October 3rd, 2011 Migoya

Madonna no existe es una de esas novelas gráficas llamadas a triunfar: además de su brillantez conceptual, apela al que posiblemente sea el único colectivo social al que aún le queda dinero en España para gastar en cultura.
Tras su debut como guionista de cómic en la edificante Marica tú (un proyecto que tuve el placer de vehicular como editor para Ediciones Glénat), el eterno adolescente Julián Almazán cerró un proyecto de álbum con Edicions de Ponent en el que llevaría la rienda autoral completa, responsabilizándose de guión y dibujo (Alfonso Casas, el dibujante de Marica tú, también está preparando un proyecto en solitario para la misma editorial). El primer resultado es este Madonna no existe, con el que Almazán entra a saco en ese universo pop que tanto le inspira para su propio blog.
Yo, que soy fan irredento de las conspiraciones poperas desde el nefasto estreno español de la maravillosa Jossie and the Pussycats, me tomo Madonna no existe con la poca distancia que requiere: se sea fan o no de la desmochada ambición rubia, cualquier simpatizante (ya no digo amante para no generar prejuicios) de la música comercial se deleitará con la parada de monstruos (digo, de divas…) que desfila por las páginas de este tebeo: Kylie Minogue, Britney Spears, Whitney Houston, y no podía faltar, claro está, Lady Gaga, son algunas de las mamarrachas o estrellas no-tan-fugaces que cruzan por las viñetas de esta obra, donde Almazán demuestra que el concepto de muppet se puede aplicar perfectamente a la historieta: sus propios “teleñecos” dibujados encajan perfectamente con el colorido espíritu de lo narrado.
¡Anímate y compra Madonna no existe! ¡No tienes que ser maricón para disfrutarla!

Posted in Blogs, Fantasía, Humor gráfico, Personajes, Pop, Reseñas, Uncategorized | No Comments »
September 30th, 2011 Migoya

