YA A LA VENTA: “PLAGIO - El secuestro de Melina”

April 17th, 2012 Migoya

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Hoy se pone a la venta la nueva novela gráfica que hemos realizado el dibujante Joan Marín y yo, probablemente nuestra obra de cómic más ambiciosa: PLAGIO, basada en el secuestro de tres días que sufrió mi mujer Melina.

“Plagio” es un término que en el Perú significa también “secuestro”. La obra consta de 250 páginas y está editada por Norma Editorial.

Aquí podéis ver la entrevista que nos han hecho a Melina y a mí en El programa de Ana Rosa de Tele 5 sobre el suceso que narra PLAGIO.

acá, un excelente reportaje de tres páginas para el dominical del periódico peruano La República.



LAS NUEVA HAZAÑAS BÉLICAS INVADEN LA PRENSA

February 13th, 2012 Migoya

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Artículo aparecido el lunes 13 de febrero en el diario británico The Times

El País:

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/08/actualidad/1328729410_857036.html

El ABC:

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1099741

RTVE:

http://www.rtve.es/noticias/20120110/hernan-migoya-resucitar-hazanas-belicas-bendita-locura/488395.shtml

La nota de la Agencia EFE ha aparecido en más medios, como 20 minutos:

http://www.20minutos.es/noticia/1303053/0/hazanas-belicas/glenat/boixcar/

Sigueleyendo:

http://www.sigueleyendo.es/el-ejercito-de-migoya-contra-la-novela-grafica/

La campaña continúa…



RYU SEUNG-WAN: MI ÍDOLO DEL CINE COREANO

October 26th, 2011 Migoya

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El cartel que hay sobre estas líneas pertenece al filme No Blood No Tears y, como ya he comentado alguna que otra vez, se trata posiblemente (pese a lo imposible de cualificar algo así) de mi filme favorito de la pasada década. En el año 2002, en mi labor como miembro del comité de selección del Festival de Cine de Sitges, rogué, lloré y pataleé ante mi entonces jefe, Ángel Sala, para que incluyera este título en la programación oficial de Sitges 2002, tras quedarme encandilado con dicha película durante su proyección dentro del Mercado del Festival de Cannes. Sala, como buen mago que es, no solamente trajo la película, sino que también traería al director de la misma, el coreano Ryu Seung-wan, en ediciones subsiguientes: hace unos años para presentar otra obra suya, The City of Violence, y este año con The Unjust y también en calidad de miembro del Jurado Oficial del Festival.

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Gracias a ello, y pese a que el cine de Ryu Seung-wan no ha obtenido excesivo eco ni en la prensa española ni en la internacional, poco a poco se ha hecho un hueco en la apreciación de los fans más encendidos del cine asiático. De entre los cineastas coreanos sigue siendo con diferencia el que más me gusta (lo cual no significa necesariamente que piense que sea el mejor), y no comprendo cómo películas como las mencionadas No blood no tears, The City of Violence, The Unjust (que finalmente ganó este año en Sitges el Premio Casa Asia) o las irregulares pero por momentos asombrosas Arahan o Crying Fist (que en varias ocasiones bordean la maravilla) no han conseguido un éxito abrumador en todo el mundo. Quizá es que Ryu Seung-wan, como un Gregory LaCava coetáneo, quiere meter demasiados géneros en una sola película (metodología que a mí me embelesa y que suelo aplicar a mis propias obras: hacer cine “para nadie”, como decía el propio Vigalondo de mi ¡Soy un pelele!) y que el espectador medio prefiere su zumo de una sola fruta o como máximo de dos… La cuestión es que, tarde o temprano, será reivindicado por el Tarantino occidental de turno (de ahí mi última pregunta al propio director).

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Fascinante imagen con la coprotagonista de Arahan (2004). Si estuviera en el instituto, forraría mi carpeta con ella.

A continuación, transcribo la breve y cordial entrevista que pude entablar con Ryu Seung-wan. Obviamente, el grado de distorsión ocasionado entre mis preguntas en castellano, su traducción al coreano por la intérprete oficial, la respuesta en coreano de Seung-wan y su consiguiente reconversión al castellano por la susodicha intérprete resulta considerable, pese a que he intentado sintetizar el espíritu de las respuestas lo máximo posible en la dirección hacia las que se intuía iban encaminadas. Espero que esta atropellada conversación os sirva para haceros sentir curiosidad por un director absolutamente arrebatador que llena de vitalidad, agilidad y una planificación irreprochable cada una de sus propuestas visuales. Con ustedes, Ryu Seung-wan.

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Retrato de Ryu Seung-Wan durante la entrevista (Foto de Josep Maria Contel).

 

-He tenido la fortuna de ver todos sus largometrajes…

-Muchas gracias.

-…Pero en España hay muy poca información sobre su cine. ¿Cuál de sus películas ha tenido más éxito en su país y cómo le perciben allí como director?

-La verdad es que la más taquillera de todas mis películas en Corea es esta última, The Unjust. Pero mi mayor fama internacional, o al menos una proyección mayor fuera de Corea, la conseguí con Arahan y The City of Violence.

