UNA IDEA FELIZ

Da gusto cuando un amigo, al que te unen tantas cicatrices de afecto como ex amigos, crea una obra que te permite decirle cara a cara: “Tío, enhorabuena, he flipado con lo que has hecho”; y no achicar la boca ni huir el rostro ni evitar el tema, como me pasa a mí en otros casos, pues entre mis muchos defectos sociales está el de ser incapaz de disimular la más pueril inconveniencia.
Borja Crespo es muchas cosas: periodista, gestor cultural, guionista, director de cine, de videoclips, dibujante… Sin embargo, para mí su obra de consagración es ésta que tengo en las manos, el libro Cortocuentos: escrito por él, ilustrado por Chema García, maquetado por Manuel Bartual, editado por Astiberri. Los cuatro departamentos dominados por el signo del primor.
Crespo ha dado con una idea feliz, un barrunto entre cuento infantil, pitch de película fantástica y chiste popular para talluditos; estos “cortocuentos” que, en vez de quedarse a medio camino entre la obra infantil y la adulta, discurren mediante vías paralelas para la plena satisfacción de ambos públicos lectores.
Para ello, cuenta con la versatilidad gráfica de García, en quien ha hallado un aliado portentoso: experimentos anteriores plasmados por el propio trazo de Crespo habían incurrido en cierta halitosis naïf, testaruda en empalago, mientras que en Cortocuentos, su dibujante sabe tomarle la distancia precisa a cada idea de partida para que ejerza el efecto apropiado según el lector: García escoge un estilo diferente en cada chiquitahistoria, calculado con igual esmero para entusiasmar a pequeños y grandes, nadando entre logradas metáforas de doble sentido, literal y poético. Incluso cuando la imagen es muy obvia, el ilustrador la dota de perspectiva cómplice para que su decodificación no lo sea.
Crespo y García han formado un tándem “de fábula” y no deberían soltarse el uno al otro, para ver qué nuevo grado de felicidad pueden arribar a procurar en el público.
Por último, celebrar lo evidente: que Cortocuentos es además un homenaje, regurgitado con personalidad, a toda la imaginería fantástica que corre por las venas de Borja Crespo, devorador de almas sobrenaturales. Sus criaturas, frankensteins de frankensteins, resultan deliciosas en su original, premeditada simplicidad: El Exterminador, El Domador de Nubes, El Monstruo Pelusa… son sólo mis favoritos, pero hay muchos más, todos monstruosos, todos entrañables.
Enhorabuena, Borja.
PD. Primero fueron Los Cronocrímenes… Después llegó Pagafantas… Y ahora Cortocuentos… ¿Tendrán en Arsénico Producciones, la productora a la que Borja está vinculado, un departamento dedicado en exclusiva a la creación de neologismos compuestos y con pegada?
November 18th, 2009 at 7:07 pm
Menuda exquisitez, los “Cortocuentos”. Una delicia de libro que apetece regalar a diestro y siniestro (o más exactamente, apetece ser millonario para poderlo regalar a diestro y siniestro, entre otras cosas).
(Por cierto, Hernán, ¿habías visto el tebeíllo de Bagge sobre la Rand?
http://reason.com/archives/2009/11/10/will-everyone-please-stop-frea)
November 19th, 2009 at 8:15 am
Pues no, no había visto esa página sobre Ayn Rand.
Hace unos meses finalicé la traducción para Ediciones La Cúpula de la antología de colaboraciones de Bagge en la revista Reason (EVERYBODY IS STUPID EXCEPT FOR ME…), qué pena que no esté incluida esa página, porque casi todo el contenido versa en torno al concepto que Peter tiene del libertarismo, tan ligado a la Rand.
Qué divertida su visión del Che Guevara. Ése es el tipo de cosas que hacía que en El Víbora se quedaran mudos al leer algunos cómics de Bagge. Y que a mí me desternillara, claro.
De hecho, yo descubrí a Ayn Rand hace más de una década a través de Eric Reynolds, editor de Fantagraphics, amigo íntimo de Peter y mío, y de espíritu absolutamente de izquierdas. En los USA la influencia randiana, a un nivel popular, es más práctica que ideológica.
Supongo que su influjo me caló desde adolescente a través de Miller o Milius.
Gracias por el enlace, es un estupendo aporte.
November 20th, 2009 at 7:23 pm
Anda, ¿van a publicar “Everyone is Stupid…”? ¡Qué bien!
Es curioso lo que dices sobre la influencia más práctica que ideológica de la Rand. Precisamente lo primero que le leí yo fue “Philosophy: Who Needs It”, donde defendía la necesidad de plantearse de forma explícita y articulada los fundamentos básicos de las propias convicciones. Otra ironía más para su historia, como el hecho de que tiendan a ser precisamente los libertarianos, a los que ella decía aborrecer, quienes más hacen por difundir su ideario.
November 20th, 2009 at 8:58 pm
Mucha gente utiliza a Ayn Rand como una guía de autoayuda y, en cierto sentido, tiene su lógica. La rebate su propia sistematización inflexible de la vida y, en el fondo, que era una artista: como todos los artistas (interesantes), un poco loca; y, por tanto, muy apropiada para imaginar un mundo ideal pero escasamente provista para llevarlo a la práctica, en especial en su propia vida privada.
Por eso me cae tan bien.