LA ETERNAUTA

October 10th, 2011 Migoya

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El Festival de Cine Fantástico de Sitges 2011 estrenó en sus primeros días La mujer del Eternauta, un documental testimonial sobre Elsa Sánchez y su remembranza del episodio de la tremebunda, terrorífica matanza de su esposo, el reputado guionista de cómics H. G. Oesterheld, y sus cuatro hijas (Estela, Beatriz, Diana y Marina), a manos de los militares durante la represión argentina de los años 70.

El documental de Adán Aliaga arroja una mirada intimista sobre la vida actual de Elsa, comparando sus posteriores años de soledad, lucha y desolación emocional con ese personaje desorientado y errático ante el apocalipsis de su mundo que fue El Eternauta, la creación más conocida de Oesterheld y probablemente la historieta argentina más popular del siglo XX.

El documental se salpimenta con reflexiones de parientes, amigos y personalidades cercanas al universo de Oesterheld, como el gurú del cómic argentino Juan Sasturain. También podemos ver al gran Francisco Solano López (creador gráfico de El Eternauta) dibujando en su taller, aunque no realiza ninguna declaración: probablemente sean sus últimas imágenes en cine antes de su fallecimiento hace dos meses.

Como ya indica en su blog mi perspicaz colega Absence, el tono contemplativo predomina en el metraje. Ello aporta, en mi opinión, una cosa buena y una cosa mala. La buena es que el tipo de contemplación escogida por el realizador nos permite captar el vivir cotidiano de la superviviente del horror: vemos a Elsa conversar con su empleada, regañar a su nieto, jugar con su bisnieto y permanecer callada con la mirada perdida, buscando el qué. Es como si la rutina de la vida diaria fuera un complemento y desenlace absurdo que no se puede rechazar ni siquiera tras un acontecimiento terrible que hubiera debido paralizar el mundo: el suyo y el nuestro… El documental logra proyectar un retrato honesto y equilibrado de Elsa Sánchez y su periplo existencial tras la brutal desaparición y muerte de su familia.

Lo que sí echo a faltar es una crónica personalizada de lo que ocurrió. Pocas veces se aborda directamente en el documental la tragedia sufrida (aunque, obviamente, sobrevuele cada plano tomado, cada palabra pronunciada) y no queda clara la cronología o simple ordenación de lo que realmente sucedió: todo son retazos. Accedemos a dibujos y recuerdos de las cuatro hijas, pero en ningún momento vemos claramente cómo son sus rostros ni se nos cuenta cómo eran ellas, para precisamente erigir un recuerdo de las personas, no de las víctimas, que fueron. Quizá no hacía falta, quizá ahondar en esa concisión factual sería hacer una concesión al melodrama: a cambio, tenemos una cierta frialdad y abstracción en la vaga exhumación narrativa del pasado. Para los interesados en saber qué pasó con la familia Oesterheld y sobrecogerse con imágenes de los años felices de sus miembros, este artículo es muy aclaratorio.

Hay un elemento muy valiente en el documental y es la no ocultación de los pespuntes de la personalidad de Elsa Sánchez: ella declara continuamente que no quiere ser la protagonista (más que “la mujer del” Eternauta, a mí me parece LA Eternauta: ella es la que vaga por esos mundos inertes sin asidero emocional), pero para bien o para mal (seguramente para su mal) la obra se centra en ella, y el espectador no puede evitar asistir a su perspectiva de madre, de continuo: de madre cercenada en su misión y conducción de afectos naturales. De madre abandonada a su suerte sin poder ejercer su rol escogido, con sólo un nieto en el que asentar su razón de seguir siendo.

Dentro del marco de ese retrato, me parece apasionante el pleito emocional que la viuda aún mantiene con su esposo muerto: la imposibilidad de perdonarle que no se comportara como un padre responsable y alejara a sus cuatro hijas de exponerse así, abrazando el activismo militante y la clandestinidad en años tan peligrosos y situaciones tan peliagudas, sigue aflorando a su corazón y su mirada. Su talante de madre (todas las madres son conservadoras de corazón, pues de eso trata su misión vital: de conservar) no entendió ni entenderá cómo el soñador romántico que era Oesterheld permitió que ganara en su voluntad de artista la lucha por la utopía frente a la elusión del riesgo mortal que podía conllevar la involucración política de sus hijas.