Mientras espero como agua de mayo el estreno de esa ansiadísima adaptación a pantalla grande de la mejor serie colombiana de narcos, El cartel de los sapos (mi única queja: ¿cómo se les ha ocurrido reemplazar por el bueno de Tom Sizemore al bonachón de John Gertz para encarnar al bondadoso agente de la Dea Sam Mathews? ¿No podían haberlos integrado a los dos?), me conformo con acudir al cine a contemplar otro de los maravillosos bodrios de Luc Besson, este Colombiana gracias al cual he aprendido varias cosas: entre otras, que todos los colombianos son traquetos, hablan en inglés en la intimidad, se dicen cosas cariñosas como “padre” e “hijo” antes de matarse por la espalda, son yamakasis cuando el entorno geográfico lo requiere y decididamente están obligados a reproducirse mucho porque su mortandad es superlativa (y superlatina).
Se nota que Besson y su secuaz Robert Mark Kamen (probablemente el responsable de la caída en plancha a la serie B de Besson, pues empezó a colaborar con él en la que fue su primera mala película como director, El quinto elemento) deben haber visto El cartel de los sapos, porque han tomado de ella hasta el apellido de la protagonista (Restrepo, como el director de la serie original).
No se vayan a pensar que con estas palabras reniego de las películas producidas y coguionizadas por Besson: al revés, son uno de los mayores placeres que me quedan en una sala de cine. Me encanta esta minifactoría de productos en serie, porque son género puro: sí, ok, Besson se copia a sí mismo con descaro y hasta la saciedad (¿cuántas niñas asesinas ha creado ya? ¿cuántas comisarías han asaltado sus héroes y heroínas impunemente?) y eso me genera mucho afecto: es un genuino paladín de la cultura popular dispuesto a autofagocitarse para mantener viva la máquina del entretenimiento… implantando siempre sus propias reglas: eso es lo que admiro de él.
Además, continúa mimando sus propias películas (las dirigidas por su propia mano): Adele y el misterio de la momia me parece mucho más divertida que los cómics de Tardi en que están basados (y su protagonista mucho más guapa que la fea Adèle original).
En cuanto al tándem guionístico formado con Mark Kamen, juntos han pergeñado pequeñas películas que sólo tienen sentido dentro del marco de su universo de género negro y sus estereotipos tebeísticos (uy, lo que he dicho…), establecidos ambos por el propio Besson, con sus propias leyes sobre lo que es verosímil y lo que no: personalmente, le tengo muchísimo cariño a El beso del Dragón, porque su pareja protagonista desprende un calor poco habitual en estos productos y su exótica peripecia funciona; y, obviamente, Taken ha sido una de las sorpresas más agradables del buen cine malo de la pasada década, con su imprevisiblemente reaccionaria premisa (imprevisible por los tiempos que corren y porque el propiciador de la premisa ¡es europeo!), resumida en este concepto: “Hija mía, no viajes sola a Europa, que allá te pueden violar”.
El director de Colombiana es otro nifunifá de la factoría Besson: Olivier Megaton dirigió antes La sirène rouge, una mala versión de León, el profesional; pero también realizó mi película favorita de la saga Transporter, la tercera, porque inesperadamente parecía uno de aquellos emotivos vehículos europeo-aventureros de los años 70 coprotagonizado por Charles Bronson y Jill Ireland.
En cuanto a Colombiana, venía a decir Godard que el cine es una mujer con una pistola: por esa misma regla de dos, un plano de Zoe Saldana cargando su arma vale por todos los Terrence Malick del mundo.
La peli es tan buena y tan mala como cabe esperar del dúo Besson-Mark Kamen. Y Olivier Megaton no es Paul Greengrass, por más que se empeñe en meter persecuciones en azoteas y peleas cuerpo a cuerpo, de inspiración pseudobourniana que palidecen en comparación. Baratita de producción, Colombiana contiene ideas tan delirantes que a cualquier observador con sensibilidad le puede sugerir mil posibilidades: por ejemplo, esa perturbadora imagen de la cariñosa Cataleya tomando en su mano el dedo-pene de su padrastro o la heroína nadando en una piscina entre tiburones degenerados por ordenador.
Además, poder contemplar a una negra estadounidense-dominicana (Zoe), un maorí (Cliff Curtis) y a un chaval de Hospitalet (el nunca suficientemente ponderado Jordi Mollà) haciendo todos de colombianos, es un espectáculo que nadie debería perderse por nada del mundo. Eso y ver juntos a actores de carácter tan entrañables como el mencionado Curtis, Mollà, Michael Vartan (en el papel más tonto de su carrera, que ya es decir) o ¡Max Martini! me parecen excelentes razones que justifican el visionado del filme. Lástima que sus personajes tengan tan poco que expresar o decir digno de originalidad.
Con todo, yo sigo disfrutando mucho con cada nuevo truño de Besson y Mark Kamen. Porque son películas honestas, que no intentan engañar, y porque responden al más puro espíritu de la serie B: todas las armas son buenas.
Eso sí, no se crean a su director cuando afirma que “quería hacer una película más seria, menos caricaturesca que Transporter 3“.
Olivier, que seguimos jugando en la misma liga…
Posted in Cine, Extranjero, Fantasía, Latino, Reseñas, Sexo, Uncategorized | 7 Comments »
September 23rd, 2011 Migoya

