UN CÓMIC DE TERROR EN LOS KIOSCOS

March 28th, 2012 Migoya

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Ya está a la venta Rec-Historias Inéditas, el nuevo cómic en el que estoy involucrado como guionista y coordinador.

Gracias a la generosidad y entusiasmo de Jaume Balagueró y Paco Plaza (un entusiasmo equiparable al de cualquier autor de cómic con ganas de hacer las cosas porque sí, por el placer de hacerlas), hemos logrado reunir un equipo fabuloso de autores y de ilustradores que han confeccionado un tebeo del que estoy/estamos muy contentos y que se estrena al mismo tiempo que la película REC3: Génesis de Plaza.

Estoy particularmente orgulloso del repóker de artistas que llevan el peso gráfico de las historias incluidas: Andrea JenFeliciano G. ZecchinÁlvaro RuilovaSalvador Sanz Joan Marín. Los cinco han dado el do de pecho de su admirable talento a la hora de plasmar visualmente los cinco guiones inéditos. El ilustrador Colucci, asimismo, se ha volcado con la portada y la contraportada, regalándonos además una ilustración original para el volumen.

Mi agradecimiento también a todos los dibujantes  que han colaborado aportando una galería estremecedora de ilustraciones: Gabriel Luque, Carlos Gambarte, Rubén Rojas, Pablo Marcos, Diego Olmos, Sagar, Studio Kôsen, Miguel Ángel Martín, Jordi Pastor, Carla Berrocal, Pier Brito, Rafael Fonteriz, Angel, Pedro Espinosa, Natacha Bustos, Rubén Sáez y Luis NTC.

REC-Historias Inéditas se edita en formato de lujo (tapa dura) y formato popular (edición rústica), a un precio que me parece excepcional: 12′95 y 9′95 euros, respectivamente. La edición popular ha sido distribuida a kioscos, lo cual nos hace a todos especial ilusión: la historieta debería estar siempre presente en ese escaparate de prensa, además de en las estanterías de librerías y centros comerciales. Ojalá constituya otro ejemplo de una tendencia creciente.

Y nada, ya sólo desear que quienes leáis REC-Historias Inéditas lo paséis de muerte.

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Paco Plaza da ejemplo a la nación y posa orgulloso a pie de kiosco con su flamante ejemplar de REC-Historias inéditas.



RYU SEUNG-WAN: MI ÍDOLO DEL CINE COREANO

October 26th, 2011 Migoya

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El cartel que hay sobre estas líneas pertenece al filme No Blood No Tears y, como ya he comentado alguna que otra vez, se trata posiblemente (pese a lo imposible de cualificar algo así) de mi filme favorito de la pasada década. En el año 2002, en mi labor como miembro del comité de selección del Festival de Cine de Sitges, rogué, lloré y pataleé ante mi entonces jefe, Ángel Sala, para que incluyera este título en la programación oficial de Sitges 2002, tras quedarme encandilado con dicha película durante su proyección dentro del Mercado del Festival de Cannes. Sala, como buen mago que es, no solamente trajo la película, sino que también traería al director de la misma, el coreano Ryu Seung-wan, en ediciones subsiguientes: hace unos años para presentar otra obra suya, The City of Violence, y este año con The Unjust y también en calidad de miembro del Jurado Oficial del Festival.

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Gracias a ello, y pese a que el cine de Ryu Seung-wan no ha obtenido excesivo eco ni en la prensa española ni en la internacional, poco a poco se ha hecho un hueco en la apreciación de los fans más encendidos del cine asiático. De entre los cineastas coreanos sigue siendo con diferencia el que más me gusta (lo cual no significa necesariamente que piense que sea el mejor), y no comprendo cómo películas como las mencionadas No blood no tears, The City of Violence, The Unjust (que finalmente ganó este año en Sitges el Premio Casa Asia) o las irregulares pero por momentos asombrosas Arahan o Crying Fist (que en varias ocasiones bordean la maravilla) no han conseguido un éxito abrumador en todo el mundo. Quizá es que Ryu Seung-wan, como un Gregory LaCava coetáneo, quiere meter demasiados géneros en una sola película (metodología que a mí me embelesa y que suelo aplicar a mis propias obras: hacer cine “para nadie”, como decía el propio Vigalondo de mi ¡Soy un pelele!) y que el espectador medio prefiere su zumo de una sola fruta o como máximo de dos… La cuestión es que, tarde o temprano, será reivindicado por el Tarantino occidental de turno (de ahí mi última pregunta al propio director).

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Fascinante imagen con la coprotagonista de Arahan (2004). Si estuviera en el instituto, forraría mi carpeta con ella.

A continuación, transcribo la breve y cordial entrevista que pude entablar con Ryu Seung-wan. Obviamente, el grado de distorsión ocasionado entre mis preguntas en castellano, su traducción al coreano por la intérprete oficial, la respuesta en coreano de Seung-wan y su consiguiente reconversión al castellano por la susodicha intérprete resulta considerable, pese a que he intentado sintetizar el espíritu de las respuestas lo máximo posible en la dirección hacia las que se intuía iban encaminadas. Espero que esta atropellada conversación os sirva para haceros sentir curiosidad por un director absolutamente arrebatador que llena de vitalidad, agilidad y una planificación irreprochable cada una de sus propuestas visuales. Con ustedes, Ryu Seung-wan.

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Retrato de Ryu Seung-Wan durante la entrevista (Foto de Josep Maria Contel).

 

-He tenido la fortuna de ver todos sus largometrajes…

-Muchas gracias.

-…Pero en España hay muy poca información sobre su cine. ¿Cuál de sus películas ha tenido más éxito en su país y cómo le perciben allí como director?

