May 24th, 2012 Migoya
Por fin es realidad… ¡la Colección apaisada de las Nuevas Hazañas Bélicas!
Con Miguel Fuster:

Con Keko:

Con Calpurnio:

Con Pedro Rodríguez:

Con Cels Piñol:

Con Javi Fernández:

Con Juanjo Sáez:

Con Juaco Vizuete:

Con Kano:

Con Natacha Bustos:

Con Kim:

Con Albert Monteys:

Y próximamente, Calpurnio, y Pedro Rodríguez, y…
Y siempre, las alucinantes portadas de Daniel Acuña.
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April 17th, 2012 Migoya

Hoy se pone a la venta la nueva novela gráfica que hemos realizado el dibujante Joan Marín y yo, probablemente nuestra obra de cómic más ambiciosa: PLAGIO, basada en el secuestro de tres días que sufrió mi mujer Melina.
“Plagio” es un término que en el Perú significa también “secuestro”. La obra consta de 250 páginas y está editada por Norma Editorial.
Aquí podéis ver la entrevista que nos han hecho a Melina y a mí en El programa de Ana Rosa de Tele 5 sobre el suceso que narra PLAGIO.
Y acá, un excelente reportaje de tres páginas para el dominical del periódico peruano La República.
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March 28th, 2012 Migoya

Ya está a la venta Rec-Historias Inéditas, el nuevo cómic en el que estoy involucrado como guionista y coordinador.
Gracias a la generosidad y entusiasmo de Jaume Balagueró y Paco Plaza (un entusiasmo equiparable al de cualquier autor de cómic con ganas de hacer las cosas porque sí, por el placer de hacerlas), hemos logrado reunir un equipo fabuloso de autores y de ilustradores que han confeccionado un tebeo del que estoy/estamos muy contentos y que se estrena al mismo tiempo que la película REC3: Génesis de Plaza.
Estoy particularmente orgulloso del repóker de artistas que llevan el peso gráfico de las historias incluidas: Andrea Jen, Feliciano G. Zecchin, Álvaro Ruilova, Salvador Sanz y Joan Marín. Los cinco han dado el do de pecho de su admirable talento a la hora de plasmar visualmente los cinco guiones inéditos. El ilustrador Colucci, asimismo, se ha volcado con la portada y la contraportada, regalándonos además una ilustración original para el volumen.
Mi agradecimiento también a todos los dibujantes que han colaborado aportando una galería estremecedora de ilustraciones: Gabriel Luque, Carlos Gambarte, Rubén Rojas, Pablo Marcos, Diego Olmos, Sagar, Studio Kôsen, Miguel Ángel Martín, Jordi Pastor, Carla Berrocal, Pier Brito, Rafael Fonteriz, Angel, Pedro Espinosa, Natacha Bustos, Rubén Sáez y Luis NTC.
REC-Historias Inéditas se edita en formato de lujo (tapa dura) y formato popular (edición rústica), a un precio que me parece excepcional: 12′95 y 9′95 euros, respectivamente. La edición popular ha sido distribuida a kioscos, lo cual nos hace a todos especial ilusión: la historieta debería estar siempre presente en ese escaparate de prensa, además de en las estanterías de librerías y centros comerciales. Ojalá constituya otro ejemplo de una tendencia creciente.
Y nada, ya sólo desear que quienes leáis REC-Historias Inéditas lo paséis de muerte.

Paco Plaza da ejemplo a la nación y posa orgulloso a pie de kiosco con su flamante ejemplar de REC-Historias inéditas.
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December 27th, 2011 Migoya


Las Nuevas Hazañas Bélicas es otro sueño de proyecto que hemos conseguido sacar adelante un grupo de locos maravillosos:
Empezando por Joan Navarro, el director de Ediciones Glénat, y gracias también a la increíble aportación de varias estrellas de la historieta: Bernardo Muñoz, Perro, Beroy, Joan Fuster, Diego Olmos, Joan Marín, Daniel Acuña y Gallardo. Sin ellos, estos dos álbumes serían sólo otro sueño personal frustrado.

En una época en que la mayoría de autores españoles tienen que trabajar para Estados Unidos o Francia si quieren vivir de su talento, lanzar un proyecto de género tan ambicioso como Nuevas Hazañas Bélicas es casi un milagro.
Gracias a todos estos artistazos por haberlo hecho posible.