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Arahan llegó a tener su propia edición española en DVD.

-¿Y no ocurrió lo mismo con Crying Fist?

-Crying Fist tuvo una acogida bastante buena en los festivales internacionales. Sin embargo, en el mercado interior no tuvo ningún éxito. La verdad es que mi posición en la industria del cine coreano está siempre en un punto delicado.

-¿Por qué, si su cine abriga un anhelo absolutamente comercial?

-El mío no es el único caso así. En Corea, cuando uno hace cine, debe poner todo lo que tiene en cada una de las películas y no siempre se acierta.

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Con su pasmoso plano secuencia del primer round que enfrenta a los dos boxeadores de la trama y la presencia del protagonista de Old Boy, todo hacía presagiar una suerte mucho mayor para Crying Fist (2005), aunque hoy ya se considera un título de culto.

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-Con No Blood No Tears aportó su propia versión ‘noir’ de Thelma y Louise, pero dotado de mucha más rabia y verdad interior. ¿De dónde surgió esa historia?

-Yo creo que tu interpretación sobre la película es muy acertada. Siempre quise hacer filmes con protagonistas femeninas. Pero en Corea este tipo de historia se percibe falsa, les parece impostada, por lo tanto tenía que describir los personajes desde el punto de vista más duro y miserable posible. Sin ánimo de insistir en el tema, la venta internacional de esta película obtuvo un resultado pésimo.

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-Pues es probablemente mi película favorita de los 00.

-Entonces yo creo que me mantengo en activo gracias a espectadores como tú.

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The City of Violence (2006), su irregular y deslumbrante homenaje al cine de artes marciales y violencia callejera.

 

-En cada película mezcla muchos géneros, y quizá eso sea un problema de cara a la taquilla: pero siempre lo hace con mucha energía, una energía casi teenager, y mucha originalidad. ¿Cuál es el elemento que usted encuentra común a todas sus películas, el que las convierte en filmes inconfundiblemente suyos?

-La verdad es que no tengo ni idea de cuál puede ser esa conexión entre mis películas que las hace reconocibles. Antes de rodar cada filme sí hay una preparación, una planificación previa. Pero lo que no sé es planificar ni prever la “esencia” de cada una de las películas, simplemente sigo un instinto. Y el instinto es algo que no se puede explicar con palabras.

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-¿Pero qué es lo que le mueve a hacer cada nuevo proyecto, qué es lo que suele encontrar interesante cada vez que se anima a realizar una nueva película?

-Quiero hacer cada película por alguna razón abstracta que me sería imposible traducirte a palabras. Lo que sí sé es que cada película responde a una motivación concreta y diferente.

-¿Y en todas se involucró por igual, partiendo de ideas propias?

The Unjust, por ejemplo, es la primera película que no he escrito yo. Hasta ahora, todos los guiones eran míos. Sin embargo, al rodar The Unjust sí que he introducido modificaciones en su guión.

-El humor, ¿verdad? Por ejemplo, la manera en que el fiscal, interpretado por su hermano, se esconde deslizándose detrás de su silla…

-Ja ja ja, a mí personalmente me encanta el slapstick, por eso genero continuamente tales situaciones absurdas y tonterías salpicando mis historias. Me gustan mucho. En esta película destaca ese tipo de humor porque en realidad la historia es fría y despiadada con sus personajes y con nuestra sociedad.

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Dachimawa Lee (2008), su filme más incomprendido.

­-Ese humor que usted introduce en sus películas a veces resulta extremadamente chocante para un espectador occidental, o al menos para mí. ¿Cómo es recibido en Corea su propio humor, por ejemplo en Dachimawa Lee, que no deja de ser una extravaganza delirante para nosotros?

-Ja ja ja… En el caso de ese filme, los espectadores coreanos también la encontraron una película extravagante. Por lo tanto, no consiguió demasiados espectadores… La secuencia en la que un personaje agónico casi se ahoga con el moco de otro personaje que le está llorando encima, no es algo que tampoco encuentren usual allá.

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-¿Encuentra que su humor es poco entendido en su país?

-Mi tendencia humorística es bastante extravagante y difícil de entender, sí. Sinceramente, no puedo esperar que haya una recepción masiva a ese tipo de filmes míos.

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En Crying Fist, Ryu Seung-beom, hermano del director, ofreció una interpretación e imagen muy alejadas de su cómico protagonista en Arahan o de la propia The Unjust.

 

-¿Cómo es trabajar con su hermano?

-Muchas veces me siento incómodo con él, porque nos conocemos demasiado bien. ¿Tú tienes algún hermano?

-Sí.

-¿Has trabajado alguna vez con él?

-No.

-Pruébalo y sabrás cómo me siento.

-Debe ser rarísimo.

-Trabajamos juntos en filmes desde hace más de diez años. Pero nuestras vidas profesionales y las personales están totalmente separadas.

