RYU SEUNG-WAN: MI ÍDOLO DEL CINE COREANO

October 26th, 2011 Migoya

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El cartel que hay sobre estas líneas pertenece al filme No Blood No Tears y, como ya he comentado alguna que otra vez, se trata posiblemente (pese a lo imposible de cualificar algo así) de mi filme favorito de la pasada década. En el año 2002, en mi labor como miembro del comité de selección del Festival de Cine de Sitges, rogué, lloré y pataleé ante mi entonces jefe, Ángel Sala, para que incluyera este título en la programación oficial de Sitges 2002, tras quedarme encandilado con dicha película durante su proyección dentro del Mercado del Festival de Cannes. Sala, como buen mago que es, no solamente trajo la película, sino que también traería al director de la misma, el coreano Ryu Seung-wan, en ediciones subsiguientes: hace unos años para presentar otra obra suya, The City of Violence, y este año con The Unjust y también en calidad de miembro del Jurado Oficial del Festival.

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Gracias a ello, y pese a que el cine de Ryu Seung-wan no ha obtenido excesivo eco ni en la prensa española ni en la internacional, poco a poco se ha hecho un hueco en la apreciación de los fans más encendidos del cine asiático. De entre los cineastas coreanos sigue siendo con diferencia el que más me gusta (lo cual no significa necesariamente que piense que sea el mejor), y no comprendo cómo películas como las mencionadas No blood no tears, The City of Violence, The Unjust (que finalmente ganó este año en Sitges el Premio Casa Asia) o las irregulares pero por momentos asombrosas Arahan o Crying Fist (que en varias ocasiones bordean la maravilla) no han conseguido un éxito abrumador en todo el mundo. Quizá es que Ryu Seung-wan, como un Gregory LaCava coetáneo, quiere meter demasiados géneros en una sola película (metodología que a mí me embelesa y que suelo aplicar a mis propias obras: hacer cine “para nadie”, como decía el propio Vigalondo de mi ¡Soy un pelele!) y que el espectador medio prefiere su zumo de una sola fruta o como máximo de dos… La cuestión es que, tarde o temprano, será reivindicado por el Tarantino occidental de turno (de ahí mi última pregunta al propio director).

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Fascinante imagen con la coprotagonista de Arahan (2004). Si estuviera en el instituto, forraría mi carpeta con ella.

A continuación, transcribo la breve y cordial entrevista que pude entablar con Ryu Seung-wan. Obviamente, el grado de distorsión ocasionado entre mis preguntas en castellano, su traducción al coreano por la intérprete oficial, la respuesta en coreano de Seung-wan y su consiguiente reconversión al castellano por la susodicha intérprete resulta considerable, pese a que he intentado sintetizar el espíritu de las respuestas lo máximo posible en la dirección hacia las que se intuía iban encaminadas. Espero que esta atropellada conversación os sirva para haceros sentir curiosidad por un director absolutamente arrebatador que llena de vitalidad, agilidad y una planificación irreprochable cada una de sus propuestas visuales. Con ustedes, Ryu Seung-wan.

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Retrato de Ryu Seung-Wan durante la entrevista (Foto de Josep Maria Contel).

 

-He tenido la fortuna de ver todos sus largometrajes…

-Muchas gracias.

-…Pero en España hay muy poca información sobre su cine. ¿Cuál de sus películas ha tenido más éxito en su país y cómo le perciben allí como director?

-La verdad es que la más taquillera de todas mis películas en Corea es esta última, The Unjust. Pero mi mayor fama internacional, o al menos una proyección mayor fuera de Corea, la conseguí con Arahan y The City of Violence.

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Arahan llegó a tener su propia edición española en DVD.

-¿Y no ocurrió lo mismo con Crying Fist?

-Crying Fist tuvo una acogida bastante buena en los festivales internacionales. Sin embargo, en el mercado interior no tuvo ningún éxito. La verdad es que mi posición en la industria del cine coreano está siempre en un punto delicado.

-¿Por qué, si su cine abriga un anhelo absolutamente comercial?

-El mío no es el único caso así. En Corea, cuando uno hace cine, debe poner todo lo que tiene en cada una de las películas y no siempre se acierta.

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Con su pasmoso plano secuencia del primer round que enfrenta a los dos boxeadores de la trama y la presencia del protagonista de Old Boy, todo hacía presagiar una suerte mucho mayor para Crying Fist (2005), aunque hoy ya se considera un título de culto.

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-Con No Blood No Tears aportó su propia versión ‘noir’ de Thelma y Louise, pero dotado de mucha más rabia y verdad interior. ¿De dónde surgió esa historia?

-Yo creo que tu interpretación sobre la película es muy acertada. Siempre quise hacer filmes con protagonistas femeninas. Pero en Corea este tipo de historia se percibe falsa, les parece impostada, por lo tanto tenía que describir los personajes desde el punto de vista más duro y miserable posible. Sin ánimo de insistir en el tema, la venta internacional de esta película obtuvo un resultado pésimo.

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-Pues es probablemente mi película favorita de los 00.

-Entonces yo creo que me mantengo en activo gracias a espectadores como tú.

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The City of Violence (2006), su irregular y deslumbrante homenaje al cine de artes marciales y violencia callejera.

 

-En cada película mezcla muchos géneros, y quizá eso sea un problema de cara a la taquilla: pero siempre lo hace con mucha energía, una energía casi teenager, y mucha originalidad. ¿Cuál es el elemento que usted encuentra común a todas sus películas, el que las convierte en filmes inconfundiblemente suyos?

-La verdad es que no tengo ni idea de cuál puede ser esa conexión entre mis películas que las hace reconocibles. Antes de rodar cada filme sí hay una preparación, una planificación previa. Pero lo que no sé es planificar ni prever la “esencia” de cada una de las películas, simplemente sigo un instinto. Y el instinto es algo que no se puede explicar con palabras.

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-¿Pero qué es lo que le mueve a hacer cada nuevo proyecto, qué es lo que suele encontrar interesante cada vez que se anima a realizar una nueva película?

-Quiero hacer cada película por alguna razón abstracta que me sería imposible traducirte a palabras. Lo que sí sé es que cada película responde a una motivación concreta y diferente.

-¿Y en todas se involucró por igual, partiendo de ideas propias?

The Unjust, por ejemplo, es la primera película que no he escrito yo. Hasta ahora, todos los guiones eran míos. Sin embargo, al rodar The Unjust sí que he introducido modificaciones en su guión.

-El humor, ¿verdad? Por ejemplo, la manera en que el fiscal, interpretado por su hermano, se esconde deslizándose detrás de su silla…

-Ja ja ja, a mí personalmente me encanta el slapstick, por eso genero continuamente tales situaciones absurdas y tonterías salpicando mis historias. Me gustan mucho. En esta película destaca ese tipo de humor porque en realidad la historia es fría y despiadada con sus personajes y con nuestra sociedad.

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Dachimawa Lee (2008), su filme más incomprendido.

­-Ese humor que usted introduce en sus películas a veces resulta extremadamente chocante para un espectador occidental, o al menos para mí. ¿Cómo es recibido en Corea su propio humor, por ejemplo en Dachimawa Lee, que no deja de ser una extravaganza delirante para nosotros?

-Ja ja ja… En el caso de ese filme, los espectadores coreanos también la encontraron una película extravagante. Por lo tanto, no consiguió demasiados espectadores… La secuencia en la que un personaje agónico casi se ahoga con el moco de otro personaje que le está llorando encima, no es algo que tampoco encuentren usual allá.

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-¿Encuentra que su humor es poco entendido en su país?

-Mi tendencia humorística es bastante extravagante y difícil de entender, sí. Sinceramente, no puedo esperar que haya una recepción masiva a ese tipo de filmes míos.

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En Crying Fist, Ryu Seung-beom, hermano del director, ofreció una interpretación e imagen muy alejadas de su cómico protagonista en Arahan o de la propia The Unjust.