Qué bonita sorpresa me he llevado al saber de la existencia de esta revista (y que sólo mi inexcusable ignorancia de lo que se cuece en las librerías me ha impedido conocer hasta ahora).
Cthulhu (Diábolo Ediciones) es una publicación de “comics y relatos de ficción oscura”, como anuncia en la propia cabecera. No os esperéis, desde luego, una revista de vanguardia o de nuevas tendencias: ésta supone la no por recurrente menos arriesgada aventura propiciada por fans a muerte del horror y el terror en sus manifestaciones más clásicas. En esencia es una revista de historietas, pero paga tributo especialmente a los referentes literarios, lo cual le proporciona una base intencional muy de agradecer. Es al cómic lo que ha sido a los cuentos por ejemplo, en tiempos recientes, la estupenda Historias asombrosas de ScifiWorld.
La cantidad de nuevos talentos que bullen en Cthulhu es asombrosa: para eso sirve una revista, señores, para foguear autores emergentes y proporcionarles un ritmo de publicación, para generar PROFESIÓN. En este caso, abundan las historias cortas de anécdota más o menos original con alguna que otra gema sorprendente.
Una manera de diferenciar el autor semiamateur del completamente profesional estriba en medir si su aportación artística es o no dependiente en exceso del homenaje a los maestros del género. Para entendernos: el homenaje bien entendido debería ser siempre un elemento más de la historia desarrollada, inserto en un mundo donde el autor impone sus propias claves… no la FINALIDAD de la historia. En Cthulhu se dan todos los casos, como es lógico en una revista que bebe de un vivero de nuevos nombres en efervescencia.
De los dos suculentos números que he tenido el placer de leer (el 7 y el 8), destacaría la excelente portada de J.A. Serrano que reproduzco arriba; la serie Martin Koudelka (un ejemplo modélico de ese equilibrio entre homenaje y universo propio que he mencionado) de Elchinodepelocrespo y Karles Sellés; una buena adaptación a viñetas (sobre todo, a lenguaje tebeístico) de un cuento clásico de Algernon Blackwood por Manuel Mota; los dibujos de Toni Fejzula, Luis Míguez, Julio Azamor, Sirelion, Santipérez, Lobel, Carlos Lamani, Javi Santonja, Alberto Cimadevilla… Estoy juzgando en base a dos únicas entregas, así que por favor sean benévolos con mi criterio: destaco lo que me gusta, simplemente. Quede claro también que no conocía previamente a ni uno solo de estos artistas, ni de oídas ni mucho menos de leídas, y ya ni digo en persona: rien de rien. Lo cual me asombra aún más, pues indica que la salud del cómic español de género no sólo se prevé excelente, sino que garantiza un futuro más brillante que nuestro editorialmente pobre presente.
Atención a estos dos nombres: Elchinodepelocrespo y Álex Ogalla. Son dos guionistas y estoy seguro de que con el tiempo serán dos guionistas importantes. Su capacidad para sorprender y emocionar en pocas páginas me ha subyugado. Me he apuntado sus nombres para seguirles el rastro a partir de ahora.
Sólo queda desear que esta revista nos dé por “cthulhu” durante muchos años. Su contenido lo merece.
Posted in Fantasía, Reseñas, Uncategorized | 8 Comments »
September 21st, 2011 Migoya

