catalán José Antonio Vidal Sales, aunque firma como Cassarel, el mismo pseudónimo con el que también es conocido por sus adaptaciones de clásicos universales en la recordada colección de cómic Joyas Literarias Juveniles.En cuanto al apartado gráfico, correría a cargo de Joan Escandell, un excelente dibujante ibicenco que había comenzado a colaborar con Bruguera tres años antes (1959), llegando a formar parte de los “otros” dibujantes de El Capitán Trueno (o sea, todos los que no son Ambrós): cuando realiza El Sargento Furia cuenta solamente con 25 años y el resultado es francamente asombroso desde un punto de vista artístico.
-“¡AHORA VERÉIS A QUÉ PRECIO SE VENDE EN ESPAÑA LA DIGNIDAD DE LAS MUJERES Y LA VIDA DE LOS VALIENTES!”
El Sargento Furia es un tebeo de aventuras clásico en una década donde el género comienza a entrar en decadencia. Su planteamiento de personajes es también clásico, casi de cartón piedra: el héroe (el Sargento Furia, impasible el ademán) y sus dos prototípicos compañeros, el forzudo (un desagradable y patán Pata de Hierro) y el jovenzuelo (Tamborín, de presencia más bien etérea conforme avanzan las aventuras del trío) son los protagonistas de este no parar, de esta espiral de acción.
Acompañando el bando de los buenos (o sea, el de los españolísimos) destacan dos mujeres: el interés amoroso del Sargento, Inés de Requejo, hija del Corregidor de Alcalá, ignominiosamente muerto a manos de los invasores; y Juana la Brava, una pueblerina de armas tomar (hasta provista de hoz presenta batalla) que, curiosamente, encarna el interés amoroso de Pata de Hierro… aunque más bien sea Pata de Hierro el interés amoroso de ella: pues más de una vez sale el mozarrón escopeteado, corriendo asustado delante de Juana, que quiere casarse con él a toda costa, en persecuciones engorrosas pero que terminan por constituir, desde el punto de vista de la aportación guionística, lo más interesante y original del conjunto.
-“NI EN LA DERROTA PIERDE LA PRESTANCIA Y EL ORGULLO DE SU RAZA”
El frente de villanos está constituido por una galería poco lucida: el más reincidente de todos es el Coronel Corbeau, jefe de la unidad de represión de los “gabachos”, y que resalta (obviamente) por su talante sibilino, pronto a la traición y esclavo de sus intereses egoístas; en torno a él pululan oficiales franceses varios, más o menos honorables, pero el protagonismo rufianesco de Corbeau se lleva la palma.
En segundo plano, no del todo (por no decir nada) aprovechada, está la Condesa de Nevers, supuesta espía de Napoleón, aunque no la vemos espiando en ningún momento, como no sea el perfil apolíneo del Sargento Furia, que la inspirará a decir(se), cuando sea visitada por una Inés sollozante ante la detención de su amado: “Si ese hombre no puede ser para mí, tampoco será para esa muchacha que ha venido a implorarme su vida…”. Una buena motivación para la aristócrata que, lamentablemente, no evolucionará más allá del cliché ni representará un papel trascendente en el devenir de la serie.
Un personaje atípicamente interesante es la robusta Capitana Fedala, hija de francés y argelina, al mando de un barco que transporta fieras del África, figura inesperada que podría haber constituido un aporte más nutritivo al bando de los malos… pero el precipitado cierre de la serie hace que devenga poco más que una guinda curiosa.
-“¡LOS ESPAÑOLES MUEREN… PERO NO SE RINDEN NUNCA…!”
Si en el recientemente reeditado El Teniente Negro (otro cómic del mismo período, principios de los años 60, con héroe algo más elevado en el escalafón) destacábamos el considerable atractivo que el enrevesado y delirante guión de Silve Kane (el reputado escritor Francisco González Ledesma) podía ofrecer al lector de hoy, al presentar una Guerra de Secesión Americana como metáfora obvia de nuestra Guerra Civil Española (¡una guerra camuflada en otra!), permitiéndosenos obtener jugosas conclusiones racionalistas incluso en sus giros y vericuetos más absurdos, el libreto de El Sargento Furia no concede más que una única lectura unidireccional y plana, pues en su exposición argumental no hay giro ni vericueto, metafórico ni literal: sólo una huida hacia delante de situaciones límite y non stop action al servicio de un mensaje patriótico, simplón y reaccionario, afortunadamente ya esclerótico, si no obsoleto, en la propia época que lo vio nacer, pues las declaraciones más profundas que los protagonistas se dan el lujo de pronunciar en algún remanso entre tiroteo y cabalgada son siempre -no por encendidos menos rutinarios- cantos a la nación y a su infinita capacidad de resistencia… pura propaganda nada sentida, sino más bien protocolaria, expelida por automatismo al gusto del ideario preeminente en la vida oficial por razones obvias de una dictadura.
¿Dónde estaba Víctor Mora cuando más se le necesitaba? Si el creador de El Capitán Trueno embelesaba con su dominio del ritmo narrativo, su caracterización de héroes y villanos, su capacidad de despertar empatía inmediata hacia figuras y motivaciones, su cómplice y sabiamente intercalado sentido del humor, y su control de los tiempos muertos, durante los cuales sus personajes reflexionaban o cavilaban en torno a temas pertinentes a la aventura en curso o de interés psicológico indeleble, que les hacían más cercanos al lector… por no hablar de su invención de hazañas siempre al servicio de nociones progresistas y apátridas, cuando en la ficción española no era tan fácil apuntarse a llamamientos en nombre de la libertad de los más débiles… en El Sargento Furia nunca hay espacio para el tiempo muerto -aunque sí, y mucho, para los muertos- o la reflexión. Y si a algún personaje heroico se le ocurre detenerse a pensar, la única conclusión que saca es un aserto patrioteril; así como si algún villano interrumpe, a su vez, sus villanías para expresar un pensamiento íntimo, siempre es de reconocimiento apabullado hacia la gallardía de su rival…
Hasta el inicuo Corbeau confiesa su admiración por el enemigo que le trae de cabeza, aunque tal elogio no concuerde con su espíritu ruin y ponzoñoso: “Debo reconocer que (el Sargento Furia) es un valiente… y que mientras España siga teniendo como defensores a hombres como ése, no podremos reducirla”.
En este sentido, todos los personajes españoles nacen con vocación de átona “voz del pueblo”, y así se comportan…
-“TE HAS CONFIADO DEMASIADO, SARGENTO FURIA. ¿OLVIDAS QUE A LAS SERPIENTES HAY QUE REMATARLAS?”
De esta manera, el mayor interés intertextual de El Sargento Furia consiste en dejarse seducir por los sinsentidos que a veces presentan villanos y situaciones (¡Esas leucóspides venenosas! ¡Esa bruja Basilida hostigando con arco y flechas! ¡Ese bandolero Cuchillada y su extravagante colección de figuras heladas! ¡Acisculo, eeeesa iguana carnívora!), así como por las incoherencias que un guión escrito con la misma improvisación y el mismo atropello con que Furia y los suyos huyen de los franceses o los acosan -se diría confeccionado sobre la marcha… de uno de los caballos a la fuga o al ataque- va acumulando porque sí: por ejemplo, la demencial boda planeada entre el canallesco Capitán Besanmont e Inés… ¡pactada a cambio del plano de un tesoro…! (y cuando Inés se niega a entregar el plano… ¡ya no hay boda!); o la caída de nuestros héroes formando parte de un alud ¡que les permite sobrevivir sin grandes traumas porque han caído encima de cabezas menos duras!; o cuando el General Lapisse ordena a su cañonero que rectifique el tiro… ¡cuando el tiro previo de cañón ha acertado de pleno a los protagonistas, pero al guionista no le ha dado la gana de que se mueran!; etcétera, etcétera…
También causará gracia al lector avisado la portada titulada Lucha en la nieve, por venir acompañada de una ilustración donde no se ve la nieve por ningún recodo… o esos inesperados y, bien mirados, apasionantes escamoteos gráficos de acciones básicas: como en la página 10 del episodio 30, cuando el Sargento Furia se abalanza sobre Cuchillada en la penúltima viñeta… para aparecer en la última tendido ya en tierra por un puñetazo ¡que no hemos visto!; o la aún más vertiginosa elipsis del episodio final, el 36, por la cual nuestros héroes están primero a bordo de un barco… para en la viñeta siguiente aparecer flotando ya en el agua, merced a un presunto cañoneo inmisericordioso que ha llevado a pique el bajel ¡sin que ningún dibujo nos haya informado al respecto!
Sin embargo, exceptuando estos parches que no logran achicar, más bien redoblan, las aguas que hace el guión, la labor profesional de Joan Escandell a los lápices y tinta es encomiable y concentra un cúmulo de virtudes que hace de la lectura de El Sargento Furia un placer narrativo y estético considerable: su sentido de la composición es correctísimo y su dibujo, pese a cierto amaneramiento típico de la historieta romántica en personajes y expresiones, alcanza niveles muy meritorios, especialmente en las secuencias de acción.
En dichas secuencias, las perspectivas son siempre ágiles y dinámicas: un golpe de vista es suficiente para que el lector se haga una composición de lugar y acciones; y para que se le comunique un sentido de trepidante emoción a lo que está leyendo/siguiendo con la mirada.
Quizá los personajes adolecen de una falta de empatía en los rostros dibujados, aquella empatía que Ambrós tan magistralmente sabía imprimir a los suyos; pero, por otro lado, Escandell era, a sus 25 años, un dibujante clasicista y moderno al mismo tiempo: más dinámico que el mencionado Ambrós y, también, más sofisticado (véanse si no su excelso trazo en el dibujo de los tiburones del episodio 13, página 2; o la excelente viñeta 4 de la página 7 en el episodio 30, cuando Pata de Hierro es aferrado hasta el incordio por numerosos soldados enemigos; o la impactante splash page de la página 8 en el episodio 33…).
Resulta, para terminar, cuando menos irónico y hasta paradójico que el editor responsable de devolver a la luz esta ingenua y bellamente dibujada oda españolista sea un obcecado independentista catalán. Por fortuna, hay algo en él que está por encima de su militancia nacionalista: su amor absoluto (que no absolutista) por los tebeos.Como dice el ladino Corbeau en uno de los innumerables momentos en que tiene al héroe en sus manos, justo antes de (creer) ajusticiarlo: “He aquí tu fin, Sargento Furia. ¡Seguro que la Historia no hablará de ti…! ¡Jo, jo, jo!”.
La Historia de los Tebeos sí, gracias mayormente al dibujo del gran Escandell… ¡y gracias también, en esta ocasión, a la financiación de los franceses!
¡Chúpate ésa, Corbeau!
Prólogo de El Sargento Furia (Ediciones Glénat, 2011)
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May 25th, 2011 Migoya