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The Unjust (2010), su último y mayor éxito, es también su único filme con guión ajeno, aportado por el guionista de I Saw the Devil. El filme es una suerte de Infernal Affairs con mayor densidad o, lo que es lo mismo, un The Departed donde los efectismos de dirección sí están al servicio de lo narrado…

 

-Lo que más me gusta de The Unjust es que el policía corrupto resulta simpático para el espectador, no deja de ser el antihéroe torturado y clásico del género negro, mientras el fiscal que lucha por hacer justicia es un cretino insoportable. Eso crea muchos conflictos de posicionamiento moral en el propio espectador…

-Yo no quiero interpretar ningún personaje de esta película en términos de bondad o maldad, de su posible positividad o negatividad. Sólo quería demostrar de la manera más realista que pudiera las reacciones de personas normales y corrientes.

-Si The Unjust ha sido su mayor éxito hasta el momento, ¿hacia qué horizontes cree que puede dirigir ahora sus próximos proyectos?

-Quiero hacer una película de espías, pero con un protagonista muy frío y cruel.

-¿Sin humor?

-Sin humor.

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­-Por cierto, ¿qué opina Tarantino de sus películas?

-No lo sé. Nunca le he conocido. ¡Si le ves, pregúntale!

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Otro retrato de Ryu Seung-wan, obra de Josep Maria Contel.

Agradezco a Gloria Fernández las facilidades para esta entrevista y a Ángel Sala y su maravilloso equipo (especialmente a Alicia Reginato) el permitirme volver a sentirme en casa durante este Sitges 2012. También quiero expresar mi profundo agradecimiento al fotógrafo Josep Maria Contel por su generosidad y talento al realizar y ceder para ilustrar esta entrevista sus fantásticos retratos del director coreano.

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ATORRESRIZANDO AL PERSONAL

October 24th, 2011 Migoya

Por fin he podido acostarme un par de noches seguidas a degustar dos tebeos de terror realizados por un dúo andaluz que ya ha dado el salto a Estados Unidos, atención, sin tener que endosarse los calzones de ningún superhéroe. Aunque ambos tebeos son ediciones españolas de Dibbuks en formato álbum, se trata de sendas recopilaciones de miniseries de cuatro comic-books realizadas específicamente para el mercado estadounidense.

El malagueño El Torres se encarga de los guiones y el granadino Gabriel Hernández de los dibujos.

Esa vocación de ser leídos primero por un público gringo explica pues que El Torres use la hojarasca de modas culturales de hoy como fértil abono de sus aportaciones creativas. El resultado es, en ambos títulos, bastante más que una demostración de buen oficio.

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El velo juega sus cartas sobre convenciones tanto temáticas como autorales. “El Mal” suele ser en las historias de terror una metáfora de todos nuestros miedos y culpas íntimas: la doble metáfora se ejerce cuando esa fuerza maligna, ese “Mal” abstracto pero localizado, toma además una forma corpórea, concretando su amenaza, que podemos ver, tocar y combatir (y que nos puede aterrorizar aún más). El maestro en esa “personificación” del mal de nuestros días es, obviamente, Stephen King, aunque siempre suela cagarla cuando intenta resolver la “disolución” del Mal, tanto en su encarnación concreta como en su metáfora.

En El Velo, El Torres adopta temas propios de King (la “personificación” del mal) hasta llevar su referencia hasta puntos literales (la acción se desarrolla ¡en Maine!). En la forma, se acoge a los cómics de la DC de raigambre británica.

Pues El Torres sabe también que el cómic es un medio débil para transmitir terror, a no ser que seas Maruo y asustes sólo con dar un trazo. Habitualmente, los cómics de terror no provocan terror, sino tan sólo “reminiscencias” de terror, mucho más evanescentes que el que puede provocar un libro o una película. Los dibujos -por lo habitual- suavizan el impacto del miedo, igual que difuminan la agresividad del porno. Queda ese hilo tenue de atmósfera y recreación, que no es poco cuando se sabe manejar…

Así que el malagueño sigue el ejemplo de Alan Moore en La cosa del pantano o Jamie Delano (mi prosista favorito en el género) en Hellblazer, se inventa una Joanna Constantine (con el nombre de Chris Luna) y añade esa voz narradora en tercera persona que contribuye a hacer volar la imaginación más allá de unos dibujos tangibles, que induce, que sugestiona con razonamientos terroríficos: especialmente acertada la disquisición de la protagonista sobre lo que hace el 90% del cerebro humano que no percibimos.

El cómic funciona a todos los niveles (incluso en sus toques formalmente bastardos: la yanquinización de modos también pasa por elegir momentos “musicables”, ese tipo de sustos más propios del cine que de la historieta que uno imagina acompañados de un golpe orquestal), apoyado también en un Gabriel Hernández que aquí parece fruto de un feliz encuentro propiciado en un What if: “¿Y si Tha hubiera sido entintado alguna vez por Klaus Janson?”. El resultado gráfico es gozoso, con un diseño de personajes absolutamente empático y una textura atmosférica siempre presente y efectiva.