“En efecto, un tigre enorme, dando un salto soberbio trató de alcanzar nuestra casa, pero se quedó enganchado entre dos renuevos de bananero que le aprisionaron el cuello. Bajo la fuerza del viento, el tronco principal se inclinó poniendo en tensión sus renuevos y estrangulando al tigre.
-¡Pobre bicho! -dijo Fox.
-Estos animales han nacido para morir a balazos y no ahorcados -expresó indignado el capitán”. La casa de vapor de Julio Verne.
La casa de vapor es la tercera novela que leo este año de Julio Verne (después de Miguel Strogoff y Un capitán de quince años), en edición de Editorial Sopena Argentina de Diciembre de 1940, con traducción de Jose Onrubia.
Mi impresión ha sido la de una obra bastante rutinaria en su confección. La idea de partida, ese viaje pseudoturístico a través de la India (desde Calcuta y pasando por el Himalaya) que oculta el deseo de venganza de uno de sus viajeros, trayecto realizado en una pionera roulotte en forma de locomotora de vapor modelada como un elefante metálico que remolca dos vagones habilitados para alojarse en ellos, hace abrigar la esperanza de que las aventuras que aguardan a sus personajes serán tan intensas como las del Correo del Zar o que los caracteres descritos despertarán en el lector emociones tan nítidas como las del capitán adolescente.
Sin embargo, los personajes son aún más planos de lo habitual en esta ocasión (con la excepción, quizá, del divertido secundario Van Guitt, un excéntrico proveedor de zoológicos muy bien pintado por la pluma del autor), y la aventura tampoco alcanza mucho vuelo, pese a que el enemigo de la historia promete, pues se trata de un personaje real: Nana Sahib, líder de la rebelión de los cipayos cuyo confuso destino aprovecha Verne para apropiárselo y llevarlo a su morral, es decir, a su propia trama. En la novela, tanto Sahib como el británico Coronel Munro se odian a muerte debido a haber asesinado a sus mutuas parejas sentimentales… Munro está a punto de alcanzar un estatuto de antihéroe interesante (se trata de un personaje taciturno, sereno y torturado al mismo tiempo), pero por desgracia Verne no le concede el mismo tiempo de fermentación ni mima su desarrollo psicológico para que llegue a la estatura de un Capitán Nemo. Una lástima, porque ahí estaban latentes las condiciones.
Todo lo referente al funcionamiento y peripecias de la propia “casa de vapor” responden a la minuciosidad y capacidad imaginativa a la que Verne nos tiene acostumbrados: las idas y venidas del elefante metálico es lo mejor del volumen (tanto en su encuentro con humanos como con sus propios hermanos proboscidios). Los demás ingredientes están un poco pillados por los pelos y dosificados con cierto reflejo rutinario: así, prácticamente no sabemos nada del narrador en primera persona, el francés Maucler y, cuando creemos que por fin averiguaremos algo de su vida y pensamiento, Verne cambia de marcha y lo abandona en la cuneta para tomar él las riendas directas del relato en tercera persona: adecua pues la voz narrativa a la trama en vez de hacerlo al revés o, al menos, buscar una manera pertinente de que el cambio de narrador se integre armónicamente con la peripecia narrada. Nada más lejos de la opción escogida: usar un personaje como relator sin especificarnos porqués algunos y, cuando no puede estar presente en lo explicado, pegarle la patada y pasar a la tercera persona omnisciente como un hovercraft de andar por casa que lo mismo le da estar sobre oleaginoso líquido que sobre suelo pedregoso.
Lo más interesante desde un punto de vista del lector de hoy es, obviamente, el panorama moral que sobre la colonización de la India ofrece Verne: como ya hiciera en Strogoff, sus preferencias (lo extraño hubiera sido lo contrario) están del lado “civilizador” del poder establecido europeo, pero tampoco oculta alguna que otra barbaridad imperialista. Sí hay una tendencia decimonónica a creer férreamente en que los modos de nuestro continente superaban en buenas maneras y trato humanitario el de sus enemigos, así como que la colonización se llevaba a cabo por el bien último de los colonizados, aunque el supuesto “fair play” de la guerra siga siendo muchas veces excusa más que suficiente para justificar una conflagración brutal. Y es que el ánimo guerrero se veía antes con muchos mejores ojos que hoy día, como ocurre con el personaje del Capitán Hod, uno de los heroicos miembros expedicionarios: lo que entonces podía constituir un rasgo de caracterización “simpático” (la adicción del militar a la caza mayor, hasta un punto obsesivo), en la actualidad resulta claramente repugnante y cada poco dan ganas de meterle un tiro en la frente al dichoso Capitán. Se trata de esos cambios de sensibilidad social que al propio Verne sorprenderían y quizá no disgustarían del todo.
Pese al conjunto desganado y precipitado en resoluciones, asombra siempre la capacidad para el detalle de Verne a la hora de recrear escenarios y situaciones jamás vistas ni vividas.
Da ganas de viajar.
Posted in Extranjero, Fantasía, Personajes, Reseñas, Uncategorized | 4 Comments »
September 19th, 2011 Migoya
“Hasta los auténticos Miró parecen falsificaciones”. Elmyr de Hory

En realidad, no me esperaba nada de ¡Fraude! y debo confesar que me he divertido de lo lindo con esta ¿falsa? biografía sobre el pintor falsificador Elmyr de Hory, escrita en 1969 por otro falsificador (en este caso literario, Clifford Irving, famoso por haberse inventado una autobiografía de Howard Hugues) y actualizado por el propio autor con un capítulo extra para la reedición.
El aristócrata venido a menos y consumado homosexual Elmyr de Hory se hizo famoso gracias al documental Fraude (F for Fake/Vérités et mesonges) que le dedicó Orson Welles en 1973, y que no he visto. En su biografía, Irving nos explica muchas cosas de este fabuloso plagiador de cuadros cuyas falsificaciones pergeñadas desde Ibiza alimentaron en la segunda mitad del siglo XX varias prestigiosas galerías de todo el mundo con presuntos Matisse, Cézanne, Degas, Renoir… La leyenda dice que hasta Picasso confundió una copia perpetrada por de Hory como un dibujo legítimo suyo.
El libro de su historia no sólo pinta un buen retrato sobre este vividor con un talento único para ser todos los artistas menos él mismo, sino que pone en jaque la estupidez del valor económico otorgado a la pintura moderna. ¿Cómo no falsificar obras por cuya posesión se pagan cifras astronómicas? ¿Cómo no TENER EL DEBER de estafar a unos falsos expertos en cuya opinión recae la especulación multimillonaria en que se ha convertido el mundo del arte y a los que engañó por completo durante tantos años? “Arte”, por cierto, a cuyo podio medios como el cómic o la caricatura no han accedido salvo mediante apropiaciones bastardas y casi ilícitas: disfrazados de cuadros.
Me ha gustado especialmente el excelente bosquejo de la relación entre el histérico falsificador y sus marchantes/chulos, los jovencitos Fernand Legros y Réal Lessard, dos modelos diferentes de “maricas malas” que ordeñaron las ubres del pobre Elmyr hasta dejarlo abandonado a su suerte con la Ley.
¡Fraude! funciona tanto a nivel filosófico/conceptual sobre qué es aquello que en el fondo llamamos arte, como análisis muy particular -y con efectos prácticos- de la evolución pictórica del siglo XX y, también, simplemente como delicioso pasatiempo para asombrarse ante lo que se puede conseguir con el talento, nada simple, de copiar.
Lean Fraude. No les defraudará.