No solamente se va a la mierda. Es muy probable que además el país se lo merezca.
Aleix Saló pertenece a una nueva generación de humoristas satíricos catalanes que parece tocado por la virtud de expresarse sin ningún pelo en la lengua. Su dibujo es amable, pero el fondo de sus gracias no. Desde las primeras páginas (”Dame argo pa pagar el seguro de mi BMW”) de su cachondo análisis sobre la deprimente realidad española (y lo de deprimente no se circunscribe al período de crisis, ojo), un lúcido Saló reparte palos para todos y nos pone a cada uno en nuestro sitio.
El principal mérito, pues, de Españistán: este país se va a la mierda es su osado posicionamiento artístico que le desmarca claramente frente al ombliguismo victimista tras el que la mayoría del artisteo se ha hecho fuerte frente a la crisis. Para un artista lo más fácil es hacerse pasar por otra víctima, asumir como si fuera un actor (empeño no muy dificultoso, convendréis conmigo) que los que se quejan de la crisis son cien por cien víctimas virginales sin ninguna culpa ni responsabilidad en lo ocurrido: así, los malos siempre son los demás (los de siempre, además: esos “políticos” que al parecer ningún ciudadano elige y esos “banqueros” a los que nadie acudió para contribuir a la burbuja de posesiones materiales). Ésta es la visión que al artisteo en conjunto le interesa proyectar y desde la que le interesa posicionarse: la de “solidaridad” y eco del “victimismo”, pues como mero eco pasa a formar “parte” de dicho victimismo y, a partir de ahí, puede recolectar una feraz vendimia de simpatías y agradecimientos públicos: estrategia populista, similar a la de muchos de esos políticos señalados como “culpables”. Ya sabemos que el pueblo nunca es responsable de lo que escoge y hace…
¡Qué fácil y agradecido es caer en la propaganda!
Sin embargo, y para asombro e incomodidad de muchos (la central de compras de El Corte Inglés ya ha rechazado vender su libro), Saló es un artista lúcido y auténticamente comprometido. Si no resulta cómodo adoptar ese posicionamiento creativo, él va y lo reafirma con su despiadado Epílogo, que en realidad nos podría servir de leyenda introductoria a la fábula que propone su obra: “Superada la década, y ya en pleno año 2011, lo único que le ha quedado al ciudadano de a pie es una larga lista de recortes sociales y penurias económicas. La brecha entre ricos y pobres ya no es una brecha, es un abismo. Ya no hay clase media, solo mileuristas. Y por no poder, ya ni siquiera podemos recurrir a la cultura del esfuerzo para progresar, pues esta ya no es válida en una sociedad que premie el trilerismo por encima de todo”. No queda pájaro por atizar.
Me sorprende la perspectiva abiertamente antropológica que, empezando por el título, Aleix Saló proyecta para desarrollar este su El Señor de los Anillos ibérico y tragicómico: ¿será porque Saló es de periferia? En cualquier caso, Españistán se define como una obra que nos radiografía con cariño pero sin compasión: como haría un padre que quiere quitarse de encima al “niño” de 35 años que no se le va de casa. En sus páginas están todas nuestras lacras atávicas: tendencia al apalancamiento laboral, a la burocracia interminable, a la pereza endémica, a la quejadumbre crónica…
Tengo mis reticencias sobre otros aspectos de las cualidades de Aleix Saló: no estoy convencido de que el cómic sea el medio ideal para sus sátiras, por ejemplo. Eso no es necesariamente un defecto. Como le ocurre a Paco Mir, quizá la historieta suponga en su caso solamente una plataforma de despegue, un “yo me lo guiso yo me lo como” que más adelante tome otras formas expresivas, sustitutivas o complementarias. No me extrañaría ver a Saló en un futuro cercano integrado en algún magazine humorístico de TV, o guionizando vitriólicas comedias, o estrenando obra de teatro o…
En cualquier caso, los españistaníes tenemos mucha suerte de que Aleix Saló exista.
PD. Este viernes 27, a las 19.00 horas, se presenta Españistán: este país se va a la mierda, en la Librería Bertrand de Barcelona (Rambla de Catalunya, 37).
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March 17th, 2011 Migoya
“¡Ahí va el Ebro!”. Jesús al correrse en su hija en AL 3er DÍA, de Enric Rebollo