Y resulta muy interesante comprobar cómo El Torres se mueve a gusto con clichés de una cultura ajena, aunque sea una tan omnipresente como la estadounidense.

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Sin embargo, su siguiente esfuerzo común, El bosque de los suicidas, me ha convencido más.

Para empezar, el dúo se anima a meterse esta vez en el lugar común del “horror oriental”, pero sin renunciar a la perspectiva occidental (lógicamente más europea que estadounidense, por mucho que el fin de la obra sea su comercialización primera en los USA). Da gusto ver a dos autores españoles adentrándose en la cultura nipona sin caer en los tópicos gráficos del manga, es decir, dibujando a los orientales como realmente los vemos y no con esa racista idealización americanizada con la que ellos quieren verse a sí mismos.

Esta vez, además, El Torres no se apoya en un discurso verbal paralelo, sino que prescinde de la primera persona explícita y se limita a narrar en tercera mediante los diálogos y el empaque visual de Hernández. Sus personajes están bien definidos y tienen personalidad propia; y los momentos de angustia se presentan bien dosificados, además de ser muy contundentes: véase el paralelismo entre el éxtasis de una amante y el estertor de una ahorcada con que nos sirve la primera muerte de la historia.

El desarrollo de El bosque de los suicidas es modélico, así como su resolución: pese a la limitación del formato (cuatro números de unas 22 páginas cada uno), El Torres y Gabriel Hernández se salen con la suya a la hora de dejar un sabor terriblemente dulce en el lector.

Aquí hay algo más que oficio: hay dos autores con ganas de jugar en el terreno anglosajón y hacerse su lugar por méritos propios.

De momento, han conseguido algo inédito en el panorama historietístico español y merece la pena subrayarlo.

Brindo por su talento.



LA ETERNAUTA

October 10th, 2011 Migoya

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El Festival de Cine Fantástico de Sitges 2011 estrenó en sus primeros días La mujer del Eternauta, un documental testimonial sobre Elsa Sánchez y su remembranza del episodio de la tremebunda, terrorífica matanza de su esposo, el reputado guionista de cómics H. G. Oesterheld, y sus cuatro hijas (Estela, Beatriz, Diana y Marina), a manos de los militares durante la represión argentina de los años 70.

El documental de Adán Aliaga arroja una mirada intimista sobre la vida actual de Elsa, comparando sus posteriores años de soledad, lucha y desolación emocional con ese personaje desorientado y errático ante el apocalipsis de su mundo que fue El Eternauta, la creación más conocida de Oesterheld y probablemente la historieta argentina más popular del siglo XX.

El documental se salpimenta con reflexiones de parientes, amigos y personalidades cercanas al universo de Oesterheld, como el gurú del cómic argentino Juan Sasturain. También podemos ver al gran Francisco Solano López (creador gráfico de El Eternauta) dibujando en su taller, aunque no realiza ninguna declaración: probablemente sean sus últimas imágenes en cine antes de su fallecimiento hace dos meses.

Como ya indica en su blog mi perspicaz colega Absence, el tono contemplativo predomina en el metraje. Ello aporta, en mi opinión, una cosa buena y una cosa mala. La buena es que el tipo de contemplación escogida por el realizador nos permite captar el vivir cotidiano de la superviviente del horror: vemos a Elsa conversar con su empleada, regañar a su nieto, jugar con su bisnieto y permanecer callada con la mirada perdida, buscando el qué. Es como si la rutina de la vida diaria fuera un complemento y desenlace absurdo que no se puede rechazar ni siquiera tras un acontecimiento terrible que hubiera debido paralizar el mundo: el suyo y el nuestro… El documental logra proyectar un retrato honesto y equilibrado de Elsa Sánchez y su periplo existencial tras la brutal desaparición y muerte de su familia.

Lo que sí echo a faltar es una crónica personalizada de lo que ocurrió. Pocas veces se aborda directamente en el documental la tragedia sufrida (aunque, obviamente, sobrevuele cada plano tomado, cada palabra pronunciada) y no queda clara la cronología o simple ordenación de lo que realmente sucedió: todo son retazos. Accedemos a dibujos y recuerdos de las cuatro hijas, pero en ningún momento vemos claramente cómo son sus rostros ni se nos cuenta cómo eran ellas, para precisamente erigir un recuerdo de las personas, no de las víctimas, que fueron. Quizá no hacía falta, quizá ahondar en esa concisión factual sería hacer una concesión al melodrama: a cambio, tenemos una cierta frialdad y abstracción en la vaga exhumación narrativa del pasado. Para los interesados en saber qué pasó con la familia Oesterheld y sobrecogerse con imágenes de los años felices de sus miembros, este artículo es muy aclaratorio.

Hay un elemento muy valiente en el documental y es la no ocultación de los pespuntes de la personalidad de Elsa Sánchez: ella declara continuamente que no quiere ser la protagonista (más que “la mujer del” Eternauta, a mí me parece LA Eternauta: ella es la que vaga por esos mundos inertes sin asidero emocional), pero para bien o para mal (seguramente para su mal) la obra se centra en ella, y el espectador no puede evitar asistir a su perspectiva de madre, de continuo: de madre cercenada en su misión y conducción de afectos naturales. De madre abandonada a su suerte sin poder ejercer su rol escogido, con sólo un nieto en el que asentar su razón de seguir siendo.