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October 24th, 2011 Migoya
Por fin he podido acostarme un par de noches seguidas a degustar dos tebeos de terror realizados por un dúo andaluz que ya ha dado el salto a Estados Unidos, atención, sin tener que endosarse los calzones de ningún superhéroe. Aunque ambos tebeos son ediciones españolas de Dibbuks en formato álbum, se trata de sendas recopilaciones de miniseries de cuatro comic-books realizadas específicamente para el mercado estadounidense.
El malagueño El Torres se encarga de los guiones y el granadino Gabriel Hernández de los dibujos.
Esa vocación de ser leídos primero por un público gringo explica pues que El Torres use la hojarasca de modas culturales de hoy como fértil abono de sus aportaciones creativas. El resultado es, en ambos títulos, bastante más que una demostración de buen oficio.

El velo juega sus cartas sobre convenciones tanto temáticas como autorales. “El Mal” suele ser en las historias de terror una metáfora de todos nuestros miedos y culpas íntimas: la doble metáfora se ejerce cuando esa fuerza maligna, ese “Mal” abstracto pero localizado, toma además una forma corpórea, concretando su amenaza, que podemos ver, tocar y combatir (y que nos puede aterrorizar aún más). El maestro en esa “personificación” del mal de nuestros días es, obviamente, Stephen King, aunque siempre suela cagarla cuando intenta resolver la “disolución” del Mal, tanto en su encarnación concreta como en su metáfora.
En El Velo, El Torres adopta temas propios de King (la “personificación” del mal) hasta llevar su referencia hasta puntos literales (la acción se desarrolla ¡en Maine!). En la forma, se acoge a los cómics de la DC de raigambre británica.
Pues El Torres sabe también que el cómic es un medio débil para transmitir terror, a no ser que seas Maruo y asustes sólo con dar un trazo. Habitualmente, los cómics de terror no provocan terror, sino tan sólo “reminiscencias” de terror, mucho más evanescentes que el que puede provocar un libro o una película. Los dibujos -por lo habitual- suavizan el impacto del miedo, igual que difuminan la agresividad del porno. Queda ese hilo tenue de atmósfera y recreación, que no es poco cuando se sabe manejar…
Así que el malagueño sigue el ejemplo de Alan Moore en La cosa del pantano o Jamie Delano (mi prosista favorito en el género) en Hellblazer, se inventa una Joanna Constantine (con el nombre de Chris Luna) y añade esa voz narradora en tercera persona que contribuye a hacer volar la imaginación más allá de unos dibujos tangibles, que induce, que sugestiona con razonamientos terroríficos: especialmente acertada la disquisición de la protagonista sobre lo que hace el 90% del cerebro humano que no percibimos.
El cómic funciona a todos los niveles (incluso en sus toques formalmente bastardos: la yanquinización de modos también pasa por elegir momentos “musicables”, ese tipo de sustos más propios del cine que de la historieta que uno imagina acompañados de un golpe orquestal), apoyado también en un Gabriel Hernández que aquí parece fruto de un feliz encuentro propiciado en un What if: “¿Y si Tha hubiera sido entintado alguna vez por Klaus Janson?”. El resultado gráfico es gozoso, con un diseño de personajes absolutamente empático y una textura atmosférica siempre presente y efectiva.
Y resulta muy interesante comprobar cómo El Torres se mueve a gusto con clichés de una cultura ajena, aunque sea una tan omnipresente como la estadounidense.

Sin embargo, su siguiente esfuerzo común, El bosque de los suicidas, me ha convencido más.
Para empezar, el dúo se anima a meterse esta vez en el lugar común del “horror oriental”, pero sin renunciar a la perspectiva occidental (lógicamente más europea que estadounidense, por mucho que el fin de la obra sea su comercialización primera en los USA). Da gusto ver a dos autores españoles adentrándose en la cultura nipona sin caer en los tópicos gráficos del manga, es decir, dibujando a los orientales como realmente los vemos y no con esa racista idealización americanizada con la que ellos quieren verse a sí mismos.
Esta vez, además, El Torres no se apoya en un discurso verbal paralelo, sino que prescinde de la primera persona explícita y se limita a narrar en tercera mediante los diálogos y el empaque visual de Hernández. Sus personajes están bien definidos y tienen personalidad propia; y los momentos de angustia se presentan bien dosificados, además de ser muy contundentes: véase el paralelismo entre el éxtasis de una amante y el estertor de una ahorcada con que nos sirve la primera muerte de la historia.
El desarrollo de El bosque de los suicidas es modélico, así como su resolución: pese a la limitación del formato (cuatro números de unas 22 páginas cada uno), El Torres y Gabriel Hernández se salen con la suya a la hora de dejar un sabor terriblemente dulce en el lector.
Aquí hay algo más que oficio: hay dos autores con ganas de jugar en el terreno anglosajón y hacerse su lugar por méritos propios.
De momento, han conseguido algo inédito en el panorama historietístico español y merece la pena subrayarlo.
Brindo por su talento.
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October 10th, 2011 Migoya