Las modas siempre me resultan desconcertantes. ¿Por qué los zombis están más de moda que nunca? ¿Tan apocalíptica se siente la gente?
Mi revisión de zombis favorita sigue siendo El amanecer de los muertos de Zack Snyder. En su momento, no leía la serie de cómic The Walking Dead por las mismas razones que aduzco aquí; la serie de TV no pienso verla, porque en ella está metida uno de mis Anticristos, el insoportable Frank Daranbont (que, por cierto, físicamente parece el padre de Rebollo): de todas formas, gente de la que me fío me ha dicho que la serie es muy floja; y mucha gente de la que no me fío ha dicho que es una obra maestra.
Hace poco intenté leer el tomo Crossed, con guión del hiperproductivo Garth Ennis, y no pude pasar del segundo capítulo por desustanciado y mal dibujado: es fabuloso comprobar con estos guionistas que no hay nada más beneficioso para un autor “provocador” que nacer en el Primer Mundo. Si te pasas tres pueblos en España, te vetan por tu propio bien y te dicen que hay cosas de las que uno no se puede reír; si te pasas tres pueblos en Inglaterra, (en España) te consideran un héroe transgresor. (Y, por cierto, a Jacen Burrows le hubiera costado muchísimo publicar un cómic en vida si hubiese nacido en España).
Enric Rebollo es mi héroe transgresor. Y Al 3er día es un cómic muy divertido, más bruto que un arado, de brutalidad cañí. Su protagonista me gusta porque parece una versión “retroactualizada” de mi añorado Hombre. Y Rebollo dibuja con la facilidad pasmosa de la vieja escuela, atiborrándote de viñetas que te dejan boquiabierto.