Dentro del marco de ese retrato, me parece apasionante el pleito emocional que la viuda aún mantiene con su esposo muerto: la imposibilidad de perdonarle que no se comportara como un padre responsable y alejara a sus cuatro hijas de exponerse así, abrazando el activismo militante y la clandestinidad en años tan peligrosos y situaciones tan peliagudas, sigue aflorando a su corazón y su mirada. Su talante de madre (todas las madres son conservadoras de corazón, pues de eso trata su misión vital: de conservar) no entendió ni entenderá cómo el soñador romántico que era Oesterheld permitió que ganara en su voluntad de artista la lucha por la utopía frente a la elusión del riesgo mortal que podía conllevar la involucración política de sus hijas.

Ésa es la parte de La mujer del Eternauta (ese área donde irremisiblemente choca el punto de vista de la madre y el punto de vista del idealista) que realmente me conmueve y me deja destrozado.

Esperemos que en breve alguna televisión emita este documental para toda España.

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Estela, Marina, Diana y Beatriz.



LUC BESSON: MANTENIENDO EL (ESTEREO)TIPO

September 30th, 2011 Migoya

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Mientras espero como agua de mayo el estreno de esa ansiadísima adaptación a pantalla grande de la mejor serie colombiana de narcos, El cartel de los sapos (mi única queja: ¿cómo se les ha ocurrido reemplazar por el bueno de Tom Sizemore al bonachón de John Gertz para encarnar al bondadoso agente de la Dea Sam Mathews? ¿No podían haberlos integrado a los dos?), me conformo con acudir al cine a contemplar otro de los maravillosos bodrios de Luc Besson, este Colombiana gracias al cual he aprendido varias cosas: entre otras, que todos los colombianos son traquetos, hablan en inglés en la intimidad, se dicen cosas cariñosas como “padre” e “hijo” antes de matarse por la espalda, son yamakasis cuando el entorno geográfico lo requiere y decididamente están obligados a reproducirse mucho porque su mortandad es superlativa (y superlatina).

Se nota que Besson y su secuaz Robert Mark Kamen (probablemente el responsable de la caída en plancha a la serie B de Besson, pues empezó a colaborar con él en la que fue su primera mala película como director, El quinto elemento) deben haber visto El cartel de los sapos, porque han tomado de ella hasta el apellido de la protagonista (Restrepo, como el director de la serie original).

No se vayan a pensar que con estas palabras reniego de las películas producidas y coguionizadas por Besson: al revés, son uno de los mayores placeres que me quedan en una sala de cine. Me encanta esta minifactoría de productos en serie, porque son género puro: sí, ok, Besson se copia a sí mismo con descaro y hasta la saciedad (¿cuántas niñas asesinas ha creado ya? ¿cuántas comisarías han asaltado sus héroes y heroínas impunemente?) y eso me genera mucho afecto: es un genuino paladín de la cultura popular dispuesto a autofagocitarse para mantener viva la máquina del entretenimiento… implantando siempre sus propias reglas: eso es lo que admiro de él.

Además, continúa mimando sus propias películas (las dirigidas por su propia mano): Adele y el misterio de la momia me parece mucho más divertida que los cómics de Tardi en que están basados (y su protagonista mucho más guapa que la fea Adèle original).

En cuanto al tándem guionístico formado con Mark Kamen, juntos han pergeñado pequeñas películas que sólo tienen sentido dentro del marco de su universo de género negro y sus estereotipos tebeísticos (uy, lo que he dicho…), establecidos ambos por el propio Besson, con sus propias leyes sobre lo que es verosímil y lo que no: personalmente, le tengo muchísimo cariño a El beso del Dragón, porque su pareja protagonista desprende un calor poco habitual en estos productos y su exótica peripecia funciona; y, obviamente, Taken ha sido una de las sorpresas más agradables del buen cine malo de la pasada década, con su imprevisiblemente reaccionaria premisa (imprevisible por los tiempos que corren y porque el propiciador de la premisa ¡es europeo!), resumida en este concepto: “Hija mía, no viajes sola a Europa, que allá te pueden violar”.

El director de Colombiana es otro nifunifá de la factoría Besson: Olivier Megaton dirigió antes La sirène rouge, una mala versión de León, el profesional; pero también realizó mi película favorita de la saga Transporter, la tercera, porque inesperadamente parecía uno de aquellos emotivos vehículos europeo-aventureros de los años 70 coprotagonizado por Charles Bronson Jill Ireland.

En cuanto a Colombiana, venía a decir Godard que el cine es una mujer con una pistola: por esa misma regla de dos, un plano de Zoe Saldana cargando su arma vale por todos los Terrence Malick del mundo.