El Festival de Cine Fantástico de Sitges 2011 estrenó en sus primeros días La mujer del Eternauta, un documental testimonial sobre Elsa Sánchez y su remembranza del episodio de la tremebunda, terrorífica matanza de su esposo, el reputado guionista de cómics H. G. Oesterheld, y sus cuatro hijas (Estela, Beatriz, Diana y Marina), a manos de los militares durante la represión argentina de los años 70.
El documental de Adán Aliaga arroja una mirada intimista sobre la vida actual de Elsa, comparando sus posteriores años de soledad, lucha y desolación emocional con ese personaje desorientado y errático ante el apocalipsis de su mundo que fue El Eternauta, la creación más conocida de Oesterheld y probablemente la historieta argentina más popular del siglo XX.
El documental se salpimenta con reflexiones de parientes, amigos y personalidades cercanas al universo de Oesterheld, como el gurú del cómic argentino Juan Sasturain. También podemos ver al gran Francisco Solano López (creador gráfico de El Eternauta) dibujando en su taller, aunque no realiza ninguna declaración: probablemente sean sus últimas imágenes en cine antes de su fallecimiento hace dos meses.
Como ya indica en su blog mi perspicaz colega Absence, el tono contemplativo predomina en el metraje. Ello aporta, en mi opinión, una cosa buena y una cosa mala. La buena es que el tipo de contemplación escogida por el realizador nos permite captar el vivir cotidiano de la superviviente del horror: vemos a Elsa conversar con su empleada, regañar a su nieto, jugar con su bisnieto y permanecer callada con la mirada perdida, buscando el qué. Es como si la rutina de la vida diaria fuera un complemento y desenlace absurdo que no se puede rechazar ni siquiera tras un acontecimiento terrible que hubiera debido paralizar el mundo: el suyo y el nuestro… El documental logra proyectar un retrato honesto y equilibrado de Elsa Sánchez y su periplo existencial tras la brutal desaparición y muerte de su familia.
Lo que sí echo a faltar es una crónica personalizada de lo que ocurrió. Pocas veces se aborda directamente en el documental la tragedia sufrida (aunque, obviamente, sobrevuele cada plano tomado, cada palabra pronunciada) y no queda clara la cronología o simple ordenación de lo que realmente sucedió: todo son retazos. Accedemos a dibujos y recuerdos de las cuatro hijas, pero en ningún momento vemos claramente cómo son sus rostros ni se nos cuenta cómo eran ellas, para precisamente erigir un recuerdo de las personas, no de las víctimas, que fueron. Quizá no hacía falta, quizá ahondar en esa concisión factual sería hacer una concesión al melodrama: a cambio, tenemos una cierta frialdad y abstracción en la vaga exhumación narrativa del pasado. Para los interesados en saber qué pasó con la familia Oesterheld y sobrecogerse con imágenes de los años felices de sus miembros, este artículo es muy aclaratorio.
Hay un elemento muy valiente en el documental y es la no ocultación de los pespuntes de la personalidad de Elsa Sánchez: ella declara continuamente que no quiere ser la protagonista (más que “la mujer del” Eternauta, a mí me parece LA Eternauta: ella es la que vaga por esos mundos inertes sin asidero emocional), pero para bien o para mal (seguramente para su mal) la obra se centra en ella, y el espectador no puede evitar asistir a su perspectiva de madre, de continuo: de madre cercenada en su misión y conducción de afectos naturales. De madre abandonada a su suerte sin poder ejercer su rol escogido, con sólo un nieto en el que asentar su razón de seguir siendo.
Dentro del marco de ese retrato, me parece apasionante el pleito emocional que la viuda aún mantiene con su esposo muerto: la imposibilidad de perdonarle que no se comportara como un padre responsable y alejara a sus cuatro hijas de exponerse así, abrazando el activismo militante y la clandestinidad en años tan peligrosos y situaciones tan peliagudas, sigue aflorando a su corazón y su mirada. Su talante de madre (todas las madres son conservadoras de corazón, pues de eso trata su misión vital: de conservar) no entendió ni entenderá cómo el soñador romántico que era Oesterheld permitió que ganara en su voluntad de artista la lucha por la utopía frente a la elusión del riesgo mortal que podía conllevar la involucración política de sus hijas.
Ésa es la parte de La mujer del Eternauta (ese área donde irremisiblemente choca el punto de vista de la madre y el punto de vista del idealista) que realmente me conmueve y me deja destrozado.
Esperemos que en breve alguna televisión emita este documental para toda España.