Que sí, que hay un partido del Barça-Madrid entre zombis; que hay niños metiéndose farlopa y que el protagonista se tira a su hija para prorrogar la especie; que hay masacres de muertos vivientes por donde quiera que mires; y que te ríes un montón. Además, el tomo incluye una historieta de complemento titulada Un día en la vida de un zombi que es lo mejor de la función: CASI te mueres de la risa: como mínimo te zombificas. Al finalizar la lectura, dan ganas de exclamar: “Enric, me has matado al hijo, ¡pero me he reído…!”.
Lo mejor: que Rebollo es un genio del humor negro al que deberíamos mimar mucho más. O al menos mimar mucho. O al menos mimar. O al menos.
Lo peor: que Rebollo debería estar produciendo, como dice en esta interesante -y reveladora- entrevista (donde ha colado una de sus míticohilarantes frases rebollistas: “¡Dibujo zombis como un verdadero diablo!”), un cómic de éstos cada cuatrimestre… y con el subdesarrollo español, mental e industrial, una entrega prometedora se queda en obra única.
PD. Y a mí este otro cómic de zombis también me hacía gracia. ¡No está peor dibujado que Scott Pilgrim!
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February 21st, 2011 Migoya
“A los freakies como tú tendrían que mataros cuando nacéis”. Historias increíbles de Man.