Ésa es la parte de La mujer del Eternauta (ese área donde irremisiblemente choca el punto de vista de la madre y el punto de vista del idealista) que realmente me conmueve y me deja destrozado.

Esperemos que en breve alguna televisión emita este documental para toda España.

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Estela, Marina, Diana y Beatriz.



EL ÚLTIMO BESO

September 6th, 2011 Migoya

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Con motivo de la desaparición de la revista de cómic porno KISS COMIX, he escrito este artículo en elmundo.es, expresando todo lo que tenía que decir al respecto.



ADIÓS A JOSEP SANCHÍS, PAPÁ DE PUMBY

August 3rd, 2011 Migoya

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La noticia de hoy es mala:

http://www.lasprovincias.es/v/20110803/culturas/pumby-pierde-padre-20110803.html

Gracias a Josep Sanchís y su maravillosa obra, y gracias a todos los que con su cariño y devoción se han hecho eco de esta triste noticia y continuarán difundiendo el cómic autóctono.



MI HOMENAJE A FACUNDO CABRAL

July 11th, 2011 Migoya

“Me gusta el sol y la mujer cuando llora, las golondrinas y también las señoras. Saltar balcones y abrir las ventanas. Y las muchachas en Abril… Me gusta el vino tanto como las flores. Y los amantes, pero no los señores. Me gusta ser amigo de los ladrones. Y las canciones en francés…”. No soy de aquí, ni soy de allá de Facundo Cabral.

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Jamás he escuchado cantar a Facundo Cabral. Pero de niño era fan de dos de sus canciones, que repetía de memoria hasta la saciedad: lo cual me convierte probablemente en el mayor experto español de mi generación en este cantautor argentino.

Ahora, con su lamentable fallecimiento, quizá más implacablemente irónico si cabe en contraste con la bonhomía de la filosofía vital de su obra, recupero para vosotros los dos grandes temas suyos que yo me apropiaba feliz en mi niñez:

1) No soy de aquí, ni soy de allá es su himno más conocido, una declaración de principios como My way o El Rey, pero regida en su caso por el ascendiente del vagabundeo bohemio y la ausencia absoluta de jactancia. Fue una de las primeras versiones que Julio Iglesias introdujo en su repertorio (concretamente en 1972), con la sublime languidez que le caracteriza, reconvirtiéndolo en una oda a la tristeza: de hecho, la frase “y ser feliz es mi color de identidad” queda transformado en boca del intérprete español en todo lo contrario, por obra y gracia de un “NI” intercalado.

2) Señora de Juan Fernández es una deliciosa canción bufa en la que un hippy muy facundo intenta convencer a una señora bien de que él es buena persona (”Ya no le pego a mi abuelita y con la escopeta no le tiro a nadie”), para anunciarle finalmente que pronto se convertirá en su yerno (”…Y dentro de una o dos semanas, nuestra familia será aumentada”). Imaginaos mi delectación infantil al cantar la letra, toda una sátira sobre el descarnado mundo adulto que me esperaba con las piernas abiertas. La versión que yo adoraba es ésta, a cargo del compatriota de Cabral, el gran Jairo.

Triste, tristísimo y atroz suceso lo ocurrido a Facundo Cabral, cantautor pacífico y pacifista, sorprendido por las balas salidas de pistolas en manos de malos salvajes.

Descanse en paz y con nuestro sincero agradecimiento a su legado.



MANOLO OTERO: EL HOMBRE QUE SUSURRABA A LAS YEGUAS

June 6th, 2011 Migoya

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Se ha muerto Manolo Otero, uno de mis cantantes españoles favoritos. Con sus susurros afectados, este artista madrileño logró que millones de mujeres solteras lubricaran en la intimidad de sus casas sin necesidad de echar mano de un consolador y que millones de mujeres casadas soñaran con tenerle como amante.

Otero murió semiolvidado en España, pero en países latinoamericanos como Perú o Brasil -nación en la que residía desde hace años- era casi imposible tomar un taxi sin que la emisora encendida radiase en algún momento del día uno de sus “sentimentales susurrados”, como acertadamente los define Luis Troquel.

El más conocido era Todo el tiempo del mundo. Más tarde, intentó repetir su éxito con variaciones sobre el mismo esquema: Te empecé a echar de menos o Aún.