 

-¿Cómo es trabajar con su hermano?

-Muchas veces me siento incómodo con él, porque nos conocemos demasiado bien. ¿Tú tienes algún hermano?

-Sí.

-¿Has trabajado alguna vez con él?

-No.

-Pruébalo y sabrás cómo me siento.

-Debe ser rarísimo.

-Trabajamos juntos en filmes desde hace más de diez años. Pero nuestras vidas profesionales y las personales están totalmente separadas.

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The Unjust (2010), su último y mayor éxito, es también su único filme con guión ajeno, aportado por el guionista de I Saw the Devil. El filme es una suerte de Infernal Affairs con mayor densidad o, lo que es lo mismo, un The Departed donde los efectismos de dirección sí están al servicio de lo narrado…

 

-Lo que más me gusta de The Unjust es que el policía corrupto resulta simpático para el espectador, no deja de ser el antihéroe torturado y clásico del género negro, mientras el fiscal que lucha por hacer justicia es un cretino insoportable. Eso crea muchos conflictos de posicionamiento moral en el propio espectador…

-Yo no quiero interpretar ningún personaje de esta película en términos de bondad o maldad, de su posible positividad o negatividad. Sólo quería demostrar de la manera más realista que pudiera las reacciones de personas normales y corrientes.

-Si The Unjust ha sido su mayor éxito hasta el momento, ¿hacia qué horizontes cree que puede dirigir ahora sus próximos proyectos?

-Quiero hacer una película de espías, pero con un protagonista muy frío y cruel.

-¿Sin humor?

-Sin humor.

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­-Por cierto, ¿qué opina Tarantino de sus películas?

-No lo sé. Nunca le he conocido. ¡Si le ves, pregúntale!

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Otro retrato de Ryu Seung-wan, obra de Josep Maria Contel.

Agradezco a Gloria Fernández las facilidades para esta entrevista y a Ángel Sala y su maravilloso equipo (especialmente a Alicia Reginato) el permitirme volver a sentirme en casa durante este Sitges 2012. También quiero expresar mi profundo agradecimiento al fotógrafo Josep Maria Contel por su generosidad y talento al realizar y ceder para ilustrar esta entrevista sus fantásticos retratos del director coreano.

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LOS SILENCIOS INCÓMODOS DE OSS 117

September 12th, 2011 Migoya

Conversación entre el jefe del Servicio Secreto Francés y el agente OSS 117:

-(Este ex nazi refugiado en Río) ha decidido chantajear a Francia.

-¿Tenemos que detenerle?

-No. Tenemos que pagarle.

-Vaya, qué cosas.

-Posee un microfilm con una lista de franceses que colaboraron con el régimen nazi.

OSS 117 Perdido en Río… de Michel Hazanavicius

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Pese a que ambas películas se han estrenado en España, no ha sido hasta este verano que tuve conocimiento de la existencia de OSS 117: El Cairo, nido de espías y su aún mejor secuela OSS 117: Perdido en Río… Dirigidas con primor por Michel Hazanavicius, ha sido siguiendo el hilo de su reciente nominación a la Palma de Oro de Cannes por su último filme, El artista (su actor fetiche sí ganó el Premio al Mejor Actor), que llegué a saber de estas dos obras maestras del cine paródico.

Sí estaba al tanto de la existencia literaria del agente espía francés Hubert Bonisseur aka OSS 117, creado por Jean Bruce cuatro años antes de que Ian Fleming se inventara a 007, pero no he leído ninguna de sus novelas (de niño me quedé en Jerry Cotton…) ni visto ninguna de sus adaptaciones “serias” a la gran pantalla.

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OSS 117 es un dechado de machismo, xenofobia y cerrilidad. Esas cualidades que probablemente ya detentaba su encarnación original (no en vano, James Bond también hacía gala, en mayor o menor grado, de todas ellas) son a buen seguro el motivo por el que, con la perspectiva socarrona que proporciona el tiempo, el dúo Hazanavicius&Dujardin haya decidido radicalizar el tono del personaje para que contrastara con nuestra mirada amable de ciudadanos del Siglo XXI. La fórmula funciona, especialmente en la segunda parte, ambientada en los años 60 en pleno bullicio hippie: ahí el garrulo de OSS 117 todavía destaca más.

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Cualquier fan de las novelas de Fleming o las pelis de Bond va a disfrutar como un enano viendo estos dos filmes: el secreto está no solamente en que resultan divertidos hasta la histeria (he llorado de risa varias veces durante su visionado, que reiteraré en un futuro próximo), sino porque además ambas están soberbiamente realizadas: su director las ha concebido como ejercicios retro (una situada en los años 50, otra en los 60), con una dirección acorde con el cine espectáculo propio de cada década correspondiente. El resultado es apabullante: si no te ríes con los gags (¿pero cómo no reírse con el asesino asiático que, disfrazado de chófer, recibe a OSS 117 diciéndole: “Bienvenido a Río”; o cuando entre entre su jefe y él se establece un silencio incómodo que ni siquiera el “mejor agente francés del mundo” sabe cómo superar con éxito?), el placer de mirar y reconocer estilemas clásicos, muchas veces pervertidos adrede, es suficiente para colmar cualquier expectativa. A veces se unen las dos vertientes con resultados gloriosos: véase el gag de 0SS 117 echándose a la cama con una fan suya, mientras la cámara se retira discretamente para dejar fuera de campo el fragor sexual… sólo para tener que volver apresuradamente hasta la mesita al chocar con un espejo donde se refleja el escarceo carnal de forma nada elegante.

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Pero lo que me ha dejado anonadado es la dureza y contundencia de los chistes xenófobos: judíos y musulmanes son los que más reciben (con una desfachatez que hace mirar por encima del hombro a la espera de que nos salte encima algún censor “humanista”), pero los estadounidenses y los propios franceses (véase el gancho a la quijada colaboracionista en la cita inicial de este texto) no se salvan de la andanada, como es de esperar en una comedia inteligente. Ese punto de vista galo es además el que proporciona un aire novedoso a la revisitación de género: esta vez el ombliguismo no es yanqui, sino gabacho. Quizá ése sea precisamente también el motivo de la ausencia de éxito en España de estas dos películas, pero es lo que definitivamente las confiere de frescura y personalidad.

En ambas entregas hay  diálogos memorables a mansalva. Puede que mi favorito sea éste:

“-Agente Koulechov: (Los hippies) quieren cambiar el mundo.

-Agente OSS 117: ¿Cambiar el mundo? ¡Qué idea más rara! El mundo está bien, ¿por qué cambiarlo?

-Agente Koulechov: Por ejemplo, predican hacer el amor, no la guerra.

-Agente OSS 117: Pero una cosa no quita la otra. Yo siempre he hecho ambas cosas y hasta ahora no he tenido ninguna queja.

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Mención aparte merece Jean Dujardin: su talento para representar la ególatra estultez de OSS 117 es fabuloso, pero además agrega esa candidez convencida que es la que consigue que, pese a todo, el descarado fanfarrón nos caiga bien. Poseedor de un notable juego de cejas, Dujardin mata accidentalmente y provoca que sus colores nacionales sean aborrecidos allá donde va… pero aun así, uno desea que salga con fortuna de todos sus líos.

Afortunadamente más cercanas de 07 con el 2 delante (aquella desternillante parodia de Bond centrada en el camarero español Jaime Bonet, fruto de la alianza de talentos de Ignacio F. Iquino, Armand Matias Guiu y Cassen, ahí es nada) que de Austin Powers, estas dos películas maravillarán a todo fan genuino de Bond & C.I.A. que tenga sentido del humor…

No veo el momento de volver a verlas.



HITLER IN LOVE… Y ON LINE

July 15th, 2011 Migoya

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Para celebrar la apertura del canal de cine alternativo Underbrain Channel, se ha estrenado por fin íntegro el cortometraje Hitler in Love, con guión mío y animación de Bouman.