Man está creando una considerable obra pornográfica (dejémonos de eufemismos) gracias a la recopilación en bonitos álbumes de sus historietas cortas para la revista Kiss. Historias increíbles es el nuevo volumen que acaba de salir a la venta, recogiendo su última tanda de cómics cortos, de vuelo autoconclusivo pero interrelacionado; concebidos precisamente, pues, para su compilación y disfrute como obra con sentido global.

La historieta más divertida (todas están dibujadas con una clase prístina y primorosa, que no excluye lo pringoso de su contenido, como debe ser) es aquella en que una policía digna de ser encarnada por Michelle Rodriguez termina raptada por un adolescente (mayor de edad por si algún legislador vuelve a confundir ficción con realidad) y violada por él tras enfundarse un traje de superhéroe customizado, con el que exhibe un valor que desnudo no posee: su pene es demasiado pequeño, pero arropado por sus fantasías superheroicas, tras la máscara de El Follador sin miedo (sic), se transforma en un individuo capaz de todo.

Fantástica metáfora de todos nosotros como lectores y el desfase que vivimos entre la realidad y las fantasías a las que nos hacemos adictos. Man utiliza el terreno de la expresión artística que domina (y que se le permite) para hacer una crítica demoledora contra la pacatería de nuestra sociedad actual y contra las almas de los censores, camufladas hoy día -¡como siempre!- de buenas intenciones tanto a un lado como al otro del espectro ideológico.