Manuel de la Calva y Ramón Arcusa (el incombustible Dúo Dinámico) escribieron y produjeron varios temas para Manolo Otero, intentando sacar jugo a su voz grave y acariciadora, sin moverle del estereotipo de personaje seductor y sensible con sus amantes. De todo su repertorio, mi canción predilecta es ¿Qué he de hacer para olvidarte?, un gran lamento masculino típicamente setentero. Lo tiene todo: voz viril al frente, coro desmelenado al fondo y juguetón tarareo al medio, y la envoltura de un acompañamiento orquestal impecable… al servicio de ladrillos líricos como “Sé que fui uno más de tus devaneos, PERO SIN EMBARGO yo no olvidé tus besos”. Una joyita.

Sobre la torre estéreo de mi equipo hi-fi, reposa desde hace varios años el sencillo de vinilo con esa canción. Siempre quise que fuera el tema principal de mi película ¡Soy un pelele!, que versaba precisamente sobre la amnesia, pero mis productores se negaron a emplear dinero público en gastos suplementarios de la banda sonora, así que no pude cumplir ese sueño.

Descansa en paz, Manolo: hasta los ángeles se masturbarán oyendo tu voz.

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HUÉRFANOS DE TRILLO

May 10th, 2011 Migoya

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Me siento desorientado y cabreadísimo con la vida: se ha muerto Carlos Trillo.

Yo mismo estoy sorprendido de lo mucho que me ha afectado la noticia. Creo que es porque Trillo suponía la referencia profesional que los guionistas de cómic no tenemos en España. Él era EL guionista, la bestia de este mágico y jodido oficio. Lo había guionizado todo. Él era uno de mis ¿dos? ¿tres? modelos dentro de la profesión, un modelo que uno sabe que jamás podrá alcanzar.

Le había leído desde niño, su Alvar Mayor, su El último recreo, su Custer y su Light & Bold… Nunca he leído una recopilación apropiada de El Loco Chávez, y quizá por ello la verdadera dimensión de su talento me llegó en la edad adulta hace muy pocos años, con la lectura de su El Negro Blanco, dibujado por Ernesto García Seijas: irónicamente, inédito en España. Pues bien, El Negro Blanco me deslumbró, nunca mejor dicho. Lo que más me admiró fue la capacidad de Trillo de ser maestro de orquesta para tantos instrumentos y de integrarlos en un todo con tal sutil armonía, hasta el punto de hacer parecer al oído profano ¡que era tarea fácil! Dios, qué bestia. Qué bestia de guionista. Qué gran maestro.

Conocí a Trillo hace menos de un año, en mi primera (y única hasta ahora) visita a Buenos Aires, gracias a la mediación de otro guionista de estirpe, Diego Agrimbau. Trillo tiene predisposición a ser querido: en persona, se le percibe persona y sabio al mismo tiempo. Sólo pude saludarle y conversar con él escasos minutos. Su salud parecía de hierro. Su muerte nos ha pillado a todos con la guardia baja.

Su muerte es motivo de sobra para quemar a Dios en la hoguera.

Reviso mi correo electrónico y encuentro el único mail que intercambiamos, del trece de diciembre del año pasado. Lo rescato para todos vosotros antes de que perezca en los intestinos de Internet.

Gracias, Carlos, por tu cariño, tu obra y tu ejemplo.

“Querido Hernán,

uf, siempre atrasado con mis respuestas, ya me voy convirtiendo en un desastre, pierdo amigos, me dan vuelta la cara, y cuando pasa un día o dos y los mensajes recibidos se acumulan, miro los últimos y no me fijo en los anteriores, y así pasan los días y la gente me putea y me llama desconsiderado (por lo menos) pero en general dice cosas peores.

Perdona la tardanza, ya te iba a escribir cuando terminé de leer tu libro con el mítico cuento del violador. Que me encantó!!!! Creo que ese cuento, mal leído, dejó de lado los otros, que me parecieron todavía mejores, pero de alguna manera te hizo famoso como tío guarro, machista y horrible.

A veces nos pasa con Clara de noche, sobre todo en estos tiempos en que de la boca para afuera todos padecemos correcciones políticas cada vez más hipócritas. Hace poco, muchos lectores de El Jueves escribieron para decir que éramos unos hijos de puta porque a Clara unos tíos la violaban en un callejón y ella les gritaba que por lo menos le pagaran.