Ya podéis disfrutar ‘on line’ las románticas y épicas aventuras de este joven Hitler enamorado: el comienzo de una leyenda. Para saber más sobre este corto, también podéis consultar el artículo que el diario El País publica hoy sobre nuestra obra.

Underbrain Channel es un canal internetero que ofrecerá en su página ficción audiovisual poco estandarizada. En breve hablaré más sobre su original oferta.



¡VIVA BAY!

July 4th, 2011 Migoya

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Aún no me he repuesto de la paliza que me he dado viendo Transformers 3: el lado oscuro de la luna en 3D. Tras dos horas y media de un sindiós de efectos especiales, acción sin ton ni son y personajes unidimensionales, he salido del cine tan vapuleado como si me hubieran metido en el centrifugado de una lavadora. Vapuleado, pero contento.

Dicen los detractores de Michael Bay (¿TODO EL MUNDO?) que sus películas son facilonas y no requieren ningún esfuerzo al espectador, pero yo creo que hoy por hoy es el DIRECTOR MÁS DIFÍCIL DE DECODIFICAR, tal es la cantidad de información visual que el muy cabrón mete en cada fotograma de sus películas. ¡Acaba uno baldado!

Actualmente, todo aquel que presuma de blog, una sección cinematográfica o albergue vocación de crítico parece que odia al buenazo de Michael. Tal odio sólo es comparable al que hace treinta años la crítica la tenía a otro “chico eterno”, Steven Spielberg. ¿Significará eso que Michael Bay será considerado dentro de dos décadas el mejor director de Hollywood? Lo que resulta casi seguro es que pronto empezarán a salir cineastas veintañeros confesando que Bay fue su primera inspiración, igual que Spielberg lo ha sido para tantos directores de mi generación.

La verdad es que Michael Bay solamente tiene una película realmente mala: Pearl Harbor. El resto es puro cine de palomitas, desde su sorprendentemente austera (en comparación con el resto de su filmografía) Dos polis rebeldes, pasando por la estupenda La Roca o incluso la absurda La isla (ninguna película con una pareja a la carrera en mono blanco puede ser mala), hasta la que me parece una de las mejores películas comerciales y no comerciales de los años 90, ese Armaggedon cuyo guión debería servir de modelo de síntesis y diálogos para cualquier estudiante de cine que se precie.

Un proyecto como Armaggedon, por ejemplo, hubiera durado seis horas en manos de cualquier otro director. Los tres principales méritos de Bay son su sentido del espectáculo y la maravilla, que quizá lo entronquen directamente con Cecil B. de Mille antes de llegar a Spielberg; su habilidad para orquestar sin chirridos tramas corales de proporciones mayestáticas y condensar información como si fuera un Tom Clancy de la pantalla; y la capacidad de tomarse en serio un material que en otras manos sería inevitablemente de derribo. No le restemos mérito a estas cualidades: Roland Emmerich juega en la misma liga “blockbuster” y, sin embargo, es peor director.

Porque, ¿qué esperanza abrigaría cualquier persona con dos dedos de frente de que se pudiera sacar algo bueno partiendo de los juguetes de Transformers? Yo no abrigaba ninguna. Y por ello hasta hace un año no me dio por visualizar la primera entrega, para descubrir que estaba ante una de mis películas favoritas de la década pasada. Si bien la franquicia rezuma cansancio (la fórmula de ocho minutos de trama principal más ocho de la peripecia privada de Sam Witwicky, alternadas hasta hacer confluir ambas, ya toca un poco las pelotas), la capacidad de Bay de creerse lo que está contando y superarse en el despiporre circense hace que uno le siga por pura inercia. Y siempre termina mereciendo la pena.

Repasemos lo mejor de las tres entregas de la saga robótica:

-Transformers 1: Su sentido del espectáculo y lo maravilloso me retrotrajo sin remisión a uno de mis Spielberg favoritos, el de Indiana Jones y el templo maldito. Las escenas de acción son insuperables y el concepto de “adultez” que tienen los soldados luchando contra los putos Transformers en el desierto à la Guerra del Golfo me parece un hito conceptual. Asimismo, el personaje de Shia LaBeouf logra una empatía teenager con el espectador que enlaza directamente con el Marty McFly de Regreso al futuro. La combinación de humor y acción alcanza cotas virtuosas, regalándonos una de esas secuencias que ya quedarán para siempre en el imaginario colectivo del mundo globalizado: los Transformers intentando esconderse en torno a la casa de los padres de Sam para que éstos no les descubran. Un momento a la altura de la bicicleta voladora de E.T.

-Transformers 2: La venganza de los caídos: Probablemente termine siendo la favorita de los fans. Su guión se revela tan delirante y estúpido que uno acaba entrando en esa ilógica argumental con la misma pasión con que acepta la premisa que establece la existencia de extraterrestres robóticos. Y John Turturro se consolida como el Christopher Lloyd/Dr. Emmett Brown de los chavales de hoy: su gesta final al ritmo de un lema inventado de película de acción que él mismo se repite como mantra sugestivo resulta una genialidad, pero son muchísimas las frases antológicas que el ex agente Simmons suelta en esta peli. Mi favorita: “Esto que te voy a enseñar es top-secret. Por favor, no se lo digas a mi madre”. En esa frase está resumido todo el espíritu de la factoría Spielberg.

-Transformers 3: El lado oscuro de la luna: El guión de esta tercera entrega parece más coherente que el de la anterior, pero no os dejéis engañar. ¿Guión? Lo único digno de reseña es que Bay vuelve a cogernos de los huevos y no nos suelta durante demasiado tiempo. El viaje es agotador. A destacar: lo que le pase a Witwicky y a su nueva novia-objeto (¿Seguro que es su novia? ¿No es un polvo de una noche?) nos importa un bledo, pero a fin de cuentas tampoco nos importó demasiado en las anteriores entregas; John Malkovich está graciosísimo y simpatiquísimo, o sea, lo nunca visto; la McDormand y el Turturro NO tienen ninguna química, cosa sorprendente; y los últimos tres cuartos de hora son para ver varias veces con un cinturón de seguridad cruzando el torso: de lo mejorcito y más extenuante que ha producido el último Hollywood, con maravillosas caídas y recaídas por el aire y por edificios (que también se caen, claro) imposibles de justificar: estoy deseando que salga el parque temático. Misión cumplida, Bay.

Como punto más negativo, la desagradable orondez facial del protagonista… Al igual que le pasó a Michael J. Fox, LaBeouf empieza a delatar que no es un adolescente, sino un viejo prematuro con cara de adolescente: sus mofletes ya alcanzan proporciones porkyanas y es fácil vaticinar que dentro de veinte años estará en la ComiCon de San Diego regalando cromos firmados o haciendo de prestamista calvo en la nueva película de Woody Allen (que, como ya sospecháis, no habrá muerto aún). Un futuro muy poco épico, en todo caso.

Obviamente, la importancia mediática de Transformers es tal (como lo fue en su momento la del primer Spielberg, Zemeckis, Cameron, etc.), que importa poco lo que los críticos y opinadores digamos o dejemos de decir al respecto: este tipo de películas siempre fue mal recibido por sus enjuiciadores coetáneos, pero su influencia en el espectador adolescente (y no tan adolescente) alcanza una proporción internacional tan desmesurada que, en el caso que nos ocupa, a buen seguro que en unos años llegará una masiva avalancha de artistas o simples nostálgicos recordando emocionados lo mucho que les marcó la ridícula y fascinante saga transformeriana.

Así pues, ¿por qué aceptar el lametazo gótico de Tim Burton y no aceptar la estampita épico-relamida de Bay? Tan empalagoso puede resultar uno como el otro pero, de lo que no hay duda, es de que Bay también tiene su impronta y sabe lo que quiere comunicar al espectador.

