January 16th, 2012 Migoya

Imposible decirle que no a Charlton Heston.
En 1992 entré como redactor jefe de Ediciones La Cúpula.
Veinte años después, entro como asesor editorial en Ediciones Glénat.
Vuelvo para editar cómics españoles, con el ánimo imperialista, entusiasta y honesto que me caracteriza. Con la sinceridad, bravuconería y desenfado que me reprochan. Por la diversión y por la pasta.
Y por la historieta. Que yo con los cómics disfruto como un tonto.
Vamos a patear unos cuantos culos y a conquistar unas cuantas cotas. Y de paso, seré la partera de cuantos alumbramientos artísticos pueda. Me lo voy a pasar muy bien.
¡Ya basta de tanta seriedad y tanto muermo!
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December 27th, 2011 Migoya


Las Nuevas Hazañas Bélicas es otro sueño de proyecto que hemos conseguido sacar adelante un grupo de locos maravillosos:
Empezando por Joan Navarro, el director de Ediciones Glénat, y gracias también a la increíble aportación de varias estrellas de la historieta: Bernardo Muñoz, Perro, Beroy, Joan Fuster, Diego Olmos, Joan Marín, Daniel Acuña y Gallardo. Sin ellos, estos dos álbumes serían sólo otro sueño personal frustrado.

En una época en que la mayoría de autores españoles tienen que trabajar para Estados Unidos o Francia si quieren vivir de su talento, lanzar un proyecto de género tan ambicioso como Nuevas Hazañas Bélicas es casi un milagro.
Gracias a todos estos artistazos por haberlo hecho posible.

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October 26th, 2011 Migoya

El cartel que hay sobre estas líneas pertenece al filme No Blood No Tears y, como ya he comentado alguna que otra vez, se trata posiblemente (pese a lo imposible de cualificar algo así) de mi filme favorito de la pasada década. En el año 2002, en mi labor como miembro del comité de selección del Festival de Cine de Sitges, rogué, lloré y pataleé ante mi entonces jefe, Ángel Sala, para que incluyera este título en la programación oficial de Sitges 2002, tras quedarme encandilado con dicha película durante su proyección dentro del Mercado del Festival de Cannes. Sala, como buen mago que es, no solamente trajo la película, sino que también traería al director de la misma, el coreano Ryu Seung-wan, en ediciones subsiguientes: hace unos años para presentar otra obra suya, The City of Violence, y este año con The Unjust y también en calidad de miembro del Jurado Oficial del Festival.

Gracias a ello, y pese a que el cine de Ryu Seung-wan no ha obtenido excesivo eco ni en la prensa española ni en la internacional, poco a poco se ha hecho un hueco en la apreciación de los fans más encendidos del cine asiático. De entre los cineastas coreanos sigue siendo con diferencia el que más me gusta (lo cual no significa necesariamente que piense que sea el mejor), y no comprendo cómo películas como las mencionadas No blood no tears, The City of Violence, The Unjust (que finalmente ganó este año en Sitges el Premio Casa Asia) o las irregulares pero por momentos asombrosas Arahan o Crying Fist (que en varias ocasiones bordean la maravilla) no han conseguido un éxito abrumador en todo el mundo. Quizá es que Ryu Seung-wan, como un Gregory LaCava coetáneo, quiere meter demasiados géneros en una sola película (metodología que a mí me embelesa y que suelo aplicar a mis propias obras: hacer cine “para nadie”, como decía el propio Vigalondo de mi ¡Soy un pelele!) y que el espectador medio prefiere su zumo de una sola fruta o como máximo de dos… La cuestión es que, tarde o temprano, será reivindicado por el Tarantino occidental de turno (de ahí mi última pregunta al propio director).

Fascinante imagen con la coprotagonista de Arahan (2004). Si estuviera en el instituto, forraría mi carpeta con ella.
A continuación, transcribo la breve y cordial entrevista que pude entablar con Ryu Seung-wan. Obviamente, el grado de distorsión ocasionado entre mis preguntas en castellano, su traducción al coreano por la intérprete oficial, la respuesta en coreano de Seung-wan y su consiguiente reconversión al castellano por la susodicha intérprete resulta considerable, pese a que he intentado sintetizar el espíritu de las respuestas lo máximo posible en la dirección hacia las que se intuía iban encaminadas. Espero que esta atropellada conversación os sirva para haceros sentir curiosidad por un director absolutamente arrebatador que llena de vitalidad, agilidad y una planificación irreprochable cada una de sus propuestas visuales. Con ustedes, Ryu Seung-wan.