-La verdad es que la más taquillera de todas mis películas en Corea es esta última, The Unjust. Pero mi mayor fama internacional, o al menos una proyección mayor fuera de Corea, la conseguí con Arahan y The City of Violence.

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Arahan llegó a tener su propia edición española en DVD.

-¿Y no ocurrió lo mismo con Crying Fist?

-Crying Fist tuvo una acogida bastante buena en los festivales internacionales. Sin embargo, en el mercado interior no tuvo ningún éxito. La verdad es que mi posición en la industria del cine coreano está siempre en un punto delicado.

-¿Por qué, si su cine abriga un anhelo absolutamente comercial?

-El mío no es el único caso así. En Corea, cuando uno hace cine, debe poner todo lo que tiene en cada una de las películas y no siempre se acierta.

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Con su pasmoso plano secuencia del primer round que enfrenta a los dos boxeadores de la trama y la presencia del protagonista de Old Boy, todo hacía presagiar una suerte mucho mayor para Crying Fist (2005), aunque hoy ya se considera un título de culto.

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-Con No Blood No Tears aportó su propia versión ‘noir’ de Thelma y Louise, pero dotado de mucha más rabia y verdad interior. ¿De dónde surgió esa historia?

-Yo creo que tu interpretación sobre la película es muy acertada. Siempre quise hacer filmes con protagonistas femeninas. Pero en Corea este tipo de historia se percibe falsa, les parece impostada, por lo tanto tenía que describir los personajes desde el punto de vista más duro y miserable posible. Sin ánimo de insistir en el tema, la venta internacional de esta película obtuvo un resultado pésimo.

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-Pues es probablemente mi película favorita de los 00.

-Entonces yo creo que me mantengo en activo gracias a espectadores como tú.

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The City of Violence (2006), su irregular y deslumbrante homenaje al cine de artes marciales y violencia callejera.

 

-En cada película mezcla muchos géneros, y quizá eso sea un problema de cara a la taquilla: pero siempre lo hace con mucha energía, una energía casi teenager, y mucha originalidad. ¿Cuál es el elemento que usted encuentra común a todas sus películas, el que las convierte en filmes inconfundiblemente suyos?

-La verdad es que no tengo ni idea de cuál puede ser esa conexión entre mis películas que las hace reconocibles. Antes de rodar cada filme sí hay una preparación, una planificación previa. Pero lo que no sé es planificar ni prever la “esencia” de cada una de las películas, simplemente sigo un instinto. Y el instinto es algo que no se puede explicar con palabras.

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-¿Pero qué es lo que le mueve a hacer cada nuevo proyecto, qué es lo que suele encontrar interesante cada vez que se anima a realizar una nueva película?

-Quiero hacer cada película por alguna razón abstracta que me sería imposible traducirte a palabras. Lo que sí sé es que cada película responde a una motivación concreta y diferente.

-¿Y en todas se involucró por igual, partiendo de ideas propias?

The Unjust, por ejemplo, es la primera película que no he escrito yo. Hasta ahora, todos los guiones eran míos. Sin embargo, al rodar The Unjust sí que he introducido modificaciones en su guión.

-El humor, ¿verdad? Por ejemplo, la manera en que el fiscal, interpretado por su hermano, se esconde deslizándose detrás de su silla…

-Ja ja ja, a mí personalmente me encanta el slapstick, por eso genero continuamente tales situaciones absurdas y tonterías salpicando mis historias. Me gustan mucho. En esta película destaca ese tipo de humor porque en realidad la historia es fría y despiadada con sus personajes y con nuestra sociedad.

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Dachimawa Lee (2008), su filme más incomprendido.

­-Ese humor que usted introduce en sus películas a veces resulta extremadamente chocante para un espectador occidental, o al menos para mí. ¿Cómo es recibido en Corea su propio humor, por ejemplo en Dachimawa Lee, que no deja de ser una extravaganza delirante para nosotros?

-Ja ja ja… En el caso de ese filme, los espectadores coreanos también la encontraron una película extravagante. Por lo tanto, no consiguió demasiados espectadores… La secuencia en la que un personaje agónico casi se ahoga con el moco de otro personaje que le está llorando encima, no es algo que tampoco encuentren usual allá.

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-¿Encuentra que su humor es poco entendido en su país?

-Mi tendencia humorística es bastante extravagante y difícil de entender, sí. Sinceramente, no puedo esperar que haya una recepción masiva a ese tipo de filmes míos.

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En Crying Fist, Ryu Seung-beom, hermano del director, ofreció una interpretación e imagen muy alejadas de su cómico protagonista en Arahan o de la propia The Unjust.

 

-¿Cómo es trabajar con su hermano?

-Muchas veces me siento incómodo con él, porque nos conocemos demasiado bien. ¿Tú tienes algún hermano?

-Sí.

-¿Has trabajado alguna vez con él?

-No.

-Pruébalo y sabrás cómo me siento.

-Debe ser rarísimo.

-Trabajamos juntos en filmes desde hace más de diez años. Pero nuestras vidas profesionales y las personales están totalmente separadas.

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The Unjust (2010), su último y mayor éxito, es también su único filme con guión ajeno, aportado por el guionista de I Saw the Devil. El filme es una suerte de Infernal Affairs con mayor densidad o, lo que es lo mismo, un The Departed donde los efectismos de dirección sí están al servicio de lo narrado…

 

-Lo que más me gusta de The Unjust es que el policía corrupto resulta simpático para el espectador, no deja de ser el antihéroe torturado y clásico del género negro, mientras el fiscal que lucha por hacer justicia es un cretino insoportable. Eso crea muchos conflictos de posicionamiento moral en el propio espectador…

-Yo no quiero interpretar ningún personaje de esta película en términos de bondad o maldad, de su posible positividad o negatividad. Sólo quería demostrar de la manera más realista que pudiera las reacciones de personas normales y corrientes.