Ediciones La Cúpula tiene publicados otros dos interesantes libros de historietas porno de Man: Huesos y Tornillos, una ambiciosa fábula futurista con mucha miga y semen…

…Y Universitarias (que podrían ser pre-universitarias si los tiempos que corren fueran más libres), su primera obra para Kiss, un universo no man’s land donde las chicas tienen siempre el control de sus satisfacciones sexuales.

Tres buenos ejemplos de creatividad que vindican la libertad de la fantasía y, por ende, la libertad a secas, humedeciendo a sus lectores y lectoras de paso.
Y que parecen indicar una vez más que el cómic es uno de los pocos reductos de libertad creativa que nos quedan, debido paradójicamente a la poca atención mediática que muchos de ellos aún reciben, incluso dentro del propio medio (todos sabemos que para el establishment burgués, el porno no es digno de atención).
Una reflexión pertinente: ¿Significa eso que para poder crear con libertad, los autores tenemos que intentar PREMEDITADAMENTE pasar desapercibidos?
Sería demasiado triste que así ocurriera. En todo caso, ¿verdad que lecturas como ésta nos hacen quitarnos mucha mierda de la cabeza y recuperar el poder catártico de la ficción? ¿Cómo te sientes tú?

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January 9th, 2011 Migoya

“-¡Ay, mis pielnas!
-¿De dónde diablos has caído?
-Este chino es sospechoso.
-¿Tú has hecho algún disparo antes?
-¡Yo no sé nada!
-¿No sabes nada? ¿Tampoco has oído nada?
-No, señol.
-Está medio idiota. ¡Lárgate de aquí!
-¿Le suelto un estacazo?”.
El barco embrujado, segundo cuaderno de Roberto Alcázar y Pedrín
No sé si ha resultado más perturbador comprar esta primera entrega del relanzamiento por parte de Planeta deAgostini del cómic ¿clásico? Roberto Alcázar y Pedrín y contemplar su dibujo, indigno del fanzine más mugriento extraído del underground más profundo, matizado con los entonados del coloreado por ordenador; o leer sus aventuras cuando se cumplen justo ¡70 años! desde su primera aparición en el mercado español (enero de 1941). Les confío dos revelaciones inquietantes: 1) el coloreado por ordenador me gusta (más que el dibujo original de Vañó); 2) y sí, confieso que la lectura me ha resultado más perturbadora.
Vaya por delante que la perturbación (auténtica, inédita) que me ha provocado leer los seis primeros cuadernos recogidos en este agradecido volumen viene no tanto por la supuesta filiación falangista/fransquista que se le presupone a la serie, y que al menos en estas primeras historias tampoco va más allá (que no es poco) de lo que uno quiera elucubrar a partir de la rígida estética del tebeo y las imperturbables conductas apolíneas y modos inconmovibles de los personajes protagonistas (sólo traicionados por ese dibujo a rayotes más propios de un panfleto ochentero de la izquierda radical), pues alusiones políticas no hay; como sí me afectó la violencia inmaculada y pura que los personajes ejercen sin ton ni son y a troche y moche, inopinadamente, apenas difuminada por algunas concesiones finales que les llevan a dejar los restos para la “justicia de los blancos”. Vamos, Mike Hammer al lado de éstos es un discípulo claramente desaventajado.
Qué lejos estábamos aún de los héroes compasivos de Víctor Mora o incluso de los de Hazañas Bélicas.
En particular, me ha dejado anonadado comprobar que el famoso Pedrín , el gracioso muchacho de las ¡ostras!, es en realidad un caso precursor y modélico de niño proto-psicópata, quizás el primero de la historia de la ficción española. Dexter a su lado es un piadoso aspirante a Juan Pablo III.
La primera historieta de la serie establece a Roberto Alcázar como periodista en ruta a Buenos Aires para hacerse cargo de una herencia: en plena travesía, paga el pasaje de Pedrín (del que no se aclara su edad, pero que aparenta ser poco más que quinceañero) al haber sido éste descubierto como polizón a bordo del trasatlántico que les traslada. Nada sabemos sobre el motivo por el que Pedrín se ha colado de polizón en ese barco y qué pasado deja atrás: sin embargo, a poco de conocerle y saber de sus gustillos y aficiones, yo aventuro que seguramente se vio obligado a huir de España tras quemar vivos a sus padres y descuartizar moribundos a sus abuelos.
El chico pronto empieza a hacer gala de un apego casi erótico y perverso por la violencia y una búsqueda de pretextos aventureros en Argentina y Paraguay (buenas les cayó a los pobres americanos) que le permitan ejercerla, tendencias psicóticas que alteran grandemente la calma del lector y uno diría que incluso la del propio Roberto Alcázar: pues detrás de tanta gallarda pose con pitillo encendido, yo creo que se esconde un periodista arrepentido de haber adoptado al sádico zagal y que, a base de caladas, intenta simular templanza mientras cavila cómo coño deshacerse de semejante monstruo suelto en plaza. Primero le proporciona una pistola de salvas para que se entretenga, haciéndole creer que dispara balas genuinas, sabedor del peligro que corre el mundo si le endosa un arma de veras; después ya le alcanza una metralleta real, porque sabe que es la única manera eficaz de mantenerlo distraído: así, Pedrín se queda pegado al arma de fuego, acribillando sin piedad a varios delincuentes, mientras se regodea extasiado: “Esto da gusto”, murmura ido el niño psicópata, sin saber, literalmente, cómo parar.
Roberto Alcázar y Pedrín es un clásico del tebeo español porque, se mire por donde se mire, fue un fenómeno de ventas y de influencia cultural. Artísticamente -aunque después tengo entendido que el arte de Vañó se refina un poco y los guiones ganan ni que sea en encanto-, estos seis primeros cuadernos no retienen gran mérito, ni siquiera para buscadores de pepitas como yo, capaces de extraer oro del paisaje más yermo.
Quizá ese mérito que el inicio de la serie pueda retener -o haber adquirido en estos 70 años- sea, precisamente, su capacidad de perturbar.