En cualquier caso, insisto, da igual lo que opinemos: en unos años, muchos considerarán a Michael Bay no ya un buen director, sino un hito de sus vidas cinéfilas, y algún exhibidor en Barcelona organizará con éxito arrollador un Phenomena proyectando toda la saga de Transformers para cuarentones sin ganas de nuevos héroes que adorar.

Es lo que tiene la cultura de masas.

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Siempre me han flipado las portadas o carteles sin personajes humanos:

me produce una sensación extrañamente perturbadora e inquietante.



“JEFES”: LA JERARQUÍA DEL HORROR

June 17th, 2011 Migoya

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La primera vez que vi Jefes (Chiefs, 1983, de Jerry London) tenía unos 13 años y vagamente recuerdo que su contenido me pareció bastante tétrico para tratarse de una miniserie de TV. Revisitada casi tres décadas después, no me extraña que guardara tal impresión: las vicisitudes de un violador sexual (uno de los primeros psicópatas de la ficción en la pequeña pantalla, que yo recuerde) y los 40 años que toma resolver el misterio de sus andanzas siguen resultando a día de hoy un planteamiento inesperadamente frío y cruel en contraste con la amabilidad de la ficción catódica de aquellos años.

Basada en una novela de Stuart Woods, el anzuelo primero de Jefes (miniserie de 200 minutos de metraje, dividida en tres episodios, reconvertidos a cuatro en su emisión/edición española) es su extraordinario reparto, realizado con mucha visión y esa preclaridad que viene después confirmada por la rutilante carrera subsiguiente de la mayoría de su elenco: junto al insustituible Charlton Heston (que como “patriarca” de la ciudad retratada, salpica la narración con su voz en primera persona, recurso que parecía inevitable cuando se trataba de él: “Hay que contar la historia de un pueblo con tono épico y enfático, ¿a quién llamamos?”. “¡A Charlton, claro!”), están Keith CarradineWayne Rogers (Mash), Stephen Collins (Cuentos del mono de oro), Billy Dee Williams (Star Wars), Danny Glover, Tess Harper, Paul Sorvino, Victoria Tennant, y hasta un jovencito John Goodman en un papel anecdótico pero lucido al protagonizar la secuencia más divertida de la por otro lado lúgubre historia… y quien yo creo que se lleva el gato al agua en brillantez interpretativa: el ya desaparecido Brad Davis.

*ATENCIÓN: CONTIENE AGUAFIESTAS*

Lo interesante y casi diamantino de Jefes es que podría tratarse de una crónica épica sobre el desarrollo y la progresiva civilización de una pequeña ciudad sureña de los EEUU, desde los años 20 hasta los 60 del siglo XX… si no fuera porque el contrapunto de esa crónica lo protagonizan los sucesivos jefes de policía que, casi siempre por despiste o casualidad, están a punto de descubrir las malandanzas de un “psychokiller” que disfruta disfrazándose de uniforme y vejando y matando jovencitos autoestopistas. Es decir, la crónica de la ciudad es su crónica negra.

El desarrollo de la miniserie está sazonado con multitud de puntos de giro inhabituales, gracias al desapego sentimental de base que su escritor/guionista/director demuestran hacia sus personajes. De hecho, si uno no sabe nada de la obra, se da cuenta de que usa el mismo truco que Hitchcock en Psicosis: cuando uno cree que el trayecto emocional está encarrilado con un “protagonista” a través del cual vamos a presenciar el desarrollo de la investigación que desenmascare al asesino (cuya identidad el espectador conoce casi desde el principio), el devenir de los acontecimientos se lo carga y tenemos que esperar a que ese “prota” sea sustituido por otro… y otro… El truco -excelente truco, pues demuestra lo incidental que puede ser todo en torno a un crimen o a cualquier evento digno de ser conocido- es utilizado más de una vez y forma parte consustancial del concepto de Jefes.

Esos sucesivos jefes de policía serán el hilo conductor de la trama:

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El primer Jefe.

-En los años 20, Will Henry Lee será el primer encargado de poner orden en la supuestamente apacible Delano, encontrándose con que no solamente la ciudad oculta un criminal aborrecible, sino que sus habitantes esconden sus propios fantasmas no tan soterrados: violencia marital, racismo institucionalizado, abuso de la autoridad… Wayne Rogers da vida con mucha convicción a este hombre del Sur honesto y amigo de todas las razas, cuya simpatía y bondad contribuyen a que joda aún más su grotesco final.

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El segundo Jefe.

-Brad Davis encarna (y uno puede ver que pone el alma en ello) a Sonny Butts, joven desequilibrado por las palizas que su padre le propinaba de niño y con acusadas tendencias violentas él mismo, sumado a un racismo típico de la mentalidad sudista. Lo interesante de Butts es que como jefe de policía en plenos años 40 (tras la II GM), casi resulta él más vicioso, perverso y temible que los personajes que están fuera de la Ley, y por poco no gana en antipatía al por otro lado apacible psicópata, al que raramente vemos en acción. En cualquier caso, Davis protagoniza las mejores secuencias interpretativas de la miniserie, y es difícil no ver en su mirada desquiciada reminiscencias de la de este otro actor hoy en boga.

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El tercer Jefe.

Finalmente, Billy Dee Williams interpreta a Tyler Watts/Joshua Cole, el antiguo “delaniano” que tuvo que huir del pueblo cuando niño y regresa a él a principios de los años 60, como primer jefe de policía negro de la ciudad, coincidiendo con la década más activa en las luchas estadounidenses por los derechos civiles de los ciudadanos de color. Williams no representa mi ideal de tipo duro, pero su personaje es una perita en dulce y él le saca buen rendimiento.

Los cadáveres exhumados de las víctimas del psicópata de Delano, un oprobio para la “respetabilidad” de la ciudad, son en realidad los pecados de una civilización que permitió durante demasiado tiempo la represión del instinto, el abuso de género y la opresión de otra raza.

Denle una oportunidad a Jefes y disfrútenla de una sentada, 28 años después.



LAS MUÑECAS DE LA MAFIA: LAS CINCO “JUSTINES” DE COLOMBIA

June 10th, 2011 Migoya

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“Te volveré una muñequita, tendrás escolta, las camionetas y hasta piscina”. Tema principal de Las muñecas de la mafia 

Lo más interesante de las series colombianas es que, por idiosincrasia de su propia sociedad y por ausencia voluntaria de mesura, contienen unas dosis de realidad y dureza moral imposibles de concebir en una serie estadounidense o inaceptables en una española. De hecho, para un espectador español resulta increíble y abrumadora la cantidad de violencia injustificada, brutalidad gratuita y machismo desaforado que inunda sus producciones.

El caso de Las muñecas de la mafia se revela particularmente despiadado, dado que cuenta la historia de cinco muchachas relacionadas por voluntad propia o a la fuerza con el lujoso y desalmado mundo del narcotráfico, y cómo esa inmersión en una mafia sádica y sanguinaria hará trizas su inocencia y abocará sus vidas a sendas de perfidia que, como dice el cliché, no les permitirá volver a ser jamás las mismas. En este caso, el cliché se cumple a rajatabla.

Las muñecas de la mafia termina por ser una versión moderna e hispanoamericanizada de Justine o los infortunios de la virtud del Marqués de Sade, no solamente porque narra la pérdida de la virtud (sexual, ética y emocional) de cinco amigas bellas e inocentes, sino porque también pone en solfa, con retorcida lógica, hasta qué punto la inocencia no es culpable última de los “infortunios” que desata; e incluso la serie adopta, como hiciera el propio Marqués, la forma de “cuento moral”, didáctico y edificante, para desplegar una galería con las mayores atrocidades, perrerías y bajezas humanas que hoy día se pueda imaginar un espectador moderno del Primer Mundo.