-Si The Unjust ha sido su mayor éxito hasta el momento, ¿hacia qué horizontes cree que puede dirigir ahora sus próximos proyectos?

-Quiero hacer una película de espías, pero con un protagonista muy frío y cruel.

-¿Sin humor?

-Sin humor.

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­-Por cierto, ¿qué opina Tarantino de sus películas?

-No lo sé. Nunca le he conocido. ¡Si le ves, pregúntale!

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Otro retrato de Ryu Seung-wan, obra de Josep Maria Contel.

Agradezco a Gloria Fernández las facilidades para esta entrevista y a Ángel Sala y su maravilloso equipo (especialmente a Alicia Reginato) el permitirme volver a sentirme en casa durante este Sitges 2012. También quiero expresar mi profundo agradecimiento al fotógrafo Josep Maria Contel por su generosidad y talento al realizar y ceder para ilustrar esta entrevista sus fantásticos retratos del director coreano.

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SITGES 2011: IT WAS A VERY GOOD YEAR… FOR SPANISH FILMS

October 19th, 2011 Migoya

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Aunque este mes he pagado en taquilla por ver -lo nunca visto- ¡tres! películas españolas (No habrá paz para los malvados, La piel que habito y la mayor estafa del año, El Capitán Trueno, imposible de comentar sin entrar en consideraciones sobre la fina línea que separa en España lo que es arte y lo que es delito), he aprovechado mi acreditación en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges para ver exclusivamente Spanish movies, debido al pudor que me causa mi desconocimiento del panorama patrio actual. El resultado ha sido muy satisfactorio:

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Eva de Kike Maíllo:  Algo apabullado por llegar tarde a la sesión matinal de esta película inaugural, tuve que conformarme con entrar a mediodía a la proyección que se anunciaba como su “Versión Doblada”. Yo ya estaba resignado a oír las voces de todos los actores recompuestas a otro idioma, así que cuál no sería mi sorpresa al comprobar que la tal “versión doblada” es en realidad la original: todo el reparto, incluido Daniel Brühl o Lluís Homar, hablaba en castellano con sonido directo… *Un productor de la película acaba de explicarme que en realidad se hicieron dobles tomas en catalán para la versión etiquetada como original. ¡Vuelven las dobles versiones!*.

Confusiones auditivas aparte, debo confesar que la película me gustó mucho. No parece una superproducción (lo que otros, más informados de presupuestos y expectativas, consideran un defecto), pero para alguien como yo, que a priori no sabía nada de Eva, fue una agradable sorpresa. La historia resulta sobadita y es previsible al cien por cien, y sin embargo está rodada con mucho gusto visual, de manera serenamente atípica y con un decidido hincapié en la atmósfera del drama desarrollado. Otros críticos reprochan que le falta “alma”, pero a mí me pareció lo contrario: horadando terrenos trillados, esta peli sencilla destaca por la calidez en su tratamiento de personajes y sentimientos, con derivaciones lolíticas muy de agradecer. Bien por Brühl, aunque le sobran mofletes; muy bien por la niña Claudia Vega; y un notable para Homar, cuya compostura y humanidad como robot son dignas de un Alec Guinness catalán.

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Mientras duermes de Jaume Balagueró: el nuevo filme de Balagueró es un excelente ejercicio de caligrafía cuya fórmula (temple direccional + guión de mecanismo sólido) se echaba de menos en el último cine español. La temática también es manida (se han hecho mil películas con la misma trama), pero la minuciosidad del método de su antihéroe, el localismo de sus andanzas y su retorcido punto de vista, que su director nos obliga a asumir (es difícil no estar con Luis Tosar cuando huye de su víctima arrastrándose, mareado de cloroformo), le otorgan el morbo suficiente para disfrutar su visionado. Eso sí, en un tiempo de redes sociales, me sobran tantas cartas y chantajes con películas porno… Mientras duermes deja más que establecida la habilidad de Balagueró como narrador visual con fundamento.

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Verbo de Eduardo Chapero-Jackson: fue la película más denostada durante su pase en Sitges, y es fácil entender por qué. El carácter español, incrédulo y materialista, es difícil que no se tome a chacota un filme “inspiracional” para adolescentes con un mensaje edificante y absolutamente diáfano que entra en terrenos abiertamente ridículos o ridiculizables (que no es lo mismo) para un espectador adulto ibérico, al menos para el que abunda en festivales de cine. Seguramente por ello mismo, me pareció una película muy valiente y, con todos sus peros (esa confusión premeditada entre belleza y horterada; ese tonito edulcorante a lo Paulo Coelho para niños mimados), me admiró la capacidad de empaque de que la dota su director y, sí, la belleza de varias de sus secuencias (excelente el segmento de planos de personas torturadas, capturados a través del espejo de los cuartos de baño). También debo reconocer que me quedé embelesado con la protagonista: tanto bonito primer plano de Alba García me mantuvo engatusado, y no pude evitar pensar en lo mucho que se parece a la actriz de mis cortos noventeros, Jenni Alarcón.

No deja de ser gracioso que una película de espíritu emprendedor tan a la “americana”, que apuesta por el cumplimiento de los sueños humanos (y no por el conformarte con una mierda de vida, como suele resultar típico de nuestra cultura católica), sea tildada en nuestro país de propuesta arriesgada y difícil… Quizá esta peli no sea para mí, pero me alegro de que se haya hecho. Ahora, los quinceañeros tienen la palabra.

