UNA MIGAJA DE CRUMB
Peter Bagge me ha explicado una anécdota de Robert Crumb que no me resisto a contar aquí.
Resulta que Crumb (buen amigo y hasta cierto punto mentor del propio Bagge) vive desde hace años, como todo el mundo sabe, en el sur de Francia, en una villa supuestamente idílica: su semi retiro responde a esa imagen típica pero no exenta de exotismo del estadounidense autoexiliado de su propia patria, porque supuestamente no puede entender la locura de la vida capitalista y moderna. Vamos, ese reniego por parte de un artista gringo del país de MacDonalds que tanto nos complace a los europeos (es como en Cataluña cuando un negro habla catalán: siempre puedo oír a algunos de mis paisanos catalanistas derritirse de orgullo). En este caso, habría que añadir que las escasas habilidades sociales de Robert Crumb probablemente hayan tenido bastante que ver en su decisión migratoria.
La cuestión es que, diecisiete años después de vivir en Francia (se instaló allí en 1991), resulta que Crumb habla a duras penas el francés. O sea: en el fondo, es el típico estadounidense.
Pues bien, la historia es sencilla: comprobados sus problemas de adaptación con la lengua del país que le acoge, la gente cercana a Crumb le convenció de que, ya que tenía bastante tiempo libre, se animara a contratar a algún nativo que le enseñara francés. Allí en el pueblo vivía un chico que estaba desocupado, que no trabajaba en nada. Le recomendaron que le empleara como profesor a domicilio, para así aprender de él la lengua gala.
Pues bien, Robert Crumb contrató al muchacho y, cuando llegó el momento de recibir su primera clase, ¡descubrió que el chaval era el tonto del pueblo!
Era el idiota del lugar. Naturalmente, por eso estaba desocupado, sin trabajo.
Y por no hablar la lengua del lugar, Crumb ni se había enterado.
¿No os parece una fábula hilarante?

Crumb preocupado porque no sabe francés.
April 25th, 2008 at 4:08 pm
Hilarante? pues la verdad es que no , es una anecdota entre normalita y de las que no se cuentan por no llegar a mínimos…
April 25th, 2008 at 6:55 pm
Muy buena. Y vale, era el tonto del pueblo y tal, pero ¿consiguió que le diera clases, o qué?
April 26th, 2008 at 9:12 am
Joder Hernán, no sabía que ibas a estar en el Salón. Me hubiera gustado verte.
Un placer leer cosas sobre el viejo tío Bob.
April 26th, 2008 at 11:02 am
Como digo yo siempre en estos casos, la anécdota en sí no está mal, pero lo que es bueno de verdad es el reparto.
April 26th, 2008 at 11:08 am
Bob, quién es Bob?
April 28th, 2008 at 7:08 am
Humbertus: mmmmmm, oooooh, aaaarf, esto es lo que más echaba de menos del país. Ese resentimiento ibérico me pone…
La Perse: Me imagino que ahora habla un francés de nivel básico.
Ricardo: Lo mismo digo.
Tyrexito: Pues sí. Por cierto, cuando usas esos emoticonos, tengo la misma sensación antitética que si James Bond repartiera flores. Me… desconciertas.
Cirílo: ¿Bob? Yo no me llamo Bob.
April 28th, 2008 at 8:08 am
Quizás Cirilo ha llegado aquí por medio del enlace que puse yo titulado Una anecdota del viejo tío Bob…
April 29th, 2008 at 6:14 pm
jajajaja
resentimiento iberico? naaaa.
esperaba un final de la anecdota al estilo crumb:
salió corriendo , buscó una francesa musculosa y lloró en sus pantorrillas musculosas.
May 2nd, 2008 at 1:15 pm
¿Y con ese final sí la considerarías una anécdota digna de ser explicada?
Francamente, querida, me parece un final entre normalito y de los que no se cuentan por no llegar a mínimos…