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December 13th, 2010 Migoya

Por razones personales, esta semana he regresado a Barcelona.
He pasado medio año maravilloso en Lima (con incursiones puntuales a Buenos Aires, La Paz y el norte del Perú), seis meses de vacaciones memorables. Me he dedicado básicamente a llenarme después de lo vacío que me quedé con la escritura de mi última novela. Me alejo de Lima extrañando sus colores y aromas, sabores y estridencias, la conducción a trompicones, la prensa chicha, los ojos vidriosos de los bebedores, los jeans marcando vulva, la improvisación como modus operandi… y la generosidad de su gente.
Mi intención ahora es respirar a través de lo que escribo. Vuelvo a estar lleno.
A continuación, paso a relacionar cuáles han sido mis novedades editoriales en este 2010 y cuáles están horneándose, a punto de caramelo.
QUÍTAME TUS SUCIAS MANOS DE ENCIMA

Me reconozco perplejo ante lo que ha pasado con Quítame tus sucias manos de encima. Hace unos días, Norma Editorial hacía circular una nota de prensa con todas las frases valorativas generadas en torno al libro, y su contenido me dejó boquiabierto. Acostumbrado a ser el primero en no respetarme a mí mismo, se siente uno muy raro leyendo tal cantidad y calidad de elogios. Confieso que estoy considerando seriamente el suicidio, para que esta obra conste como mi última novela. De otra forma, me será muy difícil superarla.

Una de las fantásticas ilustraciones que acompañan la novela: éste es el original a tinta, obra de César Carpio, quien me lo ha regalado como muestra de una amistad a prueba de machetes.
CHIQUI ¡BANG! ¡BANG!