Porque ¿tener que trabajar de puta por la paga no es una suerte de violación cada vez, si llevamos a fondo eso de la corrección política? Pero los tiempos cambian, la prensa dice cosas que antes no decía, y nos sumamos a un coro lamentable de sujetos que, en nuestros modestos casos, piensan que un autor escribe y ES el personaje que está contando. Aunque cuente la historia de Hitler o de un asesino serial de esos que recortan clítoris para guardar en la heladera.

Bueno, aquella vez en que nos vimos fugazmente y te ibas con el Agrimbau a su casa y yo partía a un encuentro con amigos que pretendían cenar, me quedé con las ganas de conversar con vos.

Ya lo haremos, aquí, o en Perú o en Barcelona o por ahí, verás. Si, como dices, se te ocurre instalarte en Barcelona (dicen que el piso tiembla por allí) seguramente nos veremos cuando vaya en el 2011.

Y sí, trabajo tengo, Fierro, Delcourt, Mosquito con cosas viejas, Glénat, todos algo van tirando con cuentagotas, no como en aquellos tiempos.

Me gustó recibir tu mail y estemos en contacto, claro, por si las moscas.

Un gran, gran abrazo,

Carlos.”

Foto robada del blog www.cartoonando.blogspot.com



DON CÉSAR

April 29th, 2011 Migoya

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Para ser tan mitómano, he tenido mucha suerte en la vida.

Nunca logré conocer a mi primer ídolo literario, Charles Williams, porque en 1975 se pegó un tiro. Pero sí conocí a su hija y de ahí surgió un libro.

Con José Mallorquí me pasó tres cuartos de lo mismo: él se disparó en 1972 (lo de elegir ídolos suicidas os juro que no es premeditado), cuando yo contaba un año de edad, y aún faltaban once para que descubriera y devorara sus novelas de El Coyote, reeditadas por Forum en 1983. Coleccioné las 192 novelas y leí aproximadamente (o quizá exactamente) la mitad: 96. Cometí el error de encuadernarlas y en el proceso perdí las maravillosas portadas del ilustrador catalán Salvador Fabà. Me resarcí una década después, cuando averigüé que Fabà era sabadellense (y yo barberense, población vecina), por lo que me no me costó gestionar una entrevista con él para el Diari de Sabadell. Ya entonces me sorprendí de que a las puertas de su casa no aguardase una cola de fans enloquecidos como yo.

Ahora, hace unas semanas, tuve el placer de entrevistar al hijo de José, César Mallorquípara la revista QUÉ LEER.

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César, bautizado así por el alter ego civil (el Clark Kent, para entendernos) de El Coyote, Don César de Echagüe, es un escritor de incontestable éxito en ese mundo paralelo que conforma la literatura juvenil, y además es un buen escritor, por su propia ley.

Acaba de publicar Leonís, una novela fantástica de contenido adulto (o sea, para todos los públicos), y en torno a ella organizamos la entrevista, que dio para conversar de temas tan alejados como el paganismo, la ciencia-ficción, el incesto y los friquis. César, que posee una cabeza muy bien amueblada y todo el aire de un sabio ilustrado, tuvo la generosidad de abrirme las puertas de su casa y de sus sentimientos, al hablar sin ambages ni estigmas de la alargada sombra de su padre.

El número de QUÉ LEER que incluye la entrevista acaba de salir a la venta y estará disponible todo el mes de mayo. Como aperitivo, éstas son algunas de las lúcidas y jugosas declaraciones de César:

-”Mi recomendación para los que quieran escribir novela juvenil es que no escriban novela juvenil. (…) El único tabú en la literatura juvenil es el sexo”.

-”Yo presenté esa novela (Leonís) al Premio Minotauro. Ni quedó entre las finalistas. Más tarde, hablando con el director editorial, me dijo escandalizado que no se había contemplado premiarla porque iba de incesto”.

-”A los católicos les falta sentido del espectáculo: lo tuvieron en su momento, cuando iban al circo romano y se los comían los leones”.