Posted in Cine, Ensayo, Exposiciones, Extranjero, Reseñas, Uncategorized | 6 Comments »
September 14th, 2011 Migoya

“-Cógete a mi cintura, el camino es malo y algún bache podría hacerte caer.” Viaje al horror, de Ralph Barby
Reeditada hace tres años por Ediciones Olimpic y disponible también para su descarga como e-book, Viaje al horror es una novela sencilla y efectiva. No cuesta entender que Ralph Barby la escogiera para su relanzamiento en esta época, treinta años después de su edición original, pues dentro de sus convenciones de género, aloja una bomba de relojería contra el estamento familiar.
En sus páginas hay horror cotidiano y horror sobrenatural: sus mejores páginas nos remiten al polar setentero (comienza como una novela de Jean-Patrick Manchette o una peli de Lino Ventura) y sólo más tarde asume los modos de la Hammer. El horror cotidiano tiene simplemente que ver con la vida cotidiana, y ahí radica el acierto de la novela: a veces nuestra familia es la mayor fuente de terror. Su destripamiento de los lazos sanguíneos haría feliz a un Houllebecq. Esas resonancias con los afectos y miedos familiares es lo que da carta de validez absoluta a la metáfora pesadillesca que se nos propone.
La parafernalia satánica y cristoferliana de Viaje al horror viste bien para los fans ortodoxos del género (como el pseudónimo de Ralph Barby vestía bien para nuestro Rafael Barberán), pero leída hoy, yo prefiero el elemento puramente macabro de la obra: un gato degollado, un accidente en la carretera, una muerte infantil… son percances que se pueden integrar perfectamente en nuestras existencias, que pueden presentarse sin llamar a lo largo de cualquier vida. Ahí es donde Barby nos toca de veras la fibra del miedo: ahí es donde Barby inquieta… porque no parece dispuesto a pararse ante nada, sin extralimitarse de lo plausible.
Psicológicamente, me resulta muy convincente cuando se detiene en los miembros de la familia protagonista: el afán de juegos del niño, lo taciturno del padre, el deseo reprimido de la mamá, el desentendimiento de la hija, la transparencia impulsiva del hermano mayor… podemos caer en clichés genéricos, pero su creador no les permitirá abrazar ningún rol heroico (el lector agradecerá y maldecirá ese detalle)…
Su destino, como el nuestro, será mucho más cruel.

Posted in Personajes, Reseñas, Sexo, Uncategorized | 4 Comments »
September 12th, 2011 Migoya
Conversación entre el jefe del Servicio Secreto Francés y el agente OSS 117:
-(Este ex nazi refugiado en Río) ha decidido chantajear a Francia.
-¿Tenemos que detenerle?
-No. Tenemos que pagarle.
-Vaya, qué cosas.
-Posee un microfilm con una lista de franceses que colaboraron con el régimen nazi.
OSS 117 Perdido en Río… de Michel Hazanavicius

Pese a que ambas películas se han estrenado en España, no ha sido hasta este verano que tuve conocimiento de la existencia de OSS 117: El Cairo, nido de espías y su aún mejor secuela OSS 117: Perdido en Río… Dirigidas con primor por Michel Hazanavicius, ha sido siguiendo el hilo de su reciente nominación a la Palma de Oro de Cannes por su último filme, El artista (su actor fetiche sí ganó el Premio al Mejor Actor), que llegué a saber de estas dos obras maestras del cine paródico.
Sí estaba al tanto de la existencia literaria del agente espía francés Hubert Bonisseur aka OSS 117, creado por Jean Bruce cuatro años antes de que Ian Fleming se inventara a 007, pero no he leído ninguna de sus novelas (de niño me quedé en Jerry Cotton…) ni visto ninguna de sus adaptaciones “serias” a la gran pantalla.