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Extraterrestre de Nacho Vigalondo: el segundo largometraje del cántabro es una comedia madrileña con ovnis de fondo que se mueve entre juegos acrobáticos de guión al servicio de una historia de amor que no termina siendo la que uno se espera. Sorprende más que nunca la capacidad de Nacho para hacer cine de la nada, enhebrando una sucesión de secuencias redondas a partir de hilachos que los demás cinéfilos damos por sentado, en nuestro hartazgo de convenciones ficcionales. Si este filme tiene éxito, va a verse obligado a una nueva fuga temática con su tercer largometraje, porque muchos productores le van a querer encasillar: bueno, volatinero y barato.

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El callejón de Antonio Trashorras: este filme es “sólo” un estupendo ejercicio de cinefagia no apto para todos los gustos. Trashorras debuta en el largometraje con una historieta que contiene todo lo que le gusta a él: chica guapa y lista de frente, giallo de fondo y vampiros de soslayo. A mí, que soy fan del género (o de los géneros), lo que más me gustó fueron los primeros minutos: la presentación del personaje de Ana de Armas, su entorno laboral y sus cuitas personales. Todo ese segmento me pareció maravillosamente dirigido (la cámara siguiendo el puño que golpea el muslo ¡en plano entero! o ese escenario hotelero de ensueño pesadillesco) y con miles de posibilidades juguetonas. Luego, Trashorras se decanta por la peli de fan para fans del terror, lo cual tampoco está nada mal. Yo disfruté mucho sabiendo que el malo es Diego Cadavid, el prota de mi idolatrada serie El cartel de los sapos 2, y que la mala (buenísima) es Leonor Varela, la mejor elección que cualquier víctima vampírica podría hacer a la hora de dejarse chupar la sangre…  Personalmente, sólo me faltaron tetas y culo: los de la Varela. ¡El flashback lo pedía a aullidos! Una peli muy controlada y que abre las puertas a un Trashorras realizador que debería abordar su siguiente proyecto con toda la ambición de que sea capaz. Talento tiene ¡a borbotones!

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Diamond Flash de Carlos Vermut: se podrá acusar al debut cinematográfico de este autor de cómics de muchas cosas, pero ciertamente no de tomarse a la ligera su opera prima. Personalmente, no me gusta ni el cartel ni el tráiler de la película: y sin embargo el filme me parece una obra extraordinaria de principio a fin, incluso en todo aquello que puede llegar a causar irritación en un espectador no avisado (como lo era yo, a fin de cuentas). Cierto: la película dura ciento treinta minutos y son básicamente personas hablando. Cierto: uno puede cerrar los ojos en algunas escenas y seguir perfectamente el hilo de la narración. Falso: Diamond Flash es una película cualquiera. No, no lo es. Para empezar, no parece una primera película: da la impresión de que su director se haya dejado el alma en ella y cuente para ello con un bagaje cinematográfico mucho mayor. En primer lugar, el ingenioso juego argumental ha sido pergeñado con una laboriosidad, delicadeza e inteligencia que no son habituales: pocos directores avezados son capaces de abrazar la tragedia y el drama con tal desparpajo y sutileza (sólo Lars von Trier se atrevía a cruzar esos espinosos parajes y salir indemne) o de confiar tanto en la capacidad perceptiva de su público: y el intrincado mimbre funciona; en segundo lugar, la dirección de actores es sencillamente EPATANTE: jamás había visto un ramillete de caras poco conocidas en un largo autoproducido dar tanto ante la cámara y de manera tan genuina. Olvídense de cualquier atisbo de “espíritu” semi-profesional o re-amateur: Diamond Flash contiene cine de muchos quilates. Antes he dicho que muchas de las secuencias consisten en personas sentadas hablando: sí, pero también hay algunas secuencias visuales y mudas que causan un gozo indecible; y, lo más raro de todo: cuando el periplo finaliza, uno tiene ganas de más. Y es más: de repetir el periplo y descubrir los bordados más inextricables. No veo el momento de volver a verla. En Cannes matarían por ella.



ENTREVISTA A VIGALONDO

October 17th, 2011 Migoya

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Gracias a todos los que habéis difundido por Facebook y Twitter mi entrevista a Nacho Vigalondo publicada en Elmundo.es este pasado sábado.

Reconforta recoger enviadas por los lectores descripciones como “la entrevista definitiva”, “entrevistaza”, “entrevistón de tomo y lomo”, “grande la entrevista”, “imprescindible”, “increíble”…

Así da gusto, la verdad.

Conocer desde hace más de una década a Nacho ayudó a enfocar desde el principio las cuestiones tratadas, aunque el tiempo de que dispusimos para la entrevista fue escaso. Tampoco conté con demasiado margen para volcarla y editarla (ese “Sal gruesa” que se nos coló a ambos en la filmografía de Fernando Trueba, en vez de su Sal gorda, es torpe testigo: si bien, paradójicamente, nadie parece haberse dado cuenta). Pero Nacho y yo tenemos una sintonía que nos permitió entablar un diálogo relajado y cómplice, donde él habló sin trabas de lo que más sabe: de cine. Y escucharle hablar de cine es un lujo para mí y para cualquiera.

Lo que tampoco es usual es que un medio generalista publique una entrevista íntegra aunque se extienda el doble de lo habitual en los formatos digitales. Bien por ello. También agradezco a Raquel Calvo las excelentes fotografías que engalanan el texto y que también ilustran esta entrada.