-”Muchos lectores de ciencia-ficción tienen discapacidades físicas. Para alguien que no puede andar o anda con incomodidad, viajar a las estrellas es la hostia. (…) Si tú vives toda la vida en el universo de Star Trek o de Tolkien, es que te falla algo. (…) Los mundos ficticios son para visitarlos, no para habitarlos de por vida”.

-”Mi padre es el gran triunfador de la novela popular, el autor español que fue más traducido después de Cervantes: pero hoy por hoy no existe para la cultura oficial, porque la novela popular es sospechosa en este país, todavía”.

-”El rasgo (de mi padre) en común con Julio Verne, con Emilio Salgari, con Karl May, es el afán de escapar, de huir. Mi padre era un pobre hombre en la Barcelona de posguerra en plena dictadura: escribir es una forma muy barata de viajar”.

-Respecto a los suicidios de su padre y de su hermano Eduardo: “En mi familia tenemos una manía de matarnos de la hostia”.

Quiero agradecer a César su paciencia y la tarde tan amena y enriquecedora que pasé en su compañía.

PD: La portada de este QUÉ LEER viene además protagonizada por otro crack de la cultura popular: Francisco Ibáñez y sus Mortadelo y Filemón, en una fenomenal entrevista realizada por Antonio G. Iturbe.

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César Mallorquí.



ALGO DE ALGUERÓ

January 19th, 2011 Migoya

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Cuando hace unos años empecé a preparar el rodaje de ¡Soy un pelele!, mi primer deseo fue contactar con Augusto Algueró para ofrecerle que fuera el compositor de la banda sonora. Inicié gestiones para localizarle, pero ya entonces, gracias a Luis Ivars, quien amablemente ejerció de intermediario, el hijo de Algueró nos informó de que el maestro se encontraba retirado y con graves dolencias, es decir, inmerso en un estado de salud muy deteriorado y precario.

Desde entonces, hace de esto cuatro años al menos, inconscientemente me esperaba que don Algueró falleciera sin provocar un gran ruido en los medios alternativos o afines a mi hábitat artístico. Existe en mi generación (en su élite cultural, ciertamente) un pudor exacerbado hacia la cultura geográficamente propia (digo geográficamente en tanto en cuanto, gracias al imperialismo estadounidense y su tecnología, toda la cultura mundial ya es “propia”): muy pocos artistas/comunicadores de mi edad admiten ver, leer o escuchar nada que sea español y/o no tenga raíces anglosajonas (o sea: si escuchan un grupo español, tiene que ser un grupo que tenga raíces rockeras). El pudor ya alcanza límites estratosféricos cuando se refiere a la música melódica de los años 60 y 70. Sobre este complejo (que quizá sea miopía mía o sobredimensión provocada por un complejo propio) y el esnobismo del cultureta español paradójicamente colonizado trataré otro día: mientras, piensen en lo idiota que resulta ir de enterado porque tienes metido en tu I-pod al Manolo Escobar de Bollywood;cuando el día que aquí se muera Súper Manolo, todos esos modernos de postal callarán como putas.

No soy un gran fan del rock de los 70, antes al contrario, pero sin embargo la música melódica española -con acompañamiento orquestal- de esa década me fascina. Creo que es debido a una razón suprarracional, dado que me retrotrae a un estado primigenio de placidez: me traslada a momentos… mejor dicho, a SENSACIONES de la infancia, a cuando uno escuchaba algo sin necesidad de juzgarlo u opinar, sólo absorbía: en cualquier caso, me cautiva. Y una de mis mayores sorpresas durante mi estadía en el Perú fue comprobar que allí existe mucho mayor consumo, culto y respeto hacia esa música melódica española de los que ¿goza? en nuestro país. Cómo no.

El barcelonés Augusto Algueró, aparte de ser el desvirgador oficial de la deliciosa jovencita Carmen Sevilla (lo cual reviste más mérito de lo que parece a primera vista), fue uno de los músicos y compositores pop más importantes de la segunda mitad del siglo XX español. Para mí, junto a Manuel Alejandro y Juan Carlos Calderón, conforma la Sagrada Trinidad de la música melódica española. De Algueró son la Tómbola de Marisol; el Te quiero, te quiero de Nino Bravo; o el Gracias de Antonio Machín.

