EL DESQUITE DEL CRÍTICO

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“La mujer castigada. ¡Qué magnífica alegoría! Es castigada por ser atractiva, por seducir, por calentar. Es castigada por gustarnos. Es castigada por ser mujer, en suma. El eternamente merecido castigo de la feminidad”. Nueve colores sangra la luna de Carlos Aguilar

El año pasado compré en un centro comercial de Lima esta novela del especialista cinematográfico Carlos Aguilar, un caballero del que guardo muy buen recuerdo de algunos encuentros en festivales durante los años 90. Ayer la leí de una sentada, o más bien debería decir de una “tumbada”.

La trama, un homenaje entregadísimo al cine español de explotación de géneros de los años 60 y 70, pone sobre el tapete la fascinación que sobre un crítico casposo (como lo hemos sido casi todos) ejerce el fantasma de una actriz olvidada, desaparecida en los años 70; y cómo su (ya único) fan se anima a investigar cuál fue su destino real y si realmente terminó asesinada, como sospecha: investigación que le pondrá en contacto con el director que la encumbró y para quien ella también significó un fetiche muy especial.

Sobre las referencias cinéfilas reales que enmascaran personajes y títulos de la novela (algunos ni siquiera enmascarados, como los actores John Phillip Law y Dan van Husen), me remito a este excelente artículo de Absence (lo acabo de encontrar buscando la portada de la novela para reproducirla, pero lo realmente escalofriante es que AMBOS habíamos destacado de la novela la MISMA cita maldita…). Como dice Absence, en Nueve colores sangra la luna “hay arrebato”.

Pero a mí lo que me interesa subrayar no es tanto el ejercicio de amor que hacia el cine supone esta entretenida, solventemente narrada y apasionadísima novela publicada en 2005 por La Factoría de Ideas, sino el más soterrado e indirecto homenaje que casi sin querer construye en torno a la figura del crítico cinematográfico: pues en el fondo, lo que Aguilar está contando es cómo un crítico (de cine) vulgar, casposo y anodino, figura que todos hemos ridiculizado (¿y encarnado?) en más de una ocasión, toma por una vez la iniciativa y se erige en DIRECTOR y PROTAGONISTA de su propio sino. Por una sola vez, el señor pasivo, el que acumula telarañas en la butaca soñando con las telarañas góticas de la pantalla, cumple su sueño dorado: culminar el tránsito del placer vicario y la pasividad obligada de su oficio a la autorrealización como generador y ejecutor de sus propias fantasías.

Al protagonista lo podéis imaginar física y conceptualmente como si fuera Carlos Boyero, antes de que él mismo se vindicara como “estrella de la crítica” (siguiendo la estela del pionero Carlos Pumares). Lo valiente de la “vindicación” de Aguilar en su propuesta dramática es que no evita los puntos controvertidos del voyeurismo profesional: perversión y onanismo forman parte del propio “héroe” de la historia, imbricándose en la intriga hasta convertirse casi en la esencia de ésta.

En el principio fue la mirada y, por tanto, la paja, parece decir el autor con su radical (radical temáticamente, formalmente clasicista) novela. E igual que el director sublima sus deseos más recónditos mediante la contemplación de un rodaje o un acto sexual ajeno, el protagonista verá en ese recurso la senda para su propio desquite vital.

Con su obra, Aguilar ha hecho una ofrenda sincera al cine que tanto ama, sí, pero sobre todo ha erigido un monumento inesperadamente poderoso al crítico de cine: un obelisco cuyas proporciones y virilidad desmiente la molicie e impotencia que se le supuso siempre.



4 Responses to “EL DESQUITE DEL CRÍTICO”

  1. Gracias mil, Hernán. Tu reseña aborda la novela desde un ángulo que muy pocas han valorado; encima, está muy bien escrita. Un abrazote.

  2. Gracias por el jugoso enlace, Cram.

    Y mil gracias a ti, Carlos. Espero que nos regales pronto otra nueva novela: tu erudición cinematográfica y tu ambición literaria son para mí un manjar exquisito.

  3. Pues tengo dos más finalizadas, y muy distintas entre sí en cuanto a género. Ahora empezaré a moverlas, a comienzos de septiembre, a ver quien pica…

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