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LA ETERNAUTA

October 10th, 2011 Migoya

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El Festival de Cine Fantástico de Sitges 2011 estrenó en sus primeros días La mujer del Eternauta, un documental testimonial sobre Elsa Sánchez y su remembranza del episodio de la tremebunda, terrorífica matanza de su esposo, el reputado guionista de cómics H. G. Oesterheld, y sus cuatro hijas (Estela, Beatriz, Diana y Marina), a manos de los militares durante la represión argentina de los años 70.

El documental de Adán Aliaga arroja una mirada intimista sobre la vida actual de Elsa, comparando sus posteriores años de soledad, lucha y desolación emocional con ese personaje desorientado y errático ante el apocalipsis de su mundo que fue El Eternauta, la creación más conocida de Oesterheld y probablemente la historieta argentina más popular del siglo XX.

El documental se salpimenta con reflexiones de parientes, amigos y personalidades cercanas al universo de Oesterheld, como el gurú del cómic argentino Juan Sasturain. También podemos ver al gran Francisco Solano López (creador gráfico de El Eternauta) dibujando en su taller, aunque no realiza ninguna declaración: probablemente sean sus últimas imágenes en cine antes de su fallecimiento hace dos meses.

Como ya indica en su blog mi perspicaz colega Absence, el tono contemplativo predomina en el metraje. Ello aporta, en mi opinión, una cosa buena y una cosa mala. La buena es que el tipo de contemplación escogida por el realizador nos permite captar el vivir cotidiano de la superviviente del horror: vemos a Elsa conversar con su empleada, regañar a su nieto, jugar con su bisnieto y permanecer callada con la mirada perdida, buscando el qué. Es como si la rutina de la vida diaria fuera un complemento y desenlace absurdo que no se puede rechazar ni siquiera tras un acontecimiento terrible que hubiera debido paralizar el mundo: el suyo y el nuestro… El documental logra proyectar un retrato honesto y equilibrado de Elsa Sánchez y su periplo existencial tras la brutal desaparición y muerte de su familia.

Lo que sí echo a faltar es una crónica personalizada de lo que ocurrió. Pocas veces se aborda directamente en el documental la tragedia sufrida (aunque, obviamente, sobrevuele cada plano tomado, cada palabra pronunciada) y no queda clara la cronología o simple ordenación de lo que realmente sucedió: todo son retazos. Accedemos a dibujos y recuerdos de las cuatro hijas, pero en ningún momento vemos claramente cómo son sus rostros ni se nos cuenta cómo eran ellas, para precisamente erigir un recuerdo de las personas, no de las víctimas, que fueron. Quizá no hacía falta, quizá ahondar en esa concisión factual sería hacer una concesión al melodrama: a cambio, tenemos una cierta frialdad y abstracción en la vaga exhumación narrativa del pasado. Para los interesados en saber qué pasó con la familia Oesterheld y sobrecogerse con imágenes de los años felices de sus miembros, este artículo es muy aclaratorio.

Hay un elemento muy valiente en el documental y es la no ocultación de los pespuntes de la personalidad de Elsa Sánchez: ella declara continuamente que no quiere ser la protagonista (más que “la mujer del” Eternauta, a mí me parece LA Eternauta: ella es la que vaga por esos mundos inertes sin asidero emocional), pero para bien o para mal (seguramente para su mal) la obra se centra en ella, y el espectador no puede evitar asistir a su perspectiva de madre, de continuo: de madre cercenada en su misión y conducción de afectos naturales. De madre abandonada a su suerte sin poder ejercer su rol escogido, con sólo un nieto en el que asentar su razón de seguir siendo.

Dentro del marco de ese retrato, me parece apasionante el pleito emocional que la viuda aún mantiene con su esposo muerto: la imposibilidad de perdonarle que no se comportara como un padre responsable y alejara a sus cuatro hijas de exponerse así, abrazando el activismo militante y la clandestinidad en años tan peligrosos y situaciones tan peliagudas, sigue aflorando a su corazón y su mirada. Su talante de madre (todas las madres son conservadoras de corazón, pues de eso trata su misión vital: de conservar) no entendió ni entenderá cómo el soñador romántico que era Oesterheld permitió que ganara en su voluntad de artista la lucha por la utopía frente a la elusión del riesgo mortal que podía conllevar la involucración política de sus hijas.

Ésa es la parte de La mujer del Eternauta (ese área donde irremisiblemente choca el punto de vista de la madre y el punto de vista del idealista) que realmente me conmueve y me deja destrozado.

Esperemos que en breve alguna televisión emita este documental para toda España.

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Estela, Marina, Diana y Beatriz.



LUC BESSON: MANTENIENDO EL (ESTEREO)TIPO

September 30th, 2011 Migoya

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Mientras espero como agua de mayo el estreno de esa ansiadísima adaptación a pantalla grande de la mejor serie colombiana de narcos, El cartel de los sapos (mi única queja: ¿cómo se les ha ocurrido reemplazar por el bueno de Tom Sizemore al bonachón de John Gertz para encarnar al bondadoso agente de la Dea Sam Mathews? ¿No podían haberlos integrado a los dos?), me conformo con acudir al cine a contemplar otro de los maravillosos bodrios de Luc Besson, este Colombiana gracias al cual he aprendido varias cosas: entre otras, que todos los colombianos son traquetos, hablan en inglés en la intimidad, se dicen cosas cariñosas como “padre” e “hijo” antes de matarse por la espalda, son yamakasis cuando el entorno geográfico lo requiere y decididamente están obligados a reproducirse mucho porque su mortandad es superlativa (y superlatina).

Se nota que Besson y su secuaz Robert Mark Kamen (probablemente el responsable de la caída en plancha a la serie B de Besson, pues empezó a colaborar con él en la que fue su primera mala película como director, El quinto elemento) deben haber visto El cartel de los sapos, porque han tomado de ella hasta el apellido de la protagonista (Restrepo, como el director de la serie original).