Ya he hablado muchas veces del último cómic que he publicado: Chiqui ¡Bang! ¡Bang! es una obra la mar de marciana para el mercado español, un mercado donde los productos comerciales suelen resultar anticomerciales, si antes no han obtenido el beneplácito de papá Estados Unidos o mamá Francia. Sin embargo, la idea de convertir a Chiqui Martí en heroína de historieta garantiza el carácter kitsch que esta obra tendrá dentro de unas décadas y nos ha permitido desarrollar una aventura donde lo más increíble resulta que fue cierto. El proceso del álbum se reveló divertidísimo, especialmente por lo que me reí colaborando con esas dos bestias del cómic que son los paisanos de Mario Vargas Llosa (no ya peruanos: además arequipeños), el dibujante César Carpio y el colorista Diego Rondón.

Starring: Chiqui Martí.


Guest Starring: El Presidente y La Princesa
LAURA POP

El primer proyecto en proceso para este año que viene está en realidad ya terminado: Man y yo sólo estamos esperando que Glénat escoja la manera de comercializarlo. De momento, sólo puedo adelantar que es un cómic romántico, que Man nunca ha dibujado tan bonito y… mmm, ¿que sale Morten Harket?

PLAGIO

Después del buen sabor de boca que nos dejó trabajar juntos en la novela gráfica Olimpita, el dibujante Joan Marín y yo repetimos con un más difícil todavía: Plagio, una crónica con pelos y señales del secuestro de tres días que mi mujer sufrió a los 18 años en la capital peruana. El trabajo de Marín, que viajó a Lima para documentarse en los lugares exactos donde mi pareja sufrió su encierro, es impresionante. Lo que tenemos entre manos es tan grande que los dos nos sentimos emocionados y asustados al mismo tiempo. Nuestra intención es tener la obra terminada para ser presentada en el próximo Salón del Cómic de Barcelona.

UNIDOS EN LA DIVISIÓN

El problema con la Guerra Civil Española no es que la mayoría de artistas españoles terminen realizando una obra sobre dicho conflicto (algo de lo más lógico tras un trauma histórico de tales proporciones), sino que casi nunca se haga desde el propósito exclusivo de entretener. Así, tenemos un montón de películas sobre la Guerra Civil… ¡pero ninguna es una peli de guerra!
Por eso, aunque no me centre en nuestra guerra civil -yo creo que aún me dará tiempo de presenciar la Segunda y traducirla a la ficción-, no he guionizado un único cómic de guerra con soldados españoles de protagonistas, sino DOS. El primero se basa en las experiencias de los españoles que, en la División Azul, viajaron a Rusia para luchar junto a los nazis alemanes contra los comunistas rusos, un hecho histórico apasionante que paradójicamente casi no se ha explotado desde la ficción española… al menos en democracia. Bernardo Muñoz está terminando con aplomo y rigor esta aventura titulada Unidos en la División, cuya gestación he disfrutado como ningún otro proyecto.
DOS ÁGUILAS DE UN TIRO

Bueno, para ser sincero, este proyecto lo he disfrutado tanto como el anterior: los protagonistas de Dos águilas de un tiro son exiliados españoles que vivieron hacinados en los campos de concentración franceses durante la II Guerra Mundial, durante la cual algunos terminaron integrándose en la Resistencia. La gran noticia es que el dibujo de este álbum lo está realizando un maestro absoluto que admiro desde que yo era imberbe: el gran, inimitable Beroy. Con artistas como él, no hay nada que uno disfrute más que escribir cómics.
ESCUELA DE PERRAS

Hacía años que no guionizaba cómic pornográfico y ya me picaba el gusanillo… La excusa perfecta ha sido conocer a Andrea Jen, el fichaje transoceánico de la Línea Gaijin y un alma gemela con quien he compartido ideas de lo más osadas y surrealistas. Juntos estamos componiendo, por pura diversión, esta Escuela de perras, donde el hasta ahora comedido lápiz de Andrea se desboca para ofrecer imágenes de un desmelene, exuberancia y desenfreno carnal apoteósicos.

Impresionante original a lápiz que Andrea realizó para ilustrar una edición argentina de Alicia en el país de las maravillas y que… ejem… también me regaló.

Ahora debo seguir trabajando. Gracias por vuestro apoyo y cariño.
La primera y la última ilustración de esta entrada son asimismo obra de Andrea Jen.
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