“BORRA” DE LUISD: LA TEXTURA DEL OLVIDO

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Esta novela gráfica del ¿novel? LuisD, primorosamente editada por Ediciones La Cúpula, salió a la venta hace varios días, pero tenía mis reticencias a la hora de leerla: el motivo es que no soporto el cómic nostálgico.

Sin embargo, la nostalgia es en esta propuesta tan sólo un medio, un mirador más bien para apreciar mejor el desastre existencial. Su autor es demasiado inteligente para afiliarse al ombliguismo de tantos otros autores de historieta, a ese “qué feliz fui” del niño urbano mimado que de repente se sabe adulto y quiere aferrarse para siempre a los códigos irresponsables de la adolescencia: el anhelo de casi todo artista, en cierto modo. Quizá por eso la mayoría de artistas son unos padres de mierda.

En Borra, LuisD utiliza la nostalgia, insisto, como parador desde el que otear la hecatombe que resulta a largo plazo la vida. Quizá lo hace por exceso de lucidez. El caso es que su mirada incide especialmente en el esqueleto que deja el pasado. Es como si hubiera hecho un alto en su propio camino vital y nos dijera: “Rememorar es empezar a morir”.

La borra es la pelusa que no se aprovecha del tejido. Es el resto que no sirve para nada pero todo lo invade: sólo para testimoniar. Y este cómic está lleno de restos, de esqueletos al fin: no os dejéis engañar por el dibujo intimista y cuco del autor. El cabrón nos la mete doblada y uno penetra en ese túnel de los horrores confiado en la pulcritud y concisión de trazo y sólo se encuentra decadencia y la ropa perdida de tizne.

Me fascina la textura entrelazada e inextricable de Borra, el hecho de que no haya ninguna historia (sólo trayecto, cosa que agradezco, obligado a leer cada día tantas malas historias), la calidez del dibujo y, pese a todo, la dureza de fondo. La borra no es el único desecho orgánico que recorre el libro: nos topamos también con animales, con restos de animales, tanto en la memoria remanente (en los “restos” de memoria) del protagonista como en la peripecia narrada. Esa morbosa (¡pero lógica! Lo antinatural es la ocultación social de la muerte) obsesión por lo que dejamos al morir me fascina en este cómic: LuisD convierte el mundo en una especie de cementerio en continua renovación de stock.

Para terminar, habrá más de un lector que perciba en toda la obra los motivos y tonos de un escritor que por coincidencia generacional yo también venero: Stephen King. Es difícil no presentir en esa ruta iniciática de los cuatro amigos de la infancia o en la obsesión por la muerte y las “cosas muertas” (entendiéndose “cosas” en el sentido amplio, inclusivo de la palabra),  los colores y motivos de Stephen King, especialmente de mis dos obras favoritas del autor de Maine: El cuerpo y Cementerio de animales. Pues sí, es como si LuisD se hubiera impregnado de King y se hubiera quedado en exclusiva con el elemento natural.

El terror ya está en los ojos del lector.

Pero lo que más agradezco de todo es que LuisD no haya incluido en el libro ninguna referencia a canción alguna de The Smiths. ¡Eso demuestra que estamos ante una obra “nostálgica” diferente!

PD. Sé que revisitaré este cómic más veces, la singular estructura de la obra se presta a ello. Asimismo, su autor ha abierto un blog con las huellas y guiños que os pueden llevar hasta Borra. Visitadlo, merece su incursión.



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