Durante la pasada década, escuché sin cesar este precioso recopilatorio de sus mejores instrumentales (ahí está su portentoso Mi gran amor), rescatado por el valioso sello “indie” (manda cojones) Rama Lama, pero hace un tiempo ya que no encuentro el cedé en casa. Creo recordar que se lo presté a Refree, el artista que terminaría componiendo la banda sonora de ¡Soy un pelele!

¡Seguro que se lo ha quedado! 

Lo cual no deja de tener su gracia y su justicia histórica.

Gracias, don Algueró, “por haberme comprendido”…



CAÍDA Y RECAÍDA DE LEILA LOPES

December 24th, 2010 Migoya

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Reportaje para la revista Playboy Brasil (Marzo de 1997)

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Reportaje para la revista Sexy (Enero de 2001)

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Reportaje para la revista Sexy Premium (Septiembre de 2008) 

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Carátula e imágenes de “Pecado final”, la última de las tres películas porno que decidió protagonizar entre 2008 y 2009.

La actriz brasileña de telenovelas Leila Lopes se suicidó el 3 de diciembre de 2009 con veneno para ratas. Al parecer, en semanas previas había sufrido fuertes dolores intestinales que obligaron a su ingreso hospitalario por varios días, sin que aparentemente se pudiera conocer el origen de su dolencia. Tras su muerte, la opinión pública brasileña descubrió que la edad de Leila era en aquel momento de 50 años, y no de 40 como se creía y ella siempre declaraba. Como nota de despedida, dejó cartas a sus familiares y a su marido, de las que extraigo este párrafo:

“Fiquem cientes que não bebo e não uso drogas, eu decidi que já fiz tudo que podia fazer nessa vida. Tive uma vida linda, conheci o mundo, vivi em cidades maravilhosas, tive uma família digna e conceituada em Esteio, brilhei na minha carreira, ganhei muito dinheiro e ajudei muita gente com ele. Realmente não soube administrá-lo e fui iludibriada por pessoas de má fé várias vezes, mas sempre renasci como uma fênix que sou e sempre fiquei bem de novo”.

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Leila Lopes en la etapa más popular de su carrera, interpretando a una profesora en la telenovela “Renascer” (1993)



MOCHALES POR CHAMALES (o “YO FUI UN FAN ADOLESCENTE DE UN ESCRITOR MALTRATADOR”)

December 2nd, 2010 Migoya

“Se preguntó qué le sucedía y qué clase de demonio había en su interior”. Desnuda por el mundo, de Tom T. Chamales

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Uno de mis escritores favoritos de la infancia, detenido en 1958 por agredir a su esposa… ¡con un cuchillo de carnicero!

Empieza a preocuparme mi obsesión por los autores malditos (de literatura no maldita, lo que tiene más mérito aún: tan malditos que ni siquiera tienen seguidores malditistas). Sólo ahora soy consciente de ello, cuando este vicio se ha intensificado, pero en realidad siempre ha estado ahí latente. ¿Me interesan porque como autor me identifico con ellos… o porque como lector me siento seguro leyendo novelas olvidadas? Ugh, esta adicción a autores autodestructivos y suicidas comienza a ser algo enojosa.

Lo que no puedo negar es que siempre me ha gustado la literatura estadounidense de los años 50: hay algo en sus modos y su manera de entender la narración y exponer la psicología de sus personajes que en general me subyuga, quizá porque de niño leí muchas novelas con su origen en esa década, quizá porque me siento cómodo con sus formas.

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No, no es Boris Karloff haciendo de Jack el Destripador… Es Tom T. Chamales haciendo de ¡Tom T. Chamales!

Hace poco reviví mi pasión por un escritor estadounidense que había leído y disfrutado de niño: Tom T. Chamales. Guardaba un gratísimo recuerdo de su novela Cuando hierve la sangre (1957), ampliamente difundida en España a través de las más diversas ediciones, y que recordaba correctamente escrita y con ese intenso enfoque psicologista que tienen muchas novelas de los ‘50. Durante una feria literaria limeña, hace unos meses, y sin saber aún nada de la vida de su autor, me llevé las dos partes de su otra novela conocida, Desnuda por el mundo (1959), que ya tenía en Barcelona pero que no había traído conmigo (ni leído jamás).