OSS 117 es un dechado de machismo, xenofobia y cerrilidad. Esas cualidades que probablemente ya detentaba su encarnación original (no en vano, James Bond también hacía gala, en mayor o menor grado, de todas ellas) son a buen seguro el motivo por el que, con la perspectiva socarrona que proporciona el tiempo, el dúo Hazanavicius&Dujardin haya decidido radicalizar el tono del personaje para que contrastara con nuestra mirada amable de ciudadanos del Siglo XXI. La fórmula funciona, especialmente en la segunda parte, ambientada en los años 60 en pleno bullicio hippie: ahí el garrulo de OSS 117 todavía destaca más.

Cualquier fan de las novelas de Fleming o las pelis de Bond va a disfrutar como un enano viendo estos dos filmes: el secreto está no solamente en que resultan divertidos hasta la histeria (he llorado de risa varias veces durante su visionado, que reiteraré en un futuro próximo), sino porque además ambas están soberbiamente realizadas: su director las ha concebido como ejercicios retro (una situada en los años 50, otra en los 60), con una dirección acorde con el cine espectáculo propio de cada década correspondiente. El resultado es apabullante: si no te ríes con los gags (¿pero cómo no reírse con el asesino asiático que, disfrazado de chófer, recibe a OSS 117 diciéndole: “Bienvenido a Río”; o cuando entre entre su jefe y él se establece un silencio incómodo que ni siquiera el “mejor agente francés del mundo” sabe cómo superar con éxito?), el placer de mirar y reconocer estilemas clásicos, muchas veces pervertidos adrede, es suficiente para colmar cualquier expectativa. A veces se unen las dos vertientes con resultados gloriosos: véase el gag de 0SS 117 echándose a la cama con una fan suya, mientras la cámara se retira discretamente para dejar fuera de campo el fragor sexual… sólo para tener que volver apresuradamente hasta la mesita al chocar con un espejo donde se refleja el escarceo carnal de forma nada elegante.

Pero lo que me ha dejado anonadado es la dureza y contundencia de los chistes xenófobos: judíos y musulmanes son los que más reciben (con una desfachatez que hace mirar por encima del hombro a la espera de que nos salte encima algún censor “humanista”), pero los estadounidenses y los propios franceses (véase el gancho a la quijada colaboracionista en la cita inicial de este texto) no se salvan de la andanada, como es de esperar en una comedia inteligente. Ese punto de vista galo es además el que proporciona un aire novedoso a la revisitación de género: esta vez el ombliguismo no es yanqui, sino gabacho. Quizá ése sea precisamente también el motivo de la ausencia de éxito en España de estas dos películas, pero es lo que definitivamente las confiere de frescura y personalidad.
En ambas entregas hay diálogos memorables a mansalva. Puede que mi favorito sea éste:
“-Agente Koulechov: (Los hippies) quieren cambiar el mundo.
-Agente OSS 117: ¿Cambiar el mundo? ¡Qué idea más rara! El mundo está bien, ¿por qué cambiarlo?
-Agente Koulechov: Por ejemplo, predican hacer el amor, no la guerra.
-Agente OSS 117: Pero una cosa no quita la otra. Yo siempre he hecho ambas cosas y hasta ahora no he tenido ninguna queja.”

Mención aparte merece Jean Dujardin: su talento para representar la ególatra estultez de OSS 117 es fabuloso, pero además agrega esa candidez convencida que es la que consigue que, pese a todo, el descarado fanfarrón nos caiga bien. Poseedor de un notable juego de cejas, Dujardin mata accidentalmente y provoca que sus colores nacionales sean aborrecidos allá donde va… pero aun así, uno desea que salga con fortuna de todos sus líos.
Afortunadamente más cercanas de 07 con el 2 delante (aquella desternillante parodia de Bond centrada en el camarero español Jaime Bonet, fruto de la alianza de talentos de Ignacio F. Iquino, Armand Matias Guiu y Cassen, ahí es nada) que de Austin Powers, estas dos películas maravillarán a todo fan genuino de Bond & C.I.A. que tenga sentido del humor…
No veo el momento de volver a verlas.
Posted in Cine, Extranjero, Fantasía, Reseñas, Sexo, Uncategorized, Vídeo | 4 Comments »
September 8th, 2011 Migoya