No se vayan a pensar que con estas palabras reniego de las películas producidas y coguionizadas por Besson: al revés, son uno de los mayores placeres que me quedan en una sala de cine. Me encanta esta minifactoría de productos en serie, porque son género puro: sí, ok, Besson se copia a sí mismo con descaro y hasta la saciedad (¿cuántas niñas asesinas ha creado ya? ¿cuántas comisarías han asaltado sus héroes y heroínas impunemente?) y eso me genera mucho afecto: es un genuino paladín de la cultura popular dispuesto a autofagocitarse para mantener viva la máquina del entretenimiento… implantando siempre sus propias reglas: eso es lo que admiro de él.

Además, continúa mimando sus propias películas (las dirigidas por su propia mano): Adele y el misterio de la momia me parece mucho más divertida que los cómics de Tardi en que están basados (y su protagonista mucho más guapa que la fea Adèle original).

En cuanto al tándem guionístico formado con Mark Kamen, juntos han pergeñado pequeñas películas que sólo tienen sentido dentro del marco de su universo de género negro y sus estereotipos tebeísticos (uy, lo que he dicho…), establecidos ambos por el propio Besson, con sus propias leyes sobre lo que es verosímil y lo que no: personalmente, le tengo muchísimo cariño a El beso del Dragón, porque su pareja protagonista desprende un calor poco habitual en estos productos y su exótica peripecia funciona; y, obviamente, Taken ha sido una de las sorpresas más agradables del buen cine malo de la pasada década, con su imprevisiblemente reaccionaria premisa (imprevisible por los tiempos que corren y porque el propiciador de la premisa ¡es europeo!), resumida en este concepto: “Hija mía, no viajes sola a Europa, que allá te pueden violar”.

El director de Colombiana es otro nifunifá de la factoría Besson: Olivier Megaton dirigió antes La sirène rouge, una mala versión de León, el profesional; pero también realizó mi película favorita de la saga Transporter, la tercera, porque inesperadamente parecía uno de aquellos emotivos vehículos europeo-aventureros de los años 70 coprotagonizado por Charles Bronson Jill Ireland.

En cuanto a Colombiana, venía a decir Godard que el cine es una mujer con una pistola: por esa misma regla de dos, un plano de Zoe Saldana cargando su arma vale por todos los Terrence Malick del mundo.

La peli es tan buena y tan mala como cabe esperar del dúo Besson-Mark Kamen. Y Olivier Megaton no es Paul Greengrass, por más que se empeñe en meter persecuciones en azoteas y peleas cuerpo a cuerpo, de inspiración pseudobourniana que palidecen en comparación. Baratita de producción, Colombiana contiene ideas tan delirantes que a cualquier observador con sensibilidad le puede sugerir mil posibilidades: por ejemplo, esa perturbadora imagen de la cariñosa Cataleya tomando en su mano el dedo-pene de su padrastro o la heroína nadando en una piscina entre tiburones degenerados por ordenador.

Además, poder contemplar a una negra estadounidense-dominicana (Zoe), un maorí (Cliff Curtis) y a un chaval de Hospitalet (el nunca suficientemente ponderado Jordi Mollà) haciendo todos de colombianos, es un espectáculo que nadie debería perderse por nada del mundo. Eso y ver juntos a actores de carácter tan entrañables como el mencionado Curtis, Mollà,  Michael Vartan (en el papel más tonto de su carrera, que ya es decir) o ¡Max Martini! me parecen excelentes razones que justifican el visionado del filme. Lástima que sus personajes tengan tan poco que expresar o decir digno de originalidad.

Con todo, yo sigo disfrutando mucho con cada nuevo truño de Besson y Mark Kamen. Porque son películas honestas, que no intentan engañar, y porque responden al más puro espíritu de la serie B: todas las armas son buenas.

Eso sí, no se crean a su director cuando afirma que “quería hacer una película más seria, menos caricaturesca que Transporter 3“.

Olivier, que seguimos jugando en la misma liga…



ESTAFADOR DE ESTAFADORES

September 19th, 2011 Migoya

“Hasta los auténticos Miró parecen falsificaciones”. Elmyr de Hory

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En realidad, no me esperaba nada de ¡Fraude! y debo confesar que me he divertido de lo lindo con esta ¿falsa? biografía sobre el pintor falsificador Elmyr de Hory, escrita en 1969 por otro falsificador (en este caso literario, Clifford Irving, famoso por haberse inventado una autobiografía de Howard Hugues) y actualizado por el propio autor con un capítulo extra para la reedición.

El aristócrata venido a menos y consumado homosexual Elmyr de Hory se hizo famoso gracias al documental Fraude (F for Fake/Vérités et mesonges) que le dedicó Orson Welles en 1973, y que no he visto. En su biografía, Irving nos explica muchas cosas de este fabuloso plagiador de cuadros cuyas falsificaciones pergeñadas desde Ibiza alimentaron en la segunda mitad del siglo XX varias prestigiosas galerías de todo el mundo con presuntos Matisse, Cézanne, Degas, Renoir… La leyenda dice que hasta Picasso confundió una copia perpetrada por de Hory como un dibujo legítimo suyo.

El libro de su historia  no sólo pinta un buen retrato sobre este vividor con un talento único para ser todos los artistas menos él mismo, sino que pone en jaque la estupidez del valor económico otorgado a la pintura moderna. ¿Cómo no falsificar obras por cuya posesión se pagan cifras astronómicas? ¿Cómo no TENER EL DEBER de estafar a unos falsos expertos en cuya opinión recae la especulación multimillonaria en que se ha convertido el mundo del arte y a los que engañó por completo durante tantos años? “Arte”, por cierto, a cuyo podio medios como el cómic o la caricatura no han accedido salvo mediante apropiaciones bastardas y casi ilícitas: disfrazados de cuadros.