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La Lollo encadenó de una tacada los dos papeles protagonistas en las versiones cinematográficas de “Cuando hierve la sangre” y “Desnuda por el mundo”

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…y aquí vemos, con la complicidad del dibujante César Carpio, mi homenaje a “Desnuda por el mundo” en nuestro cómic “Chiqui ¡Bang! ¡Bang!” 

Desnuda por el mundo me gustó, casi tanto como de niño me gustó Cuando hierve la sangre. No estoy seguro de si esta novela puede considerarse literatura (con traducción por medio y leída a mis 39 años, me parece más un folletín bien explicado con estupendas reflexiones y, eso sí, excelentemente dialogado), pero sus estudios de personajes y la rabia y rebeldía que transmite su prosa seca y escueta me resultaron ampliamente satisfactorios.

Me reafirmé en la corriente de simpatía que desde mi infancia profesaba por Chamales, aun cuando no conservaba un registro consciente de lo torturada que era su visión de la vida. Mi vindicación de su obra ante mis propios ojos venía dada por contraste con la de su contemporáneo James Jones (el autor de De aquí a la eternidad y Como un torrente), escritor que siempre detesté por un exhibicionismo pornográfico que se agotaba en su propia bravuconería y que me lo hacía aparecer como un Henry Miller de pacotilla (de Miller en realidad opino lo mismo: el “de pacotilla” sobra).

Así que comprenderéis mi sorpresa cuando al consultar la parca información que sobre Chamales alberga la red -parece más olvidado en su patria que en la mía, a juzgar por las ediciones españolas que aún corren por ahí-, lo primero que aparece es esta fotografía, en la que el mentado James Jones ejerce de padrino de boda de ¡Tom T. Chamales!:

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James Jones es el que tiene cara de zorro astuto: ya le pega a su obra. Tom T. Chamales es el que mira con más ansia la copa que a la novia. También le pega (a su obra… y a su mujer).

Continuando con mi investigación sobre Chamales en Internet, lo segundo que he averiguado es que esas dos novelas mencionadas constituyen su obra completa, ya que falleció en 1960, ¡a los 35 años!, tras quedarse dormido (probablemente ebrio) con una colilla en los dedos. El incendio acabó con su vida y las huellas de sus manos quemadas recorrían la pared de su cuarto, indicando que en sus últimos instantes había intentado desesperadamente alcanzar la puerta de salida.

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Un título en castellano algo profético para su autor…

Y el tercer y más impactante hallazgo: Chamales acumulaba un pequeño pero animado historial de violencia doméstica, y llegó a separarse de esa sonriente novia de la foto (Helen O’Connell, cantante relativamente conocida en su época: escuchen su divertido dueto con este otro gran bebedor) tras un altercado en el que el esposo sacó a relucir un cuchillo de carnicero. La historia completa, aquí. Meses antes, parece ser que ya la había dejado inconsciente de un puñetazo que requirió el ingreso de la Sra. Chamales en un hospital. El escritor llegó a amenazarla con matar a su hija en común, de dos años de edad. Al día siguiente del fallecimiento de Tom T. Chamales, éste tenía que presentarse a juicio. Obviamente, no se presentó.

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Su esposa, cuando aún tenía los ojos verdes, y no morados…

A todo esto, Desnuda por el mundo cuenta la relación entre un soldado griego-americano (lector fan de Blasco Ibáñez, por cierto) que regresa de la II Guerra Mundial con lo que décadas más tarde se llamaría síndrome de estrés post-traumático (ahora no es difícil ver en él, pues, al propio autor, también veterano de esa guerra) y una prostituta que regresa de un psiquiátrico, traumatizada a su vez por la muerte de su esposo durante el acto sexual. Como veis, el paralelismo no es muy sutil, pero pone en evidencia el apego de Chamales por los perdedores y los desesperados: se sirven grandes dosis de sexo y alcohol a lo largo de la trama y de sus correrías por Chicago, pero en vez de la complacencia mórbida de Jones, hay en los personajes de Chamales una búsqueda obsesiva por encontrar su sitio en el mundo. Casi nunca lo consiguen, como no lo consiguió tampoco él.

PD. A medio siglo exacto del fallecimiento de su padre, el hijo de Chamales resulta que es un empresario de éxito que, a lo James Ellroy, sobrevivió a una juventud de adicciones para volverse ultraconservador y exitoso. Aquí su historia. ¿Es siempre ésa la moraleja final?