La peli es tan buena y tan mala como cabe esperar del dúo Besson-Mark Kamen. Y Olivier Megaton no es Paul Greengrass, por más que se empeñe en meter persecuciones en azoteas y peleas cuerpo a cuerpo, de inspiración pseudobourniana que palidecen en comparación. Baratita de producción, Colombiana contiene ideas tan delirantes que a cualquier observador con sensibilidad le puede sugerir mil posibilidades: por ejemplo, esa perturbadora imagen de la cariñosa Cataleya tomando en su mano el dedo-pene de su padrastro o la heroína nadando en una piscina entre tiburones degenerados por ordenador.

Además, poder contemplar a una negra estadounidense-dominicana (Zoe), un maorí (Cliff Curtis) y a un chaval de Hospitalet (el nunca suficientemente ponderado Jordi Mollà) haciendo todos de colombianos, es un espectáculo que nadie debería perderse por nada del mundo. Eso y ver juntos a actores de carácter tan entrañables como el mencionado Curtis, Mollà,  Michael Vartan (en el papel más tonto de su carrera, que ya es decir) o ¡Max Martini! me parecen excelentes razones que justifican el visionado del filme. Lástima que sus personajes tengan tan poco que expresar o decir digno de originalidad.

Con todo, yo sigo disfrutando mucho con cada nuevo truño de Besson y Mark Kamen. Porque son películas honestas, que no intentan engañar, y porque responden al más puro espíritu de la serie B: todas las armas son buenas.

Eso sí, no se crean a su director cuando afirma que “quería hacer una película más seria, menos caricaturesca que Transporter 3“.

Olivier, que seguimos jugando en la misma liga…



LA CASA DE VAPOR: UN VERNE A MEDIO GAS

September 21st, 2011 Migoya

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“En efecto, un tigre enorme, dando un salto soberbio trató de alcanzar nuestra casa, pero se quedó enganchado entre dos renuevos de bananero que le aprisionaron el cuello. Bajo la fuerza del viento, el tronco principal se inclinó poniendo en tensión sus renuevos y estrangulando al tigre.

-¡Pobre bicho! -dijo Fox.

-Estos animales han nacido para morir a balazos y no ahorcados -expresó indignado el capitán”. La casa de vapor de Julio Verne.

La casa de vapor es la tercera novela que leo este año de Julio Verne (después de Miguel Strogoff Un capitán de quince años), en edición de Editorial Sopena Argentina de Diciembre de 1940, con traducción de Jose Onrubia.

Mi impresión ha sido la de una obra bastante rutinaria en su confección. La idea de partida, ese viaje pseudoturístico a través de la India (desde Calcuta y pasando por el Himalaya) que oculta el deseo de venganza de uno de sus viajeros, trayecto realizado en una pionera roulotte en forma de locomotora de vapor modelada como un elefante metálico que remolca dos vagones habilitados para alojarse en ellos, hace abrigar la esperanza de que las aventuras que aguardan a sus personajes serán tan intensas como las del Correo del Zar o que los caracteres descritos despertarán en el lector emociones tan nítidas como las del capitán adolescente.

Sin embargo, los personajes son aún más planos de lo habitual en esta ocasión (con la excepción, quizá, del divertido secundario Van Guitt, un excéntrico proveedor de zoológicos muy bien pintado por la pluma del autor), y la aventura tampoco alcanza mucho vuelo, pese a que el enemigo de la historia promete, pues se trata de un personaje real: Nana Sahib, líder de la rebelión de los cipayos cuyo confuso destino aprovecha Verne para apropiárselo y llevarlo a su morral, es decir, a su propia trama. En la novela, tanto Sahib como el británico Coronel Munro se odian a muerte debido a haber asesinado a sus mutuas parejas sentimentales… Munro está a punto de alcanzar un estatuto de antihéroe interesante (se trata de un personaje taciturno, sereno y torturado al mismo tiempo), pero por desgracia Verne no le concede el mismo tiempo de fermentación ni mima su desarrollo psicológico para que llegue a la estatura de un Capitán Nemo. Una lástima, porque ahí estaban latentes las condiciones.

Todo lo referente al funcionamiento y peripecias de la propia “casa de vapor” responden a la minuciosidad y capacidad imaginativa a la que Verne nos tiene acostumbrados: las idas y venidas del elefante metálico es lo mejor del volumen (tanto en su encuentro con humanos como con sus propios hermanos proboscidios). Los demás ingredientes están un poco pillados por los pelos y dosificados con cierto reflejo rutinario: así, prácticamente no sabemos nada del narrador en primera persona, el francés Maucler y, cuando creemos que por fin averiguaremos algo de su vida y pensamiento, Verne cambia de marcha y lo abandona en la cuneta para tomar él las riendas directas del relato en tercera persona: adecua pues la voz narrativa a la trama en vez de hacerlo al revés o, al menos, buscar una manera pertinente de que el cambio de narrador se integre armónicamente con la peripecia narrada. Nada más lejos de la opción escogida: usar un personaje como relator sin especificarnos porqués algunos y, cuando no puede estar presente en lo explicado, pegarle la patada y pasar a la tercera persona omnisciente como un hovercraft de andar por casa que lo mismo le da estar sobre oleaginoso líquido que sobre suelo pedregoso.