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Las muñecas de la mafia (2009) es una producción de Caracol TV, basada en el libro Las fantásticas (fantástico título) de Juan Camilo Ferrand, quien se ocupa del brillante guión formando efectivo tándem con Andrés López López… como ya hicieran con el megaéxito El cartel de los sapos (cuya reseña es la entrada más visitada de este blog). La dirección corre a cargo de un equipo coordinado por el incansable e inefable Luis Alberto Restrepo, responsable de la realización de las dos temporadas de El Cartel (de hecho, Las muñecas la hicieron entre ambas) y de la megacélebre Sin tetas no hay paraíso.

Dos características a tener en cuenta de las series colombianas: 1) Cada temporada dura el doble ¡o el triple! que las estadounidenses. Así, Las muñecas de la mafia cuenta con 92 episodios de extensión variable (casi siempre, 22 minutos por capítulo), lo cual arroja una duración total cercana a los 2.000 minutos. Eso significan más de treinta horas de ficción… 2) La realización corre a cargo de un director asistido por varios directores auxiliares: de esta forma, el estilo de grabación siempre es homogéneo (al contrario de lo que suele ocurrir con la manera de trabajar estadounidense, que dispone un director distinto al frente de cada capítulo) y eficaz. Las series de Restrepo suelen estar muy bien concebidas de dirección, siempre con un mínimo de tres cámaras cubriendo las secuencias, aunque a veces el sonido es más precario de lo deseable. Pero a la velocidad que deben de rodar, ¡lo contrario sería asombroso!

En cuanto a Las muñecas de la mafia, su postulado es aún más cruel que el de Sin tetas no hay paraíso, puesto que se ceba en las descripciones del marasmo mafioso que ésta solamente apuntaba, siempre desde el punto de vista de sus protagonistas femeninas. La serie nos permite responder a la respuesta: ¿Qué saben las mujeres y amantes de los negocios de sus hombres? También es menos telenovelera, aunque las tramas amorosas sí le dan un toque más “romántico” que el mundo de macho men que poblaba El Cartel.

Como siempre en la TV colombiana, los personajes son lo mejor del conjunto:

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Brenda es el único personaje 100% positivo y transparente de la serie: una chica sencilla de la ciudad de El Carmen, educada en la filosofía del esfuerzo y solidaria con sus amigas, a las que siempre saca de mil líos y embolados. Su único defecto: enamorarse hasta el tuétano de Don Braulio, el mayor capo de la droga en la región.

Angélica Blandón, la actriz que encarna a Brenda, despliega un show de simpatía, encanto y dulzura: el espectador se enamorará de ella y deseará que todo le salga bien. Me ha chocado especialmente su brillante composición, en contraste con lo discreta que fue su intervención en El Cartel II, donde su personaje era mucho más ortodoxamente melodramático. Un 10 para Angélica.

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Otro 10 para Katherine Escobar por su interpretación de la pérfida e insoportable Olivia, la amiga que no piensa estudiar en la universidad ni dar palo al agua en su vida, pues su sueño es liarse con un narco que le pague todo y la haga vivir una vida de lujo. Esteretípicamente malvada y consentida, la Escobar lo hace tan bien que el espectador no logra dejar de odiarla cada vez que aparece en pantalla… ni de apiadarse de Braulio cuando ella consigue casarse con él, enemistándose con la noble Brenda. Sus impresionantes pechos son también la mejor coartada erótica de la serie.

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Yuli Ferreira es Renata, la “bobita” de Las muñecas de la mafia. Por estupidez y pura mala estrella, Renata se come muchos marrones (y hasta bolas de coca): empieza casándose con un humilde muchacho que termina siendo “contador” (contable) de la mafia y regentando un prostíbulo… y la pobre acabará violada por un vecino que la chantajea, de prostituta de un burdel en Bogotá y de mula para los narcos en EEUU. La Ferreira es una de las mujeres más hermosas que he visto en tiempos y merece ella sola una serie que saque partido de su carisma natural.

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Pamela es, junto a Olivia, la otra “muñeca” que se deja corromper por el dinero fácil y la explotación de su belleza. La esforzada Andrea Gómez da vida a esta jovencita que comienza liándose con un narco, Erick, cuyos celos enfermizos terminan involucionando hasta derivar en un acoso constante y amenazas de muerte: para huir de él, Pamela se lía con Asdrúbal, otro pez más gordo (en todos los sentidos) del narcotráfico… pero si el primero se lía a puñetazos con sus compañeros de universidad por el sólo hecho de mirarla, el segundo la trata como una res, marcándole el trasero con su nombre tatuado y obligándola a aumentárselo quirúrgicamente. Además, acostarse con él le resulta a la pobre niña una experiencia repugnante… El destino de Pamela es de los más claramente moralistas y ejemplarizantes del asumido por las cinco chicas.

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La Violetica “mil colores” (como la llama su novio Giovanni) resultará la más engorrosa de las cinco “muñecas”, sobre todo cuando asume el rol de vengadora implacable por una muerte familiar. Hija de Don Gregorio, uno de los narcos de El Carmen, Violeta quiere integrarse en el negocio de su padre y convertirse en una narco grande. El conflicto entre sus ansias de poder & venganza y el amor que siente por su honrado novio marcará toda su trayectoria. Alejandra Sandoval posee una belleza a lo Linda Fiorentino que con seguridad agradaría en el mercado anglosajón.

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Finalmente, Amparo Grisales es la madura Lucrecia, la descarada y divertísima ex esposa del narco Braulio. Cada vez que aparece en escena, las risas y la indignación están garantizadas. La actriz (una diva absoluta de la escena colombiana) tiene esa personalidad fuerte y masculina de una María Félix o una Concha Velasco, y le va como anillo al dedo eso de hacer de “loba”, y en este caso de “loba vieja” (pero con un glamour y savoir faire incomparable). Su rol en la serie es fundamental, pues ejerce de bisabra entre el mundo de Braulio y sus “muñecas” con el resto del panorama criminal, dado que nada más divorciarse de su marido se lía con el otro gran narco local, Don Nicanor. Otro 10 para la Grisales.

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Menuda cincuentona…

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El veterano Fernando Solórzano (a quien ya vimos en El cartel de los sapos con un papel más comedido) es Braulio, el poderoso narcotraficante de El Carmen (atención a la camisa de la foto, no es un detalle gratuito). Braulio ejemplifica el personaje masculino que está en el centro de todas las idas y venidas muñequiles, el Charlie de estos ángeles (y demonios). Actúa con la hipocresía típica de estos estereotipos mafiosos: está enamorado de Brenda pero se casa con Olivia, que tiene las tetas más grandes; mata al primer novio de su hija porque no le parece buen partido, pero después exige juego limpio cuando a ella la secuestran… Solórzano le proporciona ese toque de campechanía y sinvergonzonería latina que contribuye a que el personaje te caiga bien, pese a todas sus perrerías. Y así ocurre, dado que de no caer bien, la serie no funcionaría.

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Norman, el lugarteniente de Braulio, es uno de los personajes más inolvidables de esta ficción. Sobre sus espaldas carga el peso de encarnar al villano “oficial”, pero gracias en gran medida al trabajo de Diego Vásquez, Norman es mucho más: se trata de un mayúsculo perverso, siempre animado a lubricar sus trapacerías y crímenes con los fluidos de su voluptuosidad libidinosa. Capaz de azotar con el cinturón a su esposa Noelia mientras le canta la canción de Nino Bravo o de obligar a la esposa de su jefe a acostarse con él enmedio de una cama inundada de billetes, las vilezas de Norman son de tal catadura que le elevan al panteón de villanos viperinos por méritos propios. Chapeau, Sr. Vásquez.