Esta novela gráfica del ¿novel? LuisD, primorosamente editada por Ediciones La Cúpula, salió a la venta hace varios días, pero tenía mis reticencias a la hora de leerla: el motivo es que no soporto el cómic nostálgico.
Sin embargo, la nostalgia es en esta propuesta tan sólo un medio, un mirador más bien para apreciar mejor el desastre existencial. Su autor es demasiado inteligente para afiliarse al ombliguismo de tantos otros autores de historieta, a ese “qué feliz fui” del niño urbano mimado que de repente se sabe adulto y quiere aferrarse para siempre a los códigos irresponsables de la adolescencia: el anhelo de casi todo artista, en cierto modo. Quizá por eso la mayoría de artistas son unos padres de mierda.
En Borra, LuisD utiliza la nostalgia, insisto, como parador desde el que otear la hecatombe que resulta a largo plazo la vida. Quizá lo hace por exceso de lucidez. El caso es que su mirada incide especialmente en el esqueleto que deja el pasado. Es como si hubiera hecho un alto en su propio camino vital y nos dijera: “Rememorar es empezar a morir”.
La borra es la pelusa que no se aprovecha del tejido. Es el resto que no sirve para nada pero todo lo invade: sólo para testimoniar. Y este cómic está lleno de restos, de esqueletos al fin: no os dejéis engañar por el dibujo intimista y cuco del autor. El cabrón nos la mete doblada y uno penetra en ese túnel de los horrores confiado en la pulcritud y concisión de trazo y sólo se encuentra decadencia y la ropa perdida de tizne.
Me fascina la textura entrelazada e inextricable de Borra, el hecho de que no haya ninguna historia (sólo trayecto, cosa que agradezco, obligado a leer cada día tantas malas historias), la calidez del dibujo y, pese a todo, la dureza de fondo. La borra no es el único desecho orgánico que recorre el libro: nos topamos también con animales, con restos de animales, tanto en la memoria remanente (en los “restos” de memoria) del protagonista como en la peripecia narrada. Esa morbosa (¡pero lógica! Lo antinatural es la ocultación social de la muerte) obsesión por lo que dejamos al morir me fascina en este cómic: LuisD convierte el mundo en una especie de cementerio en continua renovación de stock.
Para terminar, habrá más de un lector que perciba en toda la obra los motivos y tonos de un escritor que por coincidencia generacional yo también venero: Stephen King. Es difícil no presentir en esa ruta iniciática de los cuatro amigos de la infancia o en la obsesión por la muerte y las “cosas muertas” (entendiéndose “cosas” en el sentido amplio, inclusivo de la palabra), los colores y motivos de Stephen King, especialmente de mis dos obras favoritas del autor de Maine: El cuerpo y Cementerio de animales. Pues sí, es como si LuisD se hubiera impregnado de King y se hubiera quedado en exclusiva con el elemento natural.
El terror ya está en los ojos del lector.
Pero lo que más agradezco de todo es que LuisD no haya incluido en el libro ninguna referencia a canción alguna de The Smiths. ¡Eso demuestra que estamos ante una obra “nostálgica” diferente!
PD. Sé que revisitaré este cómic más veces, la singular estructura de la obra se presta a ello. Asimismo, su autor ha abierto un blog con las huellas y guiños que os pueden llevar hasta Borra. Visitadlo, merece su incursión.
Posted in Reseñas | No Comments »
September 7th, 2011 Migoya

Hoy sale a la venta Olimpita en Francia, como novela gráfica publicada por Éditions Sarbacane.
Y parece que la pescadera barcelonesa empieza a desatar pasiones. Felicidades, Joan: te lo mereces.
Posted in Extranjero, Latino, Noticia, Personajes, Reseñas | 5 Comments »
September 6th, 2011 Migoya

Con motivo de la desaparición de la revista de cómic porno KISS COMIX, he escrito este artículo en elmundo.es, expresando todo lo que tenía que decir al respecto.
Posted in Ensayo, Fallecimiento, Fantasía, Noticia, Reseñas, Sexo, Uncategorized | 5 Comments »