Osamu Tezuka
Considerado a todas luces como el Manga no Kamisama (“Dios de los manga”), Tezuka se sintió atraído desde niño por los comics y la animación. Paralelamente a sus estudios de medicina, en 1946 publica su primera historieta, Ma-chan no Nikkicho (El diario de Ma-chan), a la cual sucede al año siguiente la obra con la cual saltaría a la fama, Shin Takarajima (Nueva isla del tesoro), aparecida directamente en libro y que daría un giro al comic japonés tal como había sido hasta entonces; ello animaría a Tezuka a consagrar su vida por completo al dibujo.
Embarcándose en una producción prolífica, pero siempre dotada de una personalidad propia y un nivel de calidad digno, Tezuka abarcaría a lo largo de su carrera todos los géneros imaginables: dejando aparte sus series-estrella como Tetsuwan Atom (Astro Boy, 1951), Jungle Taitei (El emperador de la jungla o Kimba, el león blanco, 1950), Ribon no Kishi (Choppy y la Princesa o Princesa Caballero, 1953), Black Jack (1973), Hi no Tori (Fénix, 1954) u otras, su obra ha abarcado terrenos como la ciencia-ficción y lo fantástico (Metropolis, Big X, Wonder Three, O-Man ), la aventura submarina (Umi no Triton), la biografía (Buddha), el jidaimono (Dororo), el terror (Vampire, Don Dracula), el western, el género policíaco, el béisbol y otros deportes, el erotismo, etc.
En 1962, tras una primera experiencia en el campo de la animación como codirector y guionista en la Toei, funda su propia productora, Mushi Productions, iniciando así una carrera paralela a la de historietista, produciendo series basadas en sus manga, pero también películas de autor en las que expresará una faceta oculta de su talento. En 1973 abandonaría la Mushi tras sufrir ésta una quiebra, si bien continuaría activo en la animación a través de otra compañía de su creación, Tezuka Productions. De 1967 a 1972, publicará, coincidiendo con el auge del manga para adultos, la revista alternativa COM, donde él y otros autores emprenderán la búsqueda de nuevas vías en la narrativa en viñetas, tanto a nivel gráfico como narrativo.
Tezuka continuaría manteniendo una producción copiosa con escasa colaboración de asistentes- hasta su fallecimiento en 1989. Obras de su etapa postrera, como Adolf ni Tsugu(Adolf) o la inconclusa Ludwig B, sobre la infancia de Beethoven (1988, para Comic Tom), muestran la vitalidad que aún poseía tras más de cuatro décadas consagradas al manga. Con su desaparición, debida a un cáncer de pulmón, quedaba cerraba una página en la historia del comic no ya japonés, sino mundial, y quedaba, asimismo, una inmensa herencia, legada a sus innumerables seguidores, de millares de historias donde había plasmado una filosofía basada en el culto a la vida y el respeto de todo ser. En 1994 se inauguró en Takarashima, su ciudad natal, el museo que lleva su nombre.