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Camaleónica y magistral, sólo así se puede definir la actuación de Julián Román en el papel de Erick, la mano derecha de Norman y el criminal más loco y desalmado de la serie. Su personaje es un auténtico psicópata hijo de mala madre, sin ninguna posibilidad de redención ni ningún momento de debilidad emocional. Cada vez que aparece en pantalla, es para echarse a temblar, y con razón (especialmente cuando agarra la motosierra). Para calibrar hasta qué punto la transformación del actor resulta pasmosa, vean cualquier secuencia de Erick en Las muñecas de la mafia y después comparen con el modosito actor que le da vida, en esta entrevista promocional. Un 11 para Román.

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Giovanni es el “bueno” de la serie, casi el único personaje masculino sin ningún matiz oscuro, y la única posibilidad de redención de su novia Violeta. Lincoln Palomeque (otro de esos nombres imposibles de inventar para un escritor español) es el actor que le da vida, con mucho desparpajo y naturalidad, representando junto a la voluntariosa Brenda “los ojos del espectador”, horrorizado ante todo lo que ocurre en ese violento submundo.

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Juan Pablo Franco es Leonel, el marido de Renata, un contable de perfil bajo que se gana la vida honradamente hasta que se mete a llevar los asuntos de don Braulio y se deja corromper por la ambición. Leonel representa el típico arribista que intenta trepar en un mundo que no es el suyo, tratando de dárselas de duro cuando en el fondo no es más que un pobre desgraciado dominado por sentimientos básicos y patéticos: enamorado de una prostituta,  se dejará arrastrar por el deseo de asesinar a su propia esposa. Probablemente se trate del personaje más desagradable de Las muñecas de la mafia y Franco hace tan buen trabajo a la hora de insuflarle vida, que cada vez que aparece en pantalla da grima: tanto así, que hasta cuando sale al lado de Erick, ¡éste cae bien por comparación!

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Asdrúbal es un narco asociado con Braulio, uno de los más razonables, al menos cuando no le ponen una mujer delante. Mauricio Vélez construye una excelente caracterización para su personaje, capaz de provocar risas y ternura cuando se desenvuelve en alguna escena cómica, y a renglón seguido despertar escalofríos y repulsión al comprobar la manera en que trata a su amante Pamela.

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Don Gregorio es, paradójicamente, el único narco “honrado” de la trama. Asume una serie de cualidades morales (buen marido, padre ejemplar, hombre recto y cumplidor) que causan estupor al estar asociadas a un narcotraficante: es el Michael Landon de los narcos. Orlando Valenzuela también hace un buen papel, logrando esquivar siempre el empalago.

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El actor cubano Félix Antequera es Don Nicanor, el máximo rival de Braulio en el negocio de la “merca”. Erigido en principio como sombra terrible y amenazante, una vez lo conocemos más al compás de su relación con Lucrecia, descubrimos un “hombre de negocios” pragmático y sin grandes complicaciones emocionales: cruel cuando el negocio lo exige, cariñoso con su gente de confianza y, dentro de lo que cabe, un hombre de palabra. Dentro de lo que cabe, claro…

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Esta pareja apodada Los Carmensos, y conocidos individualmente como Uña y Mugre (para definir que dos amigos son inseparables, la expresión “carne y uña” ha evolucionado hasta convertirse en “uña y mugre”, o sea, uña y roña), son probablemente los personajes más controvertidos de Las muñecas de la mafia: planteados como alivio cómico de la serie, una especie de Gordo y Flaco que ejercen funciones de subalternos de Don Braulio, protagonizan sin embargo escenas altamente perturbadoras, como cuando intentan violar a Pamela aprovechando que ésta se ha emborrachado en una fiesta, de camino a su coche. Una acción así haría imposible en cualquier serie occidental que estos personajes fueran considerados como “simpáticos”, pero aquí rigen otras reglas cívicas. Julián Caicedo y Jairo Ordóñez despachan su cometido con gracia y sin complejos.

Como siempre, lo peor del elenco son los actores estadounidenses (la parte “policial” de la DEA y los fichajes de Miami) que, como en El Cartel, parecen escogidos en una fiesta barbacoa de algún productor. ¡Y en esta ocasión ni siquiera podemos disfrutar del inefable e inimitable Sam Matthews!

Las muñecas de la mafia está disponible para su visionado tanto en la web de la productora Caracol TV como en Youtube. Para abrir boca, os dejo con la canción oficial de la serie, donde las “muñecas” expresan lo que quieren en la vida: “Todo lo que se consigue con una mini Uzi: una finca grande con jardín y jacuzzi”.

Como termina diciendo la propia letra: “Papi, ¿y qué quería?”.

Sade estaría orgulloso.



¡TE MORISTES, TE MORISTES!

May 27th, 2011 Migoya

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Ya han pasado semanas desde que la vi, pero no consigo extirpar de mi cabeza la escalofriante secuencia de la película El niño de barro en la que el psicópata adolescente sostiene el cuerpo sin vida de un niñito desmadejado con un cordel al cuello y, tras sacudirle para seguir “jugando” con él, le espeta: “¿Qué te pasa? ¿Qué? ¿Qué, te moristes?”; para luego reprocharle con cantilena infantil: “¡Je, je! ¡Te moristes, te moristes, te moristes!”. La podéis ver a partir del minuto 6′ 18”, aquí.

Es una breve secuencia, si acaso una frágil pincelada, proclive a ser descartada en una sala de montaje, que me parece tocada de cierta magia negra: es la burla del niño malo, del niño monstruoso, una vuelta de tuerca a la reacción del monstruo de Frankenstein (ese niño grande) ante el cadáver de la niñita rubia a la orilla del río que jamás se hubiesen atrevido a incluir en su película: el monstruo mofándose de sus actos.

El horror.

El niño de barro es una coproducción hispano-argentina de 2007 basada libremente en los crímenes del Petiso Orejudo, un niño psicópata que asesinaba y violaba a niños más pequeños en el Buenos Aires de hace un siglo. Ni siquiera pretende ser una reconstrucción fiel (la historia principal se centra en otro niño, ficticio, que sufre premoniciones sobre los crímenes del Petiso), pero es una buena película. Su director, Jorge Algora, no ha dirigido nada más desde hace cuatro años, cosa que lamento.

El filme está fileteado con un faralá de clichés (especialmente en lo referente a los personajes adultos) y la consabida crítica social tan cara a nuestros días (hay personajes que hablan con la conciencia de esta década), pero el realizador no oculta su resuelto propósito de mostrarnos ramalazos del horror. Me parece muy valiente en ese sentido.

La película también generó uno de esos debates absurdos de TV (la propia edición en dvd lo incluye), en el que la bobería malintencionada del presentador (uno de esos no-periodistas que pretenden hacer pasar el sensacionalismo barato por indignación de ciudadano medio y desinformado: “Doctor, es importante que remarquemos: ¿es posible que este hombre sufriera excitación sexual ante el producto de sus crímenes, ante los cadáveres o el recuerdo de los niños?”, “¿Usted cree que está predestinado para matar?”) encuentra la horma de su zapato ante un psiquiatra criminal vitriólico y despiadado en su análisis. Entre escalofrío y escalofrío, os reiréis viéndolo (a partir del minuto 5′ 55”).

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Juan Ciancio y Maribel Verdú, protagonistas de El niño de barro.



“DOÑA BÁRBARA”: CULEBRÓN DE NOBLE CUNA

May 23rd, 2011 Migoya

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“-Sí. (Soy) cada uno de los hombres, todos aborrecibles para ti; pero, representándotelos, uno a uno, yo te hago amarlos, a todos a pesar tuyo.

Ella concluyó rugiente:

-Pero yo los destruiré a todos en ti”.

Doña Bárbara de Rómulo Gallegos

Encaro con Doña Bárbara la segunda novela que leo de su autor, después del comentario dedicado a la anterior La trepadora. Es Doña Bárbara, al parecer, la novela más popular de la literatura venezolana de la primera mitad del siglo XX, y una de las más conocidas en toda Latinoamérica.