Estela, Marina, Diana y Beatriz.
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September 30th, 2011 Migoya

Mientras espero como agua de mayo el estreno de esa ansiadísima adaptación a pantalla grande de la mejor serie colombiana de narcos, El cartel de los sapos (mi única queja: ¿cómo se les ha ocurrido reemplazar por el bueno de Tom Sizemore al bonachón de John Gertz para encarnar al bondadoso agente de la Dea Sam Mathews? ¿No podían haberlos integrado a los dos?), me conformo con acudir al cine a contemplar otro de los maravillosos bodrios de Luc Besson, este Colombiana gracias al cual he aprendido varias cosas: entre otras, que todos los colombianos son traquetos, hablan en inglés en la intimidad, se dicen cosas cariñosas como “padre” e “hijo” antes de matarse por la espalda, son yamakasis cuando el entorno geográfico lo requiere y decididamente están obligados a reproducirse mucho porque su mortandad es superlativa (y superlatina).
Se nota que Besson y su secuaz Robert Mark Kamen (probablemente el responsable de la caída en plancha a la serie B de Besson, pues empezó a colaborar con él en la que fue su primera mala película como director, El quinto elemento) deben haber visto El cartel de los sapos, porque han tomado de ella hasta el apellido de la protagonista (Restrepo, como el director de la serie original).
No se vayan a pensar que con estas palabras reniego de las películas producidas y coguionizadas por Besson: al revés, son uno de los mayores placeres que me quedan en una sala de cine. Me encanta esta minifactoría de productos en serie, porque son género puro: sí, ok, Besson se copia a sí mismo con descaro y hasta la saciedad (¿cuántas niñas asesinas ha creado ya? ¿cuántas comisarías han asaltado sus héroes y heroínas impunemente?) y eso me genera mucho afecto: es un genuino paladín de la cultura popular dispuesto a autofagocitarse para mantener viva la máquina del entretenimiento… implantando siempre sus propias reglas: eso es lo que admiro de él.
Además, continúa mimando sus propias películas (las dirigidas por su propia mano): Adele y el misterio de la momia me parece mucho más divertida que los cómics de Tardi en que están basados (y su protagonista mucho más guapa que la fea Adèle original).
En cuanto al tándem guionístico formado con Mark Kamen, juntos han pergeñado pequeñas películas que sólo tienen sentido dentro del marco de su universo de género negro y sus estereotipos tebeísticos (uy, lo que he dicho…), establecidos ambos por el propio Besson, con sus propias leyes sobre lo que es verosímil y lo que no: personalmente, le tengo muchísimo cariño a El beso del Dragón, porque su pareja protagonista desprende un calor poco habitual en estos productos y su exótica peripecia funciona; y, obviamente, Taken ha sido una de las sorpresas más agradables del buen cine malo de la pasada década, con su imprevisiblemente reaccionaria premisa (imprevisible por los tiempos que corren y porque el propiciador de la premisa ¡es europeo!), resumida en este concepto: “Hija mía, no viajes sola a Europa, que allá te pueden violar”.
El director de Colombiana es otro nifunifá de la factoría Besson: Olivier Megaton dirigió antes La sirène rouge, una mala versión de León, el profesional; pero también realizó mi película favorita de la saga Transporter, la tercera, porque inesperadamente parecía uno de aquellos emotivos vehículos europeo-aventureros de los años 70 coprotagonizado por Charles Bronson y Jill Ireland.
En cuanto a Colombiana, venía a decir Godard que el cine es una mujer con una pistola: por esa misma regla de dos, un plano de Zoe Saldana cargando su arma vale por todos los Terrence Malick del mundo.
La peli es tan buena y tan mala como cabe esperar del dúo Besson-Mark Kamen. Y Olivier Megaton no es Paul Greengrass, por más que se empeñe en meter persecuciones en azoteas y peleas cuerpo a cuerpo, de inspiración pseudobourniana que palidecen en comparación. Baratita de producción, Colombiana contiene ideas tan delirantes que a cualquier observador con sensibilidad le puede sugerir mil posibilidades: por ejemplo, esa perturbadora imagen de la cariñosa Cataleya tomando en su mano el dedo-pene de su padrastro o la heroína nadando en una piscina entre tiburones degenerados por ordenador.
Además, poder contemplar a una negra estadounidense-dominicana (Zoe), un maorí (Cliff Curtis) y a un chaval de Hospitalet (el nunca suficientemente ponderado Jordi Mollà) haciendo todos de colombianos, es un espectáculo que nadie debería perderse por nada del mundo. Eso y ver juntos a actores de carácter tan entrañables como el mencionado Curtis, Mollà, Michael Vartan (en el papel más tonto de su carrera, que ya es decir) o ¡Max Martini! me parecen excelentes razones que justifican el visionado del filme. Lástima que sus personajes tengan tan poco que expresar o decir digno de originalidad.
Con todo, yo sigo disfrutando mucho con cada nuevo truño de Besson y Mark Kamen. Porque son películas honestas, que no intentan engañar, y porque responden al más puro espíritu de la serie B: todas las armas son buenas.
Eso sí, no se crean a su director cuando afirma que “quería hacer una película más seria, menos caricaturesca que Transporter 3“.
Olivier, que seguimos jugando en la misma liga…
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September 7th, 2011 Migoya