Me ha gustado especialmente el excelente bosquejo de la relación entre el histérico falsificador y sus marchantes/chulos, los jovencitos Fernand Legros y Réal Lessard, dos modelos diferentes de “maricas malas” que ordeñaron las ubres del pobre Elmyr hasta dejarlo abandonado a su suerte con la Ley.

¡Fraude! funciona tanto a nivel filosófico/conceptual sobre qué es aquello que en el fondo llamamos arte, como análisis muy particular -y con efectos prácticos- de la evolución pictórica del siglo XX y, también, simplemente como delicioso pasatiempo para asombrarse ante lo que se puede conseguir con el talento, nada simple, de copiar.

Lean Fraude. No les defraudará.

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LOS SILENCIOS INCÓMODOS DE OSS 117

September 12th, 2011 Migoya

Conversación entre el jefe del Servicio Secreto Francés y el agente OSS 117:

-(Este ex nazi refugiado en Río) ha decidido chantajear a Francia.

-¿Tenemos que detenerle?

-No. Tenemos que pagarle.

-Vaya, qué cosas.

-Posee un microfilm con una lista de franceses que colaboraron con el régimen nazi.

OSS 117 Perdido en Río… de Michel Hazanavicius

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Pese a que ambas películas se han estrenado en España, no ha sido hasta este verano que tuve conocimiento de la existencia de OSS 117: El Cairo, nido de espías y su aún mejor secuela OSS 117: Perdido en Río… Dirigidas con primor por Michel Hazanavicius, ha sido siguiendo el hilo de su reciente nominación a la Palma de Oro de Cannes por su último filme, El artista (su actor fetiche sí ganó el Premio al Mejor Actor), que llegué a saber de estas dos obras maestras del cine paródico.

Sí estaba al tanto de la existencia literaria del agente espía francés Hubert Bonisseur aka OSS 117, creado por Jean Bruce cuatro años antes de que Ian Fleming se inventara a 007, pero no he leído ninguna de sus novelas (de niño me quedé en Jerry Cotton…) ni visto ninguna de sus adaptaciones “serias” a la gran pantalla.

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OSS 117 es un dechado de machismo, xenofobia y cerrilidad. Esas cualidades que probablemente ya detentaba su encarnación original (no en vano, James Bond también hacía gala, en mayor o menor grado, de todas ellas) son a buen seguro el motivo por el que, con la perspectiva socarrona que proporciona el tiempo, el dúo Hazanavicius&Dujardin haya decidido radicalizar el tono del personaje para que contrastara con nuestra mirada amable de ciudadanos del Siglo XXI. La fórmula funciona, especialmente en la segunda parte, ambientada en los años 60 en pleno bullicio hippie: ahí el garrulo de OSS 117 todavía destaca más.

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Cualquier fan de las novelas de Fleming o las pelis de Bond va a disfrutar como un enano viendo estos dos filmes: el secreto está no solamente en que resultan divertidos hasta la histeria (he llorado de risa varias veces durante su visionado, que reiteraré en un futuro próximo), sino porque además ambas están soberbiamente realizadas: su director las ha concebido como ejercicios retro (una situada en los años 50, otra en los 60), con una dirección acorde con el cine espectáculo propio de cada década correspondiente. El resultado es apabullante: si no te ríes con los gags (¿pero cómo no reírse con el asesino asiático que, disfrazado de chófer, recibe a OSS 117 diciéndole: “Bienvenido a Río”; o cuando entre entre su jefe y él se establece un silencio incómodo que ni siquiera el “mejor agente francés del mundo” sabe cómo superar con éxito?), el placer de mirar y reconocer estilemas clásicos, muchas veces pervertidos adrede, es suficiente para colmar cualquier expectativa. A veces se unen las dos vertientes con resultados gloriosos: véase el gag de 0SS 117 echándose a la cama con una fan suya, mientras la cámara se retira discretamente para dejar fuera de campo el fragor sexual… sólo para tener que volver apresuradamente hasta la mesita al chocar con un espejo donde se refleja el escarceo carnal de forma nada elegante.

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Pero lo que me ha dejado anonadado es la dureza y contundencia de los chistes xenófobos: judíos y musulmanes son los que más reciben (con una desfachatez que hace mirar por encima del hombro a la espera de que nos salte encima algún censor “humanista”), pero los estadounidenses y los propios franceses (véase el gancho a la quijada colaboracionista en la cita inicial de este texto) no se salvan de la andanada, como es de esperar en una comedia inteligente. Ese punto de vista galo es además el que proporciona un aire novedoso a la revisitación de género: esta vez el ombliguismo no es yanqui, sino gabacho. Quizá ése sea precisamente también el motivo de la ausencia de éxito en España de estas dos películas, pero es lo que definitivamente las confiere de frescura y personalidad.

En ambas entregas hay  diálogos memorables a mansalva. Puede que mi favorito sea éste:

“-Agente Koulechov: (Los hippies) quieren cambiar el mundo.

-Agente OSS 117: ¿Cambiar el mundo? ¡Qué idea más rara! El mundo está bien, ¿por qué cambiarlo?

-Agente Koulechov: Por ejemplo, predican hacer el amor, no la guerra.

-Agente OSS 117: Pero una cosa no quita la otra. Yo siempre he hecho ambas cosas y hasta ahora no he tenido ninguna queja.