Retrato de Ryu Seung-Wan durante la entrevista (Foto de Josep Maria Contel).
-He tenido la fortuna de ver todos sus largometrajes…
-Muchas gracias.
-…Pero en España hay muy poca información sobre su cine. ¿Cuál de sus películas ha tenido más éxito en su país y cómo le perciben allí como director?
-La verdad es que la más taquillera de todas mis películas en Corea es esta última, The Unjust. Pero mi mayor fama internacional, o al menos una proyección mayor fuera de Corea, la conseguí con Arahan y The City of Violence.

Arahan llegó a tener su propia edición española en DVD.
-¿Y no ocurrió lo mismo con Crying Fist?
-Crying Fist tuvo una acogida bastante buena en los festivales internacionales. Sin embargo, en el mercado interior no tuvo ningún éxito. La verdad es que mi posición en la industria del cine coreano está siempre en un punto delicado.
-¿Por qué, si su cine abriga un anhelo absolutamente comercial?
-El mío no es el único caso así. En Corea, cuando uno hace cine, debe poner todo lo que tiene en cada una de las películas y no siempre se acierta.

Con su pasmoso plano secuencia del primer round que enfrenta a los dos boxeadores de la trama y la presencia del protagonista de Old Boy, todo hacía presagiar una suerte mucho mayor para Crying Fist (2005), aunque hoy ya se considera un título de culto.

-Con No Blood No Tears aportó su propia versión ‘noir’ de Thelma y Louise, pero dotado de mucha más rabia y verdad interior. ¿De dónde surgió esa historia?
-Yo creo que tu interpretación sobre la película es muy acertada. Siempre quise hacer filmes con protagonistas femeninas. Pero en Corea este tipo de historia se percibe falsa, les parece impostada, por lo tanto tenía que describir los personajes desde el punto de vista más duro y miserable posible. Sin ánimo de insistir en el tema, la venta internacional de esta película obtuvo un resultado pésimo.

-Pues es probablemente mi película favorita de los 00.
-Entonces yo creo que me mantengo en activo gracias a espectadores como tú.

The City of Violence (2006), su irregular y deslumbrante homenaje al cine de artes marciales y violencia callejera.
-En cada película mezcla muchos géneros, y quizá eso sea un problema de cara a la taquilla: pero siempre lo hace con mucha energía, una energía casi teenager, y mucha originalidad. ¿Cuál es el elemento que usted encuentra común a todas sus películas, el que las convierte en filmes inconfundiblemente suyos?
-La verdad es que no tengo ni idea de cuál puede ser esa conexión entre mis películas que las hace reconocibles. Antes de rodar cada filme sí hay una preparación, una planificación previa. Pero lo que no sé es planificar ni prever la “esencia” de cada una de las películas, simplemente sigo un instinto. Y el instinto es algo que no se puede explicar con palabras.

-¿Pero qué es lo que le mueve a hacer cada nuevo proyecto, qué es lo que suele encontrar interesante cada vez que se anima a realizar una nueva película?
-Quiero hacer cada película por alguna razón abstracta que me sería imposible traducirte a palabras. Lo que sí sé es que cada película responde a una motivación concreta y diferente.
-¿Y en todas se involucró por igual, partiendo de ideas propias?
The Unjust, por ejemplo, es la primera película que no he escrito yo. Hasta ahora, todos los guiones eran míos. Sin embargo, al rodar The Unjust sí que he introducido modificaciones en su guión.
-El humor, ¿verdad? Por ejemplo, la manera en que el fiscal, interpretado por su hermano, se esconde deslizándose detrás de su silla…
-Ja ja ja, a mí personalmente me encanta el slapstick, por eso genero continuamente tales situaciones absurdas y tonterías salpicando mis historias. Me gustan mucho. En esta película destaca ese tipo de humor porque en realidad la historia es fría y despiadada con sus personajes y con nuestra sociedad.