Lo más interesante desde un punto de vista del lector de hoy es, obviamente, el panorama moral que sobre la colonización de la India ofrece Verne: como ya hiciera en Strogoff, sus preferencias (lo extraño hubiera sido lo contrario) están del lado “civilizador” del poder establecido europeo, pero tampoco oculta alguna que otra barbaridad imperialista. Sí hay una tendencia decimonónica a creer férreamente en que los modos de nuestro continente superaban en buenas maneras y trato humanitario el de sus enemigos, así como que la colonización se llevaba a cabo por el bien último de los colonizados, aunque el supuesto “fair play” de la guerra siga siendo muchas veces excusa más que suficiente para justificar una conflagración brutal. Y es que el ánimo guerrero se veía antes con muchos mejores ojos que hoy día, como ocurre con el personaje del Capitán Hod, uno de los heroicos miembros expedicionarios: lo que entonces podía constituir un rasgo de caracterización “simpático” (la adicción del militar a la caza mayor, hasta un punto obsesivo), en la actualidad resulta claramente repugnante y cada poco dan ganas de meterle un tiro en la frente al dichoso Capitán. Se trata de esos cambios de sensibilidad social que al propio Verne sorprenderían y quizá no disgustarían del todo.

Pese al conjunto desganado y precipitado en resoluciones, asombra siempre la capacidad para el detalle de Verne a la hora de recrear escenarios y situaciones jamás vistas ni vividas.

Da ganas de viajar.



ESTAFADOR DE ESTAFADORES

September 19th, 2011 Migoya

“Hasta los auténticos Miró parecen falsificaciones”. Elmyr de Hory

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En realidad, no me esperaba nada de ¡Fraude! y debo confesar que me he divertido de lo lindo con esta ¿falsa? biografía sobre el pintor falsificador Elmyr de Hory, escrita en 1969 por otro falsificador (en este caso literario, Clifford Irving, famoso por haberse inventado una autobiografía de Howard Hugues) y actualizado por el propio autor con un capítulo extra para la reedición.

El aristócrata venido a menos y consumado homosexual Elmyr de Hory se hizo famoso gracias al documental Fraude (F for Fake/Vérités et mesonges) que le dedicó Orson Welles en 1973, y que no he visto. En su biografía, Irving nos explica muchas cosas de este fabuloso plagiador de cuadros cuyas falsificaciones pergeñadas desde Ibiza alimentaron en la segunda mitad del siglo XX varias prestigiosas galerías de todo el mundo con presuntos Matisse, Cézanne, Degas, Renoir… La leyenda dice que hasta Picasso confundió una copia perpetrada por de Hory como un dibujo legítimo suyo.

El libro de su historia  no sólo pinta un buen retrato sobre este vividor con un talento único para ser todos los artistas menos él mismo, sino que pone en jaque la estupidez del valor económico otorgado a la pintura moderna. ¿Cómo no falsificar obras por cuya posesión se pagan cifras astronómicas? ¿Cómo no TENER EL DEBER de estafar a unos falsos expertos en cuya opinión recae la especulación multimillonaria en que se ha convertido el mundo del arte y a los que engañó por completo durante tantos años? “Arte”, por cierto, a cuyo podio medios como el cómic o la caricatura no han accedido salvo mediante apropiaciones bastardas y casi ilícitas: disfrazados de cuadros.

Me ha gustado especialmente el excelente bosquejo de la relación entre el histérico falsificador y sus marchantes/chulos, los jovencitos Fernand Legros y Réal Lessard, dos modelos diferentes de “maricas malas” que ordeñaron las ubres del pobre Elmyr hasta dejarlo abandonado a su suerte con la Ley.

¡Fraude! funciona tanto a nivel filosófico/conceptual sobre qué es aquello que en el fondo llamamos arte, como análisis muy particular -y con efectos prácticos- de la evolución pictórica del siglo XX y, también, simplemente como delicioso pasatiempo para asombrarse ante lo que se puede conseguir con el talento, nada simple, de copiar.

Lean Fraude. No les defraudará.

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LOS SILENCIOS INCÓMODOS DE OSS 117

September 12th, 2011 Migoya

Conversación entre el jefe del Servicio Secreto Francés y el agente OSS 117:

-(Este ex nazi refugiado en Río) ha decidido chantajear a Francia.

-¿Tenemos que detenerle?

-No. Tenemos que pagarle.

-Vaya, qué cosas.

-Posee un microfilm con una lista de franceses que colaboraron con el régimen nazi.

OSS 117 Perdido en Río… de Michel Hazanavicius

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Pese a que ambas películas se han estrenado en España, no ha sido hasta este verano que tuve conocimiento de la existencia de OSS 117: El Cairo, nido de espías y su aún mejor secuela OSS 117: Perdido en Río… Dirigidas con primor por Michel Hazanavicius, ha sido siguiendo el hilo de su reciente nominación a la Palma de Oro de Cannes por su último filme, El artista (su actor fetiche sí ganó el Premio al Mejor Actor), que llegué a saber de estas dos obras maestras del cine paródico.