Hoy sale a la venta Olimpita en Francia, como novela gráfica publicada por Éditions Sarbacane.
Y parece que la pescadera barcelonesa empieza a desatar pasiones. Felicidades, Joan: te lo mereces.
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September 2nd, 2011 Migoya

Con unos días de retraso, enlazo aquí este artículo sobre mi amigo Santiago Sequeiros, que ha causado bastante conmoción (para bien, espero).
Coño, y ya puestos, aprovecho para lincar su maravilloso y desasistido blog, con algunos de sus deslumbrantes trabajos.
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August 4th, 2011 Migoya

“Había inaugurado una tradición de cobardía sentimental que, más de una década después, sigue vigente”. Contrareloj, de Alejo Valdearena y Pier Brito
Con un panorama guionístico español que aún tiene mucho más que dar de sí, la presencia en Barcelona del argentino Alejo Valdearena sería motivo suficiente para forzarle a abrazar en exclusiva la nacionalidad española.
Ahora, por fin, nos regala una nueva obra: Contrareloj.
No siento ninguna nostalgia generacional hacia Regreso al futuro (y eso que la vi cuando había que verla, a los 14) ni simpatía a priori por la época y lugares comunes que toca cualquier recreación ochentera que se precie. Lo diré a las claras: me suda la polla la nostalgia. Sin embargo, con un punto de partida bastardo, una especie de revisitación paródica del filme de Robert Zemeckis (también con mad doctor y con máquina del tiempo en forma de coche, que no es un Delorean precisamente), Valdearena construye un divertidísimo puzzle temporal (las idas y venidas de una fiesta en los años 80 por parte de un muchacho que veinte años después no ha olvidado su primer amor) que no desagradaría a Nacho Vigalondo y, sobre todo, nos endosa un canto a la vida, a la adolescencia y hasta a los errores que cometemos cuando somos unos felices inconscientes, que le proporcionan su inesperada dimensión universal por encima de cualquier lastre referencial. Es la DOBLE nostalgia: Valdearena parodia Regreso al futuro ¡para hacer su Verano del 42!
El conjunto es muy entretenido, pero las pinceladas humanizantes (siempre ejecutadas con clase, sin zafiedad sentimentaloide) de Valdearena son lo importante: uno entiende a los protagonistas, sufre, se divierte y emociona con ellos… Ése es el toque que cuenta. Lo que convierte una obra coyuntural en un cómic que importa a quien lo está leyendo.
Igual que nuestro McFly de turno vive regido por ese gran inhibidor (y también protector) de la vida que es la timidez, provocando en el lector las ganas de sacudirle de la pechera hasta que atesore suficiente confianza en sí mismo para atreverse a declarar su amor a la chica que le tiene sorbido el seso… a mí me dan ganas de coger de la pechera al Sr. Valdearena y sacudirle hasta que se convenza de que su talento es extraordinario: “¡Queremos más guiones tuyos, cabrón!”.
En la parte gráfica, Pier Brito da una lección de cómo combinar la impecabilidad técnica de la escuela argentina con una adecuada hipertrofia expresiva que los protagonistas adolescentes le exigen.
No se dejen engañar por la apariencia: Contrareloj les puede parecer un tebeo pequeñito, ¡incluso sospecho que se lo puede parecer a su propio guionista!, pero ya saben: en los frascos pequeños…
…aguardan los viajes espacio-temporales más alucinantes.
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