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Mención aparte merece Jean Dujardin: su talento para representar la ególatra estultez de OSS 117 es fabuloso, pero además agrega esa candidez convencida que es la que consigue que, pese a todo, el descarado fanfarrón nos caiga bien. Poseedor de un notable juego de cejas, Dujardin mata accidentalmente y provoca que sus colores nacionales sean aborrecidos allá donde va… pero aun así, uno desea que salga con fortuna de todos sus líos.

Afortunadamente más cercanas de 07 con el 2 delante (aquella desternillante parodia de Bond centrada en el camarero español Jaime Bonet, fruto de la alianza de talentos de Ignacio F. Iquino, Armand Matias Guiu y Cassen, ahí es nada) que de Austin Powers, estas dos películas maravillarán a todo fan genuino de Bond & C.I.A. que tenga sentido del humor…

No veo el momento de volver a verlas.



MI NUEVO CÓMIC PARA EL MES DE SEPTIEMBRE

August 31st, 2011 Migoya

Bienvenidos de vuelta a mi blog.

He pasado todo julio y agosto escribiendo como un bendito. Son las mejores vacaciones que podría desear.

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Este mes sale a la venta una nueva obra de cómic. Se trata de una adaptación que he escrito de Terra Baixa, una de las obras maestras del teatro catalán, del dramaturgo clásico Àngel Guimerà.

Para mí ha sido una oportunidad de adentrarme en uno de los textos en catalán más bonitos y vívidos que he leído nunca. Y también de formar tándem con uno de los autores de cómic más profesionales que conozco, Quim Bou. Somos amigos desde hace muchos, muchos años… nuestros caminos se cruzaron muchas veces, pero nunca había tenido el privilegio de trabajar con él como guionista en un álbum. Bueno, cualquiera que conozca a Quim sabe que es un hombre extraordinario, un amor de persona. Pero además es un dibujante excepcional y pocas veces se ha hecho tan agradable, emocionante y fácil colaborar con alguien. Es fantástico poder trasladar a Guimerà con tanto Robert Crumb y tanto Richard Corben metido en sus viñetas.

El álbum forma parte del lanzamiento de la película que Isidro Ortiz ha realizado para TV3, adaptando la pieza de Guimerà y que se estrenará este 11 de septiembre por la televisión autonómica. La película, por cierto, es muy buena.

Nosotros hemos tenido la posibilidad de beber del material original, incluyendo todas las escenas más controvertidas de la obra. Creo que el resultado os sorprenderá.

Por cierto, a Quim le acaban de nominar ¡por partida triple! como finalista de los Premios de la Crítica de este año, a Dibujo, Guión y Mejor Obra Nacional por su serie Orn.

¡Felicidades, Quim!

Así da gusto empezar la temporada…



UN GRAN GUIONISTA DE NUESTRO TIEMPO

August 4th, 2011 Migoya

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“Había inaugurado una tradición de cobardía sentimental que, más de una década después, sigue vigente”. Contrareloj, de Alejo Valdearena y Pier Brito

Con un panorama guionístico español que aún tiene mucho más que dar de sí, la presencia en Barcelona del argentino Alejo Valdearena sería motivo suficiente para forzarle a abrazar en exclusiva la nacionalidad española.

Ahora, por fin, nos regala una nueva obra: Contrareloj.

No siento ninguna nostalgia generacional hacia Regreso al futuro (y eso que la vi cuando había que verla, a los 14) ni simpatía a priori por la época y lugares comunes que toca cualquier recreación ochentera que se precie. Lo diré a las claras: me suda la polla la nostalgia. Sin embargo, con un punto de partida bastardo, una especie de revisitación paródica del filme de Robert Zemeckis (también con mad doctor y con máquina del tiempo en forma de coche, que no es un Delorean precisamente), Valdearena construye un divertidísimo puzzle temporal (las idas y venidas de una fiesta en los años 80 por parte de un muchacho que veinte años después no ha olvidado su primer amor) que no desagradaría a Nacho Vigalondo y, sobre todo, nos endosa un canto a la vida, a la adolescencia y hasta a los errores que cometemos cuando somos unos felices inconscientes, que le proporcionan su inesperada dimensión universal por encima de cualquier lastre referencial. Es la DOBLE nostalgia: Valdearena parodia Regreso al futuro ¡para hacer su Verano del 42!

El conjunto es muy entretenido, pero las pinceladas humanizantes (siempre ejecutadas con clase, sin zafiedad sentimentaloide) de Valdearena son lo importante: uno entiende a los protagonistas, sufre, se divierte y emociona con ellos… Ése es el toque que cuenta. Lo que convierte una obra coyuntural en un cómic que importa a quien lo está leyendo.

Igual que nuestro McFly de turno vive regido por ese gran inhibidor (y también protector) de la vida que es la timidez, provocando en el lector las ganas de sacudirle de la pechera hasta que atesore suficiente confianza en sí mismo para atreverse a declarar su amor a la chica que le tiene sorbido el seso… a mí me dan ganas de coger de la pechera al Sr. Valdearena y sacudirle hasta que se convenza de que su talento es extraordinario: “¡Queremos más guiones tuyos, cabrón!”.

En la parte gráfica, Pier Brito da una lección de cómo combinar la impecabilidad técnica de la escuela argentina con una adecuada hipertrofia expresiva que los protagonistas adolescentes le exigen.

No se dejen engañar por la apariencia: Contrareloj les puede parecer un tebeo pequeñito, ¡incluso sospecho que se lo puede parecer a su propio guionista!, pero ya saben: en los frascos pequeños…

…aguardan los viajes espacio-temporales más alucinantes.