Dachimawa Lee (2008), su filme más incomprendido.
-Ese humor que usted introduce en sus películas a veces resulta extremadamente chocante para un espectador occidental, o al menos para mí. ¿Cómo es recibido en Corea su propio humor, por ejemplo en Dachimawa Lee, que no deja de ser una extravaganza delirante para nosotros?
-Ja ja ja… En el caso de ese filme, los espectadores coreanos también la encontraron una película extravagante. Por lo tanto, no consiguió demasiados espectadores… La secuencia en la que un personaje agónico casi se ahoga con el moco de otro personaje que le está llorando encima, no es algo que tampoco encuentren usual allá.

-¿Encuentra que su humor es poco entendido en su país?
-Mi tendencia humorística es bastante extravagante y difícil de entender, sí. Sinceramente, no puedo esperar que haya una recepción masiva a ese tipo de filmes míos.

En Crying Fist, Ryu Seung-beom, hermano del director, ofreció una interpretación e imagen muy alejadas de su cómico protagonista en Arahan o de la propia The Unjust.
-¿Cómo es trabajar con su hermano?
-Muchas veces me siento incómodo con él, porque nos conocemos demasiado bien. ¿Tú tienes algún hermano?
-Sí.
-¿Has trabajado alguna vez con él?
-No.
-Pruébalo y sabrás cómo me siento.
-Debe ser rarísimo.
-Trabajamos juntos en filmes desde hace más de diez años. Pero nuestras vidas profesionales y las personales están totalmente separadas.

The Unjust (2010), su último y mayor éxito, es también su único filme con guión ajeno, aportado por el guionista de I Saw the Devil. El filme es una suerte de Infernal Affairs con mayor densidad o, lo que es lo mismo, un The Departed donde los efectismos de dirección sí están al servicio de lo narrado…
-Lo que más me gusta de The Unjust es que el policía corrupto resulta simpático para el espectador, no deja de ser el antihéroe torturado y clásico del género negro, mientras el fiscal que lucha por hacer justicia es un cretino insoportable. Eso crea muchos conflictos de posicionamiento moral en el propio espectador…
-Yo no quiero interpretar ningún personaje de esta película en términos de bondad o maldad, de su posible positividad o negatividad. Sólo quería demostrar de la manera más realista que pudiera las reacciones de personas normales y corrientes.
-Si The Unjust ha sido su mayor éxito hasta el momento, ¿hacia qué horizontes cree que puede dirigir ahora sus próximos proyectos?
-Quiero hacer una película de espías, pero con un protagonista muy frío y cruel.
-¿Sin humor?
-Sin humor.

-Por cierto, ¿qué opina Tarantino de sus películas?
-No lo sé. Nunca le he conocido. ¡Si le ves, pregúntale!

Otro retrato de Ryu Seung-wan, obra de Josep Maria Contel.
Agradezco a Gloria Fernández las facilidades para esta entrevista y a Ángel Sala y su maravilloso equipo (especialmente a Alicia Reginato) el permitirme volver a sentirme en casa durante este Sitges 2012. También quiero expresar mi profundo agradecimiento al fotógrafo Josep Maria Contel por su generosidad y talento al realizar y ceder para ilustrar esta entrevista sus fantásticos retratos del director coreano.

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October 24th, 2011 Migoya
Por fin he podido acostarme un par de noches seguidas a degustar dos tebeos de terror realizados por un dúo andaluz que ya ha dado el salto a Estados Unidos, atención, sin tener que endosarse los calzones de ningún superhéroe. Aunque ambos tebeos son ediciones españolas de Dibbuks en formato álbum, se trata de sendas recopilaciones de miniseries de cuatro comic-books realizadas específicamente para el mercado estadounidense.
El malagueño El Torres se encarga de los guiones y el granadino Gabriel Hernández de los dibujos.
Esa vocación de ser leídos primero por un público gringo explica pues que El Torres use la hojarasca de modas culturales de hoy como fértil abono de sus aportaciones creativas. El resultado es, en ambos títulos, bastante más que una demostración de buen oficio.