Se publicó en Barcelona en 1929 (creo que en edición costeada por el propio autor) y fue merecedora del premio Mejor Libro del Mes otorgado en España en septiembre de ese año. Estamos, pues, ante otro ejemplo de obra beneficiada por su publicación en el mercado “mainstream” del mundo hispanoparlante, como luego ocurriría con el “boom” latinoamericano en los años 60, también orquestado desde Barcelona. (Estas cuestiones de coyuntura post-colonial son relevantes pero continuamente ignoradas desde España: no nos damos cuenta de que nuestra industria es una referencia para Latinoamérica, como la estadounidense lo es para nosotros -y para ellos también-).

Doña Bárbara se podría definir como un excelente folletín, un folletín construido con material noble, donde vuelve a destacar la prosa exuberante de Gallegos. Argumentalmente, se puede ver como un western y también como un melodrama: el joven y civilizado Santos Luzardo regresa a su hato (hacienda) en el llano venezolano para poner freno a los abusos y atropellos que la cacica Doña Bárbara comete en la salvaje región, pero tiene que cuidarse de no caer él mismo presa de las dotes de seducción (dicen que sobrenaturales) de la Doña y del instinto de bestia que desata la ruda vida de la propia sabana.

La importancia de Doña Bárbara, a mi parecer, estriba sobre todo en que establece un arquetipo excelente y perdurable de la “devoradora de hombres” (que atrae y destruye sin remisión a todo varón), arquetipo que pronto trasciende las fronteras venezolanas para extenderse por toda Latinoamérica, siendo inmortalizado para la gran pantalla, ya en los años 40, por la mexicana María Félix y extendiendo su influencia como un modelo perdurable en toda la cultura latinoamericana (imposible no ver a Doña Bárbara en canciones como la desgarrada María la Bandida del maestro José Alfredo Jiménez, dedicada precisamente a la Félix en esta versión interpretada por Lola Beltrán).

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María Félix, la Doña Bárbara más universal.

Doña Bárbara no me parece, sin embargo, una novela magistral. Primero, por ausencia de ambición o visión: las formas son las de un folletín decimonónico, con personajes bien trazados pero de acciones y actitudes algo alambicadas, y construidos al servicio de un modelo excesivamente tradicional de literatura, ya oxidado en su propio tiempo (tomado el folletín decimonónico como “gran” literatura sin necesidad de innovación o revisión personal… y no como vehículo meramente escapista, en cuyo terreno esta novela funciona a la perfección).

Asimismo, la carpintería de Doña Bárbara, pese a la calidad de su material, no es medida ni reposada: funciona por acumulación de hechos y descripciones, algunos reiterativos, de manera que ciertos capítulos podrían eliminarse sin que el conjunto se resintiera. También fallan escenas que en teoría debieran haber sido emocionalmente fuertes, como cuando llega en la trama el tan esperado momento en que Santos Luzardo y Doña Bárbara se encuentran por primera vez: la expectativa del lector resulta frustrada debido a que el autor “olvida” reflejar la impresión que en el protagonista cause la presencia de la mujer; parece que Gallegos no considera importante para Luzardo (ni para el lector) dicho momento, cuando todos estamos esperando que el “héroe” quede traumatizado, para bien o para mal, por el descubrimiento físico de la Doña. En ese sentido, no tiene lógica el desentendimiento de escritor y personaje para con un suspense construido previamente a lo largo de varios capítulos.

Por último, hay personajes que no juegan ningún papel trascendente cuando por lógica dramática deberían: como Lorenzo Barquero, hombre “devorado” por Doña Bárbara cuyo ejemplo el protagonista debe intentar no seguir a toda costa, y que cumple al principio un rol importante como antimodelo de comportamiento y para presentar a su hija Marisela (tercer vértice del triángulo amoroso establecido en el drama), pero que deja de ser relevante cuando al autor le interesa, todo y cuando su presencia en la hacienda de Santos Luzardo reclama a gritos un peso y una evolución del personaje que no se da, así como sí se procede cuando interesa “folletinescamente” a una involución arbitraria de su carácter… Esa arbitrariedad de movimientos de los personajes es demasiado evidente.

Abundan, por el contrario, pasajes melodramáticos excelentes (el origen de Doña Bárbara) y también sublimes descripciones de la vida del llanero, así como de la llamada de la agreste naturaleza (espeluznante el párrafo de la muerte de la novilla en el “tremedal” -arenas movedizas-, arrastrada por una culebra).

El planteamiento teórico detrás de Doña Bárbara, desde el mismo nombre de la villana, es un más que evidente enfrentamiento entre civilización y barbarie. La visión de Gallegos se destila sumamente conservadora, identificando naturaleza con caos, aunque también con vida libre para los instintos; y civilización con pulimento de virtudes y garantía de supervivencia. Un símbolo de civilización para el protagonista y también para el autor es el tendido de una cerca que limite con claridad la propiedad privada, así como el establecimiento de leyes que destierren la corrupción, tan tradicional en los países en vías de desarrollo (o supuestamente desarrollados, como España).

Así pues, se trata de una novela que me parece decepcionante en lo que se refiere a su formulación artística, tanto desde un punto de vista contextualizado como frente a los ojos de un lector occidental de hoy que pretenda descubrir “nuevos modos” en clásicos que mi generación no suele leer en España (en ese sentido, La trepadora me parecía más interesante, pues no caía en los vicios folletinescos hasta su tercer y último acto); pero en cuanto al uso del lenguaje y la calidad narrativa, Gallegos sigue descollando como un escritor inmenso, excepcional.

Queda, eso sí, un molde perfecto para producir a destajo innumerables adaptaciones a seriales televisivos, perpetuando un modelo inequívoco de la mitología popular latinoamericana.

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La última de las abundantes adaptaciones telenoveleras.



“EL MILAGRO PERUANO”, UNA BOMBA DE EFECTO RETARDADO

May 4th, 2011 Migoya

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Confieso que me ha divertido mucho compartir portada ayer con Bin Laden (yo más pequeñito, claro, junto a Keiko Fujimori, Ollanta Humala y Karen Dejo… con la muerte de Bin Laden no compite nadie) en el portal para toda América de El Mundo.es.

El contundente artículo de Luis Alemany sobre El milagro peruano ha logrado lo que no había logrado la emisión de mi falso documental en la televisión del Perú: que los medios peruanos reaccionaran a las en gran medida inéditas e insólitas declaraciones de su plana mayor de celebridades políticas, culturales y vedetteras. La noticia de El Mundo.es está siendo ampliamente difundida por la prensa del Perú: Terra Perú, la emisora decana RPP, el portal lamula.pe y, especialmente, el principal blog político peruano, El Útero de Marita, entre otros, se hicieron eco al instante del enlace de El Mundo.es.

Sin embargo, la sorpresa ha sido comprobar que el dato más ampliamente propagado por los medios peruanos no se refiere tanto al contenido concreto del programa, como a mi revelación en paralelo de que el congresista fujimorista Carlos Raffo me aseguró durante nuestro encuentro para la entrevista de El milagro peruano, fuera de cámara, que lo primero que su partido Fuerza 2011 haría al llegar al poder sería liberar al ex dictador Alberto Fujimori. Dicha revelación ha tenido multiplicado reverbero en portales como Perú.com o incluso en el diario sensacionalista (y uno de mis placeres culpables como lector) Trome. Hoy, el diario La República dedica una página entera al asunto, destacando la torpeza de Raffo, pero también realizando ¡POR FIN! un comentario pormenorizado del contenido de El milagro peruano, contenido que lleva ocho meses disponible para su visionado público en Youtube.

Asimismo, Raffo ya se ha defendido (?) de la intensa cobertura que los medios peruanos han dado a mis palabras, mediante una declaración casi en código cifrado a través de su twitter, como recoge también La República o el portal Sitiope.com: “Si ese farsante reconoce q llegó al Peru a mentirle a todo el mundo. Que te garantiza q ahora esta diciendo la verdad?”.