Sí estaba al tanto de la existencia literaria del agente espía francés Hubert Bonisseur aka OSS 117, creado por Jean Bruce cuatro años antes de que Ian Fleming se inventara a 007, pero no he leído ninguna de sus novelas (de niño me quedé en Jerry Cotton…) ni visto ninguna de sus adaptaciones “serias” a la gran pantalla.

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OSS 117 es un dechado de machismo, xenofobia y cerrilidad. Esas cualidades que probablemente ya detentaba su encarnación original (no en vano, James Bond también hacía gala, en mayor o menor grado, de todas ellas) son a buen seguro el motivo por el que, con la perspectiva socarrona que proporciona el tiempo, el dúo Hazanavicius&Dujardin haya decidido radicalizar el tono del personaje para que contrastara con nuestra mirada amable de ciudadanos del Siglo XXI. La fórmula funciona, especialmente en la segunda parte, ambientada en los años 60 en pleno bullicio hippie: ahí el garrulo de OSS 117 todavía destaca más.

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Cualquier fan de las novelas de Fleming o las pelis de Bond va a disfrutar como un enano viendo estos dos filmes: el secreto está no solamente en que resultan divertidos hasta la histeria (he llorado de risa varias veces durante su visionado, que reiteraré en un futuro próximo), sino porque además ambas están soberbiamente realizadas: su director las ha concebido como ejercicios retro (una situada en los años 50, otra en los 60), con una dirección acorde con el cine espectáculo propio de cada década correspondiente. El resultado es apabullante: si no te ríes con los gags (¿pero cómo no reírse con el asesino asiático que, disfrazado de chófer, recibe a OSS 117 diciéndole: “Bienvenido a Río”; o cuando entre entre su jefe y él se establece un silencio incómodo que ni siquiera el “mejor agente francés del mundo” sabe cómo superar con éxito?), el placer de mirar y reconocer estilemas clásicos, muchas veces pervertidos adrede, es suficiente para colmar cualquier expectativa. A veces se unen las dos vertientes con resultados gloriosos: véase el gag de 0SS 117 echándose a la cama con una fan suya, mientras la cámara se retira discretamente para dejar fuera de campo el fragor sexual… sólo para tener que volver apresuradamente hasta la mesita al chocar con un espejo donde se refleja el escarceo carnal de forma nada elegante.

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Pero lo que me ha dejado anonadado es la dureza y contundencia de los chistes xenófobos: judíos y musulmanes son los que más reciben (con una desfachatez que hace mirar por encima del hombro a la espera de que nos salte encima algún censor “humanista”), pero los estadounidenses y los propios franceses (véase el gancho a la quijada colaboracionista en la cita inicial de este texto) no se salvan de la andanada, como es de esperar en una comedia inteligente. Ese punto de vista galo es además el que proporciona un aire novedoso a la revisitación de género: esta vez el ombliguismo no es yanqui, sino gabacho. Quizá ése sea precisamente también el motivo de la ausencia de éxito en España de estas dos películas, pero es lo que definitivamente las confiere de frescura y personalidad.

En ambas entregas hay  diálogos memorables a mansalva. Puede que mi favorito sea éste:

“-Agente Koulechov: (Los hippies) quieren cambiar el mundo.

-Agente OSS 117: ¿Cambiar el mundo? ¡Qué idea más rara! El mundo está bien, ¿por qué cambiarlo?

-Agente Koulechov: Por ejemplo, predican hacer el amor, no la guerra.

-Agente OSS 117: Pero una cosa no quita la otra. Yo siempre he hecho ambas cosas y hasta ahora no he tenido ninguna queja.

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Mención aparte merece Jean Dujardin: su talento para representar la ególatra estultez de OSS 117 es fabuloso, pero además agrega esa candidez convencida que es la que consigue que, pese a todo, el descarado fanfarrón nos caiga bien. Poseedor de un notable juego de cejas, Dujardin mata accidentalmente y provoca que sus colores nacionales sean aborrecidos allá donde va… pero aun así, uno desea que salga con fortuna de todos sus líos.

Afortunadamente más cercanas de 07 con el 2 delante (aquella desternillante parodia de Bond centrada en el camarero español Jaime Bonet, fruto de la alianza de talentos de Ignacio F. Iquino, Armand Matias Guiu y Cassen, ahí es nada) que de Austin Powers, estas dos películas maravillarán a todo fan genuino de Bond & C.I.A. que tenga sentido del humor…

No veo el momento de volver a verlas.



OLIMPITA SE VA A LA FRANCE

September 7th, 2011 Migoya

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Hoy sale a la venta Olimpita en Francia, como novela gráfica publicada por Éditions Sarbacane.

Y parece que la pescadera barcelonesa empieza a desatar pasiones. Felicidades, Joan: te lo mereces.