El velo juega sus cartas sobre convenciones tanto temáticas como autorales. “El Mal” suele ser en las historias de terror una metáfora de todos nuestros miedos y culpas íntimas: la doble metáfora se ejerce cuando esa fuerza maligna, ese “Mal” abstracto pero localizado, toma además una forma corpórea, concretando su amenaza, que podemos ver, tocar y combatir (y que nos puede aterrorizar aún más). El maestro en esa “personificación” del mal de nuestros días es, obviamente, Stephen King, aunque siempre suela cagarla cuando intenta resolver la “disolución” del Mal, tanto en su encarnación concreta como en su metáfora.
En El Velo, El Torres adopta temas propios de King (la “personificación” del mal) hasta llevar su referencia hasta puntos literales (la acción se desarrolla ¡en Maine!). En la forma, se acoge a los cómics de la DC de raigambre británica.
Pues El Torres sabe también que el cómic es un medio débil para transmitir terror, a no ser que seas Maruo y asustes sólo con dar un trazo. Habitualmente, los cómics de terror no provocan terror, sino tan sólo “reminiscencias” de terror, mucho más evanescentes que el que puede provocar un libro o una película. Los dibujos -por lo habitual- suavizan el impacto del miedo, igual que difuminan la agresividad del porno. Queda ese hilo tenue de atmósfera y recreación, que no es poco cuando se sabe manejar…
Así que el malagueño sigue el ejemplo de Alan Moore en La cosa del pantano o Jamie Delano (mi prosista favorito en el género) en Hellblazer, se inventa una Joanna Constantine (con el nombre de Chris Luna) y añade esa voz narradora en tercera persona que contribuye a hacer volar la imaginación más allá de unos dibujos tangibles, que induce, que sugestiona con razonamientos terroríficos: especialmente acertada la disquisición de la protagonista sobre lo que hace el 90% del cerebro humano que no percibimos.
El cómic funciona a todos los niveles (incluso en sus toques formalmente bastardos: la yanquinización de modos también pasa por elegir momentos “musicables”, ese tipo de sustos más propios del cine que de la historieta que uno imagina acompañados de un golpe orquestal), apoyado también en un Gabriel Hernández que aquí parece fruto de un feliz encuentro propiciado en un What if: “¿Y si Tha hubiera sido entintado alguna vez por Klaus Janson?”. El resultado gráfico es gozoso, con un diseño de personajes absolutamente empático y una textura atmosférica siempre presente y efectiva.
Y resulta muy interesante comprobar cómo El Torres se mueve a gusto con clichés de una cultura ajena, aunque sea una tan omnipresente como la estadounidense.

Sin embargo, su siguiente esfuerzo común, El bosque de los suicidas, me ha convencido más.
Para empezar, el dúo se anima a meterse esta vez en el lugar común del “horror oriental”, pero sin renunciar a la perspectiva occidental (lógicamente más europea que estadounidense, por mucho que el fin de la obra sea su comercialización primera en los USA). Da gusto ver a dos autores españoles adentrándose en la cultura nipona sin caer en los tópicos gráficos del manga, es decir, dibujando a los orientales como realmente los vemos y no con esa racista idealización americanizada con la que ellos quieren verse a sí mismos.
Esta vez, además, El Torres no se apoya en un discurso verbal paralelo, sino que prescinde de la primera persona explícita y se limita a narrar en tercera mediante los diálogos y el empaque visual de Hernández. Sus personajes están bien definidos y tienen personalidad propia; y los momentos de angustia se presentan bien dosificados, además de ser muy contundentes: véase el paralelismo entre el éxtasis de una amante y el estertor de una ahorcada con que nos sirve la primera muerte de la historia.
El desarrollo de El bosque de los suicidas es modélico, así como su resolución: pese a la limitación del formato (cuatro números de unas 22 páginas cada uno), El Torres y Gabriel Hernández se salen con la suya a la hora de dejar un sabor terriblemente dulce en el lector.
Aquí hay algo más que oficio: hay dos autores con ganas de jugar en el terreno anglosajón y hacerse su lugar por méritos propios.
De momento, han conseguido algo inédito en el panorama historietístico español y merece la pena subrayarlo.
Brindo por su talento.
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