No es Carlos Raffo, precisamente, el hombre con mayor credibilidad de la vida pública peruana, ni siquiera de la vida política peruana… mientras que a mí me podrán acusar, como mucho -insisto-, de ser un bufón tocapelotas, pero nunca he abrigado el menor interés por arrimarme al poder. En cualquier caso, en el propio comentario de Raffo está la respuesta: precisamente porque desde que se emitió El milagro peruano en Agosto de 2010 por el programa Enemigos Íntimos de Canal 5, revelándose desde esa noche toda la farsa en torno al falso documental (esa noche, la bronca que Keiko debió de echarle a Raffo seguramente rozó lo monumental), es por lo que digo la verdad. A mí se me puede detestar por muchas cosas (de hecho, casi todos mis problemas proceden de decir verdades incómodas: ésa es la función del artista satírico), pero mi credibilidad, curiosamente, siempre está intacta… porque, entre otras razones, no tengo intereses creados en la política, ni en España ni el Perú.

Es más: en el artículo de ayer de El Mundo.es no se incluía finalmente mi explicación real al por qué la confesión de Raffo resultó ser, para mí, el “momento más aterrador del proyecto”. Esa expresión tenía su justificación, pero el artículo no ofreció la segunda parte de mi declaración: yo comentaba que si ése constituía un momento aterrador, se había debido a que, de regreso en coche a los estudios de Canal 5, tras la entrevista con Raffo, el cámara que me acompañaba me confesó que TENÍA GRABADA EN AUDIO la declaración de aquél. Ante mi estupefacción, el cámara me explicó, con picardía típicamente criolla, que era práctica común en los cámaras de los programas de variedades grabar todo en cuanto se hacía contacto con un famoso o se entraba en su hábitat, aunque fuera accionando únicamente el audio, para que el famoso en cuestión no se apercibiera… y que no solían respetarse los “off the record”. Y sí, en ese momento, sentí que si hacíamos público ese audio, ya no era solamente una cuestión de obtener declaraciones divertidas y chocantes a través de un montaje televisivo: ya era una cuestión de traición a la confianza de alguien que te abre las puertas de su casa. El cámara se comportó noblemente y borró a mi insistencia el audio obtenido.

Casi un año después, hice esa declaración a El Mundo.es porque me parecía una parte divertida del anecdotario sobre El milagro peruano y, de hecho, la revelé antes motivado por explicar el momento de pánico que viví con el cámara en el coche de vuelta a Canal 5 -anécdota que luego El Mundo.es no publicó-, que por el valor que hoy día le juzgaba a las declaraciones en sí de Raffo, a quien nadie conoce en España y que creo ya convive alejadísimo de su partido… y además, cuando ya he leído esas mismas opiniones hasta la saciedad en diarios y reportajes peruanos por parte de numerosos periodistas y comentaristas políticos. En cualquier caso, no tenía previsto en absoluto que un detalle así, añadido al final del reportaje de El Mundo.es, encendiera tal chispa en los medios peruanos.

Por lo demás, me alegro mucho de que El milagro peruano tenga una segunda vida y haya contribuido a que los ciudadanos peruanos conozcan mejor a sus futuros mandatarios o, al menos, a que hagan uso legítimo de su reconocido sentido del humor sobre sus propios tabúes y obsesiones. Me apena la cantidad de material grabado que ha quedado inédito, no solamente el protagonizado por Keiko Fujimori y Ollanta Humala (probablemente más de una hora de entrevistas a cada uno), sino por Mauricio Mulder, Luciana León, Edwin Donayre, etc… Si el corsé del formato televisivo nos lo hubiera permitido (y en esto estábamos de acuerdo todo el equipo de El milagro peruano comandado por Beto Ortiz y Martín Sunyon) y las grabaciones hubieran sido de nuestra propiedad, podríamos haber realizado un documental verdaderamente legítimo y fabuloso.

¡Ni modo!



CON UNA GRAN AYUDA DE MIS AMIGOS

April 6th, 2011 Migoya

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La Biblioteca Ignasi Iglésias - Can Fabra de Barcelona inaugurará el jueves 14 de Abril una exposición titulada “QUÍTAME TUS SUCIAS MANOS DE ENCIMA - Un Homenaje a la Aventura de Hernán Migoya”, basada en mi última novela y que expondrá hasta el 12 de Junio las ilustraciones que más de 50 amigos profesionales del mundo del cómic realizaron para el libro, así como una recreación del universo aventurero que propone la obra. La exposición está organizada por la Xarxa de Biblioteques de Barcelona y diseñada con espectacular audacia visual por Rocío Sosa.

A través del miniparque temático que ofrecerá la exposición, podréis disfrutar una muestra de novelitas antiguas (algunas sumamente curiosas, de coleccionista) y modernas, películas y tebeos que me influyeron en la creación de la novela y que he seleccionado de mi biblioteca personal: casi la acumulación cultural y afectiva de toda una vida. También podréis contemplar una falsa línea de merchandising y productos derivados en torno a Quítame tus sucias manos de encima. Como si la novela perteneciera realmente a los años 70, veréis encarnaciones sorprendentes de este título en los más inesperados formatos y medios.

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El viejo álbum y los cromos de la peli que vuelve loco a Tarantino.

La inauguración de la exposición, abierta a todo el público, se celebrará como digo el jueves 14 de Abril a las 19.30 horas, en la propia Biblioteca Ignasi Iglésias - Can Fabra, situada en la calle Segre 24-32 (al lado del metro Sant Andreu). Los presentadores son de lujo: los periodistas y escritores -y buenos amigos- Llucia Ramis y Antonio Baños.

Agradezco desde aquí a todos los artistas que participaron en el libro y ahora en la exposición, su generosidad, talento y amistad. También agradezco a Baños y Ramis su predisposición entusiasta a compartir con nosotros un día muy feliz para mí y espero que para todos los visitantes de la Exposición. Y, claro está, a la Xarxa de Biblioteques (a Juanjo Arranz, a Gemma Domingo, a Rocío, a Alfons…) por su iniciativa y compromiso para que esto saliera adelante con tan elegante resultado.

Un abrazo especial a Noel Ceballos por su estupendo texto para el programa de la Exposición y a Bouman por su involucración total en el diseño de álbumes de cromos, ediciones brugueriles y pegatinas de Quítame tus sucias manos de encima, así como por el montaje del tráiler cinematográfico de Get your dirty hands off me… que podréis admirar también en la muestra.

¡Os espero el día de la inauguración! ¡Lo pasaremos fenomenal, os lo garantizo!

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La ilustración del primer cartel es de Peter Bagge y la del segundo, de Daniel Acuña.

RELACIÓN COMPLETA DE ARTISTAS PARTICIPANTES EN LA EXPOSICIÓN:

-Peter Bagge

-Eric Reynolds

-Max

-Miguel Ángel Martín

-Edmond

-Diego Olmos

-Man

-Paco Roca

-Santiago Arcas

-Kenny Ruiz

-Andrea Jen

-Studio Kösen

-Santiago Sequeiros

-Pepor Pérez

-Joan Marín

-Beroy

-Natacha Bustos

-Marcelo Sosa

-Javier Rodríguez

-Juaco Vizuete

-Rafael Fonteriz

-Álvaro Ruilova

-Genies

-Nono Kadáver

-Lydia Sánchez

-Perro

-Rubén del Rincón

-César Carpio

-Josep Maria Beà

-Xian Nu Studio

-Bernardo Muñoz

-Feliciano G. Zecchin

-Juan Bobillo

-Rayco Pulido

-Jaime Martín

-Enric Rebollo

-Carlos Bribián

-Noiry

-Marcos Martín

-Pedro Rodríguez

-Daniel Torres

-Angel

-Oswal

-Irene Roga

-Javier Pulido

-Paco Alcázar

-Sergi San Julián

-Mauro Entrialgo

-Felipe Almendros

-Álvaro Portales

